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La estadística de los periodistas asesinados

Rubén Aguilar Valenzuela
De los últimos cuatro sexenios, en los primeros tres años y dos meses de gobierno, donde más asesinatos de periodistas se han cometido es en el que encabeza el presidente López Obrador, de acuerdo a la organización Artículo 19.

En lo que va de su gobierno se han asesinado a 28 periodistas y en ese mismo periodo de tiempo en el gobierno del presidente Fox fueron 6, en el del presidente Calderón 25 y en el del presidente Peña Nieto 17.

La estadística que ofrece el Comité de Protección a Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, es distinta a la de Artículo 19, pero coincide en que el actual sexenio es el más violento en contra de los periodistas.

Entre 2019 y 2021, CPJ registra 13 periodistas asesinados. De seguir la actual tendencia al final del sexenio habría 39. En todo el sexenio de Fox fueron 7, de Calderón 15 y de Peña Nieto 18.

La diferencia de la estadística entre estas dos organizaciones es que en el caso de CPJ solo registra los asesinatos de periodistas que se ha podido confirmar que el móvil estaba directamente relacionado con el ejercicio de su profesión.

En declaraciones del pasado 27 de enero, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, proporcionó otra estadística que es todavía mayor a la de Artículo 19 y el CPJ.

Encinas dijo: "De los 52 periodistas que han sido ejecutados a lo largo del presente gobierno, solamente en cinco casos se ha dictado sentencia, y tenemos un porcentaje de más del 90 % de impunidad". (El Universal, 27.01.22)

Las estadísticas difieren, pero quienes llevan registro y estudian el tema coinciden en que el gobierno de López Obrador es el más violento en contra de los periodistas en la "historia moderna" de México.

Están también de acuerdo que es un gobierno que habla mucho de la libertad de expresión, pero no hace nada para protegerla. Es un discurso retórico con nulos resultados. La impunidad es total.

Al tema de la violencia física contra los periodistas se añade, como lo advierte Jan Albert Hootsen, representante en México del CPJ, que: "(...) este Gobierno, como ningún otro en la historia mexicana, ha comenzado una estrategia de constantes ataques contra la prensa en la opinión pública". (Reforma, 30.01.22)

Leopoldo Maldonado, director de Artículo 19 para México, señala que en esta Administración federal, al igual que en las anteriores, los principales agresores de periodistas son funcionarios públicos y los partidos políticos.

Y añade que "de las 362 agresiones que registramos en el primer semestre del año pasado, más de la mitad, 193, tienen que ver por cobertura de corrupción y política, contrario a lo que se podría pensar de que quienes más sufren agresiones son quienes cubren las notas de seguridad". (Reforma, 30.01.22)

Los defensores de la libertad de expresión y activistas que trabajan a favor de la protección de los periodistas coinciden en afirmar que nunca antes en la historia de los últimos 25 años se había dado un nivel de violencia contra los periodistas como ocurre en este sexenio.

La dictadura de Leónidas Trujillo

Rubén Aguilar Valenzuela
Rafael Leónidas Trujillo (1981-1961), alias "El Chivo", encabezó en República Dominicana una de las dictaduras más violentas en la historia de América Latina. Estuvo en el poder de 1930 a 1961 cuando lo asesinan.

En La fiesta del chivo (Alfaguara, 2000), Mario Vargas Llosa ofrece un retrato preciso y terrible de esos años. La historia se articula a partir de tres narraciones.

Esas visiones, sobre unos mismos hechos, se entrecruzan a lo largo de la novela. Es la mirada de Urania, la del dictador y la de los conspiradores.

Urania Cabral, tras décadas de ausencia regresa a su país a reencontrarse con su padre, quien fuera hombre de confianza y un alto funcionario de la dictadura.

Ha pasado la mayor parte de los años que tiene estudiando y trabajando en Estados Unidos. Del tiempo que vivió en la Dominicana solo guarda recuerdos amargos que han dejado marcado su vida.

Trujillo, desde la intimidad, cuenta su historia. Se considera el salvador de la patria. Eso les transmite a sus colaboradores más cercanos. Tiene una misión: solo él puede garantizar los destinos del país.

El uso de la violencia contra quienes no se sujetan a su voluntad se justifica por su proyecto. Nadie puede estar en contra de él. Para reprimir nunca le tiembla la mano.

Se sabe querido, admirado e idolatrado, pero sobre todo temido. Se aprovecha de esta condición, para alimentar su ego. No hay nadie como él.

El relato de quienes se han organizado, para matar al dictador ocurre en el espacio de tiempo de las horas previas al atentado.

Cada uno de los integrantes del comando narra, a modo de flashback, su propia historia y sus poderosas razones para terminar con la vida del dictador.

El Premio Nobel de Literatura (2010) logra un extraordinario retrato psicológico de todos los personajes que aparecen en la novela. Todos son consistentes y creíbles.

En particular el retrato que hace de Trujillo, probablemente el más profundo que se haya hecho sobre uno de los muchos dictadores que ha habido y sigue habiendo en América Latina.

A lo largo del texto aparece un hombre ególatra y vanidoso. Un hombre cruel y despiadado. Un hombre que somete, desprecia y humilla a sus colaboradores. Un hombre que no tiene límites.

Esta obra de Vargas Llosa es una potente radiografía de los dictadores y de las dictaduras, que también lo es de la manera de ejercer el poder.

El autor evidencia, desnuda en su totalidad, los elementos que configuran la personalidad perversa y enfermiza de todos los dictadores.

Da cuenta, de manera precisa, de los mecanismos que estos utilizan para imponerse y someter a los demás. Para poner a la sociedad entera de rodillas a sus pies.

La novela va y viene entre el pasado y el presente y también en sentido contario. Vargas Llosa lo hace de una manera ágil y con una coherencia extraordinaria.

Como en otras de sus novelas utiliza el recurso de un narrador en segunda persona, que actúa como conciencia de los personajes. Es una gran novela.

La fiesta del chivo
Mario Vargas Llosa
Ed. Alfaguara
México, 2000
pp. 518

 
 
 

Jenaro Villamil y el asesinato de periodistas

Rubén Aguilar Valenzuela
Jenaro Villamil Rodríguez (Mérida, 1969) ha combinado la tarea de periodista con la de funcionario público. En febrero de 2019, el presidente López Obrador lo nombró responsable del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, que se integra a partir de los distintos medios públicos que tiene el gobierno.
 
Angélica Recillas en un artículo publicado en Etcétera (25.01.22) nos recuerda lo que Villamil, entonces valiente periodista, dijo el 17 de mayo de 2017 en una entrevista concedida a Carmen Aristegui, para CNN. Habían pasado dos días del asesinato del periodista sinaloense Javier Valdez: 

"Estamos en una larga noche del periodismo mexicano, es la peor época, pero la peor sin duda, mucho peor que en vísperas de la Revolución. Mucho peor que en la época del Porfiriato, muchísimo peor que en la época de la Guerra de Reforma contra el periodismo.

Es decir, hay una deliberada acción de omisión de acción, por lo menos, del Estado Mexicano para no investigar ninguno de los casos y hay también una especie de suicidio político del mismo Estado mexicano para no resolver, no intervenir y simple y sencillamente dar conferencias como la que dio el señor Osorio Chong o como los tuits que manda Enrique Peña Nieto diciendo que gira instrucciones, como si se tratara de un trámite burocrático.

Y entre que gira instrucciones se han acumulado en su sexenio 44 periodistas asesinados y en los últimos diez años se han acumulado 126 periodistas asesinados. Como va, el sexenio de Peña Nieto va a romper récords en número de periodistas asesinados".

El sexenio del presidente Peña Nieto terminó con 47 periodistas asesinados. Tres más de los que en la entrevista mencionó Villamil. Y como lo planteó era realmente una noche muy obscura, para el trabajo de los periodistas. Es cierto que en ese sexenio se rompieron los récords históricos del número de periodistas a quienes se quitó la vida.

En el gobierno en el que ahora trabaja, en tan solo tres años, han sido asesinados 54 periodistas. Se rompen, con mucho, el récord nefasto del gobierno anterior. De seguir así los crímenes contra los informadores serán 108 al finalizar este sexenio. Cada uno de estos asesinatos es un atentado contra la libertad de expresión. El 95 % de estos quedarán, como hasta ahora, impunes. Villamil, el funcionario público calla. Ya no es el valiente periodista de antes.

La declaración que el Villamil periodista hizo en 2017 vale para juzgar al gobierno al que sirve. Y por la dimensión de los crímenes los calificativos a utilizar serían todavía más duros. El número de los asesinatos en el gobierno de López Obrador es ya mayor a los de todo el sexenio de Peña Nieto. Tomando sus propias palabras se podría decir que ahora: "Estamos en una larga noche del periodismo mexicano, es la peor época, pero la peor sin duda, mucho peor que en vísperas de la Revolución. Mucho peor que en la época del Porfiriato, muchísimo peor que en la época de la Guerra de Reforma contra el periodismo". Así es. El Villamil burócrata nunca lo dirá.
 

La mirada de una niña

Rubén Aguilar Valenzuela
Francia (Argentina, 2010) es una película del uruguayo Israel Adrián Caetano. De él también es el guion. Se narra la historia de una familia desde la mirada de una niña de doce años.

Mariana (Milagros Caetano), prefiere que le llamen Gloria, narra cómo ve el mundo de sus padres; Carlos (Lautaro Delgado) y Cristina (Natalia Oreiro), separados cuando tenía un año.

La historia se construye desde su mirada, al tiempo que se ofrece el desarrollo de los personajes en medio de su contexto cotidiano. Sus padres, que no están satisfechos con su vida, buscan encontrar su lugar.

A través de su percepción se registra la vida diaria y el esfuerzo de sus padres por salir de su precaria situación económica. Y está también presente la tensa relación que existe entre ellos.

La mamá es empleada doméstica y su padre trabaja en una fábrica metalúrgica. El dinero no alcanza y es un tema frecuente de discusión, que se suma a los reclamos del colegio por el comportamiento de su hija.

A Mariana no le gusta el colegio privado que, con esfuerzo, sus padres eligieron para ella. La institución escolar tampoco siente que la niña pertenezca a ese lugar. Hay resistencia y discriminación.

Su madre no se siente bien en el trabajo que realiza con una familia de la clase alta que le parece hipócrita y no valoran su trabajo. Carlos, su padre, sale ahora con una mujer (Mónica Ayos) de mejor posición económica, que en los hechos lo mantiene.

Mariana, Cristina y Carlos buscan una mejor vida. Un sitio donde se resuelvan sus tensiones y preocupaciones. Los tres a su manera luchan por cambiar su situación.

De su obra dice el director que: "La película tiene un tono realista, con algo de humor, muy distinto a todo lo que hice hasta ahora. Yo diría que esta es una historia costumbrista, que muestra cómo es la vida hoy para una familia de clase media, trabajadora. Y también indaga sobre los afectos en ese ámbito".

Y de los personajes que: "Es gente tratando de sobrevivir, ellos no acuden a la asistencia pública, no son marginales ni parias. Siguen intentando trabajar, de rebuscárselas. Y como los otros personajes de todas mis películas, tienen mucha dignidad. Ellos tuvieron sueños que no pudieron cumplir. Pero, así y todo, siguen adelante".

Es una película de bajo costo con pocos personajes y filmada en escenarios reales. La niña protagonista es hija del director. Algún crítico habla de la película como realización de un "cine casero".  La crítica reconoce el trabajo de Natalia Oreiro y de Lautaro Delgado.

Francia
Título original: Francia
Producción: Argentina, 2009

Dirección: Israel Adrián Caetano
Guion: Israel Adrián Caetano
Fotografía: Julián Apeztwguia
Música: Iván Wyszogrod
Actuación: Natalia Oreiro, Milagros Caetano, Lautaro Delgado, Daniel Valenzuela, Mónica Ayos, Lola Berthet, Violeta Urtizberea (...)

El discurso de los populistas: Las diferencias en la forma y el contenido

Rubén Aguilar Valenzuela
A lo largo de 2021 en Etcétera se analizaron las estrategias operativas de comunicación y el discurso de 24 mandatarios populistas: nueve en América, seis en África, cuatro en Europa y cuatro en Asia. En estas mismas páginas se analizó lo que es común en la forma y el contenido del discurso (22.01.13; 22.01.20). Ahora se ven las diferencias que existen en ambos temas.

Entre estos mandatarios hay grandes y muy evidentes diferencias en la geografía, la historia y la cultura de la que provienen, pero en lo que hace al contenido del discurso hay muchas semejanzas incluso en el fraseo. No importa si se dicen de izquierda o de derecho. A continuación se presentan las mayores coincidencias.
 

Lo que no tienen en común
 

Algunas de estas diferencias son que no todos o no de la misma manera realizan lo que aquí se propone:

- Presentarse como víctima de las injusticias de "los de arriba". Haber sido perseguido y humillado por los poderosos debido a su compromiso con el "pueblo".

- Operar la venganza contra las élites políticas, económicas y culturales que pusieron en duda o no aceptaron su victoria cuando llegaron al poder.

- Reprimir de muy distintas maneras a la oposición política. Llevar a la cárcel a los líderes opositores.

- Agredir a los medios y los periodistas. Promover la censura de manera abierta y llevan a la cárcel a los periodistas independientes.

- Adueñarse desde el poder de los medios de comunicación, que consideran hostiles.

- Presentarse como "mano dura" contra el crimen organizado. Estar a favor de la pena de muerte y el uso de la tortura.

- Manifestarse abiertamente contra de los migrantes. Los argumentos son distintos de acuerdo a las regiones.

- Promover abiertamente actitudes homofóbicas, machistas e incluso racistas.

- Mantener posiciones intolerantes y discriminatorias contra el movimiento feminista y la comunidad LGTBI.

- Enriquecerse a expensas del poder. Altos niveles de corrupción.

- Utilizar símbolos de identidad como cierto tipo de vestimenta (trajes, camisas, sombreros...).
 

A manera de conclusión 
 

Con este texto se pone fin a una serie de 40 artículos publicados en estas mismas páginas donde se analizó la estrategia operativa de comunicación de los mandatarios populistas del mundo y también el contenido y la forma de su discurso. Algunas conclusiones son:

- En el ADN de los populistas está concentrar el poder del Estado en su persona. Tienden a sentirse únicos e indispensables.

- Piensan que por su gestión y sus discursos van a pasar a ser parte de la historia de sus países. Sus nombres serán grabados en letras doradas.

- Las estrategias operativas son muy semejantes entre los populistas se digan de izquierda o de derecha en las distintas regiones del mundo.

- El contenido y la forma del discurso son muy semejantes entre los populistas se digan de izquierda o de derecha en las distintas regiones del mundo.

- En la teatralización de la forma se articula el contenido. Son parte de un todo. Forma y contenido se retroalimentan.

- Los discursos están llenos de frases publicitarias, que proponen lo que quieren oír las bases y simpatizantes del líder populista, con rasgos mesiánicos.

- El texto alimenta la identidad de los suyos, el "pueblo bueno". Es fundamental para mantener su adhesión, aunque no haya buenos resultados.

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