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El Coronavirus y la necesidad de una política económica de Estado

La crisis derivada del desarrollo de la pandemia Covid-19 ha generado dos grandes preocupaciones en el mundo y en la sociedad mexicana; la de salud, consubstancial al temor de contagiarse por virus; y la otra, el riesgo del deterioro de la economía de cada uno de los habitantes. ¿De qué voy a vivir; qué va a pasar con mi empleo; qué con mi negocio, qué con mis inversiones? son las preguntas que impregnan el ambiente, según en la escala socioeconómica donde te encuentres.

Esta ultima preocupación ha crecido de tal manera, que se presenta, me atrevo a decirlo, como la principal. Primero, porque la mayoría de los mexicanos viven al día. Y segundo, en cuanto al ramo empresarial, las más de las empresas son de naturaleza pequeña y mediana por lo que no tienen el suficiente capital para subsistir cerradas, ni siquiera por un corto tiempo.

Tal incertidumbre hace necesario, por encima de filias y fobias, que el gobierno del presidente López Obrador defina e implemente una política económica de Estado que le permita transitar y superar la actual crisis con el menor daño posible para sus ciudadanos. Siempre partiendo de que tanto el gobierno como su aparato burocrático tienen como una de sus funciones fundamentales la garantía de las condiciones generales y externas que permitan el desarrollo económico del país.

De lo anterior, se desprende que en los criterios para la definición de su política, debe considerar que el Estado tiene como funciones: asegurar la existencia de la propiedad privada, vigilar y lograr el apego a las reglas de cambio, instaurar reglas de competencia homogéneas, dar protección en el interior y el exterior, así como, garantizar la mano de obra libre necesaria y el establecimiento de la infraestructura que permita condiciones para la producción y el desarrollo económico.

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Coronavirus: Confrontación y lucha por el poder.

La actual crisis en materia de salud, provocada por la aparición y desplazamiento por el mundo del virus Covid-19, ha generado incertidumbre en los pueblos y sus gobiernos. México, desafortunadamente, ha sido alcanzado por el fenómeno. Ante la embestida, en apariencia oportunista, de los opositores de su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en un ambiente de confrontación, su estado ideal, se ha puesto en guardia, y para ello ha actuado en dos vertientes.

Por un lado, ha puesto a trabajar a su aparato burocrático para atender el tema concreto del desarrollo del virus mediante campañas de atención e información diaria, y, por otro, utilizando su imagen y presencia mediática y en territorio con el fin de mantener el control sobre el gobierno.

Tal decisión López Obrador la ha verbalizado en los siguientes términos: “¿Saben qué quieren los conservadores?, que yo me aísle. Imagínense, no habría conducción, o sí habría la conducción de ellos, porque en política no hay vacíos, los vacíos se llenan y eso es lo que ellos quieren, que haya un vacío, para que se apoderen ellos de la conducción política del país, de manera irresponsable, porque todo lo que están haciendo es por su coraje ante los cambios que estamos llevando a cabo”. (milenio.com)

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Coronavirus: La responsabilidad del Presidente.

Dice Raymond Aran que Max Weber fue hombre de ciencia y no hombre político ni hombre de Estado, aunque sí, ocasionalmente, periodista político. Estuvo, sin embargo, apasionadamente preocupado por la cosa pública durante toda su vida y no dejó nunca de experimentar una especie de nostalgia de la política, como si la finalidad última de su pensamiento hubiera debido ser la participación en la acción. (politicascti.net)

Ahora que el mundo ha puesto a prueba a nuestras sociedades, con la aparición y desarrollo del Coronavirus Covid19, vale la pena recordar algunos fragmentos de sus conferencias respecto al tema de la vocación de los políticos y los científicos, para tratar de entender el por qué de sus actuaciones ante el actual reto:

El progreso científico constituye la parte más importante del proceso de intelectualización al que desde hace milenios estamos sometidos y frente al cual se adopta hoy frecuentemente una actitud extraordinariamente negativa.

Tratemos de ver claramente, de pronto, qué es lo que significa desde el punto de vista práctico esta racionalización intelectualista operada a través de la ciencia y de la técnica científicamente orientada. ¿Significa, quizás, que hoy cada uno de los que estamos en esta sala tiene un conocimiento de sus propias condiciones de vida más claro que el que de las suyas tenía un indio o un hotentote? Difícilmente será eso verdad. A no ser que se trate de un físico, quien viaja en tranvía no tendrá seguramente ni idea de cómo y por qué aquello se mueve. Además, tampoco necesita saberlo. Le basta con poder «contar» con el comportamiento del tranvía y orientar así su propia conducta, pero no sabe cómo hacer tranvías que funcionen. El salvaje sabe muchísimo más acerca de sus propios instrumentos.

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