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El papa Francisco y la revista América (II)

Rubén Aguilar Valenzuela
 El papa Francisco concedió una entrevista a la revista América, que los jesuitas de Estados Unidos fundan en 1909, donde trata temas difíciles y de gran importancia para la Iglesia universal y en particular para la de ese país.
 
La entrevista, dada a conocer por la Agencia Zenit (28.11.22) en español de la versión original en inglés, fue realizada en el Vaticano por Matt Malone, S.J., Sam Sawyer, S.J., Gerard O'Connell, Kerry Weber, Gloria Purvis y Elisabetta Piqué.
 
En la entrega anterior (Desde la Fe, 26,12.22) el papa habla de la polarización, la Conferencia Episcopal de EEUU y el aborto y en esta ocasión se extiende sobre los abusos sexuales en la iglesia.
 
La tercera entrega registra lo que el papa dice sobre la guerra de Ucrania y la realidad de los católicos afroamericanos. En la cuarta y última habla sobre el papel de la mujer en la Iglesia, sobre el capitalismo, las acusaciones de que es comunista y los derechos humanos.
 
Sawyer: La crisis de los abusos dañó muchísimo la credibilidad de la Iglesia y su esfuerzo de evangelización. Recientes revelaciones de abusos cometidos por obispos –que pudieron retirarse tranquilamente-, han hecho aumentar la preocupación sobre la transparencia de la Iglesia en el manejo de casos de abusos, especialmente vinculados a obispos. ¿Qué más puede hacer el Vaticano para mejorar en este aspecto la transparencia?
 
Papa Francisco: Un poco de historia. Hasta el momento de la crisis de Boston, cuando se destapó, en la iglesia se actuaba cambiando a algún abusador de lugar, cubriendo, que es como se actúa en las familias hoy día. El problema del abuso sexual es gravísimo en la sociedad.
 
Cuando tuve la reunión con los presidentes de las Conferencias Episcopales hace tres años y medio, pedí las estadísticas oficiales y el 42-46% de los abusos son en la familia o en el barrio. Después, sigue en cantidad, en el mundo del deporte, en el de la educación y el 3%, los sacerdotes católicos. Uno podría decir 'qué bien, somos pocos'. No, si fuera uno solo, es monstruoso. Es de las cosas más monstruosas el abuso de menores.
 
La costumbre era la que se usa en las familias todavía o en algunas otras instituciones: cubrir. La iglesia hizo una opción: no cubrir. Y de ahí se fue progresando a través de los procesos judiciales, de la creación de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores.
 
Ahí el grande es el cardenal O'Malley, Boston, que tuvo la mentalidad de institucionalizar esto dentro de la Iglesia. Cuando la gente honesta ve cómo la Iglesia se hace cargo de esta monstruosidad, ve que una cosa es la Iglesia y otra cosa son los abusadores que están dentro de la Iglesia y que son castigados por la misma Iglesia.
 
El grande en tomar estas decisiones fue Benedicto XVI. Es un problema "nuevo", entre comillas, en la manifestación, pero eterno, ya que existe desde siempre. En el mundo pagano siempre se dio el uso del menor por placer. Una de las cosas que más me preocupan sobre esto es la pedo-pornografía: eso se filma en vivo: ¿En qué país se filma? ¿Qué hacen las autoridades de ese país que permite eso? Es criminal, criminal.
 
La Iglesia se hace cargo de su propio pecado y seguimos adelante, pecadores, confiando en la misericordia de Dios. Cuando viajo, generalmente recibo a una delegación de víctimas de abusos.
 
Una anécdota sobre esto. Cuando estaba en Irlanda pidieron audiencia personas abusadas. Eran seis o siete y vinieron un poco así (enojados) al inicio y tenían razón. Yo les dije: "miren, hagamos una cosa, mañana tengo que decir el sermón. ¿Por qué no lo preparamos juntos, sobre este problema?". Y entonces ahí se dio un fenómeno lindo porque lo que era simplemente la protesta se transformó en algo positivo y todos juntos hicieron la homilía conmigo del día siguiente.
 
Esa fue una cosa positiva, en Irlanda, uno de los lugares más calientes que tuve que enfrentar. ¿Qué tiene que hacer la Iglesia entonces? Seguir adelante con seriedad y con vergüenza. ¿Respondí a tu pregunta?
 
Sam Sawyer, S.J.: Santo Padre, una cosa que le quería preguntar, la Iglesia de EEUU ve que hubo un gran avance en el tema de abusos cuando ocurren con sacerdotes, pero pareciera que hay menos transparencia cuando se trata de obispos acusados y es una preocupación...
 
Papa Francisco: Sí y ahí creo que hay que ir con la transparencia igual. Si hay menos transparencia es un error.
 
El papa en la entrevista responde de manera abierta y franca a las preguntas del jesuita estadounidense Sam Sawyer sobre el abuso sexual de menores en la Iglesia. No duda en describir esta lamentable realidad como monstruosa y criminal.
 
Subraya también donde está el cambio radical de la Iglesia ante el dramático problema de los abusadores sexuales de menores dentro de la institución, que fue pasar del encubrimiento, que reconoce así fue, a la denuncia, el juicio y el castigo. (Sigue la tercera entrega).

2022: Las mejores novelas del segundo semestre

Rubén Aguilar Valenzuela
De las novelas que leí en el segundo semestre del año, las doce que menciono a continuación considero son las mejores. De todas aparecieron reseñas en Animal Político.
 
- Páradais (Literatura Random House, 2021) de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982). Es una novela que publica después de Temporada de huracanes, que la crítica recibió con unánime reconocimiento a nivel internacional.
 
En esta obra la obsesión del deseo que todo la abarca y por el cual se está dispuesto a matar. La violencia que desata ocurre en el marco de la realidad profundamente desigual de nuestra sociedad que se manifiesta en la relación que establecen Franco y Polo.
 
- Ladydi (Editorial Lumen, 2014) es la obra que Jennifer Clement publicó en inglés como Prayers for the Stolen. La escritora nace en Estados Unidos (Connecticut en 1960), y en 1961 se muda con su familia a México.
 
Los narcotraficantes en Guerrero ven a las niñas de los pueblos crecer. Cuando son adolescentes las raptan, para hacerlas sus parejas o usarlas sexualmente. Las madres, para proteger a sus hijas, hacen todo lo posible para que se vean feas. En el patio de sus casas construyen lugares, para esconderlas.
 
- 1984 (Destino, 2003) del británico George Orwell se publicó por primera vez en 1949. La obra después de 73 años sigue siendo vigente. Es un clásico de la literatura universal. Antes había escrito Rebelión en la granja (1945).
 
A la cabeza del Partido se encuentra el Gran Hermano. Su cara aparece en carteles y en las monedas. Todos los ciudadanos están obligados a amar y ofrecerle su lealtad incondicional. El Winston Smith, un miembro del Partido Exterior que trabaja para el Ministerio de la Verdad, es el protagonista de la novela.
 
- La vida de los animales (Grijalbo, 2004) del sudafricano J. M. Coetzee (1940), Premio Nobel de Literatura 2003, reúne conferencias pronunciadas en el marco de la Cátedra Tanner (1997-1998) en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos.
 
Utiliza a una mujer como protagonista que no admite las personas quieran ignorar el trato que se da a los animales en granjas y laboratorios. El sufrimiento que se les imprime lo compara con crímenes entre seres humanos. Es un acto cruel e inhumano.
 
- Las gratitudes (Anagrama, 2021) de la francesa Delphine de Vigan cuenta la historia de Michka Seld una persona de la tercera edad, que empieza a perder la memoria y la capacidad de llamar a las cosas por su nombre.

Cuando es internada en una institución geriátrica, conoce a Jérôme, un logopeda, que trabaja con ella, con el propósito de que recupere el habla y las palabras, que va perdiendo por culpa de una afasia.

- El orden del día (Tusquets Editores, 2018) de Éric Vuillard (Lyon, 1968). Con la obra gana el Premio Goncourt. En febrero de 1933 tiene lugar una reunión secreta que cita Hermann Göring, para reunirse con Adolf Hitler.

Asisten los 24 más importantes empresarios de Alemania, cabezas de los corporativos Krupp, Bayer, BASF, Simens, Telefunken, Agfa, Allianz, IG Farben, Varta y Opel.  Donan enormes fondos al gobierno de Hitler, para que se consolide. A cambio reciben contratos y el poder utilizar mando de obra esclava de los campos de concentración.
 
- El lugar (Tusquets Editores, 2020) es una novela de corte autobiográfico de Annie Ernaux (1940), Premio Nobel de Literatura 2022. La publica en 1983 y con ella se hace un lugar en el campo de las letras francesas y obtiene el Premio Renaudot.
 
La obra da cuenta de la vida familiar en los años de su juventud. Es la historia del difícil y modesto ascenso social de su familia. Del medio rural su padre pasa a la ciudad donde se contrata como obrero y con el paso de los años se convierte en propietario de una tienda-bar en un barrio pobre.
 
- El acontecimiento (Tusquets Editores, 2019) de Annie Ernaux (1940), Premio Nobel de Literatura 2022. En la novela da cuenta del aborto que tuvo cuando era una estudiante de la universidad.

La autora de manera desencarnada y directa habla de lo que vivió. Sola toma su decisión. Nadie la acompaña más que su propia voluntad de resolver todos los problemas para impedir tener una criatura no deseada. La única posibilidad es un aborto clandestino fuera del sistema de salud.
 
- Pura pasión (Tusquets Editores, 2019) Annie Ernaux (1940), Premio Nobel de Literatura 2022, la escribe en 1991. Esta, como lo son todas sus obras, es una novela de corte autobiográfico donde cuenta una relación apasionada con un hombre, que le resulta especialmente atractivo.

En la narración de la historia recurre a un diario durante el tiempo que dura su aventura con un extranjero y casado. En su obsesión no piensa más que en él y todos los días está a la espera de que le llame, para rencontrarse y hacer el amor.
  
- Liquidación (Alfaguara, 2004) es una obra del húngaro Imre Kertész (1929–2016, Budapest) que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2002. La publica en 2003 y narra lo que vivió en los campos de exterminio y también da cuenta de la realidad político y social de Hungría.

En 1944, a los 15 años, es deportado de su Hungría natal al campo de Auschwitz (Polonia) y luego al de Buchenwald (Alemania). En 1945 es liberado, puede irse a Francia, pero decide volver a Hungría. Su primer trabajo es de periodista y traductor.

- Memoria de mis putas tristes (Editorial Diana-Mondadori, 2004) de Gabriel García Márquez (1927-2014), Premio Nobel de Literatura 1982, narra en primera persona la historia de un periodista ya anciano, que vive en Barranquilla, Colombia.

La historia inicia cuando el anciano cumple 90 años y para festejarse decide regalarse tener relaciones sexuales con una virgen de 14 años. Ya en el prostíbulo ve a la adolescente de espaldas, acostada en la cama, completamente desnuda. Esa visión cambia su vida de manera radical.
 
- La velocidad de la luz (Editorial Tusquetes, 2005) es la quinta novela del español Javier Cercas.  Da cuenta de la historia de una amistad que inicia en 1987 en Estados Unidos. El narrador es el propio autor.
 
A este se le presenta la posibilidad de trabajar como profesor ayudante en la Universidad de Illinois, situada en Urban. Ahí conoce a Rodney Falk, compañero de oficina, excombatiente de Vietnam difícil de abordar y al mismo tiempo inteligente y lúcido. Entre los dos se establece una estrecha amistad centrada en la literatura.
 

El pleito de los Papas

papasRubén Aguilar Valenzuela
La iglesia católica romana vive una de las crisis más severas de su historia por los escándalos de pederastia y por su encubrimiento de parte de los obispos y del papa Juan Pablo II. La institución protegió durante décadas a sacerdotes y religiosos pederastas y maltratadores, política que puso en duda la calidad moral de la jerarquía y la confianza en la estructura eclesial.


A propósito de la pederastia se enfrentan dos grupos al interior de la Iglesia: los que quieren el secreto y seguir protegiendo a sacerdotes y obispos, sin importar sus crímenes, y los que abogan por la transparencia y la rendición de cuentas. Ambos grupos se parecen en que carecen de ideas progresistas y renovadas visiones teológicas, pero tienen posiciones distintas ante el compromiso de la ética pública.

El encubrimiento de Juan Pablo II
La política de Juan Pablo II frente a los sacerdotes pederastas se hizo evidente en una afirmación candorosa y terrible del cardenal Dario Castrillón, uno de sus colaboradores más cercanos. Durante un homenaje al pontífice en la Universidad Católica de Murcia, el pasado mes de abril, Castrillón dijo que en 2001 había enviado una carta de felicitación al obispo francés Pierre Pican por no haber denunciado ante la autoridad civil a un sacerdote pederasta que después fue condenado a 18 años de cárcel. Aquel reconocimiento, dijo el cardenal Castrillón, había tenido el visto bueno de Juan Pablo II, quien lo autorizó "enviar la carta a todos los obispos del mundo".

La carta del cardenal Castrillón decía: "Lo has hecho muy bien y estoy encantado de tener un compañero en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los obispos del mundo, habría preferido la cárcel antes que denunciar a su hijo sacerdote".

El obispo Pican fue condenado a tres meses de prisión por encubridor. El testimonio de Castrillón, quien durante una década fue prefecto de la Congregación para el Clero, es revelador de la política de aquellos años.

Durante todo su papado, el tercero más largo en la historia, Juan Pablo II se caracterizó por tratar de esconder los casos de los pederastas, el más llamativo de los cuales fue el de Marcial Maciel, y alentó a los obispos para que hicieran lo mismo. Nunca reconoció los hechos ni las denuncias. Tampoco pidió perdón a las víctimas y se negó a recibirlas. Ésa fue su política en la materia durante 26 años de papado. Para llevarla adelante contó con el apoyo de su equipo cercano, influyente todavía en la Curia Romana: Angelo Sodano, secretario de Estado; Eduardo Martínez Somalo, camarlengo papal; Stanislaw Dziwisz, secretario personal y Darío Castrillón.

Todos ellos, como lo ha probado el periodista estadunidense Jason Berry, recibieron cuantiosas cantidades de Maciel en forma de "donativos". Ahora se sabe que el único que no se dejó sobornar por los Legionarios fue el cardenal Joseph Ratzinger.

La disputa vaticana

Ratzinger era, sin duda, un hombre apreciado por Juan Pablo II, pero a medida que surge información se pone en claro que había tensión entre Ratzinger y los otros miembros del entorno papal. La fuerte respuesta vaticana a las afirmaciones de Castrillón la hace evidente. El portavoz de Benedicto XVI, el jesuita Federico Lombardi, aclaró de inmediato que ésa no era la posición oficial y dijo que había sido "muy oportuno" el cambio de competencia en el Vaticano para ver los asuntos de pederastia, es decir, el paso del manejo de esos asuntos de manos de Castrillón a las de Ratzinger.

La carta de Castrillón al obispo Pican es del 8 de septiembre de 2001. Meses antes, el 30 de abril de 2001, el Papa había firmado la carta apostólica Sacramentorum sanctitatis tutela, que obligaba a transferir los casos de pederastia a la Congregación para la Doctrina de la Fe, responsabilidad de Rat-zinger. Ratzinger envió el 18 de mayo la carta De delictis gravioribus a todas las diócesis del mundo, donde explicaba y agilizaba las normas de actuación, pero mantenía el "secreto pontificio", para impedir que cualquier otra persona conociera de las investigaciones.

La nueva función de Ratzinger y el contenido de la carta se interpretaron como que él se convertía en la "tapadera" oficial de la Iglesia, para evitar que se conocieran los crímenes de los sacerdotes pederastas. Surge ahora otra interpretación: ésa fue la manera que Ratzinger encontró para "arrebatar" a los otros miembros de la Curia Romana el manejo del problema.

El activismo de Ratzinger meses antes de la muerte de Juan Pablo II se hizo muy evidente. Unas semanas antes dirigió el tradicional viacrucis de Semana Santa en Roma. En la novena estación, al comentar la tercera caída de Jesús, dijo: "¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!". Él también se hizo cargo de la homilía que abrió el Cónclave para elegir al nuevo Papa. Planteó ahí las líneas maestras de lo que sería su papado si era elegido.

Muchos vaticanólogos señalan que si bien Ratzinger llegó con mucha fuerza al Cónclave que habría de elegirlo Papa, sus intervenciones en el viacrucis y la homilía resultaron fundamentales para que los cardenales se decidieran por él. Los convenció de que tenía la solución a la crisis moral de la Iglesia y a los problemas que la acechaban. El 19 de abril de 2005 los cardenales, más pastores que teólogos, eligieron al alemán como sucesor de san Pedro. Era el único de los 114 cardenales electores que había sido nombrado por Paulo VI y no por Juan Pablo II.

Son cada vez más los que piensan que Ratzinger es conservador, intransigente, inquisidor, pero no deshonesto, como muchos de sus colegas curiales que se habían dado a la tarea, con apoyo de Juan Pablo II, de esconder los casos de sacerdotes pederastas y de invitar a los obispos a que no los denunciaran a las autoridades civiles. Al inicio del papado de Benedicto XVI, el vaticanólogo de La Reppublica, Marco Politi, aseguró que de inmediato había enfrentado la resistencia de los funcionarios curiales que desde hacía años bloqueaban el funcionamiento de la Santa Sede en medio de la disputa interna por el poder.

La constante fuga de información de la Curia es, dicen los vaticanólogos, una reacción al malestar que provocan las decisiones y declaraciones de Benedicto XVI, que atentan contra una cultura y una manera de actuar. A los curiales romanos, defensores a ultranza del poder de la institución, les molesta que el Papa reconozca los problemas, los errores y la culpabilidad de la Iglesia. Roma vive una lucha tensa entre el grupo fiel a Juan Pablo II y el que Benedicto XVI intenta constituir con base en una docena de funcionarios curiales y el jesuita Lombardi, su portavoz.

El caso Maciel, que Ratzinger conoció a inicios de 1999, es clave en esta historia. A la acusación de los años cincuenta por abusos sexuales se añadió, como agravante, que Maciel dominaba la conciencia de sus víctimas mediante la dirección espiritual. Como sacerdote, Maciel había "absuelto" en confesión a sus seminaristas del "pecado" que habían cometido después de ser abusados por él mismo. En 1998 los delitos sexuales habían prescrito, pero no el de la "absolución del cómplice", una de las mayores faltas del Código Canónico: una violación al sacramento de la confesión y como tal una acción sacrílega.

Ratzinger, académico e intelectual conservador congruente con la ortodoxia, estaba convencido de las acusaciones porque las pruebas eran abrumadoras, pero decidió que no se podía enfrentar a Maciel, dada la relación de éste con Juan Pablo II, forjada a partir del dinero que el mexicano le conseguía para financiar la lucha contra el comunismo. Algunos vaticanólogos dicen, dándole el beneficio de la duda, que Ratzinger sabía que si actuaba obtendría de inmediato el rechazo del polaco. Esperó, entonces, que llegara su momento, que llegó, desde luego, cuando fue nombrado Papa. Lo demás ya se conoce.

El papado de Benedicto XVI

El cardenal Ratzinger estuvo a la cabeza de la Congregación de la Doctrina de la Fe por 24 años. Fue el "gran inquisidor" de los teólogos progresistas a quienes combatió sin tregua, lo mismo que su pontífice, pero hay evidencias de que tiene una posición distinta a la de Juan Pablo II en la lucha contra la pederastia.

Es Ratzinger quien se ha enfrentado a los miembros de la Curia Romana para cambiar radicalmente la manera de tratar el problema. Todo indica una voluntad real no sólo de deslindarse del pasado sino de entrar a una nueva etapa. Algunos especialistas hablan de una lucha en "solitario" contra una Curia refractaria llena de burócratas que no están dispuestos a cambiar ni a ceder sus concepciones y privilegios.

La estrategia de Benedicto XVI tiene tres elementos: reconocer el problema y ventilarlo; entablar cooperación con las autoridades civiles; acercarse a las víctimas y darles la razón. Todo en un nuevo lenguaje que no tiene miedo a llamar a las cosas por su nombre. El Papa habla sin ambages de los crímenes de los sacerdotes pederastas rompiendo con el tradicional lenguaje curial.

Él y su portavoz han estado en la primera línea de la lucha interna por hacer valer la nueva posición. Los dos, no la Secretaría de Estado a cargo del cardenal Tarciso Bertrone, son los que fijan la posición del Vaticano sobre ese tema. El Papa ha planteado lo que piensa en un texto fundamental, la carta a la Iglesia irlandesa de marzo 20 de 2010, que vale para toda la catolicidad, y en declaraciones en sitios y momentos precisos.

La carta reconoce la gravedad de los delitos y la respuesta inadecuada que han recibido de las autoridades eclesiales y afirma, en referencia directa a los obispos, que "en particular hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares". Y agrega:

No se puede negar que algunos de ustedes y de sus predecesores han fallado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas del derecho canónico sobre los delitos de abusos a niños. Se han cometido graves errores en las respuestas a las acusaciones. Se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de gobierno. Todos esto ha socavado gravemente su credibilidad y eficacia.

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A los sacerdotes pederastas les dice: "Deben admitir abiertamente su culpa y someterse a las exigencias de la justicia". Establece, por lo mismo, la necesidad de una acción urgente para contrarrestar los efectos "trágicos para la vida de las víctimas y sus familias, que han oscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución". A los obispos y sacerdotes asegura que "sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honradez y transparencia restablecerá el respeto del pueblo irlandés por la Iglesia...". En la carta anuncia que ha ordenado investigar a todas las diócesis donde se han registrado casos de sacerdotes que abusaron de menores. Es, aunque a destiempo, la primera vez que un Papa publica un texto centrado en el tema.

El canonista italiano Filippo di Giacomo sostiene que esta reprimenda a los obispos irlandeses tiene consecuencias inmediatas para interpretar el contenido del canon 401, artículo 2, que dice: "El obispo diocesano que, por enfermedad o grave causa, resulte no idóneo para ejercer el ministerio, es vivamente invitado a renunciar a su puesto". Queda ahora claro que la pederastia y su encubrimiento constituyen ya una "grave causa". El Papa se ha valido de ese canon para pedir la renuncia de algunos obispos implicados.

Un sector de la jerarquía y muchos miembros de la Curia Romana no terminan de aceptar la realidad y culpan a los medios de comunicación de la crisis que hoy vive la Iglesia. El Papa les ha salido al paso al tiempo que se deslinda del pasado. Este mayo, en el avión que lo llevaba a Lisboa en su visita a Portugal, dijo a los periodistas que lo acompañaban:

Los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera sino que el sufrimiento de la Iglesia viene justo del interior de ella, de los pecados que existen en la Iglesia [...] la mayor persecución no viene de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado dentro de ella.

Al portavoz del Papa, Federico Lombardi, le ha tocado también definir la nueva estrategia papal. En un congreso sobre comunicación, celebrado en abril pasado en el Vaticano, planteó: "Es hora de la verdad, la transparencia y la credibilidad... El secreto y la discreción no son valores que hagan un favor a la mayoría", y reiteró que la situación por la que atraviesa la Iglesia "es extremadamente exigente y nos pide que seamos absolutamente creíbles y verdaderos".
Luego, en una intervención en Radio Vaticano para anunciar el viaje del Papa a Malta, en mayo pasado, Lombardi sostuvo:

El Papa está dispuesto a reunirse con más víctimas... y, además, es necesario proseguir la colaboración con las autoridades civiles, competentes en los planos judicial y penal, teniendo en cuenta las especificidades jurídicas y de circunstancias en los diferentes países [y aseguró que esa] es la única forma que nos permitirá restablecer un clima de justicia y de plena confianza en la institución eclesial.

Al referirse a las víctimas planteó que "sobre todo hay que buscar la verdad y la paz para los ofendidos". Ya en Malta, después de la reunión del Papa con ocho víctimas, el portavoz dijo a la prensa que Ratzinger les había asegurado que la Iglesia

está haciendo y hará todo lo que esté de su parte para investigar las acusaciones, para llevar ante la justicia a los responsables de los abusos y para implementar medidas efectivas diseñadas para proteger a la gente joven en el futuro.

El doble crimen

La crisis de la iglesia apostólica romana es producto de hechos sucedidos en los últimos 60 años, pero que hasta ahora se conocen. A la gravedad de los abusos se añade, doble crimen, la protección dada por las autoridades eclesiales a los sacerdotes pederastas bajo el absurdo argumento de evitar el escándalo. Algunos obispos, con honrosas excepciones, trataron de esconder el problema, lo cual permitió que estos clérigos y religioso siguieran abusando de sus víctimas. La actuación de la Iglesia jerárquica no tiene justificación alguna. Los sacerdotes pederastas y los obispos que los protegieron deben ser juzgados por las autoridades civiles. El jesuita español Juan Masiá, profesor de bioética en Osaka (Japón), sostiene:

En el debate reciente de los casos de abusos sexuales por parte de clérigos o religiosos, el punto central es, a mi parecer, el del ocultamiento, apelando por una parte a la conciencia de algunas personas para imponer silencio y pagando el silencio de otros de diversas maneras. Este silencio inmoral es muy distinto al silencio ético de quien guarda un secreto profesional, por ejemplo, un abogado, un médico o un sacerdote al respetar la privacidad del cliente.

Dentro de la Iglesia forcejean dos tendencias con relación a la pederastia y sus secuelas: la que privilegia el ocultamiento y se niega a cooperar con las autoridades civiles, y la que sostiene la necesidad de transparencia, rendición de cuentas y cooperación con las autoridades civiles. Los hechos demuestran que Benedicto XVI es quien impulsa la segunda iniciativa. Están ahí sus declaraciones, pero también la suspensión de sacerdotes y obispos. Es probable, que ante la gravedad de los hechos, el Papa se haya visto obligado a tomar esa decisión. Algunos vaticanólogos plantean que no tenía otra alternativa.

Se puede criticar al cardenal Ratzinger por no haber actuado con decisión cuando estuvo a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe. De eso no hay duda, pero ahora es evidente que definió con claridad su posición y trabaja a favor de ella. Con su actuación está logrando romper el secretismo, que es la forma en la que siempre han actuado los burócratas de la Curia Romana. El problema que enfrenta la Iglesia remite al tema de la ética pública, a la honradez que se pide a todo el que ejerce una función institucional, sea civil o religiosa.

Los jesuitas checos en la Nueva España

Rubén Aguilar Valenzuela
Los jesuitas checos en la Nueva España: 1678-1767 (Universidad Iberoamericana, 1991) es una obra de Oldrich Kašpar, profesor titular en la Universidad de Carolina de Praga en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía.
 
El autor hace un recorrido por la vida y el trabajo de los jesuitas del Reino de Bohemia, que misionaron en el norte de México, en lo que ahora es la Baja California Sur y Chihuahua en el periodo que de 1678 a 1767, este último el año que expulsan a los jesuitas de la Nueva España.
 
A partir de 1664, la Corona Española permite que en sus territorios de América puedan incorporarse al trabajo sacerdotes y religiosos que procedentes de los territorios de los Habsburgo austríacos, entre los que se encontraba el Reino de Bohemia.

Hacia América se trasladaron varias decenas de misioneros de los países de la Corona Checa, es decir, Bohemia, Moravia y Silesia, de los que un tercio hablaba checo y los otros alemán.

Kašpar, doctor en Filosofía por la Universidad de Palacký, en Olomouc, República Checa, registra que el primer grupo de jesuitas checos partió de Bohemia en 1678 hacia la Nueva España.

Desde un principio los misioneros checos destacaron por su entrega y coraje en el trabajo en las inmensas tierras del norte de México.

Estos jesuitas a más de su labor religiosa, entre otras cosas, realizaron estudios de los pueblos indígenas y de la naturaleza, hicieron libros y pintaron el paisaje humano y natural.

Misionaron al estilo de la Compañía de Jesús cuya estrategia contemplaba la labor pastoral, pero también la propia del desarrollo económico, social y cultural de los indígenas.

A la primera oleada de jesuitas checos hacia la Nueva España, a finales del siglo XVII, al inicio del siglo XVIII ocurre una segunda todavía mayor.
 
Es cuando a más de las misiones en el norte y el noroeste del país (Sinaloa, Sonora, Durango y Chihuahua) se empiezan a fundar las misiones en lo que ahora es la Baja California Sur.

Después de la expulsión estos jesuitas regresan a los países de la Corona Checa (Bohemia, Moravia y Silesia) y se incorporan al trabajo en parroquias, colegios y universidades.

Kašpar ha trabajado la historia de México y entre sus obras están Cuentos, mitos y leyendas del México Antiguo (2004), El Nuevo Mundo y el corazón de Europa y La civilización azteca en las bibliotecas checas (1997)

Los jesuitas checos en la Nueva España: 1678-1767
Oldrich Kaspar
Universidad Iberoamericana
México, 1991
pp. 129

La farsa del arte


Rubén Aguilar Valenzuela
 
Del director sueco Ruben Östlund es la película The Square. La farsa del arte (Suecia, 2017). En ella Christian (Claes Bang) es curador jefe de una galería de arte contemporáneo en Estocolmo.
 
Se hace cargo de la curaduría de una instalación que pretende fomentar los valores humanos. Un cuadro en el pisón de una plaza pública, delimitado por luz blanca, dice: "The Squarees un santuario de confianza y atención. Dentro de sus límites, todos compartimos derechos iguales y obligaciones".
 
La pieza, creada por la argentina Lola Arias, concentra los ideales que deberían regir al mundo y también, del hombre que apostó por ella para colocar su obra donde ahora está.
 
Christian para el lanzamiento de esta instalación conceptual contempla una campaña promocional agresiva, directa e iconoclasta.
 
Incluye a una niña volando en pedazos y a un actor actuando como primate mientras acosa a mujeres en una cena benéfica.
 
El galerista siempre aparece como una persona segura y exitosa, pero poco a poco nos vamos a encontrar con quien realmente es.
 
Un día le roban el móvil y la cartera en la calle, incidente que tendrá más consecuencias de las que se podría esperar. A partir de entonces se suceden una cadena de hechos fatales que llegan a ser mayores.
 
Aparece un hombre inseguro que resulta incapaz, por ejemplo, de dar buenas explicaciones al ser cuestionado por el texto curatorial de la instalación.
 
Desconfianza de todos y teme ser engañado por las mujeres de su órbita de trabajo entre ellas su jefa, de la que huye constantemente.
 
La película se convierte en la disección de la farsa que es Christian, al aparecer el verdadero, que es inseguro y temeroso.
 
Östlund a través del galerista ridiculiza a los hombres que detentan el poder. Viven detrás de una máscara que los protege y que los hace aparecer lo que no son.
 
La instalación y lo que la rodea termina por convertirse en una tragedia y simultáneamente en una farsa. Al mismo tiempo son las dos cosas.
 
Provoca el desasosiego y también la carcajada. Todo depende de la posición que tome el espectador ante esta y otras situaciones.
 
El director, se vale del personaje de Christian, para ir más allá. Es una crítica a la sociedad y la cultura occidental y su manera contradictoria de ver las cosas.
 
La crítica elogia el trabajo de Ruben Östlund, que sin salir de Suecia, ha construido una de las filmografías más interesantes, inteligentes y arriesgadas de la Europa del siglo XXI.
 
De la película la crítica dice que es una obra potente que explora de manera provocativa los límites de la corrección política, la libertad artística y de expresión.
 
Se dice también que es una sátira sobre la falsedad del mundo del arte contemporáneo y los museos metidos en los negocios.
 
The Square, la quinta película de Östlund, ganó en 2017, la Palma de Oro en el Festival de Cannes como mejor película. Y en el Festival de Cine Europeo ganó seis premios entre ellos como mejor película y mejor director.
 
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The Square: La farsa del arte
Título original: The Square
Producción:  Suecia, 2017
Dirección: Ruben Östlund
Guion: Ruben Östlund
Fotografía: Fredrik Wenzel
Música:
Actuación: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg (...)

 

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