Ante la
actual coyuntura que vive nuestro país en su relación con los Estados Unidos de
América, me permito compartirles un texto de uno de los intelectuales,
periodistas y narradores más destacados de México, Martín Luis Guzmán.
Como un ingrediente más de la pertenencia del texto, publicado en 1915, les señaló que para Luis Guzmán era muy importante la necesidad de plantear en términos eficaces los problemas fundamentales de México, para partir de ahí hacia la verdadera solución; el imperativo de resolverse, ver bien el pasado mexicano, para tener una luz y disponer de una brújula, con la cual guiar, certeramente un México nuevo y encaminarlo, consciente y dueño de sí mismo, hacia el futuro.
Acompáñenme, por favor, en esta lectura:
Algunos sucesos actuales —pequeños, aparentemente insignificantes y escogidos al acaso— ponen de manifiesto que las relaciones entre México y los Estados Unidos (eso que es, o debiera ser. la piedra angular de la política internacional mexicana) encierran para el pueblo de ambos países una serie de problemas de importancia inmediata y evidente. Bien sabemos que la cuestión no es nueva, así como tampoco son nuevas las opiniones que a este respecto se formulan. Y precisamente porque nada hay nuevo en lo uno ni en lo otro, juzgamos útil insistir sobre la conveniencia que resultaría de que tanto en México como en los Estados Unidos se procediese a revisar el asunto, añadiendo, de paso, a los datos fundamentales del problema, las enseñanzas que en esto, como en tantas otras cosas, debemos a la Guerra.
La realidad geográfica es así. De una parte una nación grande, rica, fuerte, bien organizada, bien gobernada, y movida tan incontrastablemente hacia la expansión, que no ha podido menos de echar por tierra, al fin y al cabo, las barreras que le oponía su política tradicional.
De la otra parte, una nación, vecina de la primera, que si no es chica por sus recursos naturales, es socialmente pobre, débil, mal organizada, mal educada, mal gobernada, y susceptible y temerosa. Motivos de vecindad y necesidad de vida hacen que la primera de estas dos naciones se crea llamada a poner de su parte cuanto sea necesario a su tranquilidad en puntos relacionados con el bienestar de la segunda nación. Por razones semejantes, ciertos aspectos de la vida de la nación segunda dependen, irremisiblemente, de la primera nación, o están, por lo menos, estrechamente supeditados a esta última.
Dada esa realidad, sería ocioso suponer que una u otra de estas dos naciones pueda vivir haciendo caso omiso de la otra. Y a sea que obren o que se abstengan, los Estados Unidos serán siempre, directa o indirectamente, la influencia exterior más grande de cuantas pesen en el destino de México.
Querámoslo o no los mexicanos, México contará siempre como elemento de primera importancia en la política americana de los Estados Unidos y como un factor no despreciable en determinadas coyunturas de su política asiática.
Para corroborar lo primero, recordemos tan sólo que el no haber reconocido el presidente Wilson al gobierno de Victoriano Huerta fue, para México, un suceso de mayor trascendencia que el desembarco de las tropas norteamericanas en Veracruz en 1914.
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