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Museo de San Francisco Convento de San Francisco de Asís (Arequipa, Perú)

Rubén Aguilar Valenzuela

Edificio

 

La Orden de Frailes Menores (OFM) se establece en Arequipa en 1552. En 1569, el arquitecto Gaspar Báez traza los planos del conjunto conventual. La iglesia se construye entre 1595 y 1698. En 1978 se abrió a la vista del público. Todo el conjunto es un museo, pero de manera particular hay salas que se han acondicionado para exhibir cuadros y objetos.

 

Museo

Las piezas del museo se exponen en Sala Duns Escoto, la biblioteca que tiene 25 000 volúmenes, con obras de los siglos XVI al XIX, y la Pinacoteca de la Inmaculada Concepción. Está también la habitación donde vivió el cantante y actor mexicano José Mojica, que se hizo franciscano y vivió en este convento.

Habitación de Fray José de Guadalupe Mojica.

 

Fray José de Guadalupe Mojica (San Gabriel, Jalisco, 14 de septiembre de 1895 - Lima, 20 de septiembre de 1974). Estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música, bajo la batuta del maestro José Pierson, máxima autoridad del bel canto de aquellos años, quien descubre a Pedro Vargas, Juan Arvizu, Hugo Avendaño, Jorge Negrete y al doctor Alfonso Ortiz Tirado.

 

Emigró a Estados Unidos y ahí se desarrolló como cantante de ópera. Enrico Caruso lo recomendó con la Opera de Chicago. Alternó con grandes figuras de su tiempo. Entre 1930 y 1934 filmó doce películas en Hollywood. Y luego también en Argentina y en México. En 1942 ingresó al noviciado de los franciscanos en Cuzco, Perú. En 1947 en Lima se ordena sacerdote.

 

Comentario

La visita es guiada. Todo el conjunto conventual es un museo, pero de manera particular hay salas que se han acondicionado para exhibir cuadros y objetos.

 

Es una colección pobre de un museo que requiere todavía de mucho trabajo. Un ejemplo es la Pinacoteca de la Inmaculada Concepción donde hay muchas obras que deben ser retiradas porque no tiene ningún valor. Lo mismo pasa con el mobiliario.

 

Da la impresión de que "llenaron" el espacio con lo que tenían a mano. Hay que hacer una mejor selección de piezas y también incorporar nuevas con un claro valor artístico.

El papa Francisco y la Curia Romana

Rubén Aguilar Valenzuela 

Desde hace 10 años, cuando el papa Francisco asume su cargo, en marzo de 2013, su discurso de fin de año a la Curia Romana, la estructura de gobierno de la Iglesia católica, es recibido con mucho interés dentro de la Iglesia, pero también por la prensa internacional.

 

El pasado 21 de diciembre, el papa inició su intervención diciendo que el título "de esta alocución es ben-digan y no mal-digan". Dijo que hablar bien de los demás y no hablar mal de ellos "es algo que nos concierne a todos, incluso al papa —obispos, presbíteros, consagrados, laicos— y en lo que todos somos iguales. ¿Por qué? Porque toca nuestra humanidad".

 

"El hablar bien y no hablar mal, es una expresión de la humildad, y la humildad es el rasgo esencial de la Encarnación, en particular del misterio del Nacimiento del Señor, que nos disponemos a celebrar. Una comunidad eclesial vive en gozosa y fraterna armonía en la medida en que sus miembros transitan por el camino de la humildad, renunciando a pensar y hablar mal de los demás".

 

Recordó que hace 20 años en ocasión de una Asamblea diocesana, cuando era arzobispo en Buenos Aires, propuso seguir el camino de la humildad, tal como en su momento lo plantearon Doroteo de Gaza y los grandes padres de Iglesia Basilio y Evagrio.

 

En una de sus instrucciones, Doroteo dice que una actitud humilde es que cuando hay un problema y quien lo vive "se lo achaca a sí mismo, juzga que se lo ha merecido, no soporta reprochar a otro por ello, ni busca culparlo. Sencillamente lo soporta sin perturbarse, sin abatirse y en total calma".

 

El acusarse a sí mismo, dice el papa, no busca nunca culpar al otro de los problemas que se presentan. Y afirma que al preguntamos, "¿qué es lo que está en la base de este estilo espiritual de acusarse a sí mismo? En la base se encuentra el abajamiento interior, marcado por el movimiento del Verbo divino, la synkatabasis o condescendencia. El corazón humilde se abaja como el de Jesús, a quien contemplamos estos días en el pesebre".

 

La actitud de la humildad, asegura el papa, debería ser considerada como una virtud teologal. "He aquí el fundamento de nuestro decir-bien: somos bendecidos, y como tales podemos bendecirSomos bendecidos, y por tanto podemos bendecir".

 

El papa está hablando a sacerdotes, religiosos y laicos con tareas administrativas y políticas en la gestión de la Iglesia y el Estado Vaticano, que esa es la responsabilidad de la Curia Romana. Es a estos funcionarios que les dice "ben-digan y no mal-digan". Y que todos ellos trabajan con un mismo fin  "bien-decir, difundir en el mundo la bendición de Dios y de la Madre Iglesia".

 

Al personal de la Curia Romana, le dice que deben de ser coherentes que "no podemos escribir bendiciones y después hablar mal del hermano o de la hermana; eso arruina la bendición. Este es mi deseo: que el Señor, nacido para nosotros en la humildad, nos ayude a ser en todo momento mujeres y hombres bien-dicientes".

 

Lo que el papa plantea a la burocracia de la Curia Romana, pienso que vale para toda estructura de gobierno, no es un tema de fe, es de la propia condición humana. Si las y los burócratas justifican sus deficiencias o errores culpando a los demás, estas estructuras nunca van a cambiar. Las burocracias deben asumir sus deficiencias y errores y con humildad aceptarlos, porque solo así se puede cambiar, para mejorar.

Policías municipales en México

Rubén Aguilar Valenzuela 

La organización de la sociedad civil México Evalúa, en el cuaderno Policía digna, de su serie Políticas públicas a la medida de México, ofrece un panorama general de la situación de las policías en nuestro país y hace una serie de propuestas, para mejorar su condición.

 

Una primera afirmación es que las policías municipales se encuentran en una situación de precariedad laboral, cuentan con personal muy reducido, reciben salarios muy bajos, tienen equipamiento en mal estado, trabajan jornadas extenuantes y tiene acceso a muy pocas prestaciones laborales.

 

El último Censo Nacional de Gobiernos Municipales del INEGI revela, que solo el 60% recibe aguinaldo y vacaciones, el 21% tiene seguro de vida y menos del 25% cuenta con acceso a algún fondo de retiro. Menos del 5% tiene acceso a beneficios como préstamos para vivienda, crédito automotriz o comercial.

 

Ante esta realidad, México Evalúa afirma "que las y los policías municipales enfrenten cotidianamente condiciones de vulnerabilidad que los acercan a la pobreza, sin activos ni patrimonio".

 

A esto se añade que en las actuales circunstancias, las fuentes de financiamiento con las que los gobiernos municipales podrían revertir esta situación son limitadas e insuficientes. En los últimos años, las autoridades locales no han podido elevar la recaudación.

 

Hoy día es imposible que los municipios puedan destinar recursos propios para mejorar la condición de vida y trabajo de sus policías. La gran mayoría de los gobiernos locales depende sustantivamente de la asignación de recursos provenientes de la hacienda estatal o de la propia Federación.

 

Es un hecho que las autoridades locales por ahora se encuentran en un callejón sin salida y con nulos incentivos para revertir la problemática. De un lado, sus policías trabajan con pocas prestaciones laborales, y, por el otro, persisten las carencias en los sistemas financieros locales, las cuales no les permiten obtener los recursos necesarios para cambiar dicha realidad.

 

En Policía digna, México Evalúa ofrece soluciones prácticas, técnicas, sostenibles y sustentadas, a partir del cual las autoridades locales pueden encontrar una ruta de trabajo viable para empezar a cambiar esta situación en el corto plazo, y consolidar una mejora en las policías en el mediano y largo plazo. La organización está convencida de que es viable mejorar la condición laboral de los policías municipales.

 

El plan de acción exige visión y voluntad política de los tres niveles de gobierno. Se requiere desde calcular el número ideal de policías del municipio, hasta desarrollar estrategias de financiamiento sostenibles. El plan consta de dos partes:

 

- Un conjunto de beneficios que debe garantizarse mínima e inmediatamente, conforme a lo establecido en la normatividad local y federal, junto con los lineamientos del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica (MNPJC) emitido por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

 

- Un conjunto complementario de beneficios que, para garantizarse, requiere del desarrollo de nueva infraestructura normativa y financiera, acuerdos de colaboración y una mayor armonización de los instrumentos legales.

 

El documento detalla las condiciones y beneficios laborales establecidos por el marco regulatorio local y federal y precisa también de donde podrían venir los recursos para su financiamiento. El texto se puede ver en: https://politicas-publicas-a-tu-medida.mexicoevalua.org/wp-content/uploads/2024/10/Cuadernillo-6.pdf

Con la esperanza en la mira

 Rubén Aguilar Valenzuela 

El testimonio que Juan Fernando Ascoli Andreu (Guatemala, 1949) nos ofrece en Con la esperanza en la mira. Testimonio de espiritualidad, militancia y revolución en El Salvador. Parte I 1965-1980 (Guatemala, 2024) se inscribe en una vieja y gran tradición de personajes de la política y de la cultura que deciden compartir con los demás su experiencia de vida.

 

Juan Fernando, a la manera del alemán Günter Grass en Pelando la cebolla (2006), su biografía, aborda su propia historia. Lo hace de manera abierta, franca y honesta. Es su versión de lo que pasó, lo que está en su memoria, con ayuda de textos y documentos.

 

En esta obra, la primera de tres, Juan Fernando narra el tiempo de su historia personal que va de 1965 a 1980. En ese entonces tiene entre 15 y 30 años. Un lapso de 15 años. Identifico tres capas de la cebolla, que van de adentro hacia afuera.

 

La primera capa de la cebolla nos introduce, a grandes rasgos, a la vida de una familia católica clase media en la Guatemala de los años cincuenta y sesenta, donde nació y creció junto con sus hermanos. Una familia unida en torno a los padres, que dan todo por sus hijos.

 

En la familia sus padres le trasmitieron una serie de valores, el más importante "la entrega al servicio de los demás", que ellos hicieron siempre patente en su condición de maestros.

 

Su familia es una como otras muchas en Guatemala, en América Latina, y diría que en el mundo. Una familia que fue capaz de trasmitir un modo de vida y unos valores, que han tenido una influencia definitiva en su vida.

 

La segunda capa de la cebolla inicia en 1968 cuando ingresa a la Compañía de Jesús, tiene entonces 18 años. El dejar a la familia y la vida que llevaba. Entrar a una disciplina y a una formación intelectual, a un estilo de vida muy propio, de una institución creada en 1540 por san Ignacio de Loyola.

 

Los nuevos compañeros de distintos países de Centroamérica, el padre maestro de novicios, los profesores jesuitas, los estudios, la experiencia de Dios, los Ejercicios Espirituales, y la búsqueda del magis, del siempre más de san Ignacio. El cuestionamiento profundo de la vida y lo que Dios espera de cada uno.

 

Cuando Juan Fernando entra de jesuita ya ha concluido el Concilio Vaticano II, en 1965, y han iniciado profundos cambios en la Iglesia católica, de manera particular en la Latinoamericana.

 

En 1968, cuando ingresa en el noviciado, tiene lugar la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELEM), que se celebra en Medellín, Colombia.

 

Esa reunión, histórica para la Iglesia en América Latina, la hace consciente de los graves problemas sociales y políticos que vive la región y la necesidad de comprometerse con los más pobres y trabajar en la construcción de un mundo más justo.

 

En el marco de los documentos del Concilio Vaticano II y de la encíclica Populorum Progressio, publicada por el papa Paulo VI, en 1967, ese mismo año el padre general de los jesuitas, Pedro Arrupe, publica la carta sobre el Apostolado Social en América Latina.

 

Y en 1968 los provinciales jesuitas de Latinoamérica y el padre general, reunidos en Río de Janeiro, Brasil, dan a conocer la Carta de Río, donde la Compañía de Jesús se compromete a combatir la situación de miseria e injusticia en la región.

 

Para los jesuitas esos documentos y posicionamientos públicos se convierten en materia de estudio, pero sobre todo de reflexión que conduzca a una práctica social comprometida, que transforme la realidad social.

 

Los jesuitas de América Latina, de manera particular de Centroamérica, se cuestionan sobre su trabajo y el camino que ahora deben de emprender, para seguir las nuevas enseñanzas de la Iglesia y compromiso social de la Compañía de Jesús. Es el tiempo que surge la Teología de la Liberación.

 

De sus primeros años de jesuita en la memoria de Juan Fernando está muy presente dos experiencias que lo marcan. Sus vistas a presos y de manera en particular la historia de Rafa Rata y su familia.

 

Y un trabajo de investigación en San Pedro Jocoplias, comunidad quiché. Al final de esa experiencia, después de dar su informe, el antropólogo jesuita, Ricardo Falla, le pregunta: "¿y el dolor de la gente?".

 

Fue también fundamental en su proceso de búsqueda, de discernimiento ignaciano, como se dice entre los jesuitas, el año que vivió en la comunidad jesuita de la Zona 5 en la Ciudad de Guatemala.

 

Ahí, recuerda, empezó a reflexionar sobre la situación de los obreros, campesinos e indígenas explotados. Decide, entonces, que se quiere dedicar a luchar para cambiar sus condiciones de vida.

 

Después de estar en la Zona 5, Juan Fernando continúa sus estudios en la Compañía de Jesús en la Universidad Centroamericana (UCA) José Simeón Cañas, en San Salvador, El Salvador.

 

Lo hace en compañía de otros jesuitas centroamericanos. El plan de estudios combinaba la filosofía con otras disciplinas, para él la economía, que le serviría como un instrumento para apoyar a la población más pobre.

 

La tercera capa de la cebolla inicia con la creación de un grupo de estudiantes en la UCA que él y otros jesuitas, Alberto Enríquez y Antonio Cardenal, organizan para trabajar en apoyo de los campesinos.

 

Lo hacen a través de la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), y en la medida que el grupo se compromete crece su incidencia y también el peligro de ser reprimido por el gobierno.

 

Entran entonces en contacto con la guerrilla a través de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) Farabundo Martí, que se habían fundado en 1970.

 

Varios integrantes del grupo, entre ellos los tres jesuitas, ingresan la guerrilla, y salen de la Compañía de Jesús. En el caso de Juan Fernando después de un largo proceso de discernimiento.

 

A él, como parte de su evolución personal, en el marco de la realidad de El Salvador, lo lleva a decidir por el camino de la Revolución y para eso había que ingresar a la guerrilla.

 

Había llegado a la conclusión de que esa era la única manera de cambiar radical y profundamente la realidad social, en la esperanza irrenunciable de construir un mundo más digno y justo.

 

Recuerda los primeros cuatro años de su ingreso a la guerrilla, de 1977 a 1980. El trabajo clandestino, la represión, la posibilidad de la muerte, pero también la certeza de que se está en el camino que debía tomar.

 

El testimonio de Juan Fernando da cuenta de su propia vida, que es única e irrepetible, pero también da luz sobre miles de otras vidas que siguieron una ruta semejante en América Latina.

 

Hijos de familias católicas de la clase media y media alta que a partir de fe y convicciones sociales, derivadas del Evangelio, en un proceso largo, pasaron del compromiso del trabajo social, a la elección de la vía armada como el único camino, para cambiar la realidad social.

 

Juan Fernando nos entrega un texto que es testimonio de vida, pero también sitúa la realidad de una Centroamérica violenta y radicalmente desigual e injusta gobernada por dictaduras militares. Y lo hace en una prosa directa y clara, que fluye y resulta fácil de leer. (El texto es Prólogo del libro)

 

Con esperanza en la mira

Testimonio de espiritualidad, militancia y revolución en El Salvador  

Parte I 1965-1980

Juan Fernando Ascoli Andreu

Guatemala, Guatemala, 2024

pp. 120



Las paradojas del internacionalismo (narradas por la colección del Museo Tamayo). Parte II Museo Rufino Tamayo (Bosque de Chapultepec, Ciudad de México)

Rubén Aguilar Valenzuela

Exposición

 Las paradojas del internacionalismo (narradas por la colección del Museo Tamayo) celebra el 125 aniversario de Rufino Tamayo. De manera particular explora su legado con la creación del primer museo y colección de arte internacional en México, que se inaugura en 1981. Me tocó estar en ese evento.

 

A sus setenta años, después de vivir en Nueva York y París y viajar constantemente, Tamayo reflexionó sobre lo que significa ser un artista internacional: "Es imposible en esta época, en la que las comunicaciones están tan abiertas, proponerse deliberadamente hacer un arte que sea mexicano, o americano, o chino, o ruso. Pienso en términos de universalidad".

 

Se muestran obras de la colección del museo, y otras prestadas para la ocasión, que pone de manifiesto las contradicciones y las distintas traiciones del internacionalismo que han impulsado a los artistas a cuestionar las construcciones sociales, políticas y culturales a través de las cuales se reconfigura continuamente nuestra noción del "mundo".

 

La exposición se divide en dos partes; la primera parte se presentó en 2023 y en ella se exploraron los rasgos del internacionalismo a través de las respuestas de los artistas a acontecimientos como las dos guerras mundiales, la Guerra Fría, la caída de la Unión Soviética y los cambios globales de la década de 1990.

 

En esta segunda parte se presentan obras producidas durante y después de la Segunda Guerra Mundial hasta el día de hoy, que se centran en mostrar cómo los artistas han transmitido la evolución de los procesos emancipadores del Modernismo y la frustración actual ante las crisis "globales" que incluyen el cambio climático y la migración.

 

Las paradojas del internacionalismo (narradas por la colección del Museo Tamayo) Parte II está conformada con obras de: Abraham Cruzvillegas, Amalia Pica, Ana Mendieta, André Masson, Brian Nissen, Bruno Botella, Carlos Amorales, Damián Ortega, Daniel Guzmán, Edgar Negret, Eduardo Abaroa, Francis Alÿs, Feliciano Béjar, Francisco Toledo, Frederic Amat, Guillermo Trujillo, Henrik Håkansson, Julia Rometti, Liliana Porter y Magali Lara.

 

Y también de Magdalena Abakanowicz, Manthia Diawara, María Izquierdo, Mariana Castillo Deball, Mario García Torres, Mark Tobey, Max Ernst, Melanie Smith, Minerva Cuevas, Pablo Vargas Lugo, Pedro Reyes, Pia Camil, Rafael Ortega, René Derouin, Robert Rauschenberg, Rometti Costales, Rufino Tamayo, Salvatore Arancio, Tercerunquinto, Victor Brauner, Wifredo Lam y Wolfgang Tillmans. Curaduría por Kate Fowle en colaboración con Andrea Valencia.

La mujer caballo, 1949, Wilfrido Lam.

 

Comentario 

La colección de arte internacional que reunió Rufino y Olga Tamayo es impresionante y también su generosidad de donarla al pueblo de México. En la década de 1980 era la única posibilidad que existía en el país, para ver este tipo de arte y conocer lo que se hacía en otras partes del mundo.

 

Esta mirada organizada como Las paradojas del internacionalismo (narradas por la colección del Museo Tamayo) es muy rica. Sorprende la cantidad de los artistas expuestos y la calidad de las obras. Muchas me gustaron y dijeron, en esta ocasión las que más me impresionaron fue una de Lam y otra de Tamayo.  

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