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Cuidado con la envidia

Susana Cepeda Islas

Es inevitable que los seres humanos llevemos muy dentro de nosotros sentimientos negativos, que brotan inesperadamente desde nuestro interior, expresándose desequilibradamente. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, cuando hace referencia a los sentimientos, señala que se componen de dos elementos: percepciones físicas y placer o desagrado. Es fácil de detectar, cuando estamos felices, bailamos, nos sentimos bien, sin embargo, enojados, golpeamos, somos irritables. La Psicología define a los sentimientos como la autopercepción de una determinada emoción, es la expresión subjetiva de las emociones.

Los sentimientos negativos se manifiestan de muy diversas formas, como el miedo, la tristeza, la ira, el asco, la envidia, el problema surge cuando son intensos y habituales, afectan de manera severa a las personas que las sufren de manera física y en la relación con sus semejantes, afectando su calidad de vida. En el caso de la envidia es un sentimiento que destruye inevitablemente la vida de los demás, simplemente porque la envidia se relaciona con la destrucción en detrimento del otro envidiado, cuando le expresamos a alguien que es envidioso, representa un insulto porque sabemos que es una pasión malsana que afecta de manera considerable al que la vive. La Real Academia de la Lengua Española define a la envidia como la tristeza, pesar del ajeno o la emulación, deseo de algo que no se posee.

Una de las principales características de la envidia es el deseo de poseer algo de lo que se carece y que disfrutan los otros, por ello, tiene la mirada fija en los otros, en sus logros, talentos, cualidades físicas, inteligencia, posesiones materiales, en su familia. Los envidiosos poseen una baja autoestima, porque a medida que vamos creciendo nos comparamos con los demás para contrastar nuestra valía. La envidia se centra entonces en la comparación, el problema es que la determina la sociedad, es muy sencillo de identificar en la actualidad, una persona se convierte en el blanco perfecto para los envidiosos, si tiene buen cuerpo, dinero, artículos de marca, logros, entre otros, los cuales establece la sociedad, estos elementos normalmente sirven como juicios para evaluar nuestras propias capacidades con lo establecido.

Cuando la envidia se convierte en un sentimiento cotidiano en nuestra vida, hay que tener cuidado, porque causa frustración, impotencia, odio, se piensa que se vive una situación injusta. Recuerdo claramente a una compañera de trabajo que sentía gran desagrado y desprecio, por otra compañera, buscaba cualquier pretexto para atacarla, se burlaba drásticamente de las ideas que expresaba, continuamente le escondía sus cosas, hablaba muy mal de ella para desprestigiarla, en fin, le hacía la vida laboral insoportable. Para poder acabar con esa situación en la oficina, un buen día le pregunté ¿Por qué la agredía? ¿Qué le había hecho? Y me contestó que tenía algo que no le gustaba, que la odiaba. Entendí que no era una sola cosa, eran varias cosas que no le gustaban, era una persona físicamente bella, para los cánones sociales: joven, blanca, rubia, ojos verdes, alta, delgada, con dinero, inteligente. Características físicas que ella no poseía y que era imposible de lograr porque ella era físicamente lo contrario.

Es imposible no sentir envidia, estoy segura de que cualquiera de nosotros en algún momento lo sentimos.  Lo importante es comprender que es un sentimiento natural, lo ideal es reflexionar ¿Por qué se manifiesta? ¿Por qué el malestar por el otro? Es recomendable analizar la situación, nuestros miedos, inseguridades, sobre todo, lo que realmente merecemos, nuestras expectativas, las cosas que nos agradan de nosotros, reconocer nuestras limitaciones o carencias. Emprender inmediatamente el camino para cambiar. Para lograrlo es necesario siempre mantener la mirada hacia adentro de nosotros, nunca a fuera. Ponerse en acción, trabajar para transformar la forma en que interpretamos las cosas, y lo mejor, reconocernos como seres únicos e irrepetibles.

Los grupos vulnerables en la sociedad

Susana Cepeda Islas

La vulnerabilidad es considerada como la susceptibilidad a ser atacado física o moralmente, este concepto puede ser aplicado a una persona o grupo social, es la fácil exposición a fenómenos amenazantes, es decir, una persona es frágil a padecer situaciones malas, doloras, está situación viola definitivamente los derechos de las personas más débiles de la sociedad, marginándolos inevitablemente, debido a la falta de oportunidades. Ellos carecen de lo mínimo indispensable para que una persona viva con dignidad y bienestar como es: empleo, educación, vivienda, salud, seguridad, entre otras cosas.

Dentro de una sociedad existen grupos vulnerables como son los niños, las mujeres, personas con alguna incapacidad, los migrantes ahora forzados por la situación de violencia extrema en cada uno de sus países de origen y sobre todo las personas de la tercera edad; por lo regular una persona vulnerable vive dentro de un ambiente familiar y social debilitado lo que trae como consecuencia tener un detrimento socioeconómico. En nuestro país se han tomado tres indicadores para medir la pobreza: a personas sin seguridad social, pobreza y marginación. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), señala que la población vulnerable en el año 2022, de la población total el 29.4 % vivían con carencias sociales lo que equivale a 37.9 millones de mexicanos.

Es un hecho que los gobiernos le han fallado a la sociedad con la deplorable estructuración de políticas públicas, por eso, existen estos grupos vulnerables. Un poderoso antídoto contra este mal es la solidaridad, que significa simplemente proporcionar ayuda a nuestro semejantes que lo necesiten sin pedirlo, ejercer este valor ético nos mantiene unidos a todas las personas sin importar su situación socioeconómica, entender sus intereses, inquietudes, sin tener que conocer a las personas, es simplemente dar apoyo. Es tan sencillo dar, ya sea material o afectivamente, a las personas que se encuentran en una situación frágil.

Es prioritario que se sensibilice a la sociedad, hacerla entender que este valor reconoce que la humanidad esta interconectada, por ello, debemos todas las personas realizar un esfuerzo colectivo de colaboración para dar solución a los complejos problemas que se sufren como la pobreza, el hambre, los conflictos, no se diga el cambio climático que hemos provocado con la huella ecológica, escasez de agua, aumento de sequías, incendios, el calor, inundaciones entre otras.

Pensé en compartir con usted estimado lector, este tema de la vulnerabilidad, porque hace unos días, fui a comprar pan al supermercado, era una mañana fría, lluviosa, en esta situación se antoja hacer un buen chocolate caliente para degustarlo con un rico pan recién salido del horno. Llegué a ese lugar temprano, hice mis compras, al salir la lluvia estaba más fuerte, esperé un momento a que pasará la intensidad, me subí al auto me dirigí a la salida y vi a lo lejos del estacionamiento a una señora de la tercera edad, refugiándose de la lluvia bajo un débil arbolito, cubierta con un gran plástico negro, sentada sobre un huacal de madera (esas cajas se utilizan para transportar productos del campo), su cuerpo temblaba de frío.

No pude evitar sentir una inmensa tristeza al ver ese escenario que me desgarró el alma, me dirigí hacia donde se encontraba, al sentir ella mi presencia levantó la cabeza, me recibió con una gran sonrisa. Le sugerí que se fuera a su casa por el mal tiempo, que se estaba mojando y podía enfermarse, agradeció mis palabras y su respuesta fue que no era posible, debido a que no tenía familia, y menos aún ingresos económicos, para sobrevivir tenía que pedir limosna, me sentí impotente ante la situación, le di un billete, su respuesta fue un mar de bendiciones, me fui del lugar con una gran tristeza y no pude evitar el llanto, pensando en que ella no era la única persona en esa situación.

Ante estos tristes escenarios es necesario poner en práctica la solidaridad, todos podemos hacer algo por ellos, no sólo dar ayuda económica que no soluciona este problema, podemos hacer entre gobierno y sociedad diferentes actividades para cambiar la situación de estas personas, pero también a nivel individual sensibilizándonos, contribuyendo con generosidad, participación, fraternidad, ayuda mutua, responsabilidad, no nos cuesta nada y podemos ayudar a cambiar la realidad de estos grupos.

                      

Soñar como sueñan los árboles

Susana Cepeda Islas

Me agrada tener una nueva historia entre mis manos, en esta ocasión tuve el agrado de comentar en la Feria Internacional del Libro Coahuila 2024 y disfrutar de la lectura del libro de Brenda Lozano “Soñar como sueñan los árboles”, el título me llevó a vislumbrar a los árboles, a esos seres vivos de tallo leñoso y elevado, que extienden sus raíces sujetándose con fuerza a la madre tierra. Me trasladó a pensar en su gran altura, en desear treparme hasta su corona para disfrutar la vista maravillosa del entorno, en apreciar como el viento mueve con suavidad sus ramas, sus hojas y remembrar en como la lluvia los zarandea para purificarlos.

Apenas había avanzado un poco en la lectura de este libro, cuando inmediatamente me trasladó al año 1946, en el entonces Distrito Federal, en ese momento Miguel Alemán era el presidente de la República, el primer presidente civil, su gobierno se caracterizó por el aumento de la corrupción, el autoritarismo y crisis económica (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia). Este es el ambiente que se nos presentan en las páginas del libro. Brenda, entreteje con gran maestría la vida de dos familias, los Miranda Felipe y los Fernández Valencia caracterizando su condición social. Devela los privilegios de las familias con “biyuyo” (dinero) y muestra a las que carecen de él. Cito: “El dinero compra todo, compra la justicia en este país”.

La historia se centra en el complejo tema de la maternidad y de cómo no todas las mujeres podemos tener el privilegio de disfrutar. Me remitió a una frase de la escritora Elizabeth Stone: “Tomar la decisión de tener un bebé es trascendental: significa decidir que desde ese momento tu corazón empezará también a caminar fuera de tu corazón”. Brenda describe en su libro los prejuicios sociales, además, aborda el racismo, el clasismo y la xenofobia. Me impactó como uno de sus personajes se cuestiona lo que significa ser madre, cito: “Nuria se preguntó por primera vez de dónde había sacado ella misma la idea de ser madre, ¿Venía de ella? ¿Venía de la sociedad? ¿Era parte incuestionable del paquete de casarse? ¿Era un mandato social por el hecho de haber nacido mujer?”  Recordé que viví en carne propia las contradicciones sociales, les platico: me casé a los tres meses de conocer al que actualmente es mi esposo, la pregunta que se hacían en ese momento las personas cercanas a nosotros era: ¿Por qué se casan tan rápido, será que está embarazada?, pasaron cuatro años y no tuvimos hijos, así que la pregunta cambió a ¿Cuándo te embarazas? La sociedad te juzga cruelmente, si no te comportas de acuerdo con la moral social.

Cada personaje tiene su encanto como: el comandante Rubén Darío “El dos tacos” o “El dos poemas”, la administradora de un edificio “La Diosa del chisme”, que su trabajo era ver todo, absolutamente todo el acontecer en el condominio de la colonia Juárez, la bruja que era mejor conocida como “La jefa” a la que visitaban grandes personalidades de esa época, artistas, empresarios y políticos. Con la lectura volví a recorrer esos sitios que se mencionan en la trama como Chapultepec, Xochimilco, el centro de la ciudad, la colonia Juárez, la Condesa, Lecumberri. Recordé que conocí Lecumberri por las historias que mi madre me contaba, cuando trabajó en ese lugar como enfermera antes de casarse. Escuché de sus labios, mencionar las celdas escabrosas “apando”, ese terrible espacio, como se alude en el libro, donde describe con estas palabras pintadas en una de sus paredes: “En este lugar maldito/donde impera la tristeza/no se castiga el delito/se castiga la pobreza”.

La autora de esta novela nos hace ver, como la sociedad no ha cambiado, menos aún evolucionado, al contrario, se incrementan día a día los problemas como las desapariciones, los secuestros y robos de niños, adolescentes y adultos de todas las edades, la falta de justicia, el influyentismo, la falta de valores en esta historia como en la actualidad, la presencia de la crueldad, la avaricia, la ambición, la falta de escrúpulos y por supuesto la corrupción, están presentes. La lectura es ligera, apasionante, fluida, su escritura es digerible y sencilla, su final es irónico, inesperado, me atraparon sus historias, no quería dejar de leerlo, es una gran novela de una joven escritora mexicana con un estilo perspicaz y creativo.

Mujeres y poesía

Susana Cepeda Islas

Una de las bellas expresiones que tiene el ser humano es la poesía, es un género literario que pone de manifiesto todo tipo de sentimientos, de pensamientos, relata historias, está catalogado dentro de la lírica, en sus orígenes era recitado o cantado con la lira. La poesía tiene una gran tarea, estimular los sentidos por medio de versos, utiliza el lenguaje y además contribuye a fomentar la creatividad, la imaginación. La poesía es una herramienta importante para enfrentar el caos mundial, no cabe duda de que la poesía nos rescata al poner orden en las emociones humanas, nos lleva a un lugar seguro.

Le comento querido lector, que sólo hace poco me enteré de que, según investigaciones sobre la pregunta: ¿Quién escribió el primer poema? Se descubrió una gran noticia, fue una mujer llamada Enheduanna que vivió en el siglo 23 a.C. en la antigua Mesopotamia, en esa época se desempeñaba como una princesa, hija de Sargón y sacerdotisa mayor de la deidad lunar Nanna Suen en su templo de Ur, actualmente Irak, escribió una basta cantidad de obras literarias con gran cuidado y belleza, un gran personaje, sobre todo, porque en la tradición de la escritura en la antigüedad, era una labor que desempeñaban exclusivamente los hombres. Como dato interesante en 2015 se bautizó un cráter de Marte con su nombre.

En nuestro país han existido a través de la historia brillantes mujeres poetisas por mencionar algunas, está Macuilxochitzin, María Estrada de Medinilla, Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos. En la actualidad son varias las mujeres que se han destacado en la poesía. Por esta razón, me siento orgullosa de que, en nuestro Coahuila, existe un buen número de voces femeninas que al crear sus poemas demuestran su talento, creatividad e imaginación. Hace unos meses el destino me llevó a encontrarme con tres mujeres coahuilenses poetas: Melisa Medellín, Alicia Rocha e Hilda Zavala. Tuve el privilegio de estar en la presentación de su libro “Sala de espera” que se llevó a cabo en la Feria Internacional del Libro de Coahuila. Son tres mujeres con un particular estilo para expresar sus emociones.

Melisa Medellín, dama de las letras que con valentía que expresa en sus versos como la cubrió la infertilidad en su dolido cuerpo: “soy este cuerpo cicatrizado”; el desamor: “Amplitud de ausencias, te sueño entre mil gritos”; los cambios inesperados que ofrece la vida: “Soy un árbol sin ramas, sin raíces”; la ausencia de los seres queridos: “Cada día desde tu desaparición, mi ánimo estropeado ha filtrado dudas”; denota en sus poemas la traición, la angustia, pero también la bella libertad.

Alicia Rocha, dueña de sus versos recuerda que su madre no sabía leer y menos escribir, pero se ocupó de que sus hijos no tuvieran el mismo destino, Alicia nos lleva a un pasado tejiendo historias de muy variados colores, donde está presente el abandono: “El oxígeno es asfixiante, interminable como tu abandono”;  también los recuerdos: “Soñaba mi abuela observando el cielo, soñaba que la luna era de queso”; y no podían faltar el aroma: “Copal del bracero ha extendido el humo por su casa y por cada vereda donde fueron vistos sus muchachos por última vez”.

Hilda Zavala, mujer comprometida, tenaz hace un homenaje a sus ancestros, lamenta su ausencia: “somos tumbas abiertas que nadie se atreve a cerrar”; reconoce el olvido: “Manos desplazadas a inhóspitos destinos laceradas de indiferencia …de olvido”; rescata las tradiciones manifestadas el día de muertos: “Entre rituales y plegarias, has llegado, sin prisas …pero fugaz”

Querido lector, tres mujeres coahuilenses, lo invitan a que las acompañe en su “Sala de espera”, donde con precisión, ritmo y metáforas, le ofrecerán diversos poemas. Melisa, Alicia e Hilda a pesar de tener diferentes personalidades, entornos y formaciones, las une una sola voz, para exponer sus emociones de las impresiones que cada una vivió en su entorno, no se pierda de una buena lectura que lo emocione hasta derramar las lágrimas.

Nos inunda el egoísmo

Susana Cepeda Islas

Me desconcierta y preocupa que en un considerable porcentaje de los integrantes de la sociedad sufre de un severo egoísmo, que nos inunda, nos ahoga.  El diccionario de la Real Academia Española define el egoísmo, como un inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás, es decir, lo único que le preocupa es su propio beneficio sin tomar en cuenta a los demás o si los vulnera. Thomas Hobbes, filósofo británico aseguraba que “El hombre es el lobo del hombre”. Penosamente en la actualidad, no hay ningún interés por ser solidario, por ayudar a los demás cuando lo necesitan, sin que ellos lo soliciten. Sirvan estas líneas para la reflexión.

Hace unos días mi familia vivió un hecho, lamentable, desagradable, inesperado. Era un día lluvioso de fiesta, tan anhelado por todos, el domingo, día que utilizamos para disfrutar de nuestros pasatiempos favoritos, de compartir los alimentos con los seres queridos, familia o amigos, de no levantarte de la cama, de ver películas, o de leer un buen libro escuchando música agradable. Recibí una llamada desesperada a las 3:40 pm: ¡Mamá nos estamos inundando! Las madres de manera inexplicable, surge dentro de nosotras, la fuerza necesaria para ir al rescate de nuestros hijos, sin pensar en los peligros. Entre la tormenta, el tráfico parado, la corriente de agua avanzando con gran rapidez y fuerza por la calle, ¡Llegué! No tengo la menor idea como lo logré, pero ¡llegué!, crucé sin pensar el riesgo que representaba hacerlo, la gran avenida de agua.

Con la lluvia a cuestas, al echar un vistazo a mi alrededor, para ver quién auxiliaba a tres mujeres en medio de la tormenta, que sentían como el agua subía con prisa, cubría los tobillos, las rodillas y después las piernas, en la desesperación de la situación, gritábamos con fuerza ¡ayuda! Nadie, nadie en ese momento acudió en nuestro auxilio, sólo veía a una señora con una gran sombrilla observando sin hacer nada, estaba muy entretenida con el celular en la mano, al igual que algunos de los vecinos desde sus ventanas tomando videos de la situación. En 15 minutos llego un escuadrón de la policía a ayudarnos, después de 10 minutos, salieron otras pocas personas a ver que sucedía, los policías necesitaban una cuerda para quitar dos grandes contenedores de agua que obstruían el desagüe y que evitaba que el agua saliera.

Después de un buen rato, empezaron a llegar todo tipo de cuerdas para poder mover lo que obstaculizaba la salida del agua, los policías hicieron varios intentos, se logró despejar el desagüe. Dentro de la casa todo los muebles, sin importar el peso flotaban en el agua. La lluvia cesó, sólo una pareja de amigos llegó en ayuda, y poco después dos vecinas acudieron en nuestro auxilio con escobas que necesitábamos con urgencia para sacar el agua de la casa. Desconozco el número de casas que hay en el fraccionamiento, sólo sé que no fueron solidarios los habitantes de ese lugar. En esos momentos no se aparecen los “amigos”, me sorprende que reaparezcan días después con un cargamento de pretextos “¿Cómo estas me acabo de enterar?” Cuando no dejan el celular ni un momento, pues, las imágenes de la inundación de la casa con increíble rapidez se hicieron virales.

Le quiero compartir querido lector que fue un maravilloso aprendizaje de vida, nunca lo tomamos como una tragedia. Ilustrada reflexión que dice que después de la tormenta viene la calma. Lo valioso del momento fue que brillaron con su luz los verdaderos amigos, nunca preguntaron ¿Qué necesitas? Sin avisar llegaron con objetos, comida, ayuda económica o llamadas telefónicas conmovedoras. En algún libro leí “que el amigo leal, más que en el bien, te acompaña en el mal”, porque en las buenas está cualquiera. En los contratiempos que se presentan a lo largo de la vida, indiscutiblemente, se sabe quiénes en verdad son tus amigos y familia, porque están presentes siempre y en todo momento. Me pregunto ¿Qué nos pasa? ¿Por qué tanto egoísmo? Sólo sé que a cualquiera nos puede pasar una desgracia, en ese momento lo que necesitas es sentir el apoyo y la solidaridad de las personas. Mi eterno agradecimiento por la ayuda a los amigos que nos acompañaron cuando más los necesitamos.

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