Back to Top

contacto@nuestrarevista.com.mx

headerfacebook headertwitter
 

Va por Mexico y agenda legislativa común

Rubén Aguilar Valenzuela
Los presidentes de los partidos que integran la alianza Va por México (PRI-PAN-PRD) asumen que la decisión de ir juntos en 210 diputaciones federales fue un éxito.

La alianza les permitió hacerse de 66 diputaciones uninominales que de otra manera no hubieran ganado. El PAN aumentó en 34 el número de diputados, el PRI en 28 y el PRD en 4.

Este resultado trae como consecuencia que Morena y sus aliados ya no tienen la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y que Morena perdió también la mayoría absoluta. Ahora requiere de sus aliados, para lograrla.

Saben también que en sectores de la sociedad hay dudas sobre la consistencia de la alianza y conciencia del propósito de las declaraciones del presidente López Obrador, para sembrar dudas sobre la solidez de la misma.

Una prueba contundente de la fuerza del pegamento de la alianza es la construcción de una Agenda legislativa común en la que ahora trabajan.

Ésta señala dos realidades, de un lado que hay un acuerdo en qué proponer en la lógica de un proyecto compartido y de otro que frente a las iniciativas de ley del Ejecutivo tendrán una posición común.

De entrada, entre otras cosas, se defienden de cualquier intento de división que pretenda el presidente. Saben que más allá de los discursos lo va a intentar. Lo conocen.

Pero sobre todo, ese es el gran propósito, la agenda muestra que hay una propuesta y que no se está en una posición solo reactiva al proyecto del presidente. Existe una real alternativa de cambio.

Uno de los dirigentes políticos que trabaja en la construcción de la agenda compartida me comenta que tiene una gran carga social, que se traduce en propuestas concretas que tienen efecto en la vida de las personas.

Por ahora el acuerdo va más de una agenda legislativa compartida, cosa no menor, y es el de ir juntos en las próximas elecciones locales y en la federal y locales de 2024.

Está en una primera fase de discusión el ir a la próxima contienda por la presidencia de la República con un solo candidato en la lógica de un gobierno amplio de coalición.

La formación de la alianza Va por México es una respuesta política a una circunstancia excepcional, la de un presidente que atenta contra la democracia y las instituciones de la República que tanto costó construir.

Sigue presente su proyecto de la restauración del presidencialismo autoritario, paternalista y clientelar que caracterizó al viejo PRI donde se formó el ahora presidente. Hay que impedirlo.

La intervención de los obispos en el espacio público

Rubén Aguilar Valenzuela
Los obispos mexicanos en el primer tramo de gobierno del presidente López Obrador (2018-2024) han mantenido un perfil bajo y han sido particularmente prudentes, para evitar cualquier posible enfrentamiento con él.

Su manera de ser y de concebir el poder han imposibilitado un diálogo constante, abierto y franco de parte de los obispos con el presidente. En los hechos no se ha dado.

El presidente polariza y divide a la sociedad, actitud que está en contradicción con los valores cristianos que dice practicar. Entre otras, la función de un mandatario es promover la unidad y la concordia entre la ciudadanía.

Una tarea fundamental de la Iglesia, inspirada en el Evangelio, es precisamente llamar al diálogo y fomentar la unidad y concordia entre los creyentes y no creyentes.

La iglesia, en el ámbito de su responsabilidad, sin confrontarse, debería invitar a todos los actores políticos y sociales a promover la unidad y la concordia, que son la base de la convivencia social.

Y debería también llamar la atención a todos los que no lo hacen e incluso promueven, en el marco de su estrategia política, la polarización y la división entre hermanos. Eso no puede pasar desapercibido a los obispos.

En el segundo tramo del gobierno del presidente, que ha dejado en claro que no va a cambiar su política de polarización y división, los obispos deben pensar si la estrategia que ahora han seguido es la adecuada.

Es posible que lo sea, pero también que no. Que se exija de una actitud distinta y una presencia mayor de los obispos en el espacio público invitando a la unidad y la concordia a toda la sociedad sin importar su credo.

Los países confrontados internamente no prosperan e incluso retroceden. La unidad y la concordia son indispensable para construir la paz que toda sociedad necesita, para desarrollarse y prosperar.

La sociedad mexicana, hoy polarizada y dividida, está urgida de puentes que la unan y éste es un papel que la iglesia y sus obispos pueden jugar. Harían así un gran servicio al país.

Que la iglesia y los obispos trabajaran en esta dirección podría tener costos, que deberían de asumir, en aras de un bien mayor: la unidad y la concordia fuentes de la paz. El país la necesita.

La tradición del malambo

Rubén Aguilar Valenzuela
Una historia sencilla (Anagrama, 2013) de la escritora Leila Guerrero da cuenta del concurso más prestigiado de malambo, baile tradicional argentino, que todos los años se celebra en Laborde (Córdoba, Argentina).

En 2011 la periodista y escritora viaja a esa localidad, para hacer una crónica del concurso y en ese trabajo queda impactada de la vida de uno de los participantes, Rodolfo González Alcántara.

Ese año Rodolfo quedó en el segundo lugar y todo el siguiente se preparó para ganar la próxima edición. La autora sigue su vida en ese tiempo, para poder elaborar un retrato a profundidad del personaje.

La periodista fue testigo de como la vida de Rodolfo se organiza a partir del objetivo de ganar la competencia y también de su disciplina y agotadores entrenamientos. Al fin el sueño largamente acariciado de ser campeón en Laborde se hace realidad.

Guerrero describe hasta el último detalle no solo la vida de Rodolfo sino del mundo de quienes participan en el concurso. Personas de los sectores populares que hacen del malambo el centro de su vida.

Y su meta final es participar en el concurso de Laborde donde a los ganadores no se les entrega premios en metálico sino la única recompensa es el honor y el prestigio de haber estado ahí y medirse con los mejores. Nada se le compara.

La autora describe con gran precisión como se baila el malambo que es una danza compuesta por sucesivas figuras de zapateado llamadas mudanzas que se ejecutan cada vez a mayor velocidad e intensidad según avanzan los cinco minutos que dura el baile.

Los golpes, giros, torsiones de pies se realizan a una gran velocidad, tanto que en ocasiones la mirada no puede percibir todos los movimientos que muchas veces terminan con los pies de los danzantes sangrando.

El malambo se baila acompañado del ritmo de una guitarra o un bombo. Hay estilo norte y estilo sur, y cada uno de ellos tiene su propio atuendo compuesto por múltiples prendas todas necesarias para el baile.

En Laborde una vez que se alcanza la victoria y, con ella la gloria, los bailarines nunca más se pueden presentar en un concurso. Es un pacto de honor, para mantener el prestigio del concurso.

La autora en una prosa sencilla, precisa y elegante logra penetrar en el alma de los danzantes de malambo que dedican toda su vida a ésta que es su pasión.

Una historia sencilla
Leila Guerrero
Editorial Anagrama
Barcelona, 2013
pp. 152

Inicia el declive del poder presidencial

Rubén Aguilar Valenzuela  
En el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) pude ver desde dentro que significa, para el presidente la elección de medio término que es cuando se renueva la Cámara de Diputados.

Desde el primer día que gana la elección un presidente empieza un proceso gradual de acrecentar su poder. Llega a la cima en el tiempo de los comicios, para elegir diputados federales.

A partir de ese momento inicia un proceso gradual de pérdida de poder. Comienza el declive. El presidente pasa a ser el que ya se va. Cada día que pasa es uno menos.

Al interior de su equipo, también de cara a los actores externos, se empieza a ver quien será el próximo presidente, todavía faltan tres años, pero la disputa se instala.

Da principio, entonces, así ha sucedido por lo menos en los últimos ochenta años, el juego interno por la sucesión presidencial. ¿Quién sigue?

En el grupo cercano del presidente da comienzo la lucha por la sucesión. No hay excepciones. Así ya empezó a suceder en el gobierno del presidente López Obrador (2018-2024).

Por su manera de ser y de pensar es muy probable que no se de cuenta de esta realidad, pero ya está presente. Su gobierno no es diferente a los anteriores. La historia se repite.

Existe la posibilidad de que hasta el final conserve la capacidad del dedazo y elija como candidato a quien quiera. Esos eran los usos y costumbres en los gobiernos del PRI de donde procede el presidente.

Esto, con todo, no evita la lucha interna por el poder. Ya inició. Así ha sido antes y ahora también. Los bandos en disputa, cada uno con su candidato, hacen todo lo que está en sus manos, para asegurar su triunfo.

Esa contienda abierta no estaba presente, aunque era latente, en los tres primeros años de la gestión presidencial. Ésta se desata cuando comienza el segundo tramo del gobierno.

Los candidatos en disputa van a tratar de quedar siempre bien con el príncipe elector y harán todo lo que esté a su alcance, para congraciarse con él. Ya lo estamos viendo. El poder del presidente ha entrado en declive, ya se va.

La lucha de Marichuy

Rubén Aguilar Valenzuela
La vocera (México, 2020) es un documental de Luciana Kaplan que da seguimiento al esfuerzo de María de Jesús Patricio, Marichuy, para ser la primera indígena en tratar de ser la presidenta de México.

En 2017 el Consejo Indígena de Gobierno la elige para encabezar los trabajos, para obtener las firmas necesarias con objeto de obtener el registro como candidata independiente a la presidencia de la República.

La cámara sigue a Marichuy en su recorrido por el país, da cuenta de sus encuentros, reuniones y también de sus planteamientos con relación a la cultura de los pueblos originarios, la defensa del territorio, la preservación de la naturaleza y nuevas maneras de entender el progreso y el desarrollo.

El documental aborda los retos que ella y el Consejo Indígena de Gobierno enfrentan para poder obtener las firmas que posibiliten que pueda estar en la boleta electoral.

Marichuy, que trabaja con la medicina tradicional en su natal Jalisco, se reúne con los pueblos originarios y recoge sus inquietudes, necesidades y las causas por las que luchan.

Kaplan entiende bien que Marichuy no es solo ella sino parte de un movimiento y por eso la mayoría de las veces aparece en asambleas, encuentros y concentraciones de los pueblos originarios. De manera particular de mujeres.

En las diversas regiones donde existen pueblos originarios el documental recoge las manifestaciones compartidas y la voz colectiva de esas comunidades que expresan su manera de comprender la realidad.

Marichuy es la representante, la vocera, de un colectivo con muy diversas expresiones, pero que tienen mucho en común: la defensa de su cultura, de su lengua y de su territorio con lo que hay en él.

Así, el documental se construye en la tensión entre el personaje, la vocera, y la comunidad. El protagonismo es de las dos. Habla de otra manera de ser y de construir.

A lo largo de las distintas intervenciones se teje la idea de que otro mundo es posible, uno más justo y digno, que vive en armonía con la naturaleza.

Marichuy dice que aunque no le gusta ser el centro de atención y tener las cámaras a su alrededor sabe que este trabajo se tenía que hacer, para que más personas conozcan el mundo de los pueblos originarios.

La vocera
Título original: La vocera
Producción: México, 2020
 
Dirección: Luciana Kaplan
Guion: Luciana Kaplan
Fotografía: Ernesto Pardo
Música: Alejandro Castaños y Federico Schmucler
Actuación: Personajes reales que son entrevistados o captados en sus actividades

Página 144 de 205