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Miradnos bailar

Rubén Aguilar Valenzuela

La novela Miradnos bailar (Editorial Cabaret Voltaire, Madrid, 2023) de la escritora Leila Slimani (Rabat, Marruecos, 1981), hija de padre marroquí y madre franco-argelina, es la segunda de la trilogía que narra la vida de tres generaciones de una familia marroquí, que se inspira en su propia historia.

La primera parte de la trilogía es El país de los otros que narra la historia de la familia de la década de 1940 a finales de la década de 1960. La segunda parte inicia en ese mismo tiempo y llega hasta la década de 1970.

En la obra anterior, el matrimonio de Amín y Mathilde Belach, con sus hijos Aicha y Selim, luchan por hacer productivas las tierras que su padre heredó a su hijo mayor. Él marroquí y ella francesa se abren espacio como pareja en una nueva realidad.

La historia que se cuenta en esta segunda parte se desarrolla en un ir y venir entre los relatos íntimos del ámbito familiar y la realidad política y social por la que atraviesa Marruecos, ya independiente gobernada por el rey Hassan II.

Al fin, con un trabajo duro y disciplinado, con la introducción de nuevas tecnologías, las tierras se vuelven productivas y la familia Belach se convierte en una familia rica que ahora forman parte de la élite económica y social del país.

En la novela anterior los personajes centrales eran Amín y Mathilde y ahora lo son sus hijos, Aicha y Selim, que se mueven en una Marruecos que ingresa a la modernidad en medio de profundas contradicciones. Es importante también el personaje de Selma hermana de Amín.

Aicha, la hija mayor, estudió medicina en Estrasburgo, vive su condición de ser una mestiza. En un viaje a Marruecos se enamora de Mehdi, que de joven por sus posiciones políticas tiene el apodo de Carlos Marx, y que después se vuelve un funcionario del gobierno central.

La autora, con precisión y detalle, sitúa a sus personajes en el contexto contradictorio de una sociedad que deja el pasado e ingresa a la modernidad occidentalizada. En esa realidad las y los jóvenes deben de encontrar su nueva identidad y su propia forma de vida.

Slimani en su narrativa conjuga lo íntimo de cada personaje con la realidad político, económica, social y cultural del nuevo Marruecos. Un país donde las mujeres buscan dejar el pasado de opresión, para emanciparse y ser ellas.

La autora en esta segunda entrega como, lo hizo en la primera, dice un crítico de Libérationofrece: "Una epopeya formidable, tanto política como humana, que dice mucho sobre las angustias de los antiguos países colonizados, repentinamente abandonados a su suerte, cada uno tratando de encontrar su lugar en una sociedad que oscila entre la descomposición y la recomposición".

Ella, para construir el gran fresco de la realidad del Marruecos de la década de 1960 y 1970, hace uso de una prosa directa, ágil y desencarnada que da vida a personajes complejos, que son hijos de una realidad local, pero que son seres humanos como todos los demás.

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Leila Slimani, al terminar en el liceo francés de Rabat, va a París para estudiar en el Instituto de Estudios Políticos y, posteriormente, en la Escuela Superior de Comercio donde se especializa en medios de comunicación. Después de ejercer varios años como periodista en L'Express y Jeune Afrique, decide dedicarse por completo a la literatura. Su primera novela En el jardín del ogro (2014), recibe el reconocimiento unánime de la crítica. Actualmente es la representante francesa en el Consejo de la Francofonía.

 

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Versión original. En 2023, la obra se publica en francés con el título de Regardez-nous danser por la Editorial Gallimard y en español por la Editorial Cabaret Voltaire en una traducción de Malika Embarek López. Ella es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Mohamed V de Rabat, está especializada en la traducción de autores magrebíes.

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Miradnos bailar

Leila Slimani

Editorial Cabaret Voltaire

Madrid, 2023

pp. 448

Misión de Santa María de las Parras

Rubén Aguilar Valenzuela

 

Historia

La fundación de la Misión de Santa María de las Parras y Laguna Grande de San Pedro se realiza el 18 de febrero de 1598. En esa fecha se celebra una misa en la cueva de Texcalco. Los fundadores de esta misión fueron el sacerdote jesuita Juan Agustín de Espinosa, el capitán Antón Martín Zapata, el escribano Francisco de Andrade y el mayordomo Baltasar Rodríguez.

 

En 1599, por órdenes expresas del virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, se procedió a trasladar hasta esas tierras a un grupo importante de indígenas tlaxcaltecas, que en ese entonces radicaban en el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, adyacente a la villa de Saltillo. En la zona ya había hacendados españoles y criollos, con mano de obra de esclavos africanos.

 

Las estimaciones de la población lagunera antes de los estragos causados por las enfermedades traídas de Europa hablan de la muerte de 24 000 indígenas a mediados del siglo XVI; en la época de la fundación de la misión la población era de 18 000 indígenas. Esta cifra disminuye a dos mil familias a finales de la primera década del siglo XVII, y para 1625 tenía una población de 1 600 personas.

 

La estrategia misional de los jesuitas fue la misma que se implementó en las misiones de Sinaloa, Sonora y Baja California, y antes en otras regiones del imperio español en América del Sur.

 

La Compañía de Jesús pronto se convirtió en un productor vinícola importante. Los pueblos visita, en la parte oeste de la comarca lagunera, fueron abandonados durante la guerra de los tobosos del siglo XVII, y esto dio lugar a que los jesuitas construyeran ahí un gran latifundio en el siglo siguiente, lo que les convirtió en los principales terratenientes después de los marqueses de San Miguel de Aguayo.

 

Los jesuitas tenían una estructura organizativa flexible y una gran capacidad de adaptación a nuevas y distintas circunstancias. Así, adaptaron su presencia en Parras después de la secularización, y transformaron la misión para indios laguneros cazadores y recolectores en un colegio, que hacia el siglo XVIII eran ya de mayoría de alumnos de origen tlaxcalteca.

 

Esta adaptación ayudó a preservar las tierras de la misión aun después de su secularización, situación que enojó a muchos a los hacendados que querían para ellos las tierras y las aguas de los indios y de los misioneros. En la regla de la Compañía de Jesús estaba que cada residencia y colegio debían tener propiedades productivas para su propio mantenimiento. 

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Desde mediados del siglo XVI prosperó en la región de Parras un grupo de hacendados, el más destacado Francisco de Urdiñola, un explorador y conquistador vasco cuyos descendientes acumularon grandes extensiones de tierra y paulatinamente crearon con ellas uno de los más grandes mayorazgos de la Nueva España: el marquesado de San Miguel de Aguayo.

 

En 1593, José de Aslor y Virto de Vera, Segundo Marqués de Aguayo, obtuvo por merced del rey Felipe II de España un conjunto de 15 sitios de ganado menor, tierras en las cuales construyó un amplio espacio hacendario conocido como San Lorenzo de la Laguna, lugar en el que posteriormente serían fundadas algunas de las ciudades más importantes de Coahuila, como Torreón, e incluso de Durango.

 

En Parras se encuentra la vinícola más antigua del continente americano, fundada en 1597 por don Lorenzo García bajo el nombre de Vinícola San Lorenzo y que a partir de 1893 lleva el nombre de Casa Madero, que funda Evaristo Madero Elizondo en las instalaciones de la Hacienda de San Lorenzo.

 

Los descendientes de Francisco de Ibarra expandieron constantemente sus propiedades alrededor de Parras, ya sea por compras, matrimonios, engaño o a la fuerza. En varias ocasiones, durante los siglos XVII y XVIII, sus herederos trataron de confiscar las tierras y el agua de los misioneros y de los indios, pero estos pudieron detener e incluso revertir algunos de sus peores abusos.

 

No fue hasta después de 1767, con la expulsión de los jesuitas, que los descendientes de Francisco de Urdiñola, y otros hacendados, pudieron irse sobre las tierras de los indígenas y las propiedades que los jesuitas tenían para mantener sus obras.

 

Iglesia

 

La construcción de 1607, obra del padre Juan Diego de Pagua, es sustituida por la de 1648 con la advocación de la Virgen de la Asunción. En 1680, la comunidad, con el apoyo del cabildo y las autoridades eclesiásticas, emprenden la tarea de ampliar la iglesia. De 1681 a 1687, los pobladores aportaron dinero, materiales y mano de obra, para construir una iglesia más grande.

 

En 1797, después de la supresión de la Compañía de Jesús de los reinos de España, la iglesia, ya en manos del clero secular, se vuelve a modificar. Hay una planta basilical con cuatro naves, el bautisterio, la sacristía, el cubo de la torre del campanario y el presbiterio. En 1853, la familia Páez financia la construcción de la Capilla de los Dolores, que aún se conserva. De 1859, es la campana mayor, fundida por Rafael Alatorre.

 

- Exterior

 

La fachada pintada de blanco tiene tres calles. En la central hay dos elementos; la entrada con un arco de medio punto que se sostiene en pilastras. En la parte alta la ventana del coro, que es rectangular, a los lados dos nichos sin imágenes que rematan en frontones triangulares. En la parte alta un nicho vacío. En la calle lateral izquierda hay una puerta y en la lateral derecha otra, la dos son arcos de medio punto. En esta también una ventana tapiada.

 

La torre se monta sobre la calle lateral derecha. Tiene un cuerpo con dos arcos de medio punto alargados en cada uno de sus cuatro lados. El remate es una cúpula de media naranja con una linternilla. Al lado derecho de la iglesia, en el atrio elevado con relación a la calle, una cruz de piedra.

- Interior

 

El altar mayor de la iglesia está dedicado a san Ignacio de Loyola. Tiene tres cuerpos y cinco calles. En el primer cuerpo, al centro, un crucifijo. En las cuatro calles laterales nichos con imágenes de santos de la Compañía de Jesús. En el segundo cuerpo, en la calle central, en un nicho la imagen de san Ignacio de Loyola. En las cuatro calles laterales nichos con imágenes de santos de la Compañía de Jesús. En el tercer cuerpo, en la calle del centro, en un nicho la imagen de la Virgen. En las dos calles laterales nichos con adornos. Todas las calles están divididas por columnas salomónicas. 

Colegio

 

A un lado de la iglesia se encuentra el antiguo Colegio de San Ignacio de Loyola, que actualmente alberga el Archivo María y Matheo. Este resguarda documentos del siglo XVI al XIX, y son una fuente invaluable para el estudio de la historia de Coahuila y Durango. Además, el colegio exhibe pinturas del siglo XVII al XIX, añadiendo aún más valor histórico y artístico al conjunto arquitectónico.

 

Comentario

 

La fundación de la Misión de Santa María de las Parras y Laguna Grande de San Pedro se realiza en 1598, y en ella participa el jesuita Juan Agustín de Espinosa, que nace en 1567 en Real de Minas Zacatecas y muere en 1602 en Mayrán en el ahora estado de Coahuila, del cual es uno de sus constructores con las misiones que levanta en los cuatro años que trabajó en la región.

 

La Iglesia de San Ignacio de Loyola ha vivido múltiples intervenciones a lo largo de los siglos. En ella lo más interesante y de mayor valor es el altar barroco del siglo XVIII que tiene como imagen principal a san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús. Es una obra de gran valor y belleza.

 

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- Visitas:

 

Entre 2012 y 2017 visité la iglesia en varias ocasiones. En una de ellas me encontré con el padre jesuita Guillermo Ameche, que estudiamos juntos teología, cuando yo también era jesuita, y me enseñó las pinturas que tiene la iglesia, algunas en mal estado. Se requieren muchos recursos para su restauración.

 

- Fuentes consultadas:

 

Martínez de la Cerda, José Gabriel, Viñedos e indios del desierto: fundación, auge y secularización de una misión jesuita en la frontera noreste de la Nueva España, Museo de Historia Mexicana, Fondo Editorial de Nuevo León, 2024.

La presidenta: Corrupción e inseguridad

Rubén Aguilar Valenzuela

El combate a la corrupción y la inseguridad han empeorado en los primeros 14 meses de la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, señala una encuesta de la consultora Enkoll, realizada para El País y W Radio, a 1201 personas en una muestra a nivel nacional (El País, 05.12.25).

 

El 51% de los encuestados considera que la delincuencia, el narcotráfico, la violencia y el crimen organizado constituyen el principal problema del país, su respuesta es semejante a la que dieron en septiembre pasado, que ya indicaba la preocupación al alza de la ciudadanía en materia de seguridad, tendencia creciente en los últimos años.

 

Un 21% de los encuestados opina que el gobierno federal no ha enfrentado adecuadamente el problema de la seguridad, 3% señala que el Ejecutivo no ha puesto un alto al crimen organizado y/o se ha aliado con el narcotráfico. Solo el 5% considera que la seguridad es el principal logro de la presidenta.

 

Distintos especialistas han planteado dudas fundadas sobre los datos de seguridad que  ofrece el gobierno federal, que sostienen que su estrategia de seguridad es exitosa y se traduce en una reducción de los niveles de inseguridad, de manera notable en los homicidios dolosos.

 

No es la percepción de la ciudadanía que vive día a día, el incremento real de la violencia en el país, y que considera que la estrategia de seguridad del gobierno federal no está dando resultados, como este lo quiere hacer ver una intensa campaña publicitaria que se difunde en todos los medios del país, que le está dando resultados contrarios a los esperados.

 

En los hechos, la violencia se sostiene en muy altos niveles y aumentan de manera considerable los casos de desaparecidos y los de extorsión, a cargo de los grupos del crimen organizado, cada vez con mayor capacidad operativa, y que ya controlan más del 30 por ciento del territorio nacional. Realidad que el gobierno minimiza o francamente desconoce.

 

La respuesta que dio el gobierno federal al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, se inscribe en la mala percepción que tiene la ciudadanía en materia de seguridad. El 51%, considera que la respuesta fue mala o muy mala.

 

A casi dos meses de los hechos, las autoridades responsables no resuelven el caso. El 24% de los encuestados afirma que ninguno de los implicados en los hechos serán castigados por su acción; el 37% que solo serán algunos, y 34%, que las autoridad castigarán a todos los implicados.

 

La encuesta de Enkoll, como otras publicadas recientemente, todas en poder del gobierno federal, más las que realiza por su propia cuenta, dan cuenta que hay un rechazo creciente de la ciudadanía a la gestión del gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo, pero no a su persona.

 

Hay una disociación creciente entre una y otra valoración, es una presidenta relativamente bien evaluada en su persona y cada vez más mal evaluada en su gestión como gobernante. Las tendencias que por ahora muestran las encuestas es que la grieta se va abrir todavía más. Habrá que ver el resultado de las próximas.

 

El Bloque Negro

Rubén Aguilar Valenzuela

El pasado seis de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, organizó un evento en el Zócalo de la Ciudad de Mexico, para celebrar su primer año de gobierno y el séptimo en el que Morena, el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador, su antecesor, está en el poder.

 

En esa concentración, a la que asistieron 100 000 personas, que son las que caben en la plaza central de la capital del país, no se hizo presente el grupo que se conoce como el Bloque Negro, que solo se manifiesta en eventos organizados por grupos ciudadanos, independientes del gobierno, y por la oposición.

 

Un alto funcionario que ha estado a cargo de fuerzas de la policía en diversas entidades del país, y conoce muy bien cómo operan estos grupos, dentro y fuera del país, me ha proporcionado, en una muy larga conversación, información sobre cómo se organiza y cuál es el propósito del Bloque Negro.

 

Este grupo, desde hace décadas depende de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México, y no de la policía capitalina como yo pensaba. Es una estructura permanente muy pequeña, que crece de manera temporal cuando hay manifestaciones ciudadanas y de la oposición en la Ciudad de México.

 

Los integrantes, para cada ocasión, se reclutan entre pandillas y grupos de jóvenes en barrios de la ciudad a quienes se da un entrenamiento superficial, antes del evento para el que fueron contratados. Después de que éste finaliza, el colectivo se disuelve y solo permanece la estructura permanente.

 

En el operativo, los integrantes permanentes a cargo son quienes en campo dirigen la operación y dan instrucciones. La policía de la ciudad está avisada y por eso no interviene, y si lo hace es para victimizarse, como parte del montaje que se organiza y opera desde la Secretaría de Gobierno.

 

El propósito de la intervención de este grupo es de carácter político y no policial y por eso depende de la Secretaría de Gobierno. Los objetivos son dos: ensuciar la marcha o el evento diciendo que sus organizadores y participantes son violentos, o están manipulados, y construir una narrativa bajo control del gobierno.

 

Lo que se pretende es que la causa legítima de los manifestantes se disuelva, que no exista, y toda la narrativa se concentre en el tema de la violencia. El centro del discurso, que difunden los medios, es que los organizadores y los participantes son violentos y atentan contra la tranquilidad de la ciudad y de las instituciones.

 

Los medios, a partir de la narrativa construida por el gobierno de la ciudad, centran su cobertura informativa no en la causa legítima de la manifestación sino en los actos violentados, que resultan muy mediáticos. Es entonces que la Secretaria de Seguridad, y no la de Gobierno, que ha organizado todo, sale a informar a la prensa.

 

La estrategia se ve coronada por el éxito, el gobierno gana y los manifestantes pierden. La presidenta Sheinbaum Pardo como jefa de gobiernos de la Ciudad de México utilizó los servicios del Bloque Negro, sabe muy bien cómo funciona y para qué sirve.

 

Ella puede, tiene todo el poder, para que desaparezca esta estructura que el gobierno de la ciudad utiliza para violentar la libertad de manifestación y de expresión, y con ello atentar contra la democracia.

70 años de la Licenciatura en Arquitectura en la Ibero

Rubén Aguilar Valenzuela 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las vitrinas de los pasillos del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil (DAUIC) de la Universidad Iberoamericana, Campus Santa Fe, Ciudad de México, se presenta la exposición: "70 años de la Licenciatura en Arquitectura".

 

Exposición

La exhibición se organiza como parte de la celebración de los 70 años de la Licenciatura en Arquitectura de la Universidad Iberoamericana. En la introducción de la misma se dice: "Esta exposición busca recordar, renombrar y narrar la historia de lo que somos y de cómo hemos construido este trayecto a lo largo del tiempo.

La Licenciatura en Arquitectura se fundó en 1955 con una clara inspiración en la tradición jesuita: formar profesionistas con excelencia académica y, al mismo tiempo, con un profundo compromiso social.

Desde entonces, generaciones de estudiantes han pasado por aulas, talleres y obras que se entrelazan con la historia urbana de la Ciudad de México.

En este recorrido encontrarás imágenes de las distintas sedes que han albergado a nuestros campus, espacios donde se acumularon horas de docencia, desvelos y aprendizajes.

Se hace especial énfasis en el Campus Santa Fe, inaugurado en 1988, que consolidó lo que hoy conocemos como el Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil (DAUIC).

 

 

 

 

 

 

 

 

La exposición presenta también la evolución de la representación gráfica que los arquitectos hemos experimentado: desde las primeras láminas a mano alzada, hasta el uso de tecnologías digitales y metodologías BIM que hoy marcan la práctica profesional.

 

Otro apartado resalta a El Gallo, símbolo que nos ha acompañado desde los años setenta y que se ha convertido en emblema de identidad.

Asimismo, se incluyen testimonios de proyectos de incidencia social que dan cuenta de cómo la IBERO ha formado arquitectos con vocación de servicio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestros egresados son la voz viva de lo que hemos construido; por ello, se muestra un mapa que refleja el alcance geográfico y la huella que han dejado en México y en el mundo.

 

Finalmente, recordamos a los docentes memorables con sus frases y enseñanzas, y cerramos con una pregunta abierta que nos invita a una reflexión colectiva: ¿hacia dónde vamos?".

Comentario

Profesores

 

A lo largo del año en las vitrinas de los pasillos del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil (DAUIC) de la Universidad Iberoamericana, Campus Santa Fe, Ciudad de México, se presentan exposiciones siempre interesantes, con buena museografía que incluye información relevante.

La última de este segundo semestre es "70 años de la Licenciatura en Arquitectura". La exposición ofrece un recorrido histórico de la carrera que se funda en 1955, que incluye un recorrido por las distintas sedes en las que estuvo antes de la que, desde 1988 ocupa en la Ibero del Campus Santa Fe, en Ciudad de México.

En la carrera de arquitectura de la Ibero se han formado notables arquitectas y arquitectos, algunas de ellas y de ellos con reconocimiento no solo nacional sino internacional, que han desarrollado propuestas arquitectónicas, originales, innovadoras, funcionales y bellas. Y también han enseñado notables profesoras y profesores.

Disfruté la exposición, que pude recorrer con cuidado y leer los textos, que se ofrecen. Llama la atención y dice mucho de lo que ha logrado la carrera de arquitectura de la Ibero el mapa que refleja el alcance geográfico y la huella que han dejado en México y en el mundo sus egresadas y egresados.

Página 5 de 201