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Las religiones en el Censo 2020

Rubén Aguilar Valenzuela
La semana pasada el INEGI dio a conocer los resultados del Censo 2020. El total de la población es de 126 millones y el país ocupa el lugar once a nivel mundial en número de habitantes, que es el mismo sitio que tenía en el censo anterior.
 
En 2010 la población era de 112 millones y en 2000 de 97.5 millones. Ahora el 51.2 % son mujeres y el 49.8 % hombres. En números absolutos son 3.0 millones más de mujeres.
 
La edad mediana es de 29 años, en 2010 era de 26 años y en 2000 de 22 años. La población envejece, pero todavía es muy joven con relación a otros países del mundo desarrollado. El bono demográfico sigue presente.
 
La Ciudad de México tiene 9.2 millones de habitantes y la edad mediana es de 35 años, la más alta del país. En Chiapas con 5.5 millones de habitantes la población mediana es de 24 años, la más joven de todos los estados.
 
Del total de la población 97.8 millones se dice católica, esto es el 77.7. % de la población. En 2010 era el 82.7 %. En la última década hay una reducción de 5.0 puntos porcentuales.
 
Se asumen como protestantes-cristianos evangélicos 14 millones que es el 11.2 % de la población. En 2010 eran el 7.5 %. En la última década hay un crecimiento de 3.7 puntos porcentuales.
 
Los que se dicen no tener ninguna religión suman 10.2 millones, que es el 8.1 % de la población. En 2010 era el 4.7 %. En la última década hay un crecimiento de 3.4 puntos porcentuales.
 
Quienes se asumen como creyentes sin adscripción a una religión son 3.1 millones, que es el 2.5 % de la población. No existe el dato de 2010 porque no se contempló este rubro.

En el apartado otras religiones, sin especificar denominación, hay 70 mil. Se asumen como judíos 59 mil, practicantes de cultos de raíces afro 41 mil, espiritualistas 37 mil, practicantes de cultos de raíces étnicas 33 mil e islámicos 7 mil. El agrupamiento de todas estas expresiones religiosas representa el 0.2 % del total de la población. En 2010 era el 2.4 %.
 
El Censo 2020 muestra que en la última década en términos porcentuales disminuye el catolicismo (5.0 %) y el grupo que se considera de las otras religiones (2.2 %). Y que crecen los protestantes-cristianos evangélicos (3.7 %) y los que dicen no tener religión (3.4 %).

El Censo 2020, más allá de los discursos

Rubén Aguilar Valenzuela

La semana pasada se dieron a conocer los resultados del Censo 2020 que realiza el INEGI. Más allá de los discursos y las posturas ideológicas y políticas ofrece, con datos duros, una panorámica de la realidad del país comparada con las dos últimas décadas.
 
El total de la población es de 126 millones y el país ocupa el once lugar a nivel mundial que es el mismo sitio que tenía en el censo anterior. En 2010 la población era de 112 millones y en 2000 de 97.5 millones. El 51.2 % son mujeres y el 49.8 % hombres. En números absolutos son 3.0 millones más de mujeres. 
 
Los diez estados más poblados son el Estado de México, Ciudad de México, Jalisco, Veracruz, Puebla, Guanajuato, Nuevo León, Chiapas, Michoacán y Oaxaca. Los diez menos poblados son Colima, Baja California Sur, Campeche, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Quintana Roo y Morelos.

La edad mediana es de 29 años, en 2010 era de 26 años y en 2000 de 22 años. La población envejece, pero todavía es muy joven con relación a otras economías en el mundo. El bono demográfico sigue siendo una realidad que debe aprovecharse.

El promedio de la tasa de fecundidad es de 2.1 hijos, en 2010 era de 2.3 y en 2000 de 2.6. Y la tasa de crecimiento poblacional de 1.2 contra 1.4 en 2010 y 1.9 en 2000.

En el país viven 1.2 millones de personas que nacieron en otros países. En 2010 era 961 mil. En Estados Unidos 797 mil, en Guatemala 56 mil y en Venezuela 53 mil. En otras naciones 305 mil. Es solo el 1.0 % de la población, que es una proporción muy pequeña con relación a otros países.

Al interior del país los seis estados con mayor atracción poblacional son Quintana Roo, Baja California Sur, Querétaro, Nuevo León, Baja California y Yucatán, que en razón de su éxito económico atraen población de otros estados. Los seis estados que más expulsan a su población son Guerrero, Tabasco, Veracruz, Ciudad de México, Chiapas y Campeche.

Del total de la población 11.8 millones se identifica como indígena. De ellos 7.3 millones habla alguna lengua indígena que es el 6.1 % de la población. En 2010 eran 6.9 millones y representaban el 6.6 %. Crece marginalmente el número de los hablantes, pero disminuye su proporción en el conjunto de la población. Se asumen como afrodescendientes 2.5 millones que es el 2.0 % de la población.

Son 20.8 millones, el 16.5 % de la población, que tiene alguna limitación, discapacidad o problema mental. En el primer caso son 13.9 millones (11.1 %), en el segundo 6.1 millones (4.5 %) y en el tercero 1.5 millones (1.3 %).

La tasa de analfabetismo es del 4.5 % contra el 6.9 % en 2010 y 9.5 % en 2000. En los últimos 20 años se ha reducido en prácticamente la mitad. Hay 2.6 millones de mujeres analfabetas frente a 1.7 millones de hombres. En total 4.4 millones.

El promedio de escolaridad es de 9.7 años contra 8.6 años en 2010 y 7.5 años en 2000. En veinte años el promedio de la escolaridad ha crecido en 2.2 años. En 2020 el nivel de escolaridad de hombres (9.8 %) y de mujeres (9.6 %) es prácticamente igual.

La tasa de participación económica de la población creció al pasar de 49.3% en 2000 a 52.6% en 2010 y a 62.0% en 2020. El aumento en los últimos 20 años es de 17.7 %. Esto por la incorporación de mujeres a la actividad económica que creció en 3.4 % de 2000 a 2010 y en 15.7 % en los últimos diez años.

La población no activa económicamente es de 37.8 millones. De ésta 43.9 % se dedica a los quehaceres del hogar; 35.7 % son estudiantes; 9.0 % pensionados o jubilados; 8.6 % otras actividades no económicas y 3.5 % tiene limitación física o mental permanente que les impide trabajar.

Son 92.5 millones la población que está afiliada a alguna institución de salud: 51 % al IMSS; 35.5 % al INSABI; 7.7 % al ISSSTE; 2.8 % instituciones privadas; 1.3 % PEMEX, Ejército y Marina; 1.2 % otras instituciones; 1.1 % ISSSTE-Estatal; y 1.0 % IMSS-Bienestar. En los últimos 20 años ha habido un incremento en la cobertura de salud a partir sobre todo del Seguro Popular hoy INSABI.

Se dicen católicos 97.8 millones que es el 77.7. % de la población. En 2010 era el 82.7 %. Se asumen como protestantes-evangélicos 14 millones que es el 11.2 % de la población. En 2010 era el 7.5 %. Son 10.2 millones, el 8.1 %, que dice no tener religión. En 2010 era el 4.7 %. Creyentes sin adscripción religiosa son 3.1 millones, el 2.5 %. Otras religiones son el 0.2 % de la población. En 2010 era el 2.4 %.

El total de las viviendas es 35.2 millones, en 2010 eran 28.6 millones y en 2000 21.9 millones. El promedio de habitantes por vivienda es de 2.6 contra 3.9 en 2010 y 4.4 en 2000. El 77.6 % dispone de agua entubada en la vivienda frente al 69.5 % en 2010 y 57.8 %. En los últimos 20 años crece en 20 puntos porcentuales.

Está conectado al drenaje público el 78.1 % contra el 72.1 % en 2010 y 63.5 % en 2000. El crecimiento en 20 años es de 14.6 puntos porcentuales. Con relación al equipamiento las viviendas con refrigeradores crecieron de 82.1 % en 2010 a 87.6 % en 2020; con lavadoras de 66.4 % a 72.8 % y carros de 44.2 % a 46.5 %.

Con relación a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) el acceso a los celulares pasó de 65.1% a 87.5%, el acceso a internet de 21.3% a 52.1% y tener computadora de 29.4 % a 37.6%. El 47.4 % tiene en su casa horno de microondas; el 43.3 % televisión de paga; el 18.8 % está suscrito al servicio de películas en línea y en 11.2 % tiene consola de juegos.

Los indicadores del Censo 2020 muestran que hay un avance en todos los campos. La calidad de vida de una década a otra se ha incrementado de forma considerable. Es el caso de la cobertura de salud y educación y también en lo que hace a satisfactores en el hogar y el acceso a las TIC.

Siempre se puede mejorar y avanzar con mayor velocidad en garantizar la cobertura de más y mejores servicios. Los retos son todavía muchos. Habrá que ver si en los próximos diez años se sostiene esta tendencia e incluso se pueda acelerar. 

Relación familiar  

Ruben Aguilar Valenzuela 
El sol que abrasa (Taiwán, 2019) es el quinto largometraje del director taiwanés Chung Mong-hong. Es un drama familiar que también contempla los problemas intergeneracionales.

La familia está integrada por A-Wen (Chen Yi-wen), el padre, que trabaja como instructor de manejo, la madre, que trabaja en un salón de belleza, y dos hermanos A-Hao (Greg Hsu) y A-Ho (Wu Chien-ho).

A-Ho es agresivo y siempre ha tenido problemas. Un día junto con un amigo ingresan a un restaurante, para intimidar a un comensal que lo molesta.

El amigo corta la mano de esa persona, de la que salen borbotones de sangre, que cae en una sopera. Es una escena particularmente violenta.

La película después no sigue ese tono, pero sí da lugar a otro tipo de violencia. Los jóvenes agresores son llevados a prisión.

A-Hao, el hermano, es un joven estudioso y amable que se lleva bien con todos. Su generosidad es muy grande y todos se lo reconocen.

Ayuda a la novia de su hermano, para que lo pueda ver en la cárcel. Ella es una quinceañera que espera un hijo de A-Ho. Ahora vive en la casa de sus suegros.

El padre está muy molesto con su hijo y está de acuerdo en que haya sido encarcelado. A-Ho en la cárcel se casa con su novia, para que esta pueda visitarlo.

A-Hao, al que todos quieren y admiran, se suicida. Nunca nadie hubiera esperado que tomara esa decisión. Su razón es que no se siente bien en el mundo.

Al salir de la cárcel, donde ha madurado, A-Ho toma dos decisiones: iniciar una nueva vida lejos de la agente con la que antes se relacionaba e intentar acercarse a su padre.

Este mantiene una distancia total de su hijo al que no quiere ver. No lo acepta porque no es lo que imaginó. Siempre hizo la comparación entre los hermanos.

A-Ho tiene dos trabajos, para sacar adelante a su mujer y a su hijo. En uno lava carros y en el otro administra una tienda que abre de noche.

El amigo que cortó la mano del joven que querían intimidar sale de la cárcel. Se presenta en el trabajo de A-Ho, para que le haga algunos servicios como sicario.

La vida que en los últimos años ha construido A-Ho entra en crisis. Su amigo de antes lo obliga a cada vez hacer más cosas que no quiere y ponen en riesgo su vida y lo que ha logrado junto con su familia.

El joven que lo presiona desaparece y solo después nos enteramos que ha sido asesinado por el padre de A-Ho, que se ha dado cuenta de la situación que vive su hijo.

Se lo confiesa a su esposa que le reclama que no hace nada por su hijo. De manera callada ha llegado a tal extremo, precisamente para salvarlo.

La narrativa es muy potente y convincente. Describe el drama familiar sin ningún tipo de sentimentalismos o juicios morales. Las cosas suceden.

Los actores representan a sus personajes con naturalidad y fuerza. Son creíbles. La construcción psicológica de cada uno de ellos está muy bien lograda.

La película penetra en la intimidad de las personas y de la vida familiar. Aborda con sutileza una gama amplia de sentimientos humanos que van del amor al odio, de la violencia a la ternura, de la desesperación a la esperanza.

El sol que abrasa
Título original: Yang guang pu zhao (A Sun)
Producción: Taiwán, 2019

Dirección: Chung Mong-hong
Guion: Chung Mong-hong y Chang Yaosheng
Fotografía: Chung Mong-hong
Música: Lin Sheng-xiang
Actuación: Chen Yi-Wen, Samantha Ko, Wu Chien-Ho, Liu Kuan-Ting

El Censo 2020, más allá de los discursos

Rubén Aguilar Valenzuela

La semana pasada se dieron a conocer los resultados del Censo 2020 que realiza el INEGI. Más allá de los discursos y las posturas ideológicas y políticas ofrece, con datos duros, una panorámica de la realidad del país comparada con las dos últimas décadas.
 
El total de la población es de 126 millones y el país ocupa el once lugar a nivel mundial que es el mismo sitio que tenía en el censo anterior. En 2010 la población era de 112 millones y en 2000 de 97.5 millones. El 51.2 % son mujeres y el 49.8 % hombres. En números absolutos son 3.0 millones más de mujeres. 
 
Los diez estados más poblados son el Estado de México, Ciudad de México, Jalisco, Veracruz, Puebla, Guanajuato, Nuevo León, Chiapas, Michoacán y Oaxaca. Los diez menos poblados son Colima, Baja California Sur, Campeche, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Quintana Roo y Morelos.

La edad mediana es de 29 años, en 2010 era de 26 años y en 2000 de 22 años. La población envejece, pero todavía es muy joven con relación a otras economías en el mundo. El bono demográfico sigue siendo una realidad que debe aprovecharse.

El promedio de la tasa de fecundidad es de 2.1 hijos, en 2010 era de 2.3 y en 2000 de 2.6. Y la tasa de crecimiento poblacional de 1.2 contra 1.4 en 2010 y 1.9 en 2000.

En el país viven 1.2 millones de personas que nacieron en otros países. En 2010 era 961 mil. En Estados Unidos 797 mil, en Guatemala 56 mil y en Venezuela 53 mil. En otras naciones 305 mil. Es solo el 1.0 % de la población, que es una proporción muy pequeña con relación a otros países.

Al interior del país los seis estados con mayor atracción poblacional son Quintana Roo, Baja California Sur, Querétaro, Nuevo León, Baja California y Yucatán, que en razón de su éxito económico atraen población de otros estados. Los seis estados que más expulsan a su población son Guerrero, Tabasco, Veracruz, Ciudad de México, Chiapas y Campeche.

Del total de la población 11.8 millones se identifica como indígena. De ellos 7.3 millones habla alguna lengua indígena que es el 6.1 % de la población. En 2010 eran 6.9 millones y representaban el 6.6 %. Crece marginalmente el número de los hablantes, pero disminuye su proporción en el conjunto de la población. Se asumen como afrodescendientes 2.5 millones que es el 2.0 % de la población.

Son 20.8 millones, el 16.5 % de la población, que tiene alguna limitación, discapacidad o problema mental. En el primer caso son 13.9 millones (11.1 %), en el segundo 6.1 millones (4.5 %) y en el tercero 1.5 millones (1.3 %).

La tasa de analfabetismo es del 4.5 % contra el 6.9 % en 2010 y 9.5 % en 2000. En los últimos 20 años se ha reducido en prácticamente la mitad. Hay 2.6 millones de mujeres analfabetas frente a 1.7 millones de hombres. En total 4.4 millones.

El promedio de escolaridad es de 9.7 años contra 8.6 años en 2010 y 7.5 años en 2000. En veinte años el promedio de la escolaridad ha crecido en 2.2 años. En 2020 el nivel de escolaridad de hombres (9.8 %) y de mujeres (9.6 %) es prácticamente igual.

La tasa de participación económica de la población creció al pasar de 49.3% en 2000 a 52.6% en 2010 y a 62.0% en 2020. El aumento en los últimos 20 años es de 17.7 %. Esto por la incorporación de mujeres a la actividad económica que creció en 3.4 % de 2000 a 2010 y en 15.7 % en los últimos diez años.

La población no activa económicamente es de 37.8 millones. De ésta 43.9 % se dedica a los quehaceres del hogar; 35.7 % son estudiantes; 9.0 % pensionados o jubilados; 8.6 % otras actividades no económicas y 3.5 % tiene limitación física o mental permanente que les impide trabajar.

Son 92.5 millones la población que está afiliada a alguna institución de salud: 51 % al IMSS; 35.5 % al INSABI; 7.7 % al ISSSTE; 2.8 % instituciones privadas; 1.3 % PEMEX, Ejército y Marina; 1.2 % otras instituciones; 1.1 % ISSSTE-Estatal; y 1.0 % IMSS-Bienestar. En los últimos 20 años ha habido un incremento en la cobertura de salud a partir sobre todo del Seguro Popular hoy INSABI.

Se dicen católicos 97.8 millones que es el 77.7. % de la población. En 2010 era el 82.7 %. Se asumen como protestantes-evangélicos 14 millones que es el 11.2 % de la población. En 2010 era el 7.5 %. Son 10.2 millones, el 8.1 %, que dice no tener religión. En 2010 era el 4.7 %. Creyentes sin adscripción religiosa son 3.1 millones, el 2.5 %. Otras religiones son el 0.2 % de la población. En 2010 era el 2.4 %.

El total de las viviendas es 35.2 millones, en 2010 eran 28.6 millones y en 2000 21.9 millones. El promedio de habitantes por vivienda es de 2.6 contra 3.9 en 2010 y 4.4 en 2000. El 77.6 % dispone de agua entubada en la vivienda frente al 69.5 % en 2010 y 57.8 %. En los últimos 20 años crece en 20 puntos porcentuales.

Está conectado al drenaje público el 78.1 % contra el 72.1 % en 2010 y 63.5 % en 2000. El crecimiento en 20 años es de 14.6 puntos porcentuales. Con relación al equipamiento las viviendas con refrigeradores crecieron de 82.1 % en 2010 a 87.6 % en 2020; con lavadoras de 66.4 % a 72.8 % y carros de 44.2 % a 46.5 %.

Con relación a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) el acceso a los celulares pasó de 65.1% a 87.5%, el acceso a internet de 21.3% a 52.1% y tener computadora de 29.4 % a 37.6%. El 47.4 % tiene en su casa horno de microondas; el 43.3 % televisión de paga; el 18.8 % está suscrito al servicio de películas en línea y en 11.2 % tiene consola de juegos.

Los indicadores del Censo 2020 muestran que hay un avance en todos los campos. La calidad de vida de una década a otra se ha incrementado de forma considerable. Es el caso de la cobertura de salud y educación y también en lo que hace a satisfactores en el hogar y el acceso a las TIC.

Siempre se puede mejorar y avanzar con mayor velocidad en garantizar la cobertura de más y mejores servicios. Los retos son todavía muchos. Habrá que ver si en los próximos diez años se sostiene esta tendencia e incluso se pueda acelerar. 

La palabra de un presidente 

Rubén Aguilar Valenzuela

 
Joe Biden cuenta a Evan Osnos, quien en 2008 ganó el Premio Pulitzer por periodismo de investigación, que después de que Barack Obama juró como presidente habló con sus hijos.

Y les dijo "no me vuelvan a decir que las cosas nunca cambian", pero que con la toma de posesión del presidente Trump se expuso la fragilidad de tal afirmación.

En la entrevista Biden comenta al periodista que, "me da vergüenza decirlo, pero pensé que podíamos derrotar al odio. No se puede. No se esconde".

Y añadió que, "se mete debajo de las piedras, y luego, cuando le infunde vida cualquiera que tenga un poco de autoridad, sale con las garras en alto".

"Lo que he observado, continúa Biden, es que las palabras de un presidente, por más malo que sea, importan".

Y que estas "te pueden llevar a la guerra, pueden traer paz, pueden fortalecer los mercados o hacerlos fracasar. Pero también pueden darle vida al odio".

El ahora presidente de Estados Unidos advierte sobre el poder que tienen las palabras de quienes gozan de una posición de autoridad.

Para Biden, Trump, con su autoridad presidencial pronunció palabras que despertaron el odio que estaba escondido. Lo hizo florecer.

Todas las palabras dicen, pero dicen más, se quiera o no, cuando las pronuncian las autoridades políticas o religiosas. Cuando estos las dicen, adquieren otro valor.

Hemos sido testigos como las palabras de Trump despertaron los demonios de los blancos que se sienten superiores, de los xenófobos y los racistas.

Y también hemos sido testigos como las palabras del presidente López Obrador polarizan a la sociedad mexicana y desatan el odio, de uno y otro lado, en las redes sociales.

Las palabras no son neutras dicen e invitan a seguir ciertos comportamientos y actitudes de parte de quienes las escuchan.

Entre más autoridad se tenga más capacidad de que la palabra influya. Se puede usar, para construir, pero también para destruir.

La historia muestra, para bien y para mal, las consecuencias del uso de la palabra de quienes detentan el poder político y religiosos.

Las y los hombres del poder deben cuidar lo que dicen y cómo lo dicen. Es parte fundamental de toda ética pública. El costo de la irresponsabilidad es enorme. Destruye los países.

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