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Qué prefiere usted, ser religioso o espiritual

Susana Cepeda Islas

Desde tiempos memorables el hombre está en la búsqueda de la felicidad, el amor y la realización de sus capacidades entre otras cosas, ¡ah! Lo olvidaba, también busca pertenecer y poseer un sentido de identidad, ya lo decía el filósofo griego Sócrates: la felicidad es el fin de todo ser humano, que se logra a través de la virtud y el conocimiento del bien. Aquí es donde juega un papel fundamental la religión y la espiritualidad, pero hay que estar atentos, aunque ambas se relacionan, apuntan a diferentes caminos. La Religión es una institución, la Real Academia Española, la define como: Conjunto de creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. En cambio, la espiritualidad la define en esta misma fuente como: Naturaleza y condición de espiritual, es decir, que pertenece al espíritu, aquel ser material y dotado de razón, es decir, el carácter íntimo, la esencia o sustancia de algo.

Afortunadamente en la actualidad la mayoría de los habitantes de este planeta, podemos decidir que religión practicar, contamos con la libertad de culto, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el artículo 18 dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en lo público como en lo privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”. Los mexicanos gozamos de ese derecho, en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 24 señala: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”. Tenemos el poder de elegir cualquier religión o creencia, siempre y cuando no exista ninguna infracción a la ley.

Existen muy variadas diferencias entre ser religioso o espiritual. Cuando optamos por ser religiosos, implica ir una institución, llevar a cabo las prácticas y rituales, como misas, oraciones, ceremonias, es decir, hay códigos y directrices, algunas religiones son politeístas o monoteístas. Las personas siguen lo que dictan las leyes escritas como: Toráh, Biblia, Corán, Vedas, Sutras y Tipitaka, estas leyes te dictan lo que está bien y lo que está mal, lo que es verdad y lo qué no lo es. Lo religioso tiene que ver con normas, si no las llevas a cabo esta presente la idea del juicio y el pecado, si no obedeces corres el peligro de irte al infierno, a las sombras.

La espiritualidad, se centra en expresar y materializar la vida interior, comportarse de acuerdo con los valores y sentimientos, ser coherentes en el pensamiento, en nuestras acciones y en nuestro hablar, en una palabra, ser auténticos, no porque lo diga una institución o un libro sagrado sino porque así es considerado para los que practican la espiritualidad, forma parte de un proceso interior de autodescubrimiento y transformación en todos los sentidos, desde las creencias hasta como se percibe la realidad.

Ser religioso o espiritual no son malos caminos, siempre y cuando se hagan de manera adecuada, recuerdo un refrán popular que describe lo que señalo: “A Dios rogando y con el mazo dando”, o “el hábito no hace al monje”, en lo personal me agrada este: “Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”, la mejor acción que puede tener una persona es ser auténtica, porque la religión nos enseña a como vivir, de acuerdo a una moral, y la espiritualidad nos dice como dar lo mejor de nosotros, en cualquier situación, la religión mira hacia las experiencias externas, como ir a misa, seguir rituales, y la espiritualidad pone énfasis en lo interior, comprenderlo. Ya lo decía Sócrates: “Desciende de las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta”, en otras palabras, en la conexión con lo divino, la buena noticia es que ambas se pueden complementar, entonces que le gustaría más ¿Ser una persona religiosa, espiritual o ambas?

Deja la queja

Susana Cepeda Islas

Hace algunas semanas me encontraba en una reunión, la plática estaba muy interesante y amena, hasta que una de las personas desvió la conversación de manera drástica e inició un apasionado discurso sobre lo mal que la trataban sus hijos, se escuchaba claramente que su descendencia se comportaba como tiranos, crueles, en ese momento se le quebró la voz e inmediatamente se convirtió en una víctima, me dio la impresión que estaba empeñada en que expresáramos palabras para compadecerla, a causa del sufrimiento, que le provocaba tal situación en esos momentos. Me sentí mal al escuchar ese discurso, lo que me llevó a recapacitar hasta dónde somos nosotros los que provocamos ese tipo de situaciones.

En ese escenario lo único que se me ocurrió preguntarle fue: ¿Qué haces para evitar esa situación? Nunca respondió, pero otra persona le contestó que eso no era nada, que su marido la trataba peor y lanzó una larga lista de ejemplos. La reunión tomó otro sentido, se convirtió en el muro de los lamentos, en una competencia de quejas, se empeñaban en demostrar quién sufría más, esto me llevó a reflexionar ¿Qué es más fácil? ¿hacernos las víctimas? para que todos nos vean como pobres seres que sufren o tomar las riendas de la situación y buscar alternativas de solución.

No cabe duda de que quejarnos constantemente es expresar malestar, o también se hace con la intención de criticar algún evento o persona, porque se tiene la idea de que eso que sucede no es normal para nosotros, no es como lo deseamos. Cuando las cosas no suceden acorde con nuestras expectativas, ya sea lo imaginemos o anhelamos, y en la realidad sucede de otra forma, inmediatamente tomamos el papel de víctima, lo peligroso sucede cuando la queja es constante en nuestra vida nos convertimos en una persona quejumbrosa.

Las personas quejumbrosas tienen como intensión principal expresar su dolor, pena y sentimiento o manifestar su disgusto e inconformidad ante una situación, mire usted, según la religión católica afirma que quejarse es una demostración de descontento hacia Dios, considero que algunas personas se quejan para buscar validación, liberar tensión o simplemente desahogarse para transmitir su malestar emocional. Estar constantemente en el desazón o el malestar nos lleva a tener un estilo de vida negativo, pesimista, debido a que permanece dentro de nosotros un constante sentimiento de malestar, porque nos concebimos dañados o frustrados.

Cuando este sentimiento es frecuente se convierte en una acción para buscar la compasión de los demás y para tener su atención, esto nos hace sentir bien. Por ende, las personas quejumbrosas suelen resistirse al cambio. Las consecuencias son: genera estrés, emociones negativas, insatisfacción y desgaste emocional, físicamente cuando estamos en esa frecuencia liberamos cortisol, que es la hormona del estrés, afectando la energía.  No comprendemos que quejarse empeora la situación, si estamos en constante queja la vida nos dará más cosas para quejarnos, es un hecho que quejarse no la mejora sino al contrario.

El Dalai Lama aconseja: “Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar basura, que no sea tu mente”. Debido a que los quejumbrosos tienen como objetivo que todo cambie, nunca ellos. Le aseguro que no quejarse mejorará considerablemente su estado de ánimo, sus relaciones interpersonales, tendrá ideas y emociones positivas, además el organismo producirá hormonas de la felicidad como las endorfinas, serotoninas, dopaminas y oxitocinas. Por eso le aconsejo dejar la queja y actuar para cambiar.

Alto a la violencia

Susana Cepeda Islas

En la actualidad se observa como las tensiones y los conflictos se incrementan con mayor fuerza, están cada vez más presentes en la sociedad, todos los días somos testigos de ellas, la violencia la padecen todas las personas sin importar la edad, sexo, situación económica, religión, entre otras, todos sin excepción estamos expuestos a sufrir la violencia, ya sea en la calle como transeúnte,  en los lugares públicos como escuelas, parques, centros de diversión, también se manifiesta en las expresiones artísticas como por ejemplo la música, y lamentablemente se ostenta en el hogar, los medios de comunicación reportan diariamente un gran número de personas violentadas o en el peor de los casos asesinadas.

La Organización Mundial de la Salud precisa el término de la violencia como: “El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho, o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo”. No podemos dejar de percibir a la violencia como el abuso intencional para dominar a alguien o imponer algo hasta vencer su resistencia, con la intención de provocar daños físicos o psíquicos a nuestros semejantes.

Podemos encontrar algunos elementos que intervienen para que se manifieste la violencia como son:  la pobreza, la falta de empleos dignos, desigualdades sociales, la corrupción, entre otras. Las consecuencias que tiene la violencia en los individuos son graves y muy variadas, se puede exteriorizar en depresión, trastornos por el estrés postraumático, el abuso de sustancias, trastornos en el sueño, en la alimentación y en el tan temido suicidio, es bien sabido que aparece debido a causas históricas y sociales, el escritor Isaac Asimov señalaba con gran lucidez “Nos acostumbramos a la violencia y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa” es cierto el peligro es volvernos tan insensibles que no reaccionemos ante los estragos que deja a su paso.

Es responsabilidad de todos evitar que se manifieste y una obligación poner un alto a la violencia, estoy segura de que usted querido lector estará de acuerdo conmigo que esto sólo se logra con educación, una educación enfocada en los valores éticos, como lo es el respeto, la solidaridad, la cooperación, a resolver los conflictos de manera pacífica, utilizando el diálogo como un gran antídoto. Es prioritario realizar campañas de sensibilización, donde se rechace el uso de las armas, de las drogas y el alcohol o cualquier otro medio que provoque la violencia.

Un componente fundamental para lograr combatir la violencia es no imponer nuestra manera de ver la vida en los otros, es necesario aceptar las diferencias de pensamiento, de creencias, de forma de vivir, para lograrlo la comprensión es excelente porque nos permite entender e intuir las cosas, permitiéndonos ser flexibles, por ello, la infancia es un diamante para fomentar la paz en la sociedad, esto implica educar con autoridad responsable, no con violencia o en el otro extremo cumpliendo todos los deseos, lo más complicado en la educación de los hijos es lograr la neutralidad en las reglas que rigen en el hogar y hacerlas cumplir.

Ya lo decía el defensor norteamericano de los derechos humanos Martin Luther King “En el centro de la no violencia se alza el principio del amor”. Es necesario fomentar hogares sanos con el apoyo de profesionales, además, exigir a quien corresponda ya sea gobierno o las instituciones educativas el diseño y operación de programas que contribuyan a prevenir la violencia, que tengan como objetivos: construir relaciones sanas con el entorno; prevenir el consumo de alcohol o de cualquier estimulante; evitar el uso de cualquier tipo de armas; transformar las creencias culturales que propician la violencia, sé que este sueño puede hacerse realidad por el bien de la humanidad. No olvidemos que la violencia tiene serias consecuencias que son imborrables, duran por siempre.

Sin prisa, pero sin pausa

Susana Cepeda Islas

Vivimos en una época realmente conflictiva, la prisa es nuestro principal aliado, todo lo que realizamos debe ser a prisa, para comprobarlo le pido revise un momento como es su día: nos levantamos rápido, al igual que nos aseamos, tomamos nuestros alimentos, vamos a nuestras labores del día de la misma manera y la situación se complica aún más si tenemos una familia que atender. Nos preocupamos por realizar varias cosas al mismo tiempo y lo lamentable es que todo queremos que se realice en el momento, la prisa por hacer todo nos impide ver que esta situación complica de manera sorprendente nuestro comportamiento, recuerdo haber leído que “la prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo” ejemplar frase de Nietzsche.

La prisa es la prontitud de como ejecutamos o sucede algo, es esa necesidad de realizar cualquier cosa con urgencia, es curioso que etimológicamente la palabra pressa es participio del verbo premere (apretar, oprimir, presionar) de modo que significa “presionada”, y pensándolo bien, de esta forma nos sentimos las personas cuando hacemos cualquier actividad con prisa, presionadas ¿verdad?. Realmente hacer todo con prisa provoca un gran malestar, no es aconsejable movernos, actuar o pensar con rapidez porque nos lleva a vivir un estilo de vida frenético,

La biblia señala en Proverbios 19:2-26. “El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón”. Actuar de prisa nos evita reflexionar las cosas, es muy probable que se vaya directo al fracaso, a, pero eso sí, al recibir las consecuencias negativas de nuestras acciones, inmediatamente también huimos de nuestra responsabilidad en los hechos, culpamos a los otros, ya sea a otras personas, al tiempo, a la mala suerte, en fin, la lista puede ser muy grande de los culpables, nunca nosotros

Por su parte, Octavio Paz al final de su cuento Prisa describe maravillosamente el tema con estas palabras: “Lo siento: tengo prisa. Tengo ganas de estar libre de mi prisa, tengo prisa por acostarme y levantarme sin decirte y decirme: adiós, tengo prisa”. La prisa es un enemigo con el que caminamos todos los días, no lo dejamos, no lo expulsamos de nuestra vida, no importa que provoque en nuestro interior ansiedad, cansancio, irritabilidad. En el exterior torpeza, caos, pérdidas materiales, daños físicos, definitivamente es más lo que se pierde con la prisa y no se gana nada.

“Vísteme despacio que tengo prisa” frase histórica que le dijo Napoleón Bonaparte a su ayudante, nos aclara que no importa la prisa que tengas, es mejor hacerlo sin premura, porque estas expuesto a cometer errores que te provocarán perder más tiempo. Una frase que te invita a hacer las cosas con calma y que es común escucharla en la vida cotidiana: “sin prisa, pero sin pausa” hace referencia a que realicemos las cosas con calma, sosiego, serenidad, acompañados por algo valioso que es, no cabe duda: la constancia, la perseverancia.

Lo invito a pensar por un momento en las consecuencias negativas que tiene vivir con prisa, por un lado, nos impide poner atención plena, olvidamos reflexionar, mucho menos nos permite estar conscientes, además irremediablemente perdemos el maravilloso presente. Honestamente no hay necesidad de adelantar las cosas, hay que estar atentos, priorizar las tareas, aprender a decir no, de esta manera viviremos en plenitud, felices. Es necesario hacer un alto, ya lo decía Antoine de Saint-Exupéry en su libro El principito “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Tulipanes

Susana Cepeda Islas

Los tulipanes son flores hermosas que se relacionan con el tema amor, simbolizan pureza, inocencia, juventud y femineidad, existen de diferentes colores, por ejemplo el amarillo es símbolo de alegría, felicidad, amistad; el color rojo representa amor y pasión; de color blanco significa pureza y perdón; color morado elegancia y admiración, y finalmente, el rosado simboliza afecto y ternura, se dice que son plantas que irradian paz, simbolizan diversidad y fortaleza, por ello, regalar tulipanes significa amor y renovación, son flores elegantes.

La palabra “tulipán” proviene del vocablo tülbend, significa ‘turbante’ y hace referencia a la forma que adopta la flor cuando está cerrada. Es una planta de la familia Liliaceae, sus flores son vistosas por sus colores y por su forma de copa. Es una planta originaria de Asia Central, el tulipán se cultiva en todo el mundo, especialmente en climas templados, florecen en primavera y son plantas muy demandadas por su belleza y elegancia.

Por lo anterior, no cabe la menor duda que los tulipanes son plantas especiales y de gran belleza, estoy segura de que, por estas razones, Eliza Rodríguez escogió ese nombre para bautizar su primer cuento “Tulipanes”, el libro fue bellamente ilustrado por Vivi Sierra. Se presentó con gran éxito en la Librería Carlos Monsiváis, el pasado miércoles 26 de febrero. La presentación estuvo a cargo de Atenea López quién realizó interesantes preguntas sobre la estructura y la historia del cuento a la autora.

Es un cuento ágil y fácil de leer, los protagonistas son un jardinero que se dedica a cultivar tulipanes y por supuesto seis tulipanes cuyos nombres son: Dolce, Coco, Gucci, Vera, Dior, y Giorgo, que son cuidados con gran amor por el jardinero que se dedica a cultivar esta bella planta. A través del diálogo de estas flores, nos presenta la autora que todas las personas somos únicas y diferentes, nos provoca reflexionar sobre la individualidad, la aceptación y la aprobación.

Eliza comenta que: “Escribí este cuento a los 23 años, la idea era canalizar mis emociones, trabajar mi herida del rechazo a través de la escritura, encontrar respuestas en los personajes que surgieron durante mi proceso de narrativa. Está dirigido a todo público. Me gustaría que el lector encuentre en “Tulipanes” el reconocimiento, la compasión y que sea una reflexión para ser un espacio seguro para quienes le rodean. Recuerdo cuando estudiaba psicología, unos amigos se expresaban a través de dibujos, escritura y música. Admiraba esas expresiones me parecía inspirador, les comenté que quería expresarme a través de la escritura, así fue como hace 10 años escribí Tulipanes como canalización de mi herida del rechazo”.

Eliza es una bella mujer que a pesar de su juventud es versátil, estudió psicología en la UA de C, es modelo en sus tiempos libres, además tiene junto con su hermana Daniela Rodríguez una Asociación Civil “Empezar” enfocada en la salud mental, que es un tema tan necesario en la actualidad, ya que una persona sana mentalmente se caracteriza por no irse a los extremos, son tolerantes, no se subestiman, ni se sobrevaloran, se respetan, lo que les permite enfrentar diferentes tipos de situaciones, están satisfechas con ellas mismas, porque la salud mental incluye el bienestar emocional, psicológico y social, y contribuye al manejo del estrés, ayudando a tener una buena relación con nuestros semejantes y sobre todo en la toma de decisiones. Por ello, es admirable que una joven talentosa como Eliza se de permiso para expresar sus emociones, estoy convencida que, con este cuento, ayudará a muchas personas a encontrar su bienestar, y saber que su salud mental es fundamental para tener una vida digna y de calidad.

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