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¿Qué sucedió en la matanza de Allende?

Rubén Aguilar Valenzuela    
Somos (México, 2021) es una serie de seis capítulos creada por James Schamus y dirigida por Álvaro Curiel y Mariana Chenillo. El guion es del creador y de Monika Revilla y Fernanda Melchor.

Se basa en el texto Anatomía de una masacre, que recoge la investigación que en 2017 publica la periodista estadounidense Ginger Thompson, ganadora del Premio Pulitzer.

Ella realiza entrevistas a familiares de las víctimas y también a los criminales que ahora son testigos protegidos de la DEA. A partir de estos testimonios logra construir una polifonía que narran paso a paso, lo que ocurrió. Retrata una realidad compleja y humaniza la tragedia.

De los distintos textos sobre la matanza en marzo de 2011 en Allende, Coahuila, perpetrada por Los Zetas, pienso que es el más sólido y cercano a lo que ocurrió. Thomson prueba que en el origen de la tragedia está una acción fallida de la DEA.

La serie articula los sucesos de Allende con los que ocurrieron en el penal de Piedras Negras, Coahuila. Son eventos distintos, pero relacionados con la operación del crimen organizado.

La serie da voz a las víctimas y sus familias. No a los narcotraficantes. Quienes hicieron el guion dicen que se propusieron construir una ficción, pero que al mismo tiempo ésta fuera fiel a la esencia de lo sucedido.

De la misma manera que el texto de Thompson la serie es un gran coro, con múltiples voces, que cuenta lo que sucedió el día de la matanza y los acontecimientos que la provocaron.

He platicado con personas que estuvieron muy cerca de los hechos y vieron la serie y piensan que esa ficción ofrece una construcción que permite acercarse a lo que realmente sucedió.

Sobre la matanza de Allende he leído, entre otros, el texto de Thompson y también los que ha escrito el periodista mexicano Diego Osorno y pienso que la serie describe con objetividad lo que ahí pasó.

Su aporte más importante es poner en imágenes el resultado de la investigación de la periodista y dar rostro y voz a las víctimas y sus familias. Son los habitantes de Allende a quienes tocó vivir esa tragedia. La narrativa es consistente y creíble. (Se pude ver en Netflix)
 
Somos     
Título original: Somos  
Producción: México, 2021
 
Creador: James Schamus
Dirección: Álvaro Curiel y Mariana Chenillo
Guion: James Schamus con la colaboración de Monika Revilla y Fernanda Melchor 
Fotografía: Ignacio Prieto Palacios
Música: Víctor Hernández Stumpfhauser
Actuación: Alejandro Ruiz; Jero Medina; Arelí González; Iliana Donatlán; Everardo Arzate; Caraly Sánchez; Mercedes Hernández; Fernando Larrañaga; Jesús Sida; Martín Peralta; Jimena Pagaza; Jesús Herrera; Mario Quiñones y Ulises Soto.

¿Qué hacer, para erradicar la pobreza?

Rubén Aguilar Valenzuela
Desde 2008, que inició la medición multidimensional de la pobreza por el Coneval, las dos mayores carencias que explican la existencia de ésta son los ingresos insuficientes y la seguridad social. En el informe de 2020 estas se vuelven a presentar.

Frente a la pobreza los programas sociales de cualquier gobierno pueden servir para enfrentar barreras en el ejercicio de derechos, pero a partir de estos tratar de enfrentar la pobreza es "una grave distorsión en la percepción" asegura la organización de la sociedad civil Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

En el documento La fórmula México sin Pobreza: Trabajo digno y Sistema universal de salud y protección social sostienen que ningún programa social puede sustituir al trabajo como puerta de salida de la pobreza, pues a la raíz de la pobreza está el trabajo con bajos ingresos y sin seguro social.

En la actualidad de la PEA, 9 millones de personas cuentan con un ingreso suficiente, para comprar la canasta básica y gozan de seguridad social; 35.3 millones tienen un trabajo con insuficientes ingresos para comprar la canasta básica y no tienen seguro social y 24.6 millones están desempleadas o no pueden buscar un trabajo remunerado por labores domésticas o de cuidado.

Para superar la pobreza la única posibilidad es que las personas cuenten con un trabajo digno suficientemente remunerado con plenos derechos laborales y también con un sistema universal de salud y protección social. No condicionado, progresivo y desvinculado de las prestaciones laborales.

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza propone diez acciones inmediatas, que van en la línea de contribuir a erradicar la pobreza y generar confianza en la población de que se va en la dirección correcta:

- Para mejorar los ingresos

1) Plan multianual de recuperación del salario mínimo, que es igual a dos canastas básicas, que hoy son 7,500.00 pesos.

2) Reparto de utilidades adelantado y con mayor porcentaje, para quienes ganan menos.

3) Fomento a la economía social y solidaria (cooperativas y otras empresas de propiedad colectiva...).

4) Continuar y ajustar el programa Jóvenes Construyendo el Futuro.


- Para avanzar en el cumplimiento de derechos laborales:

5) Acelerar la implementación de la reforma laboral.

6) Fortalecer capacidades de inspección, sanción y coordinación de la STPS.

7) Cumplir con estándares internacionales, para evitar litigios en el marco del TMEC.


- Para construir las "piezas" del sistema universal de salud y protección social

8) Cobertura universal de salud, iniciando por la integración funcional de subsistemas con presupuesto igual, para la atención primaria en salud.

9) Aprobar el Sistema Nacional de Cuidados con plan presupuestal de cobertura, iniciando con 100 mil nuevos "cupos" en estancias infantiles.

10) Transferencia monetaria de emergencia para quienes se quedaron sin sustento.

En el país existen muchos estudios sobre la causa de la pobreza, sobre la pertinencia de algunos programas sociales, sobre los errores técnicos en su implementación y el efecto real de los mismos más allá de las buenas intenciones. Se puede estar o no de acuerdo con la propuesta de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, pero es plausible que ponga la discusión en el campo de las propuestas y no solo se quede en la crítica.

No a la lógica amigo-enemigo

Rubén Aguilar Valenzuela
El boliviano Carlos Toranzo Roca fue mi profesor en la Maestría de Sociología en la Ibero, me dio dos semestres seguidos la materia de El Capital de Carlos Marx, curso que también impartía en la Facultad de Economía en la UNAM. Fue un maestro extraordinario.
 
Desde hace años con Carlos mantengo una relación cercana, días atrás de visita en la Ciudad de México, en una reunión familiar íntima, en la que participamos algunos de sus amigos, hablamos de lo que ahora sucede en Bolivia y en México.
 
Para recordar los 50 años del asesinato de su hermano Julio Toranzo Roca, que sucedió el 21 de agosto de 1971, a manos de la dictadura de Hugo Banzer (1926-2002) en Bolivia, a sus familiares y amigos nos envió un texto donde reflexiona sobre su muerte y lo que para él significó. De ese escrito retoma los párrafos que ahora comparto.
 
"La idea de revolución era para nosotros equidad, igualdad social, eliminación de las discriminaciones, mejoras económicas, mejora en salud y educación; pero, super ideologizados (...) Pero su asesinato me hizo entender que nadie debe soñar su utopía si ella significa quitar la vida a otros y mutilar la libertad de éstos".
 
"Hasta ese agosto me adhería, sin pensar mucho, a la lógica amigo-enemigo, soñaba en revoluciones, pero desde su muerte entendí que no es justo que nadie le quite la vida al otro por sus ideas, comprendí que, en lugar de eliminar al otro, hay que aprender a convivir con él; esos fueron mis primeros pasos hacia la comprensión de la democracia".
 
"Desde ese agosto dejé de pensar en la utopía de las revoluciones, pues entendí que ellas, sean de cualquier signo, de derecha o de izquierda, son autoritarias y tienen como meta eliminar al otro, al diferente. Después de un año de prisión (1971-1972) y algunos de exilio me ratifiqué en la idea de alejar de mi pensamiento la lógica amigo-enemigo".
 
"Creo en el cambio como proceso, dentro de los marcos de la libertad de pensamiento y de expresión, al interior del respeto más grande por los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas. Creo en la inclusión social, como no voy a creer en ella si soy hijo de obrero minero y de trabajadora fabril, pero no creo que se deba tomar a la inclusión como el pretexto para eliminar la libertad de expresión y de pensamiento como han hecho muchas revoluciones y lo hacen aún los procesos autoritarios que se dicen revolucionarios".
 
"Tengo miedo a las revoluciones, pues en general son dogmáticas y tienden a eliminar al otro y evitan que haya disidencia y pensamientos diferentes. Repaso la historia y no encuentro revoluciones donde se haya respetado los derechos humanos y las libertades democráticas, casi todas las revoluciones, sino la totalidad de ellas, se han encargado y se encargan de mutilar la libertad de expresión, eliminando el derecho a la disidencia, impidiendo que las personas porten sus ideas propias".
 
"No tengo odio ni siquiera por quienes asesinaron a mi hermano, pero mantengo la memoria y no la perderé. Y hacia el futuro seguiré insistiendo a mis hijos, a mis nietos, que esa lógica amigo-enemigo que conduce a eliminar al enemigo no es un valor democrático, al contrario, es la expresión más clara de la mutilación y de la eliminación de la democracia".
 
"Y si algo deseamos para el futuro, es vivir en democracia, sin que nadie, menos aún, los que se dicen revolucionarios, penalicen las ideas de los otros o mutilen la libertad de expresión y de pensamiento. Querido Julio, todavía sufro por tu partida, pero te agradezco todo lo que me enseñaste".
 

Las diferencias entre los populistas de América Latina

Rubén Aguilar Valenzuela
En artículos anteriores publicados en Etcétera sobre los presidentes populistas en América Latina he tratado el tema de la estrategia de comunicación, de las estrategias operativas y de la forma y el contenido del discurso. En esos textos señalaba que existe una gran semejanza entre los populistas que se dicen de izquierda y de derecha.

Existen también diferencias significativas, pero que no hacen relación a sus posiciones ideológicas sino que más bien están directamente relacionadas con su personalidad y su ética tanto a nivel personal como del servicio público. Los presidentes populistas que se contemplan son:

En América del Norte al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (67). En Centroamérica a Daniel Ortega (76) y Rosario Murillo (70), presidente y vicepresidenta de Nicaragua y a Nayib Bukele (39), presidente de El Salvador. En América del Sur a Nicolás Maduro (58), presidente de Venezuela; Jair Bolsonaro (65), presidente de Brasil; Alberto Fernández (62) y Cristina Kirchner (68), presidente y vicepresidenta de Argentina; y a José Pedro Castillo (52), presidente de Perú.

Las diferencias que ubico son:

• Algunos son abiertamente homofóbico, machistas e incluso racistas, pero otros no.

  • • Algunos están a favor de la pena de muerte y el uso de la tortura, pero otros claramente no.
  • • Algunos se presentan como "mano dura" contra el crimen organizado, pero otros han decidido no enfrentarlo o negocian con él.
  • • Algunos se han enriquecido a expensas del poder, pero otros no.
  • • Algunos han hecho que el gobierno se adueñe de los grandes medios de comunicación, pero otros no.
  • • Algunos promueven la censura da manera abierta y se lleva a la cárcel a los periodistas independientes, pero otros no.
  • • Algunos encarcelan a los opositores mediante acusaciones falsas y el uso faccioso del aparato de justicia del Estado, pero otros no.  
  • • Algunos utilizan símbolos de identidad como cierto tipo de vestimenta (trajes, camisas, sombreros ...), pero otros no.
  • • Algunos usan la "necrología política", como parte central del discurso. Hacen mención constante de los que se han ido, pero otros no.

    La diferencia más importante es que al término de su mandato algunos líderes populistas, aprovechando la debilidad institucional de sus países, se valen de una serie de maniobras, para perpetuarse en la presidencia. Para ello, de diversas maneras, logran modificar la Constitución, para "legalmente" quedarse en el cargo. Hay otros, ante la fortaleza institucional de sus países, al término de su mandato dejan el poder y dan lugar a la realización de elecciones democráticas.

La violencia en los años de la democracia

Rubén Aguilar Valenzuela
El periódico Reforma (29.07.21) a partir de información del INEGI, publicó la estadística de la violencia del 2000 al 2020, los años que el país, junto con 2021, tiene de vivir en democracia.
 
El comparativo incluye los sexenios de los presidentes Vicente Fox Quesada (2002-2006); Felipe Calderón Hinojosa (2002-2012); Enrique Peña Nieto (2012-2018) y los dos primeros años del presidente Andrés Manuel López Obrador (2019-2020).
 
Dos indicadores que se pueden aplicar a la gestión de los cuatro presidentes, en los años de la democracia, son el número de los homicidios dolosos por día y mes. En los seis años del gobierno de Fox el promedio de los asesinatos fue de 32 al día; en los de Calderón 56; en los de Peña Nieto 72 y en los dos primeros años de López Obrador 101. Si se compara a Fox con López Obrador, el primero y el último, la diferencia es de más de 300 %.
 
El promedio de los asesinatos por mes en el sexenio de Fox fueron 973; en el de Calderón 1,689; en el de Peña Nieto 2,182 y en los dos primeros años de López Obrador 3,051. Si se compara a Fox y López Obrador la diferencia es de más de 300 %.
 
Se puede hacer también el comparativo por años y la suma total de los homicidios aunque López Obrador solo lleva dos años. En 2000, que fue el peor año para Fox, hubo 10,737 asesinatos y en 2004, el mejor 9,329; en 2011, el peor año para Calderón, hubo 27,213 y en 2007, el mejor, 8,867.
 
En 2018, el peor año para Peña Nieto, hubo 36,686 asesinatos y en 2014, el mejor, 20,010; en 2019, el peor año para López Obrador 36,661 y en 2020 el mejor, 36,579. Entre los dos años no hay distinción. Si se compara el peor año de Fox y de López Obrador la diferencia es de casi 400 %.
 
A nivel total en el sexenio de Fox hubo 70,089 asesinatos; en el de Calderón 121,613; en el de Peña Nieto 157,158 y en los dos años y medio de López Obrador 90,177. Si se mantuviera la tendencia el actual presidente terminaría con 216,733. Si se compara el sexenio de Fox con la proyección del sexenio López Obrador la diferencia sería de 300 %.
 
En términos porcentuales en el año de menor violencia en la historia del siglo XX en México que fue el último de Fox y el primero del Calderón con 9 homicidios por 100 habitantes. En ese contexto, el presidente Calderón decidió declarar la guerra al narcotráfico diez días después de asumir el poder. Plantea una nueva estrategia, para enfrentar al crimen organizado radicalmente distinta a la de sus antecesores.
 
Se desató la guerra y con ella se elevó exponencialmente el número de los asesinatos. Jorge G Castañeda y yo hemos dado cuenta de los resultados de esa estrategia y propuesto una explicación de la decisión del presidente, que sería largo de contar. Se puede ver: El narco: la guerra fallida (2009) y Los saldos del narco el fracaso de una guerra (2012).
 
Peña Nieto continuó la estrategia de Calderón. En un inicio había dicho que la cambiaría, pero no lo hizo. López Obrador sí ha cambiado la estrategia de manera radical en busca de reducir el número de los homicidios. Ésta se sintetiza en: "Abrazos y no balazos" y "La violencia trae violencia". Ha cedido y dejado que el crimen organizado haga. Hasta ahora esa estrategia ha traído más violencia y más asesinatos. Habrá que ver el resultado al final del sexenio.
 

Página 134 de 201