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Feminismos en corto y sin tanto rollo: Las mujeres, más que cuerpos

Haidé Serrano

“El mundo social construye el cuerpo como realidad sexuada y como depositario de principios de visión y de división sexuantes” (Bourdieu, 2000: 22).

Sandra Monroy pone el dedo en la llaga. Su testimonio valiente muestra las cicatrices de una doble mastectomía. Las sobrevivientes del cáncer de mama que se han sobrepuesto a la enfermedad tienen que lidiar con la imagen impuesta de lo que deben ser sus cuerpos.

“Soy una mujer. Nunca fui mis chichis, ni antes ni después de no tenerlas”, escribe Sandra Monroy, quien recientemente publicó su libro “Jódete cáncer”, un ensayo de su experiencia tras su mastectomía doble, obra que fue reconocida con el Premio Ortega y Gasset a la mejor fotografía a cargo de la fotoperiodista Sashenka Gutiérrez.

“Se escandalizan por las chichis, se escandalizan sin chichis, entonces el problema no somos nosotras sino su forma de mirar y entender el mundo y ese es su???? y su necesidad de controlar todo hasta cuerpos que no son suyos” (Sandra Monroy).

Sandra es activista y refiere que las campañas de publicidad no muestran las cicatrices de una mastectomía. Por ello, considera que se tiene que hablar de la enfermedad que es el cáncer de mama de una forma más real y con menos moños rosas, que es el objeto identificativo de las campañas gubernamentales cada octubre.

“¿La mujer? Es muy sencillo, dicen los aficionados a las fórmulas simplistas: es una matriz, un ovario; es una hembra, y basta esa palabra para definirla. En boca del hombre el epíteto “hembra” suena como un insulto” (Beauvoir, 1995: 29).

Los cuerpos de las mujeres, sexualizados desde la infancia y expresados como objetos de consumo, son presentados a través de los medios de comunicación como irreales. Los cuerpos que han sobrevivido a enfermedades son “escondidos” porque son contrarios a las esferas que los estereotipos han confinado a las mujeres, las de lo privado.

El cuerpo femenino sobreviviente del cáncer de mama, el “cuerpo oncológico”, se muestra en “Jódete cáncer” irreverente y en protesta ante una realidad oculta pero patente para miles de mujeres. Sus cuerpos excluidos de las normas sociales se rebelan para existir más allá de lo hegemónico.

Que se joda el cáncer y los cuerpos patriarcales.

En corto sin tanto rollo

¿Qué es el Patriarcado? Es un sistema jerárquico de relaciones sociales, políticas y económicas que, a partir de la diferencia biológica sexual y su significado genérico, establece, reproduce y mantiene al hombre como parámetro de la humanidad otorgándole una serie de privilegios e institucionalizando el dominio masculino sobre las mujeres (Alda Facio).

@HaideSerrano conduce y produce Feminismos en Corto sin Tanto Rollo, una plataforma sobre feminismo, perspectiva de género, igualdad, derechos humanos y paz. Es autora del libro “Mujeres líderes en la pandemia”. Es licenciada en Comunicación y maestra en Género, Derecho y Proceso Penal.

 

Feminismos En Corto Sin Tanto Rollo: Tres feminicidios, en una semana, en Cancún

Haidé Serrano

¿Cuántos feminicidios son necesarios para alarmarse? En menos de una semana, se cometieron tres feminicidios en Cancún. ¿Hay sobresalto en nuestra comunidad? No. ¿Hay condena por parte de las autoridades? No. ¿Hay condolencias para las familias de las víctimas? No. ¿Hay algún compromiso público para encontrar y juzgar a los culpables? No.

Hay un gran silencio, como si no hubiera pasado nada. Un silencio cómplice.

Son tres mujeres asesinadas con violencia extrema en Cancún. Los medios de comunicación se encargaron de hacer saber a la audiencia, a través de imágenes y descripciones, los detalles de los feminicidios, sin el menor respeto por las víctimas y sus familiares, violentando así sus derechos y revictimizándoles.

La ciudad más grande de Quintana Roo, Cancún, el símbolo turístico de éxito a nivel mundial, es uno de los lugares más inseguros para las mujeres en México. Además, el municipio al que pertenece Cancún, Benito Juárez, cuenta con Alerta de Género desde el 2016, herramienta que ha demostrado ser insuficiente para erradicar la violencia hacia las mujeres.

El feminicidio es la expresión más grave de la violencia machista hacia las mujeres. Cada día, al menos diez mujeres son asesinadas con violencia en México. No todas esas muertes son investigadas como feminicidios por la resistencia, machismo y misoginia de los ministerios públicos, policías, fiscalías y jueces para reconocer este delito.

En el Código Penal Federal, el feminicidio está tipificado en el artículo 325:

“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

A quien cometa el delito de feminicidio se le impondrán de cuarenta a sesenta años de prisión y de quinientos a mil días multa.

Además de las sanciones descritas en el presente artículo, el sujeto activo perderá todos los derechos con relación a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.

En caso de que no se acredite el feminicidio, se aplicarán las reglas del homicidio.

Al servidor público que retarde o entorpezca maliciosamente o por negligencia la procuración o administración de justicia se le impondrá pena de prisión de tres a ocho años y de quinientos a mil quinientos días multa, además será destituido e inhabilitado de tres a diez años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.”

¿Cuántos feminicidios son necesarios para alarmarse? La respuesta debería ser uno. Un feminicidio debería ser suficiente para que una comunidad se movilice, tome acción y exija a los gobiernos tomar todas las acciones para que no ocurra nunca más.

Feminismos En Corto Sin Tanto Rollo: Y tú, ¿por qué no rehiciste tu vida?

Haidé Serrano

Hace unos días, una amiga me preguntó. “Y tú, ¿por qué no rehiciste tu vida?”.

Al tratar de responder, me di cuenta de que, primero, no tenía clara la pregunta y, segundo, mucho menos la respuesta. “Rehacer mi vida” parece significar que mi vida ha estado “desecha” en tanto la soltería ha sido mi “condición oficial” y no el matrimonio.           

Aún en estos días, cuando se cree que tanto se ha avanzado en cuanto a las relaciones entre personas, esta expresión es recurrente. Mujeres solteras, que alguna vez, estuvieron casadas, viudas o en pareja, o ninguna de las anteriores escuchan por igual esta pregunta. Hay una especie de fracaso implícito en ese cuestionamiento, que señala a las mujeres que no están en matrimonio.

No importan los títulos alcanzados, los premios, viajes, salud, crianza plena de les hijes, éxitos profesionales, competencias ganadas, avances científicos, logros políticos, estabilidad financiera, patrimonio, elecciones ganadas, y un largo etcétera, para una gran cantidad de personas, las mujeres fuera del matrimonio heteropatriarcal están incompletas.

En una presunción sobre su vida “des-hecha”, cuestionan las razones de una soltería sospechosa. La condición de las mujeres que no están en pareja pareciera amenazante particularmente para las que sí tienen la “vida hecha”, las que lograron el matrimonio, ese sueño realizado que se ha vendido como la panacea de la felicidad. Claro, el matrimonio patriarcal, heterosexual, como la medida de la perfección, el modelo aspiracional de las mujeres mexicanas.

El matrimonio ha sido considerado como el estado ideal. Ese lugar anhelado al que todas, todos y todes, nos dijeron, que había que llegar. Un lugar idílico donde reina el amor, la felicidad, la abundancia. Donde la realización viene con lxs hijxs, la casa y el perro. Donde las mujeres se contentan con la crianza, el hogar y el cuidado de la familia. Y los hombres trabajan en algún lugar donde son exitosos, estables y bien remunerados…

Y de repente, despertamos. Para muchas, el despertar fue abrupto, de una pesadilla. Para otres, darse cuenta de la estafa les tomó más tiempo. Es claro que este producto milagroso llamado matrimonio se parece mucho a los que prometen bajar de peso con poco esfuerzo y menos tiempo. Porque además viene con una gran advertencia: No te divorcies porque las consecuencias son nefastas. Entrarás al grupo de las “desechas”.

El matrimonio patriarcal y heterosexual dejó de ser hace mucho tiempo el modelo ideal. Seguimos creando nuevas formas de relacionarnos. Con valores que están en revisión y con otros que toman más preponderancia, como el respeto y vidas libres de violencia. Y las mujeres hemos comprobado que nuestra vida no está deshecha. Nos hemos demostrado que podemos hallar la realización, plenitud y felicidad más allá del matrimonio.

Blonde, propaganda anti derechos

Haidé Serrano

"En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma": Marilyn Monroe

El cine ha sido un vehículo muy exitoso para construir estereotipos de género, es decir, las ideas, cualidades y expectativas que la sociedad atribuye a mujeres y hombres. En miles de películas, esas representaciones han respondido a modelos hegemónicos de feminidad y masculinidad. En todo el mundo, cintas taquilleras, películas consideradas obras de arte y otras de culto han usado los estereotipos para justificar la discriminación de género y también la violencia. También el cine ha sido un vehículo poderoso y efectivo para explotar el cuerpo de las mujeres y convertirlo en objeto de consumo.

La película “Blonde” es una nueva versión sobre la vida de Marilyn Monroe, una oportunidad estupenda para revisar con perspectiva de género esta aproximación a una de las mujeres más icónicas de la cultura pop.

Recién estrenada en Netflix, basada en la novela de Joyce Carlo Oates y dirigida por Andrew Dominik, la cinta se convierte, en varios sentidos, en lo que aparentemente quería criticar, la cosificación y sexualización de Marilyn.

“Blonde” es además una propaganda anti derechos de las mujeres. Un panfleto antiaborto. Los embarazos y abortos de la actriz son planteados en diálogos imposibles con fetos que reclaman en voz en off a la “culpable” Marilyn. Las metáforas son idénticas al marketing de grupos anti derechos. Y el resultado es un juicio en contra de Marilyn --quien en realidad es una víctima--, otro argumento de esa propaganda.

Parece que la cinta pretendía ser una visión crítica del Hollywood de entonces y de hoy, una industria depredadora, violenta y machista. Decenas de películas han intentado un “mea culpa”después del movimiento Me too, que desveló cientos de abusos y violaciones, particularmente sexuales, en perjuicio de numerosas mujeres. Sin embargo, en la película, Marilyn queda reducida a un cuerpo, que es el verdadero protagonista. Y su sufrimiento, el otro protagonista. Así, dolor y cuerpo, conforman una invención alejada de la persona. Además, de los innumerables e innecesarios desnudos, solo aceptables bajo la mirada machista.

Esta película revictimiza a Marilyn al convertirla, de nuevo, en un objeto de consumo y explotación. Plantea una perspectiva que deja de lado a la mujer intelectual, lectora voraz, feminista, activista por los derechos civiles, con posturas políticas como el antirracismo y declaraciones y escritos donde denunció el acoso sexual del que ella y muchas más eran víctimas en Hollywood.

En “Blonde”, Marilyn Monroe vive una pesadilla, que se nos ofrece como placer voyerista y sádico acompañado de una cubeta de palomitas.

Haidé Serrano

@HaideSerrano conduce y produce Feminismos en Corto sin Tanto Rollo. Está dedicada a la comunicación sobre feminismo, perspectiva de género, desigualdad y violencia. Ha trabajado en el servicio público, así como en diversos medios de comunicación. Es autora del libro “Mujeres líderes en la pandemia”. Es licenciada en Comunicación y maestra en Género, Derecho y Proceso Penal.

El que paga ¿manda?

Haidé Serrano

Una de las razones por las cuales las mujeres que viven violencia en sus hogares, donde el agresor es la pareja, no rompen con el círculo de agresión es porque no tienen recursos económicos. Han trabajado como “amas de casa”, mamás y cuidadoras sin recibir un sueldo. No tienen ahorros o patrimonio. Han interrumpido --o tal vez nunca comenzado-- su desarrollo profesional para dedicarse a su familia, lo que las limita a incorporarse al mercado laboral, pues no tienen experiencia, relaciones ni currículum. Es decir, han sido víctimas de violencia económica.

Esta realidad se presenta como un obstáculo aparentemente insalvable para miles de mujeres que sufren violencia. ¿Cómo salir del hogar, que es el sitio de peligro, si no tienes dinero? Frecuentemente no tienen a dónde ir. Son responsables además de sus hijas e hijos, quienes también son víctimas de violencia.

Mientras el patrimonio de la familia es construido con el trabajo de quienes la constituyen (remunerados o no), en muchas ocasiones el control económico está en manos de los varones. Ese modelo de familia, donde los varones trabajan en el espacio público y reciben remuneración por ello y las mujeres trabajan en el privado y no tienen paga se ha resquebrajado por numerosas razones.

Gracias a las feministas se nombró este tipo de violencia en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia (LGAMVLV, 2007), en su artículo 6, fracción IV, como violencia económica:

“Es toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima. Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo centro laboral”.

Pasaron muchos años para que algunas mujeres se dieran cuenta de que debían romper la dependencia económica. Que el control sobre su patrimonio utilizado por los hombres para abusar de ellas no era buena inversión. Mucho menos cuando la violencia económica se suma a otros tipos de violencia, igualmente tolerados y promovidos por la sociedad machista en la que vivimos.

Aún hoy, este tipo de violencia no es reconocido como tal. Es tan “aceptada” la violencia económica que se tolera sin la conciencia de las consecuencias que pueda tener a corto, mediano o largo plazo. No solo en el ámbito familiar, sino en cualquiera donde se presente.

Es imperativo que se hable de ella, que se identifique y que se le ponga un alto en nuestras relaciones. Esta forma de manipulación del abusador está acompañada de otras formas de violencia.

Algunos ejemplos de violencia económica son: La persona que abusa tiene control sobre el dinero de la otra persona, sea su herencia, sueldo o ahorros. Le critica en lo que gasta, la presiona para que no lo haga o que se invierta en lo que mejor le parezca al abusador.

La persona que abusa esconde, por ejemplo, en cuentas bancarias, en efectivo o en propiedades los recursos económicos que son de ambas personas. O bien, si solo son de una de ellas.

También se niega a realizar las aportaciones que antes habían sido acordadas. Cambia de opinión y hace un “pleito ranchero” cada vez que se habla de dinero.

En otros casos, el abusador obliga a firmar documentos que no son comprensibles para la otra persona. Si están en algún trámite judicial como la custodia de lxs hijxs o el divorcio, se aprovecha de su posición económica, para ganar el juicio, alentarlo o bien ralentizarlo, todo en su beneficio.

Expresa opiniones negativas sobre el trabajo de la persona o la presiona para que renuncie, con el objetivo de que pierda su principal fuente de ingresos.

También es común el machito que critica constantemente a las mujeres para minar su autoestima y que no consigan un empleo. Se autoerige como el experto en temas laborales y quiere mandar sobre dónde, cómo y con quién debe trabajar. Incluso las obligan a trabajar en ciertos horarios, de acuerdo a su conveniencia. Especifican cómo, en qué cuentas, las mujeres deben recibir su salario. En muchos casos, las acosan en sus sitios de trabajo, las espían, las cuestionan sobre sus compañeros y jefes y les dictan la forma de vestir.

La violencia económica, también conocida como abuso financiero, tiene cifras alarmantes, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016, 13.4 millones de mexicanas la han padecido en algún momento de su vida, es decir, 29% del total de mujeres de 15 años o más.

 

@HaideSerrano conduce y produce Feminismos en Corto sin Tanto Rollo. Está dedicada a la comunicación sobre feminismo, perspectiva de género, desigualdad y violencia. Ha trabajado en el servicio público, así como en diversos medios de comunicación. Es autora del libro “Mujeres líderes en la pandemia”. Es licenciada en Comunicación y maestra en Género, Derecho y Proceso Penal.

 

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