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El general secretario

Rubén Aguilar Valenzuela
 
En la Ley Orgánica del Ejército y la Fuerza Aérea, no hay ningún impedimento para que un general secretario de la Sedena pueda repetir en el cargo.
 
Lo único que se estipula es que para ser secretario se requiere ser general de división e hijo de padres mexicanos (Artículo 16). En el Ejército nunca hay más de 30 con este rango.
 
Es público que el actual general secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, desde inicio de su gestión se ha sumado, sin más, al proyecto político del presidente López Obrador.
 
En repetidas ocasiones, en declaraciones fuera de lugar para un general del Estado mexicano, se ha visto como un militar que apoya el proyecto que propone Morena.
 
Por la vía de los hechos, supongo que formalmente no lo es, actúa como un militante de ese partido.
 
Con el apoyo de su amigo el presidente López Obrador, Jaime Bonilla, electo gobernador de Baja California, por dos años (2019-2021), intentó violentar la decisión del electorado, para quedarse más tiempo. La SCJN se lo impidió.
 
López Obrador promovió de manera abierta y pública, que el presidente de la SCJN, Arturo Saldívar, violentando la norma, permaneciera en el cargo.
 
En un principio el ministro no reaccionó y dejó pasar el tiempo, para después no aceptar lo que el presidente de la República le proponía a costa de violar la ley, para perpetuarse en la presidencia.
 
El argumento del mandatario fue que era necesaria la permanencia de Saldívar, para dar continuidad a las reformas que se habían emprendido en el sistema judicial.
 
La apuesta del general, no sé si con el apoyo del presidente, es que si en 2024 gana la presidencia alguien de Morena, continuar en el cargo.
 
De ahí que de manera tan abierta manifieste su apoyo al proyecto partidista del presidente. Es público que desde hace tiempo dejó de ser general de Estado, para convertirse en general de partido.
 
Para su continuidad la razón a esgrimir sería, que es necesario su permanencia, para dar continuidad a las tareas y proyectos que ahora tiene el Ejército.
 
Los apoyos manifiestos del presidente al general secretario y su insistencia en la confianza que le tiene no hacen más que avalar esta hipótesis.
 

La arquitectura de la Nueva España en siglo XVI

Rubén Aguilar Valenzuela
Arquitectura del Siglo XVI (UNAM, 2010) es un trabajo del arquitecto Agustín Piña Dreinhoffer con prólogo del arquitecto  Juan Benito Artigas.

Ofrece una panorámica de la arquitectura del siglo XVI en la Nueva España, que es un estilo que se deriva de la combinación de elementos indígenas, árabes, góticos tardíos y de los que aparta el Renacimiento.

En el texto aborda la arquitectura civil y la religiosa, que divide en la que realizan las órdenes mendicantes - franciscanos, dominicos y agustinos-, y en la que levanta el clero secular.
 
De la arquitectura civil que se hizo en el siglo XVI queda muy poco, pero hay ejemplos notables como el Palacio de Cortés, de Cuernavaca, que sigue los patrones estilísticos de los palacios renacentistas italianos y españoles.

La gran arquitectura del siglo XVI son los conjuntos conventuales, que se componen de la iglesia y el convento. Se levanten en el centro de lo que será el nuevo poblado.

Elementos propios que caracterizan la arquitectura conventual novohispana son el atrio, el portal de peregrinos, la capilla abierta, las capillas posas y la cruz atrial.

Las capillas abiertas fueron una gran innovación arquitectónica que se propuso contar con espacios que se pudieran construir muy rápido y pudieran servir a grandes contingentes.

Al inicio del siglo proliferaron en las regiones de la primera evangelización, pero luego se dejaron de hacer al asentarse en su lugar las nuevas iglesias conventuales y reducirse la población. 

A lo largo del siglo las iglesias más comunes fueron de una sola nave. Al inicio las hubo también de planta basilical y hacia final en forma de cruz latina con cúpula de crucero.

Los conventos siguen el patrón de las construcciones europeas con un patio central rodeado por el claustro que pude tener uno o dos niveles.

En el siglo XVI fue muy importante la pintura mural en el interior de las iglesias y los conventos. Es obra de manos indígenas, la más de las veces copiando estampas europeas de la época.   

Subsisten ejemplos notables como los del claustro bajo de Malinalco, Estado de México; los del convento de los Santos Reyes de Meztitlán, Hidalgo; los de Atlihuetzía, Tlaxcala; Uatlatlaucan, Puebla y Santa María Xoxoteco, Hidalgo.

Aunque mucho se ha avanzado, el campo de la investigación de la obra arquitectónica del siglo XVI tiene todavía mucho por descubrir.

Y queda mucho por hacer en el ámbito de la conservación del patrimonio monumental, que es no solo extraordinariamente importante sino también muy basto.  

Arquitectura del Siglo XVI
Agustín Piña Dreinhoffer
Material de Lectura 3
Serie Artes de México
Departamento de Humanidades
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
México, 2010

El dictador de Nicaragua arremete contra la izquierda, la ONU y la Iglesia

Rubén Aguilar Valenzuela
El dictador Daniel Ortega (1945), que día con día pierde el sentido de la realidad e incrementa los niveles de la violencia física y verbal, agrede a todos los que critican su comportamiento y gestión.

Días atrás atacó de manera particularmente agresiva al presidente de Chile, el izquierdista Gabriel Boric, al que calificó de "perro faldero" por demandar la libertad de los presos políticos de Nicaragua.
 
Ortega acusa a Boric, ejemplo de la izquierda democrática en América Latina, de querer congraciarse con Estados Unidos y Europa. Lo acusa, sin ningún fundamento, de tener presos políticos en Chile. El dictador asegura que en Nicaragua hay democracia, pero en Chile no.

En su delirio, Ortega agrede al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, de ser un "pelele de los yanquis". Esto como respuesta a que el pasado 13 de septiembre, 45 países en la ONU lo condenaron por represión y le demandaron, una vez más, la libertad de los presos políticos y de conciencia.

Se lanzó también contra la Iglesia católica. Al referirse a obispos y sacerdotes dijo: "Desde cuándo tienen autoridad para hablar de democracia. ¿Quién elige a los curas, quién elige a los obispos, al papa? La Iglesia, dijo Ortega, "es una dictadura perfecta, una tiranía perfecta".

A los obispos y sacerdotes que critican la violación sistemática de los derechos humanos por parte del régimen y la falta de libertades políticas los acusa de "golpistas". Hoy un obispo, Rolando Álvarez, y varios sacerdotes están en las cárceles de la dictadura.

La Policía y el Ejército, sustento de éste como de todos los dictadores que hay en el mundo, le juran lealtad. A cambio de ella reciben múltiples prebendas. Los niveles de corrupción en estas instituciones son conocidas por la sociedad.

El país, desde 2018, después de una serie de manifestaciones populares, reprimidas brutalmente por el régimen, con cerca de 400 asesinatos, vive en un estado de excepción de facto, que anuló el ejercicio de las libertades democráticas.
 
Está suspendido el derecho de reunión y movilización, de libertad de expresión, de manifestaciones religiosas y toda la población está bajo vigilancia de la inteligencia policial del Estado.
 
Nicaragua vive en un régimen militar - policial permanente donde las fuerzas de seguridad, junto a los paramilitares, financiados por la dictadura, juegan un papel central, para sostener al régimen.
 
En la actual situación, nadie ve cómo salir de la dictadura. Cualquier comentario crítico, incluso anodino, conduce a la cárcel.

Las y los nicaragüenses fueron capaces de sacudirse a una de las dictaduras más largas y violentas de América Latina, cuando derrocaron a Anastasio Somoza. Sé que lo volverán a hacer.
 

La sed de los cometas, un tema de discusión

Rubén Aguilar Valenzuela
 
La ópera La sed de los cometas es una obra conjunta del compositor mexicano Antonio Juan-Marcos y de la escritora Mónica Lavín.

Se inspira en su novela histórica Yo, la peor, que aborda la vida de la religiosa jerónima y gran poetisa sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), en el marco de la realidad de la época virreinal.

Ella es el personaje central de esta ópera, una mujer que en muchos aspectos se adelantó al tiempo que le tocó vivir. Entre otras muchas cosas estaba interesada en la ciencia, en la filosofía y la literatura.

El compositor y la libretista coinciden en señalar que la composición dramática y musical, se centra en poner en escena la pasión de sor Juana por el conocimiento y la libertad de pensar.

Los cometas fue un tema de discusión entre el intelectual novohispano, Carlos de Sigüenza y Góngora, y el padre jesuita Eusebio Francisco Kino, en el que intervino la monja jerónima.

El comportamiento de la naturaleza y sus efectos fue un tema que siempre interesó a sor Juana y plasmó, de una u otra manera, en su obra.

En la construcción de esta ópera, que duró dos años, hubo una colaboración estrecha entre la libretista y el compositor. En un ir y venir el liberto fue cambiando a medida que se musicalizaba. Para contar la historia sus plumas tenían que coincidir.

Los dos se han propuesto darle vida a sor Juana a través de su voz. Una voz que deja ver su extraordinaria inquietud y capacidad intelectual, pero también sus problemas y angustias.

El compositor ha dicho que "yo quería mostrar una sor Juana a quien pudiésemos escuchar y casi que dialogar, no a una especie de monumento histórico que nada nos diga de nuestra propia sociedad".

La historia se cuenta – canta a través de cinco personajes: La soprano Cecilia Eguiarte, que interpreta a sor Juan Inés de la Cruz; la mezzosoprano, Frida Portillo, a la virreina María Luisa Manrique; la contralto Araceli Pérez Martínez, a Juana de San José, la esclava de sor Juana; el tenor Enrique Guzmán, a Carlos de Sigüenza y Góngora y el barítono Rodrigo Urrutoa, al padre Antonio Núñez de Miranda, confesor de sor Juana.

Al centro del escenario la orquesta. Los intérpretes, en el marco de una escenografía minimalista, se mueven entre ella. Al fondo una gran pantalla en círculo donde pasan diferentes escenas con una gran nitidez. Los personajes visten con trajes de la época. También al fondo una escalera, a cada lado del círculo, por la que suben y bajan los intérpretes. El coro se ubica en ese mismo espacio.

En las dos escenas, en las que se divide la ópera, de poco más de dos horas de duración, hay momentos para los solistas y dúos. Me hubiera gustado que el coro tuviera más intervenciones. La obra adquiere mayores tonos dramáticos cuando eso sucede.

La interpretación de la soprano Cecilia Eguiarte, que representa a sor Juan Inés de la Cruz, me pareció muy buena. La fuerza y nitidez de su voz, pero también sus desplazamientos en el escenario. Lo llena. Destaco también la actuación del tenor Enrique Guzmán, que interpreta a Carlos de Sigüenza y Góngora.

La sed de los cometas es una propuesta arriesgada en la música, el libreto y la puesta en escena. Sale adelante con  éxito. No es una obra fácil, pero sí una construcción inteligente y creativa. La reacción del público en la Sala Nezahualcóyotl es muy positiva. Reconoce el esfuerzo y la calidad de la propuesta.

La producción de óperas originales en México es muy escasa. Celebro, que la UNAM haya impulsado esta creación, sobre todo en este momento que la cultura en el país vive tiempos muy difíciles, y es muy poco apoyada desde el gobierno. No es una de sus prioridades.
 
La sed de los cometas
Director concertador: José Areán
Directora de escena: Belén Aguilar
Música: Antonio Juan-Marcos
Libreto: Mónica Lavín
Intérpretes: Cecilia Eguiarte, Frida Portillo, Juana de San José, Enrique Guzmán y Rodrigo Urrutia
Orquesta: Juvenil Universitaria Eduardo Mata, dirigida por José Areán, director huésped
Coro: Madrigalistas de Bellas Artes, dirigida por Rodrigo Cadet.
Sala Nezahualcóyotl
Centro Cultural Universitario (CCU)
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

La violencia en la campaña electoral de Brasil

Rubén Aguilar Valenzuela
En la elección del pasado domingo en Brasil se disputaron muchos cargos públicos: la presidencia, la Cámara de Diputados, parte de la Cámara de Senadores y 27 gubernaturas.
 
Los dos candidatos punteros que competían por la presidencia, Luis Ignacio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, no alcanzaron el 51 % de los votos y van a una segunda vuelta, el 30 de octubre.
 
En la campaña electoral de 2018, cuando Jair Bolsonaro ganó la elección, fue apuñalado por un individuo que argumentó razones políticas, para justificar su actuación.
 
Para acudir a los actos públicos, tanto Bolsonaro, que pretendía reelegirse, como Lula, que se proponía regresar a la presidencia después de 12 años de haberla dejado, utilizaron chalecos antibalas.
 
Y siempre fueron custodiados por fuertes equipos de seguridad en un entorno, muy polarizado, donde el 67.5 % de los brasileños dijo que temía ser agredido por sus preferencias electorales.
 
El discurso del odio y la descalificación de los adversarios ha provocado que muchos brasileños tengan miedo a expresar en público sus posiciones políticas.
 
Cualquier comentario puede provocar una discusión violenta, que llegue a los golpes e incluso que salgan a relucir armas. Los casos de violencia se multiplicaron.
 
Desde que el pasado agosto arrancó la campaña, las organizaciones de derechos humanos recibieron numerosos reportes de amenazas y hechos de violencia relacionados con la contienda.

Un estudio de la Universidad de Río de Janeiro señala que la violencia política se ha incrementado en un 335 por ciento desde enero de 2019.
 
En lo que va de 2022, han ocurrido 1,209 ataques a políticos, que incluye 45 asesinatos.
 
El discurso de los candidatos, de manera particular las intervenciones de Bolsonaro, genera un clima que propicia la violencia.
 
La rivalidad entre los partidarios de uno y otro candidato ha ido subiendo de tono. Los analistas políticos ven que la sociedad se ha dividido en bandos que se consideran enemigos.
 
Afirman que el país se enfrenta a una situación nueva que no se había dado desde que se restableció la democracia.
 
A la luz de lo que ocurrió en Brasil hay que ver que tanto el discurso polarizador, incluso de odio, del presidente López Obrador enrarece el clima en la elección de 2024.
 
En los cuatro años en la presidencia, de manera intencional, ha dividido a la sociedad en bandos; el de los buenos, que son los suyos, y el de los malos que son los que no le rinden pleitesía.
 
Esta polarización, que se alimenta todos los días desde la mañanera, ya ha generado un clima de violencia verbal entre los "bandos", que puede volverse física cuando llegue la campaña de 2024.

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