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2022: Policías

Rubén Aguilar Valenzuela
A lo largo de 2022 fueron asesinados 387 policías de distintas corporaciones en todo el país, de acuerdo a un informe de la organización Causa en Común.

De ellos 244 eran policías municipales (63%), 126 estatales (32.6%) y 17 federales (4.4%). Del total 354 eran hombres y 33 mujeres.

Los estados con el mayor número de asesinatos en 2022 fueron: Zacatecas (55); Guanajuato (47); Veracruz (25); Guerrero (24); Michoacán (24); Jalisco (22); Estado de México (20); Chihuahua (19); Sonora (18) y Nuevo León (17).

De los asesinados en Zacatecas, 30 eran policías municipales, 21 estatales y cuatro federales. En Guanajuato, 43 municipales y cuatro estatales.

En los primeros cuatro años de la actual administración federal han sido asesinados 1 758  policías, un promedio de 439.5 al año.

El informe plantea que en 2019 fueron 446 los asesinatos; en 2020, 524; en 2021, 401 y en 2022, 387. En 2020 y 2022 el número se sale del promedio anual.

La mayor parte de estas muertes han sido a manos del crimen organizado ya sea en enfrentamientos o en ejecuciones cometidas por sicarios

El mayor número de los asesinatos se concentra en los policías municipales, que son los que tienen peores condiciones de entrenamiento, equipo, salarios y prestaciones.

Son ellos también los que están siempre presentes en el territorio, los policías estatales, pero sobre todo los federales solo participan en ciertos operativos y luego dejan el lugar.

Si solo se consideran los dos últimos años hay una tendencia a la baja con 401 policías asesinados en 2021 y 387 en 2022.

En lo que va de 2023 (26 de enero) han sido asesinados por lo menos 49 policías en el país, 1.8 por día, según Causa en Común.

Los estados con mayor cantidad de policías asesinados en este periodo son Chihuahua (12), Michoacán (5), Zacatecas (5), Nuevo León (3), Jalisco (3), y Guanajuato (3).

El arranque del año no es bueno y de acuerdo a estos primeros números podría ser semejante a 2020, que ha sido el peor del actual sexenio.

¿Qué explica el aumento de las remesas?

Rubén Aguilar Valenzuela
En 2019, el primer año del gobierno del presidente López Obrador, los migrantes enviaron a sus familias en México 30 400 millones de dólares, según el Banco de México (BM).
 
La cantidad crece año con año, inclusive en el tiempo de la pandemia del COVID-19, y en 2020 fueron 33 600 millones de dólares y en 2021, 42 millones de dólares.
 
Todavía no hay una cifra oficial del ingreso de remesas en 2022, pero el presidente López Obrador dijo, días atrás, que se estima que suman 58 000 millones de dólares.
 
En el actual gobierno cada año que pasa se rompe el récord histórico de las remesas que las y los mexicanos en el exterior envían a sus familias.
 
El crecimiento de las remesas ha sido una tendencia histórica, pero con la llegada de este gobierno se ha acelerado. Tres son las razones.
 
Se ha incrementado a niveles históricos la migración porque la economía del país no crece y por lo mismo no se generan los empleos que se necesitan. El aumento de las remesa es reflejo de esa realidad.
 
Especialistas del sector financiero plantean que el crecimiento de las remesas obedece al "fracaso de las políticas económicas del país en particular del 2019 al día de hoy".
 
A este hecho se añade el creciente nivel de inseguridad en cada vez más espacios de la geografía, que expulsa a la población de sus lugares de origen y la obliga a la migración nacional e internacional.
 
El aumento de las remesas, que el presidente aplaude en sus comparecencias mañaneras como un éxito, es evidencia sólida del fracaso de su gobierno en los campos de la economía y la seguridad.
 
Y de otro lado hay investigadores en Estados Unidos y México que consideran que el 30 % de las remesas que ahora ingresan al país provienen del narcotráfico a través del "lavado" hormiga.
 
De ser así, 20 000 millones de dólares provienen del narcotráfico. En 2019 la DEA dijo que la venta de las drogas que de México iban a Estados Unidos sumaban 29 000 millones de dólares.
 
Si son ciertas estas afirmaciones, el crimen organizado por la vía del lavado de las remesas está regresando al país el 70 % de sus ventas en nuestro vecino del norte.
 
En 2022 México desplazó a China como el segundo mayor receptor de remesas en el mundo y es solo superado por la India, según el Banco Mundial (BM).

Diversidad sexual

Rubén Aguilar Valenzuela 
En México 5.1 millones de personas, de 15 años y más, se identifica como parte de la población LGBTI+, según la Encuesta Nacional de Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021 del INEGI.
 
La población LGBTI+ (lesbianas, homosexuales, bisexuales, trans e intersexuales) representa el 5.1% de la población total, que implica una de cada 20 personas.
 
El INEGI, como en otras encuestas, se encuentra entre las instituciones pioneras a nivel mundial en la identificación de la población según la orientación sexual.
 
"Conocer a profundidad esta comunidad y sus necesidades no solo es una demanda histórica sino una pieza fundamental para generar un entramado institucional y de políticas públicas favorables para su bienestar", plantea la presidenta del INEGI Graciela Márquez.
 
Según la encuesta del INEGI, el 88.6 % de los padres aceptó, respeto o respaldo la decisión de sus hijas e hijos y solo el 16% se molestó, agredió, dejó de hablar o los corrió de su casa.
 
El 9.8% los padres obligaron a sus hijos a asistir con un psicólogo, médico, autoridad religiosa u otra persona o institución, para que corrigieran su opción.
 
El 50% de quien se asume como parte de la comunidad LGBTI+ se dio cuenta en su infancia de su orientación sexual y la mayoría dice quien más apertura tuvo para hablar del tema fue su madre y después amigos y hermanos.
 
Del grupo que se identifica como LGB, 51.7% se asume como bisexual, el 26.5% como homosexual y el 10.6% como lesbiana y 11.2% con otra orientación.
 
Y del que se considera como género Trans+, el 65.2% se identifica como no binario, género fluido y otras posibilidades y el 34.8% como transgénero o transexual.
 
El 26.1% de quienes integran la comunidad LGBTI+ pensó alguna vez en el suicidio y el 28.1% recibió trato desigual respecto a las prestaciones laborales, ascensos y burlas o comentarios ofensivos.
 
Por edad el porcentaje de esta población se estructura así: el 34.2% tiene entre 20 y 29 años, el 33.3% entre 15 y 19 años y el 15.4% entre 30 y 39 años.
 
El porcentaje disminuye en la medida que aumenta la edad y 9.3% tiene entre 40 y 49 años, el 4.5% entre 50 y 59 años y el 3.1% entre 60 años y más.
 
Que el 67.5% que se identifica como parte de la comunidad LGBTI+ se ubique entre los 15 y 29 años se puede deber a una mayor apertura y autoconocimiento, dice el INEGI.
 
En este tema la sociedad mexicana en general es cada vez más abierta, lo es desde el seno de las familias, pero todavía falta mucho por avanzar.

Bardo, de González Iñarritu

Rubén Aguilar Valenzuela
De Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 2022) es Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades (México, 2022) una película de corte autobiográfico, que no es una biografía.
 
Es, en palabras del director, una autoficción donde la inspiración, que está detrás de la historia, es su propia vida, de manera particular el hecho de haberse mudado a California con su familia hace 21 años.
 
"Dejar tu país atrás viene con esperanzas y planes para el futuro, pero inevitablemente con incertidumbre, contradicciones y paradojas", afirma sobre su propia experiencia.
 
En el esfuerzo de entender lo que se propone la película es necesario entender qué significa "bardo". En el budismo tibetano es el "estado intermedio" entre la muerte y la reencarnación, espacio donde se experimentan visiones sobre la vida que se deja detrás.
 
Permite vivir experiencias de lo que espiritualmente se es capaz, que proceden a las alucinaciones aterradoras que surgen de los impulsos de las acciones torpes anteriores.
 
Para una persona entrenada, el bardo ofrece un estado de oportunidad liberadora, ya que la percepción trascendental puede surgir con la experiencia directa de la realidad.
 
De esta obra el director ha dicho que "es una película en donde no hay nada que entender. Si entras con el piloto automático de demandar lógica, razón, verdad, cronología, estructura, te vas a pelear con la película. Invito que la gente desconecte esa parte racional, que no vaya con la mente que piensa, sino con la mente que sabe, con el corazón".
 
La historia en sí misma no es complicada y cuenta la vida de Silverio Gama (Daniel Giménez Cacho), un documentalista que hace 20 años deja México, su país natal, para desarrollar una exitosa carrera profesional en el extranjero.
 
De regreso a su patria entra en una etapa de reflexión y autocrítica en la que se enfrenta a temas como ser un migrante de élite, su relación de pareja, sus hijos, el éxito y la condición en la que se encuentra su país.
 
Lo original y también lo difícil de la película es el tratamiento de la historia. Se ofrecen diálogos e imágenes que parecen no tener forma, que se mueven en el espacio del sueño y del inconsciente.
 
La realidad se desvanece, deja de ser algo concreto, que se pueda tomar entre las manos, pero es, aunque de otra manera. Hay un ir y venir entre el recuerdo y la realidad, pero también está presente lo que se piensa es, aunque no lo sea. Son espejismos.
 
Dice el director que "los sueños, como el cine, son reales pero no veraces. En ambos, el tiempo es líquido. Sí, de ahí viene el nombre 'falsa crónica de unas cuantas verdades'. Hay verdad en los pensamientos que Gama tiene sobre su vida, en las emociones que lo han hecho sentir, pero no podemos fiarnos de nada de lo que ocurrió".
 
El bardo, el limbo, el "estado intermedio", cada uno de los integrantes de la familia lo vive de manera diferente. Lucía (Griselda Siciliani), la esposa, en el espacio de duelo permanente por la pérdida de un hijo al nacer, que lo "mantiene" al quedarse con las cenizas.
 
Su hijo, Lorenzo (Íker Solano) y su hija Camila (Ximena Lamadrid) se fueron de México cuando eran niños y crecieron y estudiaron en Estados Unidos por lo que al regresar a su país de origen ya no se reconocen en él. Viven en una situación ambigua e indefinida; no son de allá pero tampoco de acá.
 
Es una película difícil que exige una gran atención y mientras transcurre, uno no puede dejar de hacerse preguntas sobre lo que se está viendo. El ir y venir entre la realidad y los sueños, entre lo que fue y ya no es, entre las contradicciones reales y aparentes, atraen la mirada y la mente.
 
Después de que la película se proyectó en el Festival de Cine de Venecia, el crítico de cine The Guardian la describió como una "crisis existencial escandalosamente narcisista". Más de un crítico profesional coincide en señalar que se trata de una gran película, pero que no deja de ser autocomplaciente.
 
Se reconoce que es una película compleja bien construida y con un estilo muy propio. Alguno la considera una muy buena construcción felliniana, pero insiste en el narcisismo del director. Otro crítico reconoce y advierte que la película no está hecha "pensando en el marcado. Es una película: para él, por él y sobre él".
 
Para mí es una película muy bien construida, de un gran formato cinematográfico, habla del oficio y la creatividad. Es una propuesta poderosa. La veo como una reflexión lúcida y una abierta autocrítica. No veo donde está la autocomplacencia y el narcisismo. Si, como una manera de hacer un recuento profundo de la vida, que ofrece luces y sombras como es toda existencia humana. Es nuestra condición.
 
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Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades
Título original: Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades
Producción: México, 2022
Dirección: Alejandro G. Iñarritu
Guión: Alejandro G. Iñarritu y Nicolás Giacobone
Fotografía: Darius Khondji
Música: Bryce Dessner
Actuación: Daniel Giménez Cacho, Griselda Siciliani, Ximena Lamadrid, Iker Sánchez Solano, Hugo Albores, Andrés Almeida, Mar Carrera, Daniel Damuzi, Camila Flamenco, Fabiola Guajardo, Francisco Rubio, Grantham Coleman y Luz Jiménez.  

La inteligencia artificial se pone a platicar

Rubén Aguilar Valenzuela
Los ingenieros Noam Shazeer y Daniel de Freitas, que dejaron la empresa Google, han fundado la plataforma de conversación Character.ai y creado un robot que puede sostener una conversación fluida.
 
Manuel G. Pascual (El País, 13.01.23) da cuenta de cómo estos dos innovadores tecnológicos están haciendo realidad un sueño que se había planteado la ciencia ficción; que los seres humanos hablen con las máquinas.
 
Ellos aseguran que entre las aplicaciones futuras de su modelo está el entretenimiento, la educación, el aprendizaje de idiomas "y otras que todavía no hemos imaginado".
 
Por ahora su robot puede mantener conversaciones ágiles con versiones artificiales creíbles de otras personas, vivas o muertas, reales o ficticias. Dice Pascual que el resultado es convincente, siempre que no se lancen preguntas tramposas.
 
Character.ai, afirma el periodista, utiliza modelos de aprendizaje automático que procesan grandes cantidades de texto para entrenar al algoritmo de forma que sea capaz de predecir la palabra que tenga más probabilidades de seguir a las que le preceden.
 
Shazeer y Freitasse se propusieron que el robot estuviera especializado en imitar a personajes. Su idea, que desarrollaron en ratos libres mientras trabajaban en Google, llamó la atención. Se convirtió en el proyecto LaMDA, acrónimo de modelo de lenguaje para aplicaciones de diálogo.
 
Estos creadores insisten, para que no haya dudas, que su herramienta "no es una fuente de información fiable" porque "todo lo que dicen los personajes es inventado". Por ahora "estos sistemas no están diseñados para la verdad, sino para mantener conversaciones plausibles".
 
Esta herramienta permite conversar con personajes ya construidos, como Julio César, Sócrates, Elon Musk o Harry Potter, pero también diseñar uno propio. En este último caso, se puede hacer una configuración rápida, describiéndolo en un par de líneas.
 
Pascual en octubre pasado, sobre el mismo tema, entrevistó a  Blaise Agüera y Arcas, vicepresidente de Investigación de Google Research y autoridad mundial en inteligencia artificial (El País, 08.10.22).
 
Este le dice que "como neurocientífico computacional, creo que es posible que una máquina se comporte como nosotros, en el sentido de que la computación es capaz de simular cualquier tipo de proceso físico".
 
Sobre LaMDa afirma que "he interactuado con muchísimos sistemas de este tipo a lo largo de los años, y con LaMDA hay una diferencia enorme. Piensas: ¡realmente entiende conceptos!. Casi todo el rato parece que estás teniendo una conversación real".
 
Y añade que la máquina "la mayor parte del tiempo demuestra un entendimiento profundo de lo que está diciendo y, de algún modo, responde de forma creativa. Nunca había visto nada similar. Me ha dado la sensación de que estamos mucho más cerca del sueño de la inteligencia artificial general [la que iguala o supera al ser humano]".
 
"Yo no creo, dice Agüera y Arcas, que una herramienta como LaMDA pueda tener jamás capacidad de juicio moral", pero sí que las máquinas pueden entender conceptos. Esto en base a "la premisa fundamental en la que se basa la neurociencia computacional, que durante los últimos 70 años nos ha ayudado a entender algo mejor cómo funciona el cerebro".
 
El investigador plantea que "la idea de que una secuencia de predicción pueda contener inteligencia o entendimiento puede resultar chocante. Pero los neurocientíficos dicen que la predicción es la función clave de los cerebros" y en razón de esto mismo se puede decir que las máquinas tienen entendimiento.

Pascal le pregunta si ¿pueden las máquinas aprender a comportarse? y este responde: "La parte de entendimiento descansa en ideas como que no hay que hacer daño a la gente. Y eso se puede programar en el modelo, de forma que si le preguntas a uno de estos algoritmos si un personaje de la historia se ha portado bien o mal, el modelo puede entender los conceptos relevantes y dar respuestas apropiadas".
 
Para el funcionario de Google "hay cosas que todavía faltan, entre ellas formar recuerdos. Las máquinas que hablan son incapaces: pueden retener alguna cosa a corto plazo, pero no pueden crear memorias narrativas, algo para lo que usamos el hipocampo. Los próximos cinco años estarán llenos de sorpresas".
 
La inteligencia artificial es una realidad presente todos los días en el mundo de las comunicaciones y cada vez lo será más. El uso de los algoritmos para hacer llegar mensajes a las diversas audiencias es práctica común. Las oficinas de comunicación de gobierno deben adentras en el uso de la inteligencia artificial.

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