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La realidad de la política social de López Obrador

Rubén Aguilar Valenzuela
En los primeros tres años del gobierno del presidente López Obrador se han incorporado al sector de la pobreza 3 millones 800 personas, un aumento del 7.3 % con relación a 2018, según el Consejo Nacional de la Política y Desarrollo Social (Coneval).

De ellas 2 millones 900 mil pasaron a la extrema pobreza, 24% más de acuerdo al informe Medición Multidimensional de la Pobreza 2018-2020. Con la actual política social se ha frenado la reducción de la pobreza que venía desde hace 20 años.

En los últimos diez años, de 2008 a 2018, la pobreza se redujo de 44.4 % a 41.9 %. Una caída de 2.5 puntos porcentuales a una tasa anual promedio de 0.24. Y la pobreza extrema disminuyó en 3.6 % a una tasa de 0.36 al año.

La cobertura de los programas sociales ha venido cayendo en los años que lleva el actual gobierno. En 2018, el 61 % de los hogares más pobres recibía el apoyo de algún programa social.

En 2019, solo el 54 %, en 2020, el 49 % y en 2021, el 50 %. Una reducción de 11 puntos porcentuales en tres años. Así, como consecuencia de la actual política social, en 2020, el 10 % de la población más pobre recibió 34 % menos recursos que en 2018.

A cambio, de manera contradictoria con el slogan presidencial "primero los pobres", la población con mayores ingresos, que en 2018 recibía algún apoyo, en 2020 se duplicó. Creció en 100 %.

Los programas sociales del actual gobierno no están diseñados para favorecer a los más pobres sino que muestran, por la vía de los hechos, son para que "les toque menos", asegura Gonzalo Hernández Licona, que creó el Coneval.

En la misma línea el Instituto de Estudios sobre Desigualdad (INDESIG) sostiene que en 2016, el 61 % de los hogares más pobres eran beneficiados de algún programa social, pero en 2020 solo el 35 %.

Y también muestra con datos duros que los hogares más ricos duplicaron el porcentaje de beneficiarios. En todo caso el slogan que realmente se hace realidad en el actual gobierno es "primero los ricos".

De esta manera el 10 % de los hogares más pobres se quedan con solo el 10 % del monto total de las transferencias del gobierno que es una cantidad casi igual de la que se queda el 10 % de los hogares más ricos que reciben el 8 % del total de los recursos de los programas sociales.

Una deficiente focalización de los hogares más pobres y el privilegiar la entrega de los programas sociales en las zonas urbanas, que lucen más y tienen mayor rentabilidad político-electoral, es la explicación de que los programas sociales no lleguen a estos hogares, que son los más necesitados.

Que los hogares más ricos sean los más beneficiados es porque estos tienen más facilidad para acceder a las oficinas públicas y mayor disponibilidad de recursos como el Internet, para inscribirse a los programas sociales.

Es evidente que la política social del gobierno que encabeza López Obrador ha perjudicado a los más pobres y beneficiado a los más ricos. Los datos duros y no los discursos expresan la realidad. No hay lugar a la interpretación. Las estadísticas utilizadas son generadas, por instituciones del gobierno federal.

El presidente y su demagogia populista

Rubén Aguilar Valenzuela

En López Obrador: el poder del discurso populista (Turner, 2021), Luis Antonio Espino (1976) analiza con rigor y profundidad la estrategia de comunicación y el discurso del actual presidente de México.

Para el autor el apoyo que ahora tiene López Obrador se explica por la forma como utiliza el discurso. "Él, dice, usa el lenguaje como un instrumento para controlar la percepción que los ciudadanos tienen de su persona y de sus decisiones como ningún otro político en México lo ha hecho".

Y añade que así "consigue que muchos lo evalúen, no como un servidor público que tiene que dar resultados concretos, sino como un hombre providencial que está cumpliendo una misión superior: reivindicar un "pueblo" victimizado que ha sufrido el abuso de los poderosos durante muchos años".

El texto, que tiene cinco capítulos y un epílogo, se propone dar cuenta de cómo el presidente "ha dirigido todas sus acciones y palabras a un solo objetivo estratégico: ganar la batalla por el control de la realidad, para, de ahí, erigirse como la única voz con autoridad y poder legítimo", dice Espino.

La obra ofrece un análisis muy completo, estructurado y crítico del discurso presidencial. Las fuentes que se estudian son sus comparecencias mañaneras, los discursos y mensajes.

Espino en el análisis del discurso de López Obrador, en su sentido más amplio, utiliza categoría de una amplia gama de teóricos y académicos que estudian la comunicación de los políticos en particular de los demagogos y populistas.

El título de los capítulos indica con claridad la temática que se aborda: 1) Adaptar los hechos a una narrativa demagógica; 2) Sustituir la comunicación con propaganda; 3) Ante las crisis: negar, minimizar y eludir; 4) Deslegitimar el conocimiento, la información y la crítica; 5) Manipular el lenguaje para erigirse en el único poder legítimo.

La investigación de Espino es una contribución importante, para entender la estrategia de comunicación del presidente y la estructura de sus discursos y también ofrece elementos relevantes que permiten comprender la reacción y comportamientos de quienes lo apoyan y siguen.

En la Conclusión el autor afirma que "al usar la comunicación como arma, López Obrador no solo revela su talante inequívocamente autoritario. También nos dice mucho del país que quiere construir, uno donde nadie le cuestione, nadie lo contradiga, nadie busque disputarle el poder ni la atención o la estima del "pueblo" y quien lo haga, lleva consigo la mancha del desprestigio y del repudio de las masas".

El actual presidente de México no es el único demagogo populista que existe, hay una treintena de gobernantes en el mundo que tienen una estrategia de comunicación y un discurso semejante. Es uno más.

Eso no minimiza el golpe cotidiano que López Obrador, como los mandatarios iguales que él, da a la democracia y a sus instituciones. El populismo en cualquier latitud atenta contra la democracia.

El análisis de Espino ofrece elementos sólidos que describen esta realidad. El presidente, un demagogo consumado, utiliza el lenguaje diario para: rechazar el compromiso con las reglas democráticas; negarle legitimidad a los oponentes políticos; tolerar y promover la violencia y trabajar para reducir las libertades de los opositores y los medios.

López Obrador: el poder del discurso populista
Luis Antonio Espino
Editorial Turner
México, 2021
pp.261

Las diferencias entre Chile y México

Rubén Aguilar Valenzuela

El día de la victoria del nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric Font (35), ya por la noche, me comuniqué con un consultor mexicano, al que quiero mucho, que participó en la campaña del chileno, para felicitarlo.

Esto fue lo que me contestó: "Tristeza y envidia, ver esta democracia, ver una izquierda real, un país participativo. Mientras tanto ver a mi país ir absolutamente hacia atrás de las libertades y la participación".

En el discurso de Boric Font, al reconocer su triunfo, están algunos de los elementos centrales, entre otros muchos, que señala las diferencias entre el México y el Chile de hoy.

Retomo ocho párrafos de esa intervención que contrastan, son diametralmente opuestos, con lo que cada día, en sus comparecencias mañaneras, dice el populista conservador que es el presidente López Obrador.  Lo que afirma chileno dicen lo que es su país y en comparación, lo que no es el México del actual presidente:

- "Recibo este mandato con humildad. Sé que en los años que vienen se juega el futuro de nuestro país. Por eso les garantizo desde ya que seré un presidente que cuide la democracia y no la exponga, que escuche más de lo que habla; que busque la unidad de los acuerdos y que atienda, día a día, a las necesidades de las personas; que combata los privilegios y trabaje cada día por la calidad de vida de tu familia".

- "Hemos llegado hasta acá con un proyecto de gobierno que puede sintetizarse en pocas y simples palabras: avanzar con responsabilidad en los cambios que Chile viene demandando, sin dejar a nadie atrás. Esto significa crecer económicamente; convertir lo que algunos entienden como bienes de consumo en derechos sociales, garantizar una vida más tranquila y segura, profundizar las libertades de todos, y especialmente de todas: en nuestro gobierno las mujeres no retrocederán en los derechos y libertades que han logrado a la largo de la historia".

- "Nuestro proyecto también significa avanzar en más democracia y, por supuesto y como ya lo hemos dicho acá, cuidar el proceso constituyente, motivo de orgullo mundial y único camino para construir, en democracia y con todos, un país mejor. Por primera vez en nuestra historia estamos escribiendo una Constitución de forma democrática, paritaria, con participación de los pueblos originarios. Cuidemos entre todos este proceso para tener una Carta Magna que sea de encuentro y no de división".

- "Vamos a trabajar en equipo con todos los sectores. Los desafíos son demasiado relevantes para quedarnos atados a las trincheras. Aquí todas y todos somos necesarios. Las y los trabajadores que forjan día a día la riqueza de nuestra patria. La cooperación del mundo empresarial, construir alianzas, acercar miradas. Si estamos aquí es para asegurar que la prosperidad alcance a cada rincón de nuestra tierra, y para eso nadie sobra".

- "En esta noche de triunfo repito el compromiso que hiciéramos durante toda la campaña: expandiremos los derechos sociales y lo haremos con responsabilidad fiscal, lo haremos cuidando nuestra macroeconomía. Lo haremos bien y aquello permitirá mejorar las pensiones y la salud sin que haya que retroceder en el futuro".

- "Tendremos un Congreso equilibrado, lo que significa a su vez una invitación y una obligación de dialogar. Yo honestamente lo veo como una oportunidad para volver a encontrarnos, para unirnos en grandes gestas por el bienestar de nuestra patria, para lograr amplios y duraderos acuerdos que mejoren la calidad de vida de nuestros compatriotas".

- "Confío en la responsabilidad de todas las fuerzas políticas de mantener las diferencias en el marco de las ideas, poner siempre por delante el bien común y rechazar de manera clara y sin ambigüedades la violencia en política y en nuestra vida en sociedad. Sepan que en mí, encontrarán un presidente abierto a escuchar y a incorporar distintas visiones, siendo también receptivo a las críticas constructivas que nos ayuden a mejorar".

- "Hoy es un día de mucha felicidad, pero sobre todo de mucha responsabilidad, el trabajo que tenemos por delante es enorme, y nos necesitamos a todos y a todas. Tenemos que seguir siendo uno, tenemos que seguir encontrándonos para llevar adelante los cambios que el país tanto necesita. Así lo haremos, gobernando con todas las personas. Sumando ideas, abriendo puertas, tendiendo puentes. Así iremos, paso a paso, construyendo la patria justa poco a poco, día a día".

El chileno habla de humildad frente a la arrogancia y soberbia del mexicano. Habla de cuidar y hacer avanzar a la democracia frente al mexicano que todos los días la ataca. Habla de escuchar ante un presidente que se niega oír a los otros. Defiende la unidad y los acuerdos frente a uno que solo vale lo que él dice y descalifica a los que no piensan como él.

Para el chileno nadie se puede quedar atrás mientras el mexicano excluye a los que no piensan como él y polariza a la sociedad. Habla de profundizar en las libertades frente al mexicano que todos los días las violenta y restringe. Habla de trabajar en equipo con todos los sectores sociales y no encerrase en su trinchera partidaria, para el mexicano todo es exactamente lo contrario.

Boric Font sostiene la necesidad de las alianzas, de acercar la mirada y de colaborar con todos los actores sociales incluidos los empresarios. Para el mexicano solo existen sus ideas y los suyos. Los demás son enemigos. El chileno celebra la existencia de un Congreso equilibrado, que obliga al diálogo. El mexicano, que tiene la mayoría en el Congreso lo maneja como quiere.

En la pluralidad política el chileno ve una gran oportunidad, para el mexicano, de mentalidad totalitaria, eso es defecto. El primero reconoce el valor de diferir en las ideas y rechaza la violencia política. El segundo aplaude el pensamiento único y todas las mañanas agrede a la oposición, a los que no piensan como él que considera como sus enemigos.

El chileno se dice abierto a escuchar e incorporar las distintas visiones frente al mexicano que descalifica todo lo que él no piensa y dice.  Manifiesta estar abierto a la crítica frente al rechazo visceral del mexicano a cualquier señalamiento crítico. El chileno señala la necesidad del encuentro entre todas y todos. El mexicano solo reconoce a quien se le somete. El chileno habla de ir paso a paso, de gradualidad, respetando las conquistas del pasado, el mexicano todo lo quiere hacer de un día para otro y destruye lo que ya se había alcanzado.

Mujeres fuertes y decididas

Rubén Aguilar Valenzuela


¿A dónde vamos ahora? (Líbano-Francia-Italia-Egipto, 2011) es una película dirigida por la libanesa Nadine Lebaki donde también actúa el papel principal.
 
La población está rodeada de minas terrestres y solo se puede acceder mediante un pequeño puente. La historia comienza con Roukoz un niño cuyo trabajo, junto con su primo Nassim, es salir de la aldea, para traer productos que se necesitan en la vida cotidiana (jabón, focos ...).
 
Por desgracia, en el estallido de un ataque de violencia sectaria, Nassim es asesinado en una escaramuza entre cristianos y musulmanes mientras lleva un recado a un pueblo cercano.
 
En un país devastado por la guerra un cortejo de mujeres vestidas de luto se dirige al cementerio en un pueblo del Líbano que no tiene nombre.
 
Las mujeres bajo un sol intenso caminan apretando sobre sus cuerpos fotos de sus hijos, esposos o padres. Todas comparten el mismo dolor, consecuencia de una guerra funesta y estúpida.
 
Al llegar a la entrada del cementerio, el cortejo se divide en dos grupos: uno musulmán y otro cristiano. Estas mujeres muestran la inquebrantable determinación de proteger a los suyos de un mudo que se derrumba.
 
Con ingenio intentan distraer la atención de los hombres para que olviden el rencor. Lo que se necesita es sentido común, para que vuelva a reinar la paz.
 
En su intento por controlar la situación, drogan a los hombres mezclando hachís en dulces y sacan sus armas de la aldea. Cuando los hombres se despiertan, encuentran a las mujeres cristianas vestidas con atuendos musulmanes, y viceversa.
 
Así desafían a sus esposos e hijos a que las golpeen primero a ellas si quieran seguir con su absurda violencia sectaria. El funeral de Nassim se desarrolla pacíficamente. Los hombres se acercan a sus mujeres para que estas los orienten.
 
La película se articula a partir de una combinación fluida de un musical, con cantos y coreografías, una comedia y también un drama.
 
Una parte de la crítica especializada alaba la película. Se dice que es una buena mezcla de un musical, una comedia y un drama.
 
Otros critican precisamente eso. La cinta ganó el premio del público en la edición de 2011 del Festival Internacional de Cine de Toronto.
 
¿A dónde vamos ahora?
Título original: W hallá la waym  / ¿Et maintenant, on va où ?
Producción:  Líbano - Francia, 2011

Dirección: Nadine Lebaki
Guion: Nadine Lebaki, Sam Mounier y Thomas Bidegain
Fotografía: Christophe Offenstein
Música: Khaled Mouzanar
Actuación: Nadine Lebaki, Layla Hakim, Claude Baz Moussawbaa, Antoniette El-Noutally, Yvonne Maalouf, Saseen Kawzally, Adel Karam, Mustapha Sakka, Mustapha El Masri (...).

Un nuevo discurso en la izquierda latinoamericana

Rubén Aguilar Valenzuela
En la noche del pasado 19 de diciembre, Gabriel Boric (35), el ahora presidente de Chile, pronunció un discurso que se propone como una nueva manera de articular el mensaje de la izquierda democrática en la región.

Con su intervención se deslinda de manera clara, diría incluso radical, del discurso antidemocrático y polarizador de la supuesta izquierda populista y autoritaria hoy presente en América Latina.

Boric, que en marzo se convertirá en el presidente más joven de la historia de Chile, inició su carrera política en la calle durante las protestas estudiantiles de 2011.

Está lejos, como toda su generación, de los políticos tradicionales de la izquierda chilena y latinoamericana. Es representante de una nueva izquierda forjada en la calle con demandas muy puntuales.

El nuevo presidente chileno es sin duda original pero no es un caso único. Hay otras mujeres y hombres de su generación que han seguido un camino semejante.

Como luchadores sociales de izquierda se han construido así mismos en el fragor de las batallas por ampliar los espacios de la vida democrática en su país.

Para esta generación de políticos la instauración y vigencia de la democracia sí es un tema fundamental. No lo ha sido para políticos de izquierda de generaciones anteriores, que todavía están en el poder.

En su agenda están los temas centrales de la modernidad como la igualdad sustantiva de mujeres y hombres, la inclusión social, los derechos humanos, los derechos de las minorías y la protección del medio ambiente.

Dan enorme importancia a la educación, la ciencia, la cultura, el arte y las nuevas tecnologías que manejan como algo que les es propio. Se asumen como ciudadanos del mundo y hablan otra lengua además de la materna.

Privilegian el trabajo colectivo y se saben parte de una comunidad. No se asumen como líderes únicos y menos como caudillos a la vieja manera de los dirigentes de la izquierda latinoamericana.

Ahora esta generación es la que ha asumido la conducción de Chile como antes lo han hecho otros jóvenes en Islandia y Finlandia, para poner dos ejemplos.

El discurso de Boric, que lo es también de su generación, pone por delante democracia a izquierda. La izquierda solo puede ser democrática o no es.

Si se compara el discurso de la nueva izquierda latinoamericana con lo que López Obrador dice todos los días en su comparecencia mañanera se aprecia con más claridad lo que realmente es.

Un político fuera de época, un conservador, en algunos temas francamente reaccionario, y, sobre todo, alguien que atenta todos los días contra la democracia y las libertades.

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