Back to Top

contacto@nuestrarevista.com.mx

headerfacebook headertwitter
 

Celibato y pederastia

Ruben Aguilar Valenzuela
Contra lo que comúnmente se piensa no hay una relación directa entre celibato y pederastia. Así lo sostienen los psiquiatras y los sexólogos que trabajan sobre estos temas.

El ser sacerdote o religioso célibe no supone una inclinación a la pederastia por sí misma, pero sí puede ser que personas con esta problemática psicológica se acerquen al sacerdocio o la vida religiosa, según el Instituto de Estudios de la Sexualidad de Barcelona (IESB).

Más del 95 % de los casos de pederastia ocurren al seno de la familia de las víctimas, como lo asegura la UNICEF, pero la Iglesia, sin pretenderlo, se ha convertido en un espacio que da cabida a pedófilos, dice el IESB.

Las personas que sienten atracción por las niñas y niños eligen profesiones o actividades que los acerquen a estos. Es el caso de entrenadores deportivos, monitores, profesores, sacerdotes y religiosos. Escogen esas profesiones, "para enmarcar su pedofilia", asegura la Asociación Española de Psiquiatría Legal (AEPL).

Este comportamiento está presente "en todos los contextos sociales, culturales y religiosos, y no solo en los católicos" y de tres de cuatro casos de pedofilia ya existía un contacto entre el niño y el adulto, afirma el IESB.

Los expertos señalan que el celibato no aumenta la tendencia a la pedofilia y los estudios revelan que entre los sacerdotes y religiosos existe la misma proporción de heterosexuales, homosexuales y pedófilos que el resto de la población.

Un dato que ayuda a ubicar la dimensión del problema es que entre 1995 y 2010, en Alemania, para poner un ejemplo, se denunciaron 210,000 casos de abuso infantil y solo 94 casos eran de religiosos, el 0.044 % del total.

La Iglesia, por razones equivocadas, por décadas ocultó los hechos. La situación ha cambiado de manera notable con el papa Francisco que señala todos los casos deben darse a conocer y proceder judicialmente contra los sacerdotes y religiosos pedófilos.

Aunque no hay nada que demuestre "desde el punto de vista fisiológico de que la abstinencia conduzca a una mayor atracción por los niños", el celibato no es algo normal, plantea la Asociación Española de Urología (AEU).

Aunque también reconoce, como lo propone Sigmund Freud, que los límites que impone el celibato se pueden resolver por la vía de la "sublimación" del instinto sexual.

La opción del celibato no es exclusiva de la Iglesia católica y a lo largo de los siglos ha estado presente, como decisión voluntaria, en otras religiones. El argumento fundamental de quienes toma este camino es que se abren a un amor más universal que no se reduce a la pareja y a la familia.

El célibe y el que no lo es cuando sienten el estímulo erótico deben superarlo, pero no reprimirlo. Los especialistas plantean que conseguirlo o no depende del grado de la madurez personal.

Y también que las infidelidades las pueden cometer tanto un célibe como el integrante de una pareja. Cuando eso sucede uno y otro saben que están rompiendo un compromiso adquirido por amor. Los fallos se pueden perdonar por el amor.

Si bien es cierto, hay mucha evidencia, de que no existe relación directa entre el celibato y la pedofilia, en la Iglesia católica latina la abstinencia sexual debería ser opcional.

Es un tema donde al interior de la Iglesia hay posiciones distintas. Iglesias cristianas de Oriente, en comunión con el papa, admiten el matrimonio. ¿Por qué no en la de Roma?

En el pasado Sínodo del Amazonas, la mayoría de los obispos se pronunció por la ordenación sacerdotal de hombres casados. La decisión final estaba en manos del papa, que decidió mantener la tradición del celibato.

La práctica del celibato en la Iglesia católica no es un tema teológico, que se refiera a la fe. Es una práctica, una costumbre, que oficialmente tiene su origen en el Concilio de Elvira en el siglo V.

Estoy seguro que algún día, ya no muy lejano, el celibato sacerdotal será opcional en la Iglesia Católica Romana.

Miseria y violencia en el México profundo

Rubén Aguilar Valenzuela
Fernanda Melchor (Veracruz, 1982) en su novela Temporada de Huracanes (Random House, 2017) sitúa las historias que cuenta en el estado de Veracruz donde nació y creció.

En la ranchería La Matosa, unos niños encuentran flotando un cadáver en las aguas de un canal de riego. El cuerpo es el de la Bruja, mujer transexual, personaje de la comunidad que heredó el oficio de su madre.

La comunidad la respetaba y temía. Las personas, sobre todo las mujeres, iban a consultarla y le pedían hechizos y remedios.

Una vecina dice haber visto a unos jóvenes del pueblo saliendo de la casa de la Bruja con un bulto que parecía el cuerpo de un muerto.

A partir de este crimen se empiezan a presentar las historias de los personajes involucrados en el crimen. Todo sucede en La Matosa un sitio envuelto en la miseria y el abandono.

Los personajes de la novela viven en medio de todo tipo de carencias materiales y espirituales. Para ellos no hay futuro. Están condenados a repetir la misma vida de todos los días.

La violencia lo envuelve todo, la del interior de las viviendas, al seno de la familia, y la del mundo exterior. No hay manera de escapar de ella.

Todas las historias convergen, de una u otra manera, en el misterioso asesinato de la Bruja. La autora, a partir del desarrollo de cada una de estas, se adentra al mundo de la violencia propia de la miseria.

En su relato describe, de manera brutal, como nadie lo ha hecho, el infierno dantesco de la miseria-violencia que vive, día con día, cada uno de los personajes.

Es la violencia que surge de la miseria como problema estructural de la sociedad. Es la violencia a la que no pueden escapar los millones de mexicanos que se encuentran en esa condición.

De manera descarnada, brutal, la autora describe, en ese mundo, la presencia del abuso a los menores - al interior de su propio hogar -, las violaciones, las infidelidades, la violencia familiar, la homofobia, el alcohol, las drogas y el asesinato.

Retrata de manera precisa y detallada el entorno en el que se desarrollan las vidas de los personajes, al interior de sus viviendas, pero también el propio de la comunidad con cantinas y burdeles de mala muerte.

El libro es un grito, una denuncia a esa realidad presente en el país. La violencia no es sola la del narco. Es una todavía más grave y más presente que produce el sistema económico, político y social en el que vivimos.

Las historias que construye la autora incomodan y duelen. Nos enfrenta a una realidad que está ahí, pero que el poder y la sociedad se niegan a reconocer. La ignoran. No quiere saber nada de ella.

Temporada de Huracanes ha sido un éxito editorial en México y a nivel internacional. Ha sido traducida en decenas de idiomas. Melchor en Alemania con esta novela ganó el Premio Internacional de Literatura en 2019 y en Estados Unidos fue una de cinco finalistas del Man Booker Prize International, 2020.

Temporada de huracanes
Fernanda Melchor
Editorial Random House
México, 2017
pp. 224         
 

Veinte años atrás en la lucha contra la pobreza

Rubén Aguilar Valenzuela
La Comisión Económica para América Latina (Cepal) calcula que los niveles de pobreza extrema en la región, por causa de la pandemia, se ubiquen en los mismos números que en el año 2000. Un retroceso de dos décadas.

Una vez más 12.5%, uno de cada ocho latinoamericanos, ahora se encuentra en esta situación. Cinco puntos arriba de 2014, cuando se alcanzó el nivel más bajo con el 7.8% de la población.

Las medidas de protección social de emergencia adoptadas por prácticamente todos los países, hay excepciones, han contribuido a paliar el golpe sobre la economía familiar. Esto, con todo, no logró frenar el aumento de la pobreza moderada y de la pobreza extrema.

El número total de personas bajo el nivel de la pobreza es de 209 millones a finales de 2020, 22 millones más que al cierre de 2019. Y de ellos, 78 millones son pobres extremos, ocho millones más que un año antes, según la Cepal.

Hoy ocho de cada diez latinoamericanos viven en situación de vulnerabilidad, con ingresos equivalentes a tres o menos de tres salarios mínimos. Estas tendencias se agudizan en las zonas rurales y en las regiones de mayor población indígena.

América Latina y el Caribe son unas de las regiones más golpeadas por el Covid-19 tanto por el número de casos de contagio como por el de muertes. Con solo el 8 % de la población mundial acumula uno de cada cinco contagios y más de uno de cada cuatro fallecidos a escala global.

Ahora la región vive una crisis inédita tanto en lo económico como en lo social, que se asienta sobre problemas históricos como la inequidad, que sigue siendo la más desigual del mundo. Se añade la informalidad laboral, la carencia de protección social y la vulnerabilidad.

La Cepal sostiene que quienes históricamente más han sufrido, están sufriendo y sufrirán más que cualquier otro los estragos de la pandemia. Es claro que como "siempre, los grandes perdedores están siendo los pobres".

Las pérdidas de puestos de trabajo y la reducción de los ingresos laborales serán mayores en los estratos de ingreso bajo, en el sector informal y en los más jóvenes. Los estratos de ingreso medio van a sufrir el proceso de movilidad descendente: regresar al punto de partida.

Entre 2019 y 2020 los estratos de ingresos bajos han aumentado en 4.5 puntos porcentuales (28 millones de personas más) y los estratos de ingresos medios se han contraído en -4.1 puntos porcentuales (25 millones de personas menos).

En el caso de América Latina y el Caribe, a diferencia de otras regiones, el porcentaje de trabajadores que pueden desempeñarse a distancia de los centros de trabajo es muy bajo. Para la mayor parte de empleados de la región, el teletrabajo no es una opción real.

La región requiere de políticas públicas para enfrentar la emergencia generada por la pandemia y alcanzar una recuperación distinta que vaya más allá de donde se estaba. Exige avanzar hacia un verdadero estado de bienestar, que ahora se hace más necesario que nunca.

Esto hace necesario caminar hacia políticas sociales centradas en los derechos, la igualdad, el trato digno, junto a la construcción de pactos sociales orientados a la construcción de sociedades más justas, inclusivas y cohesionadas.

Es el camino, para evitar los crecientes niveles de malestar social, de conflictividad, de expresiones de violencia, que ponen en cuestión la representación y la legitimidad de la democracia y sus instituciones, que son un obstáculo al desarrollo de la economía, dice la Cepal.

Una voz contra la guerra

Rubén Aguilar Valenzuela 
De Aaron Sorki es la dirección y el guion de El juicio de los 7 de Chicago (Estados Unidos, 2020) una historia de la vida real que ocurrió hace poco más de 50 años.

A finales de 1968, durante el Congreso Nacional Demócrata en Chicago, miles de manifestantes salieron a las calles a protestar contra la guerra de Vietnam.

La policía reprimió con fuerza desmedida a los jóvenes y después de cuatro días de represión violenta había arrestado a 668 manifestantes.

Y la prensa de entonces registra que 425 manifestantes fueron llevados a instalaciones médicas, 200 tratados en el lugar, 400 recibieron primeros auxilios y 110 tuvieron que ser trasladados a hospitales. Resultaron heridos 192 policías.

En una maniobra política, para proteger al cuerpo de la policía, el fiscal general del estado detuvo y presentó a juicio a los supuestos culpables:

Tom Hayden (Eddie Redmayne), Rennie Davis (Alex Sharp), Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen), Jerry Rubin (Jeremy Strong), David Dellinger (John Carroll Lynch), Bobby Seale (Yahya Abdul Mateen II), Lee Weiner (Noah Robbins) y John Froines (Daniel Flaherty).

A los acusados se les culpa de incitar a la violencia y se enfrentan a un juicio, lleno de irregularidades, que los podía condenar a diez años de prisión.

La Convención Nacional Demócrata de 1968 tiene lugar después del asesinato de Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr.

Tres grupos de activistas a favor de que Estados Unidos abandone la guerra en Vietnam convocan a reunirse, de manera pacífica, frente al Hilton en Chicago, donde tiene lugar la reunión de los demócratas.

Son los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), el Partido Internacional de la Juventud (Yippies) y David Dellinger, que era presidente del Comité del Desfile de la Paz de Vietnam de la Quinta Avenida.

En el caso de Bobby Seale, afroamericano de las Panteras Negras, su abogado estaba siendo operado, pero el juez se niega a posponer su juicio. Era evidente que no había participado en las manifestaciones.

El juez, para evitar más presiones y escándalos, se le acusaba públicamente de racista, anula la acusación, pero sigue en pie la de los otros siete acusados.

En el juicio participaron los fiscales Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt) y Tom Foran (JC MacKenzie) y el juez fue Julius Hoffman (Frank Langella). La defensa estuvo a cargo de los abogados William Kunstler (Mark Rylance) y Leonard Weinglass (Ben Shenkman).

El juicio fue una farsa con claras motivaciones políticas. Froines y Weiner fueron absueltos y los cinco restantes declarados culpables, por el cargo de incitación a disturbios.

Después las condenas son revocadas por la Corte de Apelaciones. Sobre la base de que el juez no permitió a los abogados defensores examinar a los posibles jurados que podían tener prejuicios culturales, y la vigilancia que el FBI hizo de las oficinas de estos.

La película es una denuncia al sistema judicial y a la policía de Estados Unidos. Si las autoridades hubieran dejado que, sin más, se realizaran las manifestaciones pacíficas no hubiera pasado nada. Es la policía quien desata la violencia.

Las actuaciones son muy buenas y también la reconstrucción de los hechos, con el movimiento de cientos de extras. Las cámaras registran muy bien las escenas. La ambientación está muy bien lograda. El guion es bueno. (Se puede ver en Netflix).

El juicio de los 7 en Chicago
Título original: The Trial of the Chicago
Producción: Estados Unidos, 2020

Dirección: Aaron Sorki
Guion: Aaron Sorki
Fotografía: Phedon Papamichel
Música: Daniel Pemberton
Actuación: Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Jeremy Strong, Josep Gordon-Levitt, John Carroll Lynch, Mark Rylance, Michael Keaton, Frank Langella, Alex Sharp, Yahya Abdul-Mateen II, Ben Shenkman, J.C. MacKenzie, Noah Robbins, John Doman,  Alice Kremelberg, Danny Flaherty,  Mike Geraghty, Kelvin Harrison Jr., Caitlin Fitzgerald, John Quilty, Max Adler, Wayne Duvall, Damian Young, C.J. Wilson.

Jair Messias Bolsonaro, el populista brasileño

Rubén Aguilar Valenzuela
El capitán Jair Messias Bolsonaro (65) en 1974 entró a la academia militar, que termina en 1977. En 1988, después de un juicio del que sale absuelto, pasa a la reserva del Ejército y en ese mismo año gana un puesto como concejal en Río de Janeiro.

En 1990 es elegido por primera vez como diputado, cargo en el que permanece 27 años de manera ininterrumpida militando en nueve distintos partidos. En esos años solo se aprobaron dos de sus iniciativas.
 
Gana la elección presidencial de Brasil en primera vuelta con una victoria aplastante en octubre de 2018. Asume la presidencia en 2019, por cuatro años con derecho a una reelección.

Supo presentarse como un antiestablishment y capitalizar, a su favor, la indignación del electorado frente a la corrupción de los gobiernos anteriores y ante los altos niveles de inseguridad que enfrentaba el país.

Brasil quería un cambio y él se lo ofreció envuelto en un discurso nacionalista y ultraderechista. Ya como diputado defendió posturas que luego sostiene en la campaña electoral que de manera abierta daban cuenta de sus posiciones políticas. Los electores no fueron engañados.

Atrajo su personalidad y su discurso extremista, lleno de frases publicitarias de alto impacto, que prometían el fin de la corrupción, más seguridad y devolver a Brasil la grandeza, la integridad y los valores perdidos.

Siempre se presentó como un político distinto a los otros cuya bandera era una frase del Evangelio de san Juan 8:32: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres".

A quienes votaron, incluso a muchos que antes lo habían hecho por el Partido de los Trabajadores (PT) no les importó su discurso homofóbico, machista, racista, su reconocimiento a la dictadura militar (1964-1985) y su defensa de la tortura.

En su discurso está presente el rechazo a la homosexualidad, a los derechos de la comunidad LGBT, al matrimonio entre personas del mismo sexo y a la adopción por estas parejas. Es contrario a la legalización de la marihuana.

Se manifiesta en contra de las acciones afirmativas como las cuotas a favor de las mujeres y los afrobrasileños. Está a favor de la pena de muerte, el uso de la tortura y las ejecuciones sumarias.

En lo económico defiende una agenda que sostiene el "libre mercado es la madre de la libertad", y que "debe ser privatizado lo máximo que se pueda". Rechaza la centralización de recursos y del poder porque acaban corrompiendo la política y estancando la economía.

Como otros populistas de manera oportunista se ha acercado a los evangélicos más conservadores. Estos le dieron su voto en la elección presidencial. Defiende a ultranza a la familia tradicional, aunque se ha casado tres veces y tiene cinco hijos con distintas parejas.

De manera sistemática acusa a los medios independientes de crear y difundir fake news para desprestigiarlo. Desde su campaña, para comunicarse y ponerse en contacto de manera directa con sus simpatizantes utiliza intensamente las redes sociales.

Elemento central de sus discursos es la polarización, incluso la promoción del odio, de todos los que considera son sus enemigos que también son los del país. Lo es también la idea del pueblo soberano que lo entiende como todos los que están con él. Los otros no son pueblo.

La soberanía, el nacionalismo y la grandeza del Brasil son temas también recurrentes. Trabaja por "hacer que Brasil ocupe el lugar que merece en el mundo".

Su proyecto es la transformación de su país como lo planteó en su campaña: "¡Estamos iniciando la última semana de camino a, si Dios quiere, nuestra nueva Independencia! ¡Vamos a tomar Brasil y devolvérselo a los brasileños!".

Bolsonaro es uno más de los gobernantes populistas, de izquierda o de derecha, que hoy existen y se proponen proyectos semejantes, con contenido diverso, como la trasformación de sus países, que implica devolverle sus valores perdidos y restablecer la grandeza de la nación frente a los que atentan contra su soberanía.

Como otros sostiene un discurso polarizador, descalifica a los medios y a todos los que no piensan como él. Para comunicarse hace un uso intensivo de las redes sociales. Se dirige fundamentalmente a los suyos y les dice, en frases y consignas pegajosas, lo que estos quieren oír. No importa que no sean verdad.

Página 147 de 201