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La dictadura de Nicaragua persigue a los jesuitas

Rubén Aguilar Valenzuela

Son ya años que la dictadura de Nicaragua, que encabezan Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, la “pareja imperial”, como le decía el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, persigue a la Iglesia.

Ahora su acción ha ido en contra la Compañía de Jesús. El pasado 19 de agosto, la policía invadió y después desalojó de su casa a los jesuitas que trabajaban en la Universidad Centroamericana (UCA). No les dejó llevar ninguna de sus pertenencias.

Día antes, el 16 de agosto, las fuerzas de seguridad del régimen arrebataron a los jesuitas la UCA con todos su bienes materiales y económicos, bajo la acusación de que la universidad era un “centro terrorista”.

La UCA, desde su fundación en 1960, durante los años de la dictadura somocista, ha sido la mejor universidad del país como se reconoce a nivel nacional e internacional. Nicaragua pierde ese centro de estudios.

El único, como se reconoce, que todavía mantenía la producción de pensamiento libre y crítico e impulsaba una formación universitaria que pudiera ser calificada como tal.

Los centros educativos, también las universidades, gestionados por el gobierno son ahora espacios de adoctrinamiento ideológico de muy bajo nivel académico.

El pensamiento independiente y libre, como el que impulsaba la UCA, en la Nicaragua de la dictadura fascista de Ortega y Murillo, se convierte en acto “terrorista” y la universidad, por lo mismo, en un “centro terrorista”.

El futuro de toda la educación en Nicaragua, la universitaria en particular, se ve como un absoluto desastre. El país se queda sin la formación de profesionales capacitados que requiere la sociedad.

La persecución a Iglesia implica la violación de los derechos humanos fundamentales signado en la Carta de Naciones Unidas, como la libertad religiosa y la libertad de expresión.

El golpe a los jesuitas, a la UCA, el mayor centro de pensamiento del país, es avanzar por el camino de la barbarie y volver a la época de las cavernas.

La dictadura fascista está dispuesta a todo, al más absoluto de los oscurantismos, por mantenerse en el poder. De eso se trata. ¿Hasta cuándo?

Ejército distorsionado

Rubén Aguilar Valenzuela

Días atrás pude platicar con un militar de alto rango, en condición de retiro, que en su tiempo de activo ocupó posiciones relevantes en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Me dijo que tanto en los militares en activo como entre los que están en retiro crece el número de quienes piensan que, en la actual gestión de la Sedena, el “Ejército se ha distorsionado”.

En el Diccionario de la lengua de la Real Academia Española (RAE) se ofrecen tres maneras de entender el término distorsión, pero hacen relación a lo mismo que es una “deformación” de lo que antes era.

El militar me dijo que en una acción conjunta el presidente, comandante en jefe del Ejército, y el secretario de la Defensa, han “distorsionado” a la institución. Ya no es lo que antes era.

Y ya no lo es, me insistió, tanto desde su concepción como desde su accionar. El Ejército ya no es la institución del Estado con una misión y responsabilidad única, sino una dependencia administrativa más dentro de otras muchas.

El Ejército, por lo mismo, ha perdido el centro de su misión histórica, la razón para lo que fue creado, que es la garantía de la seguridad nacional, la defensa de la Constitución y la democracia. Su concepción se ha “distorsionado”.

A partir de esa “distorsión”, la institución asume una serie de responsabilidades y actividades, que antes no tenía, que la convierten en una instancia “mil usos”, para uso discrecional del comandante en jefe.

La Sedena es ahora una oficina de la presidencia, una súper secretaría, al mando directo del comandante en jefe, no del secretario, que la utiliza como más le conviene en el marco de su proyecto personal y de sus planes.

La institución armada ha perdido identidad y con ello, rumbo. Se ha desdibujado. Ahora hace de todo, tiene asignada más de 250 tareas.

Su nueva concepción e identidad es la de una secretaría “mil usos”, a disposición del comandante en jefe. Ahora, el secretario de la Sedena es solo un operador de su superior jerárquico, el general de cinco estrellas.

En opinión del militar en retiro con el que me entrevisté, solo podrá haber un cambio en el proceso degradante de “distorsión” de la concepción y práctica del Ejercito, con la llegada de un nuevo comandante en jefe y secretario de la Defensa.

Museo de la Revolución (La Habana, Cuba)

Rubén Aguilar Valenzuela

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Historia

El museo fue creado el 12 de diciembre de 1959 por decreto del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, firmado por el ministro Raúl Castro.

En un principio se alojó en el Castillo de la Punta y en la base del Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución y es el 4 de enero de 1974 que se inaugura en su actual sede, el antiguo Palacio Presidencial.

La base de la colección inicial es un material que reúne  Celia Sánchez Manduley (1920-1980), que fue combatiente del Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra y la primera mujer que se une a la guerrilla. 

Edificio

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Parte posterior.

 

En 1909 el general Ernesto Aubert, entonces gobernador de La Habana, decide construir una nueva sede para el Gobierno Provincial. El proyecto es obra de los arquitectos Rodolfo Maruri (cubano) y Paul Belau (belga) y la responsabilidad de la  construcción la General Contracting Company.

El estilo es ecléctico con elementos neoclásicos y la decoración interior estuvo a cargo de Tiffany Studios de Nueva York. La cúpula que corona el edificio, está recubierta con piezas de cerámica vidriada.

En el palacio hay pinturas y esculturas de artistas cubanos como Armando García Menocal, Antonio Rodríguez Morey, Jilma Madrea, Leopoldo Romañach, Esteban Valderrama, Juan Emilio Hernández Giró, Teodoro Ramos, Fernando Boada y Esteban Betancourt.

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Patio interior. 

A fines de 1917, la primera dama de la República, Mariana Seva, visita las obras y queda impresionada con el edificio. Mario García Menocal, su esposo y presidente del país, utiliza argucias legales y despoja al Gobierno Provincial de la propiedad.

A inicios de 1920 el edificio se convierte en Palacio Presidencial de Cuba. En ese año se inaugura, pero la totalidad de las obras se concluyen hasta marzo de 1921.

Después del triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, y hasta 1965, aquí estuvieron la Presidencia y el Consejo de Ministros. A partir de 1974 es sede del Museo de la Revolución. En 2010 fue declarado Monumento Nacional. En 1976 se construye el Memorial Granma como dependencia anexa en la plaza al frente del edificio.

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Aquí el busto de José Martí, la bandera y los impactos de balas de los sucesos del 13 de marzo de 1957 cuando un grupo de jóvenes del Directorio Revolucionario asaltan el palacio con el propósito de ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.

Colección

En 30 salas se exponen 9000 piezas de las distintas etapas de la lucha de Cuba por su independencia y soberanía.

- Planta baja

Sala que se dedica a los 45 años en que el inmueble actuó como Palacio Presidencial y la historia de su transformación en museo. Se presenta la gestión de los presidentes de 1920 a 1965. Se recuerdan las acciones del 13 de marzo de 1957. Una sala se dedica a la Cuba contemporánea, que abarca de 1990 hasta la actualidad.

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- Primer piso

La historia de la Revolución Cubana, abarca de 1959 a 1989. Se pone énfasis en la etapa de los primeros años después del triunfo, cuando se realizan las principales transformaciones socioeconómicas y se hace frente al intento de invasión de Playa Girón. La Crisis de Octubre, la de los misiles.

En esta área del edificio se encuentran el Salón de los Espejos y el Salón Dorado, la capilla, el despacho presidencial y el salón del Consejo de ministros.image011.jpg

- Segundo piso

En cuatro salas se hace un recorrido por la historia de Cuba, que inicia con la Colonia, desde 1492 cuando llegan los españoles a la isla, hasta 1898, año en que se produce el fin de las guerras de independencia contra España y la intervención de los Estados Unidos. 

La última etapa es la Guerra de Liberación Nacional, con los sucesos del 26 de julio de 1953, fecha del asalto al cuartel Moncada, que se proponía derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. Acción que abre el camino de la lucha que tres años después se reinicia con la llegada del Granma el 2 de diciembre de 1956, la formación y consolidación del Ejército Rebelde, y las acciones que se extenderían por el llano y la Sierra Maestra.

El último de estos espacios es la Sala Memorial dedicada a los comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, donde se encuentra ubicado el conjunto escultórico dedicado a ambos.image013.jpg

- Áreas exteriores

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La entrada principal del museo está flanqueada por dos elementos emblemáticos: los restos de la garita del Ángel, parte de la muralla que rodeaba a La Habana en la época colonial, y el cañón autopropulsado SAU-100 utilizado por Fidel Castro durante los combates de Bahía de Cochinos.

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Fuera del edificio se encuentra el Memorial Granma, donde hay piezas históricas vinculadas a la guerra de liberación nacional, entre ellas, el yate Granma, en el viajan a Cuba, desde el puerto mexicano de Tuxpan, los 82 expedicionarios cubanos que darían una vez más inicio a la lucha por la definitiva independencia nacional.

 

Memorial de noche.

 

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Comentario

El edificio es una muy buena construcción del inicio del siglo XX. El estilo ecléctico, donde domina el neoclásico, es elegante. Destaca la cúpula y los grandes ventanales.

La decoración interior es muy buena. Es un ejemplo de la arquitectura que se hacía en Cuba en esos años. Hay otros buenos edificios de la época.  

El museo se dedica al desarrollo de la larga historia de Cuba por su independencia, desde la conquista, a finales del siglo XV, a la Revolución cubana, que triunfa en 1959.

Se centra en esta etapa y destaca el papel de los revolucionarios del Movimiento 26 de Julio liderados por Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

Se exhiben una gran cantidad de objetos y documentos. Hay fotografías, armas, pertenencias personales, ropa y distintos tipos de vehículos, que incluye tanques. 

Es un museo muy importante, para entender como los revolucionarios que asumen el poder a la caída de la dictadura de Fulgencio Batista entienden la historia de Cuba y su papel en ella.

@RubenAguilar

Fuerzas Armadas, Estado de sitio

Rubén Aguilar

Como si México estuviera en riesgo extremo la seguridad nacional o a punto de ser invadido, las Fuerzas Armadas, el Ejército y la Marina se “toman” y hacen cargo de los aeropuertos del país. Ya están bajo su control 14 de ellos.

La administración del presidente Andrés Manuel López Obrador argumenta la “seguridad” como la más importante razón para entregar a las Fuerzas Armadas el control de los aeropuertos civiles.

El más importante que tiene el país, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, de la Ciudad de México, está ahora a cargo de la Secretaría de la Marina Armada de México (SEMAR). Por él pasan al año cerca de 50 millones de pasajeros.

Los marinos, que deberían estar vigilando las aguas territoriales de México, ya tienen bajo su control siete aeropuertos: Ciudad de México; Ciudad del Carmen, Campeche; Ciudad Obregón y Guaymas, en Sonora; Matamoros, Tamaulipas; Loreto, Baja California Sur; Acapulco, Guerrero, y Toluca, Estado de México.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) administra, en algunos casos es propietaria, los aeropuertos Felipe Ángeles, Estado de México; Chetumal, Quintana Roo; Campeche, Campeche; Puebla, Puebla y Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Ahora está en construcción un nuevo aeropuerto en Tulum, Quintana Roo, que estará a cargo del Ejército y que entrará en operaciones en 2024. Se estima que podrá recibir 5 millones 500 mil pasajeros al año.

En tiempos de paz no debe haber un país en el mundo donde el Ejército y la Marina tengan a su cargo tantos aeropuertos civiles en lugares estratégicos.

Al parecer, en el análisis que hace el actual gobierno, los problemas de seguridad nacional son de tal magnitud, que es necesario entregar a las Fuerzas Armadas el control de los aeropuertos y también, por cierto, de los puertos.

Que soldados y marinos se hagan cargo de estructuras civiles estratégicas hace relación, se quiera o no, al Estado de sitio. Son las Fuerzas Armadas en directo quienes gestionan esos espacios públicos.

La idea del actual gobierno es que las Fuerzas Armadas sigan siendo las responsables de estas estructuras civiles y para eso en 2022 se creó el grupo aeroportuario, ferroviario y de servicios auxiliares Olmeca–Maya–Mexica, a cargo de la Sedena.

Desde ya los soldados y marinos añaden a sus tareas de seguridad nacional, ahora es parte de ella, la administración de estructuras que el actual gobierno considera no deben ser gestionadas por civiles sino solo por militares. En los hechos vivimos en un Estado de sitio.

Museo de Vagones de Carga

Rubén Aguilar Valenzuela

Santa Clara, Cuba

 Historia 

El 29 de diciembre de 1958, la columna Número 8 “Ciro Redondo”, al mando de Ernesto Che Guevara, descarrila un tren blindado con 350 soldados abordo, con una excavadora y cócteles molotov caseros. Acción decisiva para poner fin a la dictadura de Fulgencio Batista, que después de la caída de Santa Clara huye del país.  

Monumento

 

El 29 de diciembre de 1971 se erige un monumento a cargo del escultor Ramón Rodríguez Limonete (1942) y en 1986 el conjunto adopta una nueva forma con una obra del escultor José Delarra (1938-2003). Desde 1990 es Monumento Nacional.

El monumento está en el lugar del descarrilamiento, asalto y toma del tren blindado. Es un área de 50 metros de ancho por 200 metros de fondo. El complejo, lo conforman cinco elementos escultóricos que representan las acciones realizadas por los rebeldes, así como cuatro vagones originales y el buldozer utilizado para levantar la vía férrea.

Los vagones, ambientados en su interior, muestran fotos de los acontecimientos, así como pertenencias de las fuerzas que participaron en la contienda, y armas similares a las capturadas al enemigo.

 

Comentario

Es un monumento – museo, en el sitio donde ocurrieron los hechos. Se conmemora el ataque del 29 de diciembre de 1958 de la columna Número 8 “Ciro Redondo”, al mando del comandante Ernesto Che Guevara, que descarrila un tren blindado con soldados, acción decisiva para poner fin a la dictadura.  

En 1971 se levanta un monumento obra del escultor Ramón Rodríguez Limonete (1942) y en 1986 el conjunto adopta una nueva forma con la obra del escultor José Delarra (1938-2003). El conjunto escultórico de cemento tiene una gran fuerza dramática.  

Al interior de los vagones del tren descarrilado se muestran fotos de los acontecimientos, pertenencias de las fuerzas que participaron en la contienda, y armas similares a las capturadas al ejército.

@RubenAguilar

Página 69 de 201