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Rubén Aguilar Valenzuela
De las películas que ví en el primer semestre de 2026 estas son las diez que considero mejores. Dirigidas por cineastas de Francia, Estados Unidos, España, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, Australia, Noruega e Irán. Reseñas de las mismas han aparecido en diversos medios.
- La sustancia (Estados Unidos, 2024) del francés Coralie Farguet. En su cumpleaños 50, Elizabeth Sparkle (Demi Moore), que fuera una famosa estrella de Hollywood, es despedida por Harvey (Dennis Quaid), del programa de televisión que ha presenta desde hace mucho tiempo, y la razón que le da es su avanzada edad.
- África mía (Estados Unidos, 1985) de Sydney Pollack, en 1985 ganó siete Premios Oscar. El guion se basa en el libro de carácter autobiográfico Memorias de África de la escritora danesa Karen Blixen (1885-1962) publicado en 1937. Blixen (Meryl Streep) se casa con un primo lejano, el barón Bror Blixen-Finecke (Klaus Maria Brandauer) y deciden irse a vivir a África.
- La habitación de al lado (The Room Next Door) (España, 2024) es el primer largometraje en inglés del español Pedro Almodóvar. En la historia, Ingrid (Julianne Moore) y Martha (Tilda Swinton), fueron amigas en la juventud. La vida las separa y, después de muchos años, vuelven a encontrarse. Martha tiene cáncer terminal, e Ingrid, ha construido una exitosa carrera como escritora.
- La chica de la aguja (Dinamarca, 2024) del director danés Magnus von Horn, que también escribe el guion junto con Line Langebek Knudsen. La historia se sitúa en la Dinamarca de 1919, Karoline (Vic Carmen Sonne) es una joven que trabaja como costurera en una fábrica en la Copenhague posterior a la Primera Guerra Mundial. Se basa en una historia real.
- El Viejo roble (The Old Oak - Reino Unido, 2023) del británico Ken Loach, y guion de Paul Laverty. Se cuenta la historia de un antiguo pueblo minero en el Reino Unido, ahora asolado por la pobreza y el desempleo en el mundo post-Brexit, que se enfrenta a la realidad de la llegada de inmigrantes sirios a quienes ven como una amenaza a sus escasos privilegios.
- Septiembre 5 (Alemania, 2024) del suizo Tim Fehlbaum, reconstruye los eventos del ataque terrorista en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972. Y también da cuenta cómo se organiza el equipo de televisión de ABC Sport, para cubrir los hechos y hacer frente a los dilemas profesionales que se le presentan en la cobertura directa en tiempo real.
- Romero (Estados Unidos, 1989) del australiano John Guigan, con asistencia del mexicano Alfonso Cuarón. La historia inicia cuando Oscar Arnulfo Romero (Raúl Julia) es nombrado arzobispo de San Salvador. Es un conservador, que se transforma al ver como desde el gobierno se reprime a los campesinos, trabajadores, y también a los sacerdotes. El 24 de marzo de 1980, es asesinado por la extrema derecha.
- Valor sentimental (Noruega, 2025), del noruego Joachi Trier. La historia sigue a Nora y Agnes, dos hermanas que, tras la muerte de su madre, deben reencontrarse con su padre, Gustav Borg, un cineasta célebre, y al mismo tiempo profundamente ausente. El director construye una obra sobre la memoria, los resentimientos acumulados y la posibilidad de reparar los vínculos rotos a través del arte.
- Una batalla tras otra (Estados Unidos, 2025), del estadounidense Paul Thomas Anderson. Es inspirada en la novela Vineland, de Thomas Pynchon. En el centro de la historia está Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario venido a menos que vive consumido por la paranoia y por el desgaste de una lucha que, con los años, parece haber quedado convertida en memoria y derrota.
- Un simple accidente (Irán-Francia-Luxemburgo, 2025), del iraní Jafar Panahi. Lo que comienza como un encuentro casual se convierte, casi de inmediato, en una exploración sobre la memoria del dolor, el deseo de venganza y la imposibilidad de administrar justicia en una sociedad atravesada por el miedo y la impunidad.
Rubén Aguilar Valenzuela
El ahora presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar Ortiz, cuando fue coordinador de Derechos Indígenas en el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), en la península de Yucatán, sobornó con 200 mil pesos a comisariados ejidales y comisarios de bienes comunales, para garantizar que las comunidades firmaran las actas de aceptación, para que sobre sus tierras pasara el Tren Maya.
Esto lo convirtió en un aliado estratégico del presidente López Obrador (2018-2024), cabeza en la destrucción de la selva en esa zona del país, donde se tiraron 20 millones de árboles, y se destruyeron cuevas, cenotes, ríos subterráneos y también se hizo un daño irremediable al patrimonio arqueológico del país, por ese trabajo López Obrador lo premió haciéndolo presidente de la SCJN, en la elección de los acordeones.
Arqueólogos, como Fernando Cortés de Brasdefer, reconocen como un crimen de lesa arqueología lo que hizo López Obrador, y aseguran que 200 vestigios arqueológicos fueron destruidos en las obras a lo largo de la ruta del Tren Maya, en Campeche y Quintana Roo, donde estos fueron mutilados, separados de sus contextos originales y luego recolectados en nuevos sitios, que son los Parques de la Memoria, una aberración y un crimen al método de trabajo de la arqueología.
El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, sobre esta aberración científica ha dicho: "lo que vemos a través de inspecciones, videos y fotografías es desolador. El traslado de fachadas y otros elementos para formar los llamados Parques de la Memoria son muestras de lo que no se debe de hacer".
Hasta ahora el INAH, no ha dado a conocer un informe de la dimensión del crimen de lesa arqueología que la misma institución encabezó, avaló y justificó. La arqueóloga Noemí Castilla sostiene que "hubo falta de ética de quienes trabajaron en esta obra, el colmo es esta mentira que nos venden como parque". El arqueólogo Jesús E. Sánchez, el primero que realizó un dictamen sobre los daños, se pregunta quien dentro del INAH fue el que autorizó el crimen, y todo remite al que en ese entonces era su director, el arqueólogo Diego Prieto, que desde un principio de la obra se sometió a López Obrador.
El nuevo director del INAH, el arqueólogo Omar Vázquez, ha asumido, como parte del gobierno de Morena, la defensa del crimen de lesa arqueología, y la aberración arqueológica de la construcción de los Parques de la Memoria, como la única posibilidad de "salvar" lo ya destruido, con el aval del propio INAH. El oficialismo defiende también el trabajo del arqueólogo, Manuel Pérez Rivas, director del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya, que en realidad fue uno de los líderes de la destrucción del patrimonio milenario.
