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Origen histórico de la celebración de la Semana Santa

Rubén Aguilar Valenzuela

La versión más antigua de la celebración de la Semana Santa en la Iglesia primitiva proviene de un relato que se escribe alrededor de 380, por una viajera llamada Egeria, que visitó Jerusalén en ese tiempo.

 

Ella vivía en Hispania (España), y emprende un viaje de tres años por Egipto, Israel, Palestina y Siria, y a lo largo de su recorrido registra sus experiencias en un diario destinado a sus hermanas que vivían en Hispania.

 

El diario, que se descubre en el siglo XIX, se conoce como La peregrinación de Egeria y proporciona una visión única, y muy precisa, de la celebración de la Semana Santa en la que participó en la Jerusalén del siglo IV. Ella describe detalladamente lo que vivió:

 

- La celebración inicia el Domingo de Ramos, donde el obispo y los fieles realizan una procesión con ramos, imitando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

 

- El lunes santo, "todos se reúnen en la gran iglesia, donde se repiten continuamente himnos y antífonas hasta la primera hora de la noche y se leen lecciones adecuadas al día y al lugar, intercaladas siempre con oraciones".

 

- El martes santo es similar al lunes, con la diferencia de que el obispo "lee las palabras del Señor que están escritas en el Evangelio según Mateo, donde dice: 'Miren que nadie los engañe'. Y el obispo lee todo ese discurso, y cuando lo ha leído, se hace la oración".

 

- El miércoles santo es similar al lunes y martes, aunque también con una diferencia en la lectura, el sacerdote lee: "el pasaje en el que Judas Iscariote se dirigió a los judíos y declaró lo que debían darle para traicionar al Señor. Y cuando se ha leído el pasaje, hay tales gemidos y lamentos de todo el pueblo que nadie puede evitar conmoverse hasta las lágrimas".

 

- El jueves santo se celebra la santa cena dos veces. Luego, en la noche, los fieles van al monte de los Olivos, donde se cantan himnos y se hacen lecturas de los Evangelios, para luego ir a Getsemaní, "donde el Señor oró", y donde "se lee el pasaje del Evangelio en el que el Señor fue capturado".

 

- El viernes santo se venera la Santa Cruz. Es una reliquia supuestamente descubierta por Elena, madre de Constantino, que, según ella, era la misma que Cristo cargó y en la que fue crucificado. Entonces se veneraba en el Gólgota, el mismo lugar de la crucifixión, donde Egeria estuvo presente.

 

- El sábado santo, se celebra nuevamente la santa cena y se leen pasajes sobre la resurrección como preparación para el domingo, en el que, a su vez, se celebran servicios habituales, se cantan himnos de resurrección y se lee el pasaje sobre Tomás el incrédulo, quien no creía en la resurrección.

 

Esta descripción del siglo IV muestra que para ese entonces ya en Jerusalén, cuna de la iglesia primitiva, se celebraba la Semana Santa con un ritual ya muy elaborado. Los especialistas de este período de la historia de la Iglesia, a partir del texto de Egeria, consideran que la celebración ya tenía siglos de practicarse.

 

Plantean la posibilidad de que esta inició ya desde el siglo I, en época de Santiago el apóstol, primer obispo de Jerusalén, o al menos desde el siglo II en los tiempos de los primeros obispos de la comunidad judeocristiana. Es evidente que desde los primeros tiempos de la Iglesia, esta celebración fue fundamental. ¿Lo es ahora?

La vida y la obra de Kati Horna

Rubén Aguilar Valenzuela 

 

 

 

 

 

En el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, Alcaldía Álvaro Obregón, Ciudad de México, se presenta la exposición Kati Horna: La mirada puesta en página.

 

Exposición

 

La muestra se realiza en el marco del 40 aniversario del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), que, entre otros muchos archivos resguarda el de la fotógrafa de origen húngaro Kati Horna (1912-2000).

 

Y es resultado de un trabajo de investigación de un equipo multidisciplinario con curadoras del Cenidiap, y del Centro Nacional de Investigación Documentación e Información del Teatro. Se contó también con la colaboración y apoyo de los herederos de Horna, que prestaron material del archivo personal que pertenece a la familia.

 

En 1986, la fotógrafa donó su archivo al Cenidiap, y las obras que ahora podemos ver son fotografía, hojas de contacto, revistas, y objetos personales. La exposición se articula a partir de cuatro ejes temáticos: Redes y procesos editorialesObjetivista y experimentaciónArquitectura insólitaSucedió en Coyoacán.

 

- Casa principal. Aquí se ubica el primer eje que comprende retratos, fotorreportajes relacionados con revistas –Nosotras, Diseño, Mujeres, Mexico This Month– y otros medios impresos que publicaron sus retratos y fotomontajes.

 

Y se puede ver como desarrolla su trabajo de editora visual, al señalar encuadres o rayar las imágenes que no le parecían. Horna fotografió a muchas mujeres y aquí se muestran imágenes de: Remedios Varo, Leonora Carrington, Ángela Gurría, Lorraine Pinto, Elvira Gascón, Rosario Castellanos y Sofía Bassi. Las hay, también, de artistas menos conocidas, a quienes también registró con su cámara.

 

 

- Casa Frida Kahlo. Se muestran trabajos experimentales y de vanguardia, como la serie dedicada al movimiento de Los Hartos, que culminó en una exposición de un día (30 de noviembre de 1961) en la galería Antonio Souza, en la Zona Rosa. Sus integrantes, que se decían "artistas con hache", se unieron con el propósito de "desafiar la frivolidad y banalidad del mercado del arte". Muchas de estas piezas provienen del Fondo Mathias Goeritz que también resguarda el Cenidiap. Horna tuvo una relación muy estrecha con Pedro Friedeberg, de quien se exhibe su Mesa que camina. También está su trabajo para la revista S.nob.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

- Casa Juan O'Gorman. En la planta baja están las fotos que hacen referencia a la arquitectura, ella colaboró con muchos arquitectos y revistas de esta disciplina. Y en la planta alta se despliega su labor en la escena junto con personalidades como Alejandro Jodorowsky, así como sus colaboraciones con la actriz Beatriz Sheridan. Este apartado da fe de su trabajo más como artista plástica, con objetos, cajas, al llevar la fotografía a "otro límite".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Kati Horna. Nació en Budapest, Hungría, en 1912, como Katalin Deutsch, y murió en la Ciudad de México en 2000. Se nacionalizó mexicana. Hija menor de tres hermanas de una familia judía acomodada, su padre era banquero. Desde joven, su madre le insistió en que debía tener una carrera para valerse por sí misma; por ello, en 1931 se trasladó a Berlín, Alemania, para comenzar a aprender fotografía.

 

Aquí se relacionó con el grupo de Bertolt Brecht y con la Bauhaus, al tiempo que trabaja para la agencia Dephot (Deutsche Photodienst). Ella, con la escalada del nazismo, regresa a Budapest, para encontrarse con que su padre había sido apresado. En 1933, su madre le financia un curso en París con el fotógrafo Jósef Pécsi, a quien ella siempre consideró su maestro.

 

En París trabaja retocando fotografías de moda y fotos fijas para cine, y también realiza reportajes para la agencia francesa Agence Photo. De esta época son sus trabajos El mercado de las pulgas (1933) y Reportaje de los cafés de París (1934).

 

Se hace pareja del fotógrafo Robert Capa (1913-1954), cuyo nombre entonces era Endre Friedmann, quien luego lo "americaniza". También se relaciona con Chiki Weisz, quien en ese momento manejaba el estudio de Capa y más tarde se encontraría con él en México.

 

En París tiene lugar su primer encuentro con el surrealismo cuando se acerca a la Asociación de Artistas Alemanes en París, que se reunían en el Café des fleurs en Montparnasse. Con uno de ellos, Wolfang Burger, desarrolló la serie Hitler Eye, que consiste en imágenes de un huevo parodiando a Hitler.

 

Cuando en 1936, estalla la guerra civil española, Kati Deutsch, con su cámara Rolleiflex y con ideales anarquistas, viaja a Barcelona y a Valencia. Hace el viaje junto con Capa como fotorreportera encomendada por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) para retratar la situación de los pueblos colectivizados de Aragón, con el objeto de servir como propaganda al gobierno republicano en el exterior.

 

Trabaja para diversas organizaciones y publicaciones republicanas. Destaca su trabajo como colaboradora en publicaciones anarquistas como Tierra y libertadTiempos Nuevos y Mujeres libres, así como su trabajo como redactora en la revista Umbral, donde conoce a José Horna, que trabaja como cartógrafo, para los republicanos, y pronto se casan y de él toma el apellido.

 

Su compañero es apresado por los nacionalistas, y ella lo ayuda a escapar hacia París, y se lleva consigo algunos negativos de sus fotografías que no mostró hasta el año de 1979, cuando la democracia ya estaba establecida en España y los puso a disposición del Ministerio de Cultura.

 

A su llegada a París, Kati Horna siguió trabajando, de esa época destaca su cuento visual Lo que va al cesto (1939). Sin embargo, con la invasión nazi a Francia y al no tener papeles la pareja corría el riesgo de ser arrestada, por lo que decidieron pedir ayuda a la Embajada de México, en ese momento se cambia el nombre a Catalina Fernández o Catalina Partos.

 

En 1939, Kati y José Horna llegan al puerto de Veracruz, y de inmediato se trasladan a la Ciudad de México. Una vez establecidos, Kati Horna se reencuentra con su amigo Chiki Weisz, quien era pareja de la pintora surrealista de origen inglés Leonora Carrington. Los Horna crearon vínculos con otros artistas e intelectuales que vivían en el exilio, como Gunther Gerzso, Walter Gruen, Remedios Varo y Benjamin Péret, quienes se reúnen en su casa en la calle de Tabasco, en la colonia Roma.

 

La amistad que Kati Horna estableció con las pintoras surrealistas Remedios Varo y Leonora Carrington sería de gran relevancia, no sólo para su vida en México, sino para su obra. En 1943 las tres vivían en la colonia Roma, por lo que compartían gran parte de su tiempo y sus labores cotidianas. De ahí surgió una serie de retratos e imágenes surrealistas. Horna colaboró con las pintoras y las retrató.

 

En 1963, la muerte de José Horna y Remedios Varo unió más a Leonora Carrington y a Kati Horna, y juntas inician proyectos. Entre estas colaboraciones están las fotografías que tomó de los espectáculos montados por Alejandro Jodorowsky, entre el que destaca Penélope, para el que Carrington diseñó la escenografía y el vestuario.

 

La fotógrafa también colaboró con importantes publicaciones como: MujeresS.nob -donde publicó fotografías con tendencia surrealista-, Mapa (1940), Revista de la Universidad de México (1958-1964), Tiempo (1962), Perfumes y modas (1956), México this Mouth (1961-1965), Revista de Revistas (1963). Otra de sus facetas fue la fotografía de arquitectura, en la que participó haciendo memorias de distintas construcciones.

 

Además, trabajó como profesora de fotografía en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (1973-1999) y en la Universidad Iberoamericana. Entre sus fotoreportajes más destacados se encuentran: La Castañeda (1945), Fetiches de S.nob (1962), Sucedió en Coyoacán (1962), Mujer y Máscara (1963) y Una noche en el sanatorio de muñecas (1963).

 

Kati Horna falleció en octubre del año 2000. Dejó un archivo de más de 20 000 negativos, que ahora resguardada el INBAL y el Ministerio de Cultura de España.

 

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El trabajo de Kati Horna ha sido expuesto en España (Salmanca, Córdoba, Valencia, Valladolid, Madrid); Reino Unido; Francia; Estados Unidos y México.   

 

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En 2016,  la historiadora del arte Almudena Rubio descubre en el Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), en Ámsterdam, Holanda, las fotos perdidas de la Guerra Civil Española que Horna había realizado por encargo para la CNT-FAI para difundir el papel de los anarquistas españoles durante la Segunda República.

 

El legado se consideró perdido como consecuencia de la guerra, salvo una lata que la propia fotógrafa húngara consiguió llevarse y que se encuentra desde 1983 en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, España. Rubio recuperó más de 500 negativos sobre la guerra en cajas cerradas desde 1939 y comenzó su análisis y estudio.

 

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Los especialistas en la historia y obra de Kati Horna consideran que su vida y trabajo no se conocen como debería serlo porque siempre se negó a participar en exposiciones o hacerse publicidad, por lo que gran parte de sus fotos, especialmente su obra surrealista, solo se conocieron cuando después de su muerte las encuentra su hija.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentario

 

La vida y el trabajo fotográfico de Kati Horna, tiene un gran valor y merece que se conozcan mucho más de lo que ahora son. Conocía algo de la vida y la obra de ellas, pero la exposición, y las lecturas posteriores, me han aportado nuevos elementos para entender mucho mejor su aporte y relevancia en el campo de la fotografía y también su papel en la Guerra Civil Española.

 

En 1985, la fotógrafa donó su archivo al Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap), pero es hasta ahora, que se exhibe por primera vez. En sus años en México captó parte de la vida cultural de la Ciudad de México a través de reportajes fotográficos, retratos y relatos visuales. La mayor parte de estos trabajos se publicaron en medios  impresos culturales del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su trabajo registra y da cuenta de los personajes de la cultura mexicana que retrató y de las diferentes temáticas que desarrolló durante seis décadas de producción fotográfica. La exposición también muestra los procesos creativos de la editora visual y fotógrafa en la búsqueda del encuadre, el contraste y la composición, mediante la exhibición de series, hojas de contacto e imágenes que evidencian las marcas de la edición fotográfica que la publicación suele ocultar.

 

Horna estuvo siempre en diálogo con la vanguardia, la experimentación y los movimientos artísticos; sin pertenecer a un grupo, se mantuvo cercana a muchos mediante la amistad y la colaboración. Desde sus inicios en Europa, la experimentación fotográfica fue central en su práctica: explora el collage, la narración y construyo un lenguaje tanto político como experimental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ella fotografió a muchas mujeres en sus espacios íntimos, y por eso mismo sus imágenes están cargadas de tensiones, aunque a menudo se presentan con una apariencia cotidiana en las portadas de las revistas para la que trabajó. En ellas captura la vida íntima, pero también deja entrever una esencia más profunda y velada de quienes retrata.

 

Me sorprendió, no conocía, su trabajo en la fotografía arquitectónica. Sus primeros trabajos en este campo están relacionados con el arquitecto Carlos Lazo y la recién construida Ciudad Universitaria. A partir de la década de los sesenta colaboró con los más importantes arquitectos del país.

 

Y mantuvo un diálogo con el artista Mathias Goeritz sobre la arquitectura emocional, la escultura monumental, el geometrismo, la abstracción y el misticismo. En este sentido, Horna buscó captar lo insólito de la arquitectura a través del valor expresivo de la materia y la forma, el sentido abstracto y el contexto histórico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También incursionó en el espacio del teatro. Dentro de ese campo se encuentra Historia de un vampiro: Sucedió en Coyoacán (1962). La serie fue creada junto a la actriz Beatriz Sheridan a quien también había retratado en Penélope de Leonora Carrington. Kati Horna fue una de las fotógrafas fundamentales de la obra de Alejandro Jodorowsky.

 

Su archivo conserva el registro de los ensayos de La ópera del orden, un testimonio tanto del proceso como del resultado. Y capturó aquello que la memoria necesita guardar, reconfigurar y discutir. Se adentró en la escena para mostrarnos las escenografías de artistas como Lilia Carrillo y devolvernos ese instante fijado en imagen.

 

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La exposición se puede ver hasta el 26 de abril de 2026.

El artículo 35 de la Constitución

Rubén Aguilar Valenzuela 

La presidenta Sheinbaum Pardo envió al Poder Legislativo, la propuesta de reforma en materia electoral que ha llamado el Plan B, después de que fracasó la propuesta original, diseñada por el presidente López Obrador, su antecesor, tras el rechazo a votar a su favor por sus aliados los partidos el PT y el PVEM.

 

De las propuestas del Plan B, todas regresivas y con el propósito de debilitar a la oposición, fortalecer a Morena y dar más elementos de control al Poder Ejecutivo sobre el proceso electoral, la más grave considero que es la reforma del artículo 35 de la Constitución.

 

En él se dice: "No podrán ser objeto de consulta popular la restricción de los derechos humanos reconocidos por esta Constitución; los principios consagrados en el artículo 40 de la misma; la materia electoral; los ingresos y gastos del Estado; la seguridad nacional y la organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación resolverá, previo a la convocatoria que realice el Congreso de la Unión, sobre la constitucionalidad de la materia de la consulta (...)".

 

Los temas en que la Constitución no admite la consulta popular están bien definidos, y no requieren mayor discusión. Es claro que no se puede poner a consulta popular la estrategia de seguridad nacional, materia solo de especialistas de alto nivel en ese campo y lo mismo sucede con las finanzas públicas y las elecciones.

 

La Constitución prohíbe la consulta popular en "materia electoral", para evitar que en un tema tan delicado, que es fundamental para la vida democrática, quede a la posibilidad del voto a mano alzada, producto solo de un peculiar estado de ánimo.

 

La propuesta que presenta la presidenta, que es la de López Obrador, su mentor y líder, de modificar el artículo 35 de la Constitución en materia electoral para permitir la consulta popular tiene como propósito que el proceso electoral pase a control de quien detente el Poder Ejecutivo.

 

Este, tendría la facultad constitucional, cada vez que estime conveniente, y en razón de sus intereses particulares, organizar consultas populares sobre la materia. Para poner sólo un ejemplo podría poner a consulta terminar con la autonomía del INE y hacer que vuelva al control de la Secretaría de Gobernación como hace 26 años atrás.

 

En los siete años y medio que Morena tiene en la presidencia de México, la sociedad ha sido testigo de cómo se organizan las consultas populares, primero manipuladas por el presidente López Obrador y luego por la presidenta Sheinbaum Pardo. En ellas ha participado menos del 10 por ciento del padrón electoral. Las minorías, pasan, entonces, a imponerse sobre las mayorías.

 

Si pasa la reforma del artículo 35 de la Constitución que quiere la presidenta, de inmediato tendría el control del sistema electoral. Mañana podría mandar iniciativas para eliminar instituciones, reducir presupuestos y todo lo que se le ocurra, para debilitar a la oposición y fortalecer a su partido.

 

El mismo artículo señala que es la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) quien resuelve sobre la constitucionalidad de la materia de la consulta de los temas contemplados en éste. La presidenta sabe que tiene el control de los nueve ministras y ministros, todos militantes o simpatizantes de Morena, y que siempre darían por buenas las consultas y sus resultados.

 

De aprobarse en las  próximas semanas, el cambio del artículo 35 de la Constitución, se avanzaría en la construcción del sistema político centralista y autoritario que inicia el presidente López Obrador y continúa la presidenta Sheinbaum Pardo. Y se daría un golpe demoledor a la democracia.

Museo Aretuseo dei Pupi

 
Rubén Aguilar Valenzuela

El Museo Aretuseo dei Pupi, se encuentra en Siracusa, Sicilia, Italia, y forma parte de la Opera dei Pupi, la compañía de títeres que se funda a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, que en 2001 fue declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

 

Exhibición

 

Se muestran títeres hechos a mano que han pertenecido a la Opera dei Pupi. Se incluyen todo tipo de personajes entre ellos caballeros medievales, guerreros sarracenos, reyes, princesas, animales y criaturas fantásticas, con especial atención al trabajo que realizaron los titiriteros locales Alfredo y Saro Vaccaro en la década de 1970.

 

Hay también escenografías originales, telones de fondo pintados, atrezzo y vestuario. Se exhibe lo que han sido los talleres para elaborar y reparar títeres y también herramientas y materiales que se han utilizados para la creación de estas obras maestras.

 

Biblioteca

 

El museo alberga una biblioteca especializada con cientos de volúmenes sobre marionetas, folklore e historia local, además de una hemeroteca, videoteca, fonotecas, y manuscritos raros que tienen relación con los títeres.  

 

 

 

 

 

Comentario

El Museo Aretuseo dei Pupi narra la muy rica historia del teatro de marionetas en Sicilia, a partir del trabajo de la compañía Opera dei Pupi que se funda en Siracusa. Es el primer museo en Italia dedicado a exhibir exclusivamente títeres.

Cada uno de los títeres, con sus rostros y vestimenta, son obras de arte únicas. Las hay de extraordinaria belleza. Las escenografías que se muestran son también muy bellas.  El museo se aloja en un edificio antiguo de techos y paredes de piedra, que está bien acondicionado. La museografía es muy buena. 

A Sybille y a mi nos gustó mucho, y pudimos hacer un recorrido que nos permitió ver cada una de las piezas con cuidado. Al terminar la visita fuimos a ver una obra de títeres.     

Cenizas, novela de una Premio Nobel

Rubén Aguilar Valenzuela

La italiana Grazia Deledda, Premio Nobel de Literatura en 1926, publica Cenizas (Menades Editorial, España, 2021) en 1904. La historia, ubicada en Cerdeña, Italia, cuenta la vida de Ananías, hijo de Oli, madre soltera, desde su infancia, marcada por el abandono, hasta su edad adulta.

 

Oli es una muchacha de 16 años y Anania, es un cam­pesino que la­bra la tierra de su amo, y se enamora de ella y pronto consigue que esta le corresponda.

 

Ana­nia a Oli le promete matrimonio, pero le esconde que ya está casado. Cuando ella va a dar a luz, la lleva con la comadrona Grathia, que habita en Fonni, sitio ubicado en los montes que circundan Nuoro. En este paraje nace y crece el pequeño Ananías.

 

Oli, cuando su hijo ya es un niño, lo lleva a Nuoro y lo deja en casa de su padre, y después desaparece, para ya nunca más saberse de ella, pero su presencia invisible seguirá flotando ­en toda la historia.

 

El pequeño Ananías es bien acogido por la esposa de su padre, la tía Tatanna, persona dulce y piadosa que le educa amorosamente. Ella no ha podido tener hijos.

 

Ananías crece como un muchacho guapo inteligente, que es querido por todos en el pueblo. Antonio Carboni, su padrino, hombre rico y poderoso, lo beca para estudiar.

 

Él tiene una hija, Margherita, que Ananías ha amado des­de niño y ella a él. Se hacen novios y se comprometen. Es cuando este se da a la búsqueda de su madre biológica.

 

La autora, con esta obra, se adentra en la complejidad de las relaciones humanas, y retrata la vida en la Cerdeña de principios del siglo XX, y destaca las tradiciones de la sociedad sarda.

 

Y teje una narrativa que explora temas como la culpa, el pecado, la tradición, la lucha interna del ser humano frente a su destino.

 

El centro de la historia es el dilema emocional de sus personajes, que ponen en evidencia la tensión entre el deseo individual y las expectativas sociales en un contexto donde las normas familiares y comunitarias se imponen.

 

 

Escritora

 

 

 

 

 

Grazia Deledda (Nuoro, Cerdeña, 1871 - Roma, 1936). En 1926 obtiene el Premio Novel de Literatura. Nace en el seno de una familia numerosa y acomodada. El padre, Giovanni Antonio, empresario y terrateniente, fue poeta aficionado y alcalde de Nuoro en 1892. La madre, Francesca Cambosu, fue una mujer muy religiosa.

 

Después de haber realizado sus estudios de educación primaria, recibe clases particulares de un familiar suyo, las costumbres de la época no permitían que las jóvenes tuvieran una instrucción más allá de la primaria. Luego, como autodidacta, profundiza en sus estudios literarios.

 

Después de casarse con Palmiro Madesani, funcionario del Ministerio de Finanzas, al que conoce en Cagliari en 1899, se traslada a Roma. Empieza a destacar como escritora con relatos que publica en la revista L'ultima moda. Su primer éxito literario fue En el azul (1890).

 

Entre sus obras se encuentran: Paisajes sardos (1896); Almas honestas (1895); El viejo de la montaña (1900); Elias Portolu (1903); Cenizas (1904); La hiedra (1906); Hasta el límite (1911); Colombi e Sparvieri (1912); Cañas al viento (1913); El incendio en el olivar (1918) y El Dios de los vientos (1922).

 

La narrativa de Grazia Deledda se basa en vivencias de amor, dolor y de muerte sobre las que está presente el sentido del pecado, de la culpa, y la conciencia de una inevitable fatalidad. Se considera que estaba influenciada por el verismo de Giovanni Verga, y por el decadentismo de Gabriele D'Annunzio, y por el ruso León Tolstói.

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Versión Original. Cenere, publicada en 1904 en italiano. Traducción del italiano al español es de Melina Márquez.


 

 

 

 

 

Cenizas 

Grazia Deledda

Menades Editorial

España, 2021

pp. 280

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