Back to Top

contacto@nuestrarevista.com.mx

headerfacebook headertwitter
 

CSP y su colaboración con la DEA

Rubén Aguilar Valenzuela

Desde el inicio del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se ha abierto una etapa de colaboración de las autoridades mexicanas con las agencias de seguridad del gobierno de Estados Unidos, que marcan una diferencia con la gestión de su antecesor, su mentor y líder, Andrés Manuel López Obrador.

 

Un ejemplo, entre otros, de esta nueva realidad es que en agosto de 2025, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), en colaboración con agencias mexicanas, inició el Proyecto Portero, por el cual la DEA, entrena a agentes mexicanos para combatir a integrantes de los grupos criminales de México que operan en la frontera de los dos países, que tiene una extensión de 3200 kilómetros.

 

El curso, con sus diferentes materias, se da en los Estados Unidos, y en el intervienen efectivos militares de áreas de inteligencia y personal de fiscalías estadounidenses. Las lecciones se concentran en el combate a los jefes de plaza de los grupos del crimen organizado que operan en la frontera. En agosto pasado, cuando el jefe de la DEA, anunció el proyecto de colaboración dijo, que "este es un primer paso audaz en una nueva era de aplicación de la ley a lo largo de la frontera y avanzaremos sin descanso hasta desmantelar estas organizaciones violentas".

 

En versión de la DEA, los jefes de plaza de los grupos del crimen organizado, ahora algunos de ellos calificados como "terroristas" por las autoridades de Estados Unidos, son la clave de esas estructuras para el traslado de las drogas hacia territorio estadounidense, donde se concentra el mayor consumo y compra de drogas del mundo, y también para el traslado hacia México de armas de fuego y dinero (dólares) en efectivo.

 

En su momento, quien fuera directora de la DEA, hizo público la falta de colaboración que existía con esa agencia de parte del gobierno que encabezaba López Obrador, y en cambio, en el poco más de un año del gobierno de Sheinbaum Pardo, el actual director de la DEA, ha reconocido, en diversas ocasiones, los altos niveles de colaboración que existen con el actual secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch.

 

El director de la DEA, en una audiencia pública en su país, dijo del funcionario mexicano que "es alguien dispuesto a colaborar con Estados Unidos. El ha realizado, en poco tiempo, importantes incautaciones de fentanilo y metanfetaminas. Me siento alentado no solo por su trabajo, sino por su designación como jefe de seguridad de México". García Harfuch, es el funcionario más cercano a la presidenta mexicana.

 

Para la DEA, parte importante de la nueva etapa de colaboración, ha sido la entrega que la presidenta de México ha hecho a Estados Unidos de 55 jefes y operadores de grupos del crimen organizado presos en cárceles mexicanas. En círculos del gobierno se rumora de otra posible entrega en los próximos meses. Y la nueva etapa de colaboración no solo se reduce a la DEA sino también se da con otras agencias de Estados Unidos y también con el Ejército de ese país.

Las Ruinas que Habito

Rubén Aguilar Valenzuela 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el Museo Virreinal de Zinacantepec, Estado de México, se presenta la exposición colectiva "Las Ruinas que Habito".    

Edificio

 

El museo, que se inauguró a mediados de 1980, se aloja en el convento de San Miguel Zinacantepec, construido en el siglo XVI por la Orden de Frailes Menores (OFM). En 1934 fue declarado monumento nacional y restaurado de 1977 a 1980.

 

 

Exposición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En un panel de la exposición se encuentra el siguiente texto firmado por el curador, Antonio Ramos:

El tiempo no solo transcurre; también se deposita. Se acumula en las esquinas de los libros usados, en el desgaste de los pasamanos, en las cartas amarillentas. Nos gusta pensar que solo nosotros sentimos el paso del tiempo, pero todo lo que existe lo sufre o lo transforma se adhiere a los objetos de formas silenciosas. Una taza rota guarda el eco de una caída y quizás el recuerdo de una conversación olvidada. Las paredes viejas de una casa conservan la tibieza de las risas y las sombras de los días grises.

Todo lo que nos rodea se impregna de lo que fue: las cosas cargan memorias, aunque no hablen. Las ruinas son testigos silenciosos de un tiempo que ya no existe. Son fragmentos de civilizaciones, recuerdos de sueños colectivos convertidos en piedra, madera o metal corroído. En ellas, el arte no solo sobrevive al colapso: se transforma en símbolo, en memoria viva. Cada columna rota, cada pared descascarada, cada sombra proyectada sobre lo que fue, es también una forma de belleza que nace de la destrucción.

Contemplar una ruina es mirar al pasado y reconocer la fragilidad del presente. Nos recuerda que todo, incluso lo grandioso, es pasajero. En tiempos obsesionados con la permanencia, el arte revela la belleza de lo que se va.

La exposición "Las Ruinas que habito" invita a reflexionar sobre lo efímero de la existencia, la memoria y la certeza de la pérdida. En esa fragilidad, el arte encuentra su verdad.

 

Se exponen más de 40 obras de 13 artistas contemporáneos que trabajan técnica muy distintas, y se expresan en estilos muy diversos.

 

 

 

 

 

 

Obras de Nadia Lomelí

 

 

 

Obra de Juliana Rosas 

 

 

Comentario

 

La exposición se inauguró en septiembre de 2025 y va a permanecer hasta marzo de 2026. La exposición está bien montada, y las obras se pueden ver muy bien. Me sorprendió la muestra en su conjunto y la calidad artística de la misma. Es relevante que es esta pequeña población exista el Museo Virreinal y haya exposiciones como esta.

 

De manera particular me llamó la atención, las obras de las artistas: Axa Mantero (Ciudad de México, 1986), Nadia Lomelí y Juliana Rosas. La exposición sorprende y llama la atención el conjunto de las obras que se muestran.  

 

Obra de Axa Montero

Museo del Comercio de Esclavos de África del Este: 1800 – 1909

 Rubén Aguilar Valenzuela

 El Museo del Comercio de Esclavos de África del Este: 1800 – 1909 está en el Centro histórico de Zanzíbar, Tanzania, que en 2000 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

 

Historia

 

El Museo del Comercio de Esclavos de África del Este: 1800 – 1909 se inauguró en 2016 en lo que fue el Hospital Santa Mónica, construido y atendido por los Iglesia Anglicana.

 

Espacios

 

El museo está en el amplio terreno que aloja tres espacios; el Hospital Santa Mónica, de principios del siglo XX donde está el museo, los sótanos, y la escultura del memorial.

 

Exhibición

La información que ofrecen las salas a través de grandes paneles es la que se resume a continuación:

Zanzíbar fue el principal centro de venta de esclavos de África Oriental. Se calcula que entre los siglos XV y XIX cerca de 15 000 000 de esclavos aquí se vendieron y luego se los llevaron a distintos lugares en África y otros continentes. Los años más intensos del negocio de la venta de esclavos ocurrió entre 1832 y 1873, cuando cerca de 600 000 personas que fueron vendidas como esclavos.

Los esclavos que se vendían en Zanzíbar provenían de una amplia región de África continental situada entre los lagos Malawi, Tanganica y el Victoria. Provenían de culturas, tradiciones y lenguas muy diferentes. Eran de grupos tribales diversos que, muchas veces, se enfrentaban entre ellos en busca de tierras para alimentar a su ganado y para ganar poder.

 

Los esclavos eran trasladados hacia Oriente Medio por comerciantes indios, árabes y europeos. En el siglo XIX se construyó una ruta comercial donde los grandes grupos de portadores aprovechaban para conseguir marfil, ocupar territorio y desplazar los grupos tribales cuando podían.

 

La creciente demanda de mano de obra esclava hacia otros continentes provocó que muchas tribus locales se enfrentaran entre ellas con el objetivo premeditado de capturar las personas del otro grupo, convertirlos en esclavos y venderlos a las grandes caravanas que los llevaban hacia una isla llamada Zanzíbar, el punto de salida de los exploradores hacia el interior del continente y el punto de llegada de los esclavos hacia el exterior.

Los esclavos eran llevados en grandes caravanas hacia la costa este del continente, en un trayecto que podía durar muchos días sin comida ni agua, en unas condiciones infrahumanas. Caminaban encadenados y muchos morían por el camino antes de ser trasladados en barco hacia Zanzíbar desde la ruta de Kilwa, Bagamayo y Pangani. Muchos de los esclavos eran familias enteras de hombres y mujeres.

En el trayecto algunos esclavos eran vendidos en pequeños mercados regionales que se creaban durante el viaje hacia Zanzíbar, y entonces eran transportados en otra caravana de portadores, provocando así un nuevo negocio lucrativo también en el interior de África entre pequeños comerciantes.

 

 

 

Cuando más se entraba en el interior del continente, más baratos eran los esclavos; lo que causó una expansión de las rutas de esclavos hacia el interior del continente debido al incremento de la demanda para la mano de obra esclava durante el siglo XIX y la búsqueda de mejores precios.

En la mitad del siglo XXI, los esclavos también se utilizaron en África para trabajar en los campos agrícolas del continente o como portadores de marfil y los materiales que se comercializaban en las distintas rutas. El siglo XIX, Zanzíbar era el principal exportador de marfil del mundo que iba destinado principalmente a la ciudad de Connecticut, Estados Unidos.

Cuando los esclavos llegaban a Zanzíbar, la primera parada era la Casa de las Aduanas, donde cada propietario tenía que pagar una tasa por cada esclavo que llevaba. Después, los esclavos eran llevados hacia el mercado donde eran preparados, expuestos y vendidos en las subastas que se realizaban entre los comerciales de este negocio expoliador.

Thomas Smee, comandante del barco de investigación británico Ternate, describe el 1811: «El show comienza alrededor de las 4 de la tarde. Los esclavos salen preparados con sus pieles limpias y untadas con aceite de nuez de cacao, sus caras pintadas de rojo con líneas blancas y las manos, la nariz, las orejas y los pies decorados con brazaletes y anillos de oro y plata.

Al inicio de la fila, formada por ambos sexos y clasificados por edad -en edades comprendidas entre 6 y 60 años- y de menor a mayor estatura, camina la persona propietaria de aquellos esclavos acompañada de dos esclavos domésticos que hacen de guardia.

Cuando comienza la procesión de los esclavos alrededor del mercado, al mínimo interés de algún espectador, la feria se detiene y comienza el proceso de examinación del esclavo interesado: comprueba que no hay ningún «defecto» en el habla, el oído y sus extremidades; que no tiene ninguna enfermedad palpable; y examina la boca, los dientes y todas las partes del cuerpo...»

El precio de los esclavos variaba según su condición. Los esclavos de más edad tenían un precio muy bajo ya que se esperaba una vida corta para ellos. Entre las mujeres esclavas, los precios más altos eran por aquellas que trabajaban en el hogar. Los más débiles eran vendidos a un precio irrisorio; mientras que los más fuertes (azotados en público para ver si aguantaban los golpes y no se quejaban) eran vendidos a un precio más elevado.

En el mercado de los esclavos asistían mercaderes, comerciales, ciudadanos y empresarios que provenían del Golfo Árabe, de India, de las islas del océano índico, de Europa y de Zanzíbar mismo que compraban los esclavos para llevar a cabo las pesadas tareas agrícolas de la producción de clave, una especie muy utilizada en la cocina de todo el mundo y en rápida expansión durante la segunda mitad del siglo XIX.

Zanzíbar se convirtió en el mayor productor mundial de clave cultivando grandes extensiones de terreno de esta especie y utilizando la fuerza física de los esclavos. Hay una relación simultánea entre el crecimiento de cultivos de clave y la llegada de más esclavos en la isla que explican la importancia de esta especie en la historia de Zanzíbar.

Uno de los mercaderes de esclavos más importantes de Zanzíbar fue Tippu Tip (1837-1905). Hijo de un comercial swahili de la ruta comercial hacia el interior del continente y de una mujer omaní miembro de la clase acomodada de Zanzíbar, controlaba un amplio territorio en África Oriental y Central.

Durante el final del siglo XIX, Tippu Tip estableció uno de los monopolios más importantes de venta y compra de marfil, lo que lo convirtió en uno de los hombres más poderosos de Zanzíbar. Cuando murió en 1905, se calcula que tenía alrededor de 10 000 esclavos trabajando para él y para sus negocios.

Algunos misioneros y  exploradores europeos, como David Livingstone, presionaron al Imperio Británico  para detener esta práctica que ellos mismos habían iniciado en el Atlántico  desde mediados del siglo XVI. A partir de diferentes presiones de comandantes  británicos como John Kirk sobre el sultán Barghash, la esclavitud fue abolida  en 1873 y todos los mercados de esclavos fueron cerrados.

 

 

 

El transporte de esclavos se convirtió en ilegal, y muchos comerciales siguieron involucrados en la venta de esclavos hasta 1909 cuando se abolió por completo la esclavitud otorgándoles la libertad. En los hechos, con todo, estas personas no tenías más opción que continuar trabajando para sus anteriores dueños.

 

 

Sótanos

 

 

 

Estancias subterráneas donde los esclavos estaba antes de la subasta. Se agrupaban hasta 50 personas, en un espacio diseñado para menos personas. A la entrada de estas cámaras un cartel dice: "Durante la trata de esclavos, estas dos salas subterráneas se utilizaban para albergar a los esclavos antes de llevarlos al mercado para ser subastados. En la parte superior había una pequeña cabaña y había un gran agujero que se usaba como entrada a las cámaras de los esclavos. Los esclavos eran mantenidos en condiciones terribles, muchos morían por asfixia y hambre".

 

 

Memorial

 

 

 

En los terrenos del mercado de esclavos se levanta una escultura enterrada con cuatro esclavos encadenado y uno que no lo está, que representa a quien trabajaba para los esclavistas. Es una obra en bronce realizada en 1998 por la escultora sueca Clara Sörnäs. Es una buena pieza.

 

 

 

Comentario

 

El Museo del Comercio de Esclavos de África del Este: 1800 – 1909 se encuentra en lo que fue el Hospital Santa Mónica, construido y atendido por los Iglesia Anglicana. El museo ofrece abundante información sobre cómo funcionó el mercado de esclavos en África con sus diferentes etapas, y también cómo inicia el proceso que pone fin a la esclavitud.

Hay mucha información que para mí era nueva como el funcionamiento del mercado de esclavos a cargo de comerciantes árabes que los llevaban a Omán, Yemen o Seychelles, entre otros países de esa región. Y el marcado de esclavos al interior de la propia África, comprado para trabajar en las grandes plantaciones y en el trasiego de los cuernos de marfil.  

 

 

 

La museografía es buena, la información que se ofrece toda esta en láminas o paneles, y también hay textos con los que se pueden recorrer las salas. Si se quiere leer todo que se ofrece se necesitan dos o tres días, para hacerlo bien. En los paneles hay también fotografías y dibujos.

La cultura en el PIB

Rubén Aguilar Valenzuela 

En 2024, la cultura aportó el 2.8% del PIB nacional, que son 865 mil millones de pesos, un crecimiento marginal con relación a 2023, que sumó 821 mil millones de pesos, de acuerdo a la Cuenta Satélite de la Cultura de México (CSCM) que elabora el INEGI. Todavía no se conocen los datos de 2025.

 

El sector de la cultura generó 1 430 528 puestos de trabajo, que representan el 3.5% del total de los que se crearon a nivel nacional, e implica una reducción del 0.2% con relación a 2023, que son 2852 puestos menos.

 

En 2024, por áreas, dentro del sector cultural, el 100% del PIB se reparte así: Artesanías, el 18.4%; contenidos digitales e internet, el 18.1%; medios audiovisuales (cine, TV), el 17.2%; diseño y servicios creativos, el 14.4%.

 

Le siguen, artes escénicas y espectáculo, el 7%; patrimonio cultural y natural, el 6.1%; libros, impresiones y prensa, el 5.6%; artes visuales, el 4.5% y música y conciertos, el 2.8% del PIB.

 

Las áreas del sector de la cultura con mayor crecimiento fueron música y conciertos, 14.9%; diseño y servicios creativos, 7.7%; artes visuales y plásticas, 5.3% del PIB.

 

Si bien es cierto que dentro del sector de la cultura, las artesanías y medios audiovisuales son los que más aportan al PIB, el primero tuvo una caída del 3.8% y el segundo de 3.6%. Patrimonio cultural y natural perdió 3.0%.

 

Al nivel de los empleos, del 100% de los que se generaron en el sector, a las artesanías corresponde el 30.2%; diseño y  servicios creativos, 15.7%; medios audiovisuales, 11.8%;  libros, impresiones y prensa, 8.0%.

 

Formación y difusión cultural, 7.9%; música y conciertos, 6.1%; Contenidos digitales e internet, 6.0%; patrimonio cultural y natural, 5.9%; artes escénicas y espectáculos, 5.0%; artes visuales y plásticas, 3.4%.

 

La participación del sector de la cultura en el PIB varía en cada entidad federativa. Para 2024, en Ciudad de México, Guerrero, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tlaxcala y Yucatán, la participación fue mayor a 2.8%, que fue el promedio nacional.

 

Para tener algún referente para comparar, en Canadá, la cultura aporta el 2.0% del PIB, y en Estados Unidos el 4.3%. En América Latina, en Brasil el 3.6%, en Argentina el 1.7% y en Chile, el 1.58%.

 

El Reporte de Resultados 2024, de la Cuenta Satelital de la Cultura de México (CSCM), que elabora el INEGI, que se dio a conocer el pasado 19 de noviembre, se presentan con base en un clasificador funcional que divide el sector en 10 áreas generales.

 

Estas, a su vez, se desagregan en 89 áreas específicas. Para su elaboración se consideró el Marco de Estadísticas Culturales 2009 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El detalle de cada una de las actividades que se agrupan en esta clasificación se desarrollan ampliamente en el documento.

La presidenta y su percepción al interior de Morena

Rubén Aguilar Valenzuela

Lo común es que el ejercicio del poder desgaste, y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no es la excepción, después de poco más de un año de gobierno ha perdido 20% de aceptación al pasar de 90% al inicio de su mandato al 70% al mes de diciembre.

 

En los próximos meses se irá viendo si sigue la caída o se mantiene en los actuales niveles de aprobación, es poco probable, sería algo fuera de lo normal, que crezcan sus positivos. El comportamiento de su valoración se comporta como sucede con la gran mayoría de los gobernantes en el mundo.

 

En este campo no hay sorpresas, pero si en el ámbito de la valoración al interior de Morena, tanto a nivel de la base como de su dirigencia. No conozco el resultado de las encuestas internas, pero sí con información de primera mano, morenistas me han comentado, que a poco más de un año de gobierno de la presidenta, existen tres tipos de reacciones en el partido.

 

A un sector importante, le parece que la presidenta es una persona rígida, que no es empática y que la base la siente lejana y no se no identifica con ella, que emocionalmente, la militancia, sobre todo los sectores más populares, no la asumen como propia. No la ven como parte del pueblo.

 

A nivel de dirigentes son cada vez más los que consideran que la manera y el estilo de comunicación de la presidenta no impacta a las bases del partido, que la sienten fría y distante, que no utiliza su lenguaje. No pueden evitar hacer el comparativo con su antecesor, el fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

 

Lo más relevante es que a lo anterior hay que añadir, que  amplios sectores de la base, y también de la dirigencia, piensan que la presidenta no sigue, de manera fiel, el proyecto de transformación que inició López Obrador, consideran que ha bajado el nivel de radicalidad que es algo propio de la 4T.

 

Las tres reacciones anteriores, a nivel de la base y la dirigencia morenista, pueden tener una base objetiva o no, pero lo que  es un hecho, me dicen mis informantes, es que ahora se ha hecho presente una mala percepción de la presidenta y que esta tiende a fijarse y ampliarse. Es evidente, me aseguran, que la presidenta al interior de su partido pierde fuerza.

 

Y a esta realidad, debe tomarse en cuenta que al interior de Morena existen cinco grupos a nivel nacional, hay otros más en los estados, que disputan poder y sobre todo puestos en el gobierno y cargos de elección popular. De cara a la elección federal y las elecciones locales de 2027 estos grupos se van a enfrentar, de hecho ya lo hacen, aunque cuidan las apariencias.

 

En los próximos meses hay que seguir con mucho cuidado, y datos duros, la percepción que las bases y la dirigencia de Morena tienen de la presidenta, y también dar seguimiento a la disputa interna tanto a nivel federal como local. A todo esto añadir que ya está instalado el conflicto entre el PVEM y el PT con Morena y la presidenta.

 

Página 1 de 199