Miles de ciudadanos marcharon este sábado 15 de noviembre en la Ciudad de México y otras localidades del país para protestar en contra de la inseguridad y el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Días previos a la marcha, la presidenta Claudia Sheinbaum había expresado: “Nosotros estamos de acuerdo con la libertad de expresión, la libertad de manifestación. Si hay jóvenes que tienen demandas, me parece muy bien que se manifieste.”
“Ahora, el asunto aquí es quién está promoviendo la manifestación. A lo mejor hay personas que vieron en las redes y se suman porque a lo mejor (jóvenes) no están de acuerdo con nosotros, pero es muy importante que se conozca cómo se construyó la convocatoria a esta movilización”, dijo la presidenta el jueves.
Sheinbaum afirmó que muchos de los que promueven esta marcha “no tienen nada que ver con la generación Z” y que “es un impulso promovido incluso desde el extranjero”. (cnnespanol.cnn.com)
Si bien es cierto que el análisis y discusión sobre las formas y el fondo de la convocatoria tiene mucha relevancia, ya que forma parte del ambiente intrasocietal y extrasocietal del sistema político, importante también es el análisis de la participación ciudadana en el proceso de construcción de un modelo de gobierno que los conecte y los tome en cuenta en la edificación del futuro. Ambos se complementan para realizar un diagnóstico completo.
La participación política está impulsada por el interés propio, el sentido del deber ciudadano, el impacto percibido del gobierno sobre la vida propia, el sentido de eficacia política de la acción personal, el conocimiento de las opciones políticas disponibles. La gente vota, hace campaña, se manifiesta, hace huelga, marchas o mítines porque piensa que el gobierno puede solucionar algún problema individual o de grupo.
Las marchas y manifestaciones como mecanismos de participación política no son nuevas en el país, basta revisar la historia para saberlo. Pero para no ir muy lejos repasaremos lo sucedido en el período presidencial reciente.
Durante el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador (diciembre de 2018 a septiembre de 2024), hubo múltiples marchas opositoras, que fueron convocadas por diversas organizaciones, colectivos y partidos políticos en diferentes momentos y ciudades.
Desde 2019, hubo manifestaciones esporádicas en varias ciudades del país contra las políticas del gobierno federal.
Las principales movilizaciones destacadas por su tamaño y alcance incluyeron marchas en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE): En este sentido, se realizaron varias marchas importantes en respuesta a las propuestas de reforma electoral del gobierno.
La más notable tuvo lugar en noviembre de 2022, con estimaciones de asistentes que variaron desde 12,000 (según el gobierno de la CDMX) hasta 200,000 (según los organizadores) solo en la capital, y se replicó en decenas de ciudades del país. Otra manifestación masiva con el mismo propósito se realizó en febrero de 2023.
Además, destacaron las Movilizaciones de la "Marea Rosa": Este movimiento ciudadano, que posteriormente se identificó con la campaña de la candidata opositora Xóchitl Gálvez, organizó al menos cuatro grandes concentraciones entre 2023 y 2024 en defensa de la democracia, el INE y la Suprema Corte. La última de estas, en mayo de 2024, fue masiva en el Zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades.
Hubo también protestas del Frente Anti-AMLO (FRENAAA): Este colectivo tuvo diversas manifestaciones y plantones, incluyendo uno prolongado en Paseo de la Reforma, especialmente durante 2020 y 2021.
Se realizaron, además, movilizaciones ciudadanas por temas específicos como la seguridad pública o los feminicidios, que también manifestaron descontento con la administración federal.
En resumen, el sexenio de López Obrador se caracterizó por un pulso constante de las movilizaciones opositoras siendo las relacionadas con el INE y la "Marea Rosa" las de mayor visibilidad y asistencia.

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