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Rubén Aguilar Valenzuela
Como el presidente Peña Nieto (2012-2018), el presidente López Obrador (2018-2024) cedió a las presiones del Ejército en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, asegura Vidulfo Rosales, abogado de los padres de estas víctimas.
De manera detallada en una entrevista realizada por Jesús Guerrero (Reforma, 26.09.24) da su versión de como ocurre la presión del Ejército y, entonces, el presidente da marcha atrás al compromiso contraído con los padres, a los cuales no les cumple su promesa y los traiciona.
El 18 de agosto de 2022 tuvo lugar una reunión en la que estuvieron presentes López Obrador, el fiscal Alejandro Gertz Manero, los integrantes de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa (Covaj), Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, de la Segob, Omar Gómez Trejo, fiscal del caso, y también los padres y las madres de los normalistas asesinados.
En esa reunión se dió a conocer un informe con una lista de 180 personas con órdenes de aprensión. En esta había nombres de jefes militares, funcionarios públicos federales y estatales, ex policías federales, estatales y municipales de Iguala, Taxco, Huitzuco y Tepecoacuilco y también de integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos.
El presidente dijo en esa ocasión "adelante yo no tengo compromiso con nadie y pronto se les dará noticias". Nosotros, dice Rosales, entendimos que el presidente giraba una orden para que se realizaran las detenciones correspondientes.
Un día después, el 19 de agosto, ocurre el arresto de Jesús Murillo Karam, que había sido el fiscal en tiempos de Peña Nieto. Los cargos, tortura y desaparición forzada en el caso de Ayotzinapa. Entonces "pensamos que en verdad sí se estaba avanzando y que se había dado un gran paso para encontrar la verdad", dice Rosales.
No era así y las presiones del Ejército sobre el presidente inician en septiembre de 2022 cuando ya se conoce la lista con los mandos que se piden sean arrestados y entre el 10 y 20 de septiembre tiene lugar un debate muy intenso al interior del gobierno, asegura Rosales.
La discusión era si se procedía y arrestaba a los mandos militares o no se hacía nada, para no entrar en conflicto con el Ejército. Según Rosales, los militares amenazaron con "dejar tiradas" las obras del aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya.
El presidente cedió, estaban en juego sus obras emblemáticas, y dio órdenes para que no procedieran los arrestos de los mandos militares implicados en el caso de Ayotzinapa, afirma Rosales.
El presidente, que no hizo honor a su compromiso con los padres y madres de los normalistas, añade el abogado "nos acusó de haber inventado historias, y denostar al igual a los organismos de derechos humanos que hemos acompañado a los padres y madres de los jóvenes desaparecidos".
No hay duda, es la real verdad histórica, que el Ejército tuvo participación en los hechos de Iguala como lo aseguran los padres y madres de los normalistas y también instancias internacionales implicadas en el caso. Hasta ahora no ha habido la voluntad y fuerza del gobierno, para llevar a los militares a presentarse ante la justicia.
Rubén Aguilar Valenzuela
El candidato Andrés Manuel López Obrador, con su narrativa en contra del PRI y el PAN, tuvo éxito a la tercera vez que se presentó a las urnas, en las primeras dos con esa misma perdió, pero con 18 años de campaña un grupo cada vez más amplio de seguidores se identificó con ella.
En la realidad política nacional había un ambiente anímico, para que esa narrativa se viera con simpatía y se impusiera. Había un rechazo al PRI, a la corrupción y frivolidad de sus gobernantes, representada por el presidente Peña Nieto (2012-2018), que se encargó de exacerbarlas.
Y una decepción de los gobiernos del PAN de Fox Quesada (2000-2006) y Calderon Hinojosa (2006-2012), que despertaron grandes expectativas de cambio, que no se hicieron realidad. Ya en el gobierno no tuvieron un gran proyecto de cambio que no fuera una mayor honradez y una mejor administración de la gestión pública.
En 2018, después de casi 20 años de repetirla, la narrativa de López Obrador, resonó para la mayoría de los electores en el contexto de una sociedad harta y decepcionada con los gobiernos del PRI y el PAN, sin importarles que López Obrador, y la mayoría de las y los cercanos a él, vinieran del partido que había estado ochenta años en el poder. Sin importarles que estos tuvieran los mismos vicios, las mismas costumbres y los mismos métodos de trabajo.
Ya en la presidencia, López Obrador, a través de una poderosa estrategia de comunicación, cuyo eje central fue su comparecencia mañanera diaria, que después replicaban todos los medios de comunicación, y una serie de programas sociales clientelares, todos con un cheque personal por delante, consolidó la narrativa y obtuvo cada vez más adeptos, al tiempo que muy ideologizados.
El éxito de la narrativa de López Obrador y su estrategia de difusión y cooptación, vía los programas sociales, están a la vista y no se pueden negar. Sin estos no se puede explicar el triunfo de la candidata de Morena-PVEM-PT, la ahora presidenta Claudia Sheinbaum (2024-2030).
Ella todos los días, desde una estrategia semejante a la de su mentor y antecesor, alimentada a las bases afines al gobierno. Está en lo suyo. Queda por ver si tendrá el mismo resultado con el paso de los próximos meses y años de su gestión.
Frente a esta realidad, las fuerzas de la oposición representadas en el PRI y el PAN, el PRD ya no existe, y el MC, es un caso aparte, mantienen un discurso de crítica al gobierno que no construye una narrativa. Su crítica, la más de las veces, fundada en buenas razones, no permea en los sectores más amplios de la sociedad, que se identifican con la narrativa del oficialismo.
El PRI y el PAN, si quieren poner freno a su caída en la intención del voto, y hacerse de nuevos simpatizantes y recuperar los que han perdido o se han ido a Morena, deben de abandonar su actual discurso de crítica al gobierno y construir una narrativa, que contemple un proyecto de gobierno alternativo al que ahora apoya la mayoría de las y los mexicanos. De eso escribo en un próximo artículo.
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Rubén Aguilar Valenzuela
En 2024, como en 2023, México permaneció en el lugar 33 de 146 países contemplados en el índice Global de Brecha de Género, que desde 2006 realiza el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés).
Se evalúan cuatro categorías y nuestro país obtiene una puntuación general de 76.8. En el apartado de Participación y Oportunidades Económicas ocupó el lugar 109 con 61.2 de puntuación. Es donde logra el peor resultado.
En el apartado Paridad de Logros Educativos ocupa el lugar 62 con una puntuación de 99.4. En este rubro 29 países, casi todos europeos, tuvieron una puntuación del 100. En el apartado Salud y Supervivencia ocupa el lugar 49 con 97.5 puntos.
México obtiene 49 puntos en el apartado Empoderamiento Político, que es donde alcanza su mejor lugar y ahora ocupa el puesto 14 cuando antes tenía el lugar 45. Este indicador mide la brecha de género en altos puestos políticos.
El país ha avanzado de manera considerable en este rubro al garantizar la paridad de género en la integración de las cámaras del Poder Legislativo y en otros cargos de elección popular, por el camino de las cuotas de género.
De acuerdo al índice Global de Brecha de Género, América Latina ha tenido una mejora desde la primera medición en 2006 y ha avanzado en 22.4 puntos porcentuales, que la coloca en 2024 como la segunda región mejor calificada.
A nivel de la región, en paridad de género, México se posiciona en el séptimo lugar de los 22 países contemplados. El nuestro tiene 76.8 puntos. Nicaragua, 81.1; Ecuador 78.8; Costa Rica 78.5; Chile, 78.1; Barbados, 77.3 y Argentina, 77.2.
A nivel mundial, los países mejor evaluados en la paridad de género son Islandia con 93.5, que ocupa el primer lugar desde hace 15 años. Le siguen Finlandia y Noruega con 87.5; Nueva Zelanda con 83.5 y Suecia con 81.6.
Hay avances, a nivel mundial pero lo que falta por hacer es todavía mucho. De acuerdo al WEF, con las actuales tendencias, se necesitan 20 años para alcanzar la paridad de logros educativos.
Y 152 años para alcanzar la paridad económica y 169 años para cerrar la brecha del empoderamiento político. No hay cálculos que midan los años que faltan para cerrar la brecha de género en salud y supervivencia.
Mediciones internacionales como la del Índice Global de Brecha de Género, del Foro Económico Mundial (WEF), siempre son útiles para saber cómo se está con relación a los demás, pero también para proponerse retos para seguir avanzando y mejorar en temas sustantivos como la paridad de género.
