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No quisieron cooperar para le escuela

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico de dos habitantes del campo Saltillense, que vivieron en el ejido de Aguanueva, cuando este aun era conocido como hacienda y que en realidad no eran como lo son la gente del campo, que saben compartir y que entienden perfectamente que todo lo que se le desea al prójimo se devuelve doble, es decir estos dos individuos de los que te platicaré no eran Saltillenses eran de otra parte del mundo, por codos y no saber compartir.

Les platico, el problema fue que en el mes de noviembre del que ya pareciera lejano año de 1923, los directivos, maestros de la escuela Andrés S. Viesca, junto con el juez auxiliar de Aguanueva decidieron iniciar una colecta económica entre los habitantes de la comunidad para poder comprar libros, cuadernos, lápices, borradores y demás para los niños que asistían a esa misma escuela.

Todos, bueno casi todos los habitantes de Aguanueva, se mostraron muy entusiastas, emocionados, y participativos, desembolsando centavos, otros pesos, unos monedas y hasta billetes, de acuerdo a las posibilidades de cada quien.

Pero hubo no uno sino dos prietitos en el arroz, es decir dos personas que no quisieron colaborar y me voy a permitir mencionar los nombres de estas personas que fueron muy avaros, envidiosos, tacaños y agarrados, uno de ellos era Jesús López, quien trabajaba en el molino y el otro era el comerciante Gumaro Martínez.

La verdad estuve investigando el motivo, por el cual estas dos personas decidieron no colaborar en la educación de los niños y las niñas de Aguanueva, no encontré justificación alguna de su actuar, pero les puedo asegurar que las niñas y niños que estudiaban en la Escuela Primara Andrés S. Viesca de Aguanueva, lograron aprender a sumar, restar, leer y hasta geografía sin la necesidad de la ayuda de estos dos envidiosos.

Aprovecho la oportunidad para saludar a todos los Saltillenses del campo, quienes son gente buena, de trabajo,  quienes definitivamente comprenden perfectamente el significado de compartir y a todos los niños y niñas que están estudiando no únicamente en el campo sino también en la ciudad, aconsejándoles que le echen ganas al estudio y que se porten bien tanto en su casa como en la escuela.

Esta es una anécdota más del campo de esta hermosa ciudad de Saltillo, la anécdota de dos personas que fueron tacañas y que no quisieron colaborar en la educación de los estudiantes de Aguanueva.

Casa Jiménez Hermanos y su mayordomo

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico de un robo, de un hurto que sucedió en esta hermosa ciudad a mediados de la decada de 1920, en el año de 1925 para ser precisos, y es que en aquella época en la esquina de lo que era la calle de Iturtbide, hoy Pérez Treviño esquina con  Allende, contabamos con un establecimiento, con un negocio llamado Casa Comercial Jiménez Hermanos, cuyos propietarios por supuesto que eran hermanos de apellido Jiménez, uno José María y el otro de nombre Marcial.

Este negocio, se dedicaba a la venta de abarrotes, al mayoreo y menudeo, sus clientes principales eran las minoristas que estaban esparcidos por todo aquel pequeño Saltillo.

Los hermanos Jiménez, contaban con la colaboración de un mayordomo, quien fungía como gerente, hombre honesto, responsables, de todas las confianzas de los propietarios, quienes además tenía contratados a tres trabajadores más, quienes se hacía responsables de limpiar, acomodar, cargas y descargar la mercancia. Además entre sus activos contaban con un camioncito corto, un express y uno de las primeras fortigas que hubo en Saltillo.

Un buen día, entró a la casa comercial, un hombre de apariencia campesina, quien no era de Saltillo, pues no se había visto por estos lugares, dijo llamarse Atenor, hombre de bigote espeso, usaba paliacate y chaleco, quien tenía la facilidad de palabra y por sus ademanes mostraba solvencia económica.

Atenor le dijo al mayordomo que compraría entre otras cosas, dos bultos de arroz, otros dos de azúcar, dos más de frijol, cada bulto con un peso de 50 kilogramos, tres bultos de maíz, veinte cajas grandes de galletas, dos cajas de piloncillo…. mientras los trabajadores de la casa Jiménez sacaban los articulos del almacén, Atenor le solicitó al mayordomo  que la mercancía fuera transportada a su local en el camión corto, bien podría el mayordomo ir al volante y que no era necesario la compañía de los macheteros propios del negocio, pues allá contaba con tres cargadores quienes se encargarían de descargar la mercancía comprada.

Subieron al camión, y efectivamemte el mayordomo conducía, siguiendo las instrucciones de Atenor, quien guió hacia el sur al mayordomo, al llegar a la calle de Ramos Arizpe le pidió girar a la derecha y a la siguiente cuadra le indicó que se estacionasé frente a unos cuartuchos, con gran ágilidad el comprador bajó del vehículo, y al dar un silvido salieron tres macheteros quienes de manera rápida y organizada bajaron la mercancía del camión, metiendola a la construcción. Atenor, inició una plática amena con el mayordomo, comentando de sus viajes al bajío y centro del país, cuando los macheteros le dieron aviso a su patrón que habían terminado, el comprador le dijo al mayordomo, que entraría a la casa, donde establecería una tienda de abarrotes, por el dinero para realizar el pago, el mayordomo espero en la banqueta, pasaron, cinco, diez y hasta quince minutos, por lo que decidió entrar, ya que se había preocupado por la tardanza, tocó la puerta, después de titubear, se armó de valor, para empujar la puerta, observando que la casa, la construcción estaba vacía, caminando dio con un pasillo, el cual también estaba vacio de personas y de mercancía, pero se dio cuenta que unos pasos más adelante, ese pasillo tenía una puerta que daba por la calle de Mina, así es estimada y estimado amigo, le había robado, pues con seguridad los trabjadores de Atenor, si es que así se llamaba el jefe de la banda, subieron la mercancía a otro vehículo que estaba por la calle de Mina, y ya con los artculos arriba del camión huyeron, de ellos, de los ladrones y de la mercancia, como a Camelía la texana ya jamas se supo nada.

La fotografía y el béisbol en Saltillo

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico de dos acontecimientos que trajo la invasión norteamericana a esta bella ciudad de Saltillo.

Con la llegada de las tropas invasoras, que ocuparon lo que hoy conocemos como el Mirador, allá en 1847, en el mes de febrero, para ser más precisos, arribó el teniente Abner Doubleday, militar estadounidense que alcanzó el grado de General por el bando de la Unión en la guerra de Secesión Norteamericana. Pero no solo contaba con oficio castrense: fue también el inventor del béisbol.

Cuando la plaza de Saltillo fue tomada, las tropas norteamericanas practicaban dicho deporte, incluso el militar tuvo la oportunidad de convivir con niños Saltillenses, a quienes les explicó las reglas del rey de los deportes.

Las evidencias dan por un hecho que aquí en Saltillo se jugó por primera vez el béisbol en México, mucho antes de que nacieran nuestros queridos Saraperos.

Pero no es todo. Esa guerra tan desigual trajo consigo un artefacto novedoso y sumamente moderno para la época. Me refiero a un aparato llamado daguerrotipo que al evolucionar se convirtió en lo que hoy conocemos como cámara fotográfica. Con ese aparato se captaron las primeras imágenes de esta ciudad de Saltillo, de los norteamericanos con bates de béisbol, y de las convivencias del entonces teniente Doubleday con niños Saltillenses.

Sin embargo, se tomó una imagen mucho más interesante y significativa para la historia de la fotografía. La historia no nos dice que aquí se haya tomado la primera imagen en México, mas sí refiere que la primera bélica en el mundo se tomó en esta ciudad precisamente en la época en que se desarrolló la Batalla de La Angostura. Por cierto, esta información me fue proporcionada por el Museo de los Presidentes.

Saltillo ha ocupado primer lugar en muchas cosas. Nuestra ciudad ha presenciado el paso del tiempo, de la historia, amigos y amigas Saltillenses. La intervención no fue buena y afirmar lo contrario sería antipatriótico y antimexicano, pero aquí en nuestra hermosa ciudad sucedieron cosas interesantes con la llegada del norteamericano invasor: los antecedentes del béisbol y la fotografía. Además, podemos presumir que Saltillo es la cuna del rey de los deportes en México. Definitivamente aquí tenemos anécdotas que solo los Saltillenses podemos contar.

Cápsulas Saraperas: EL ÚLTIMO FUSILADO  

Francisco Tobías

Hola soy Francisco Tobias, en esta ocasión te platico sobre un acontecimiento del cual Saltillo fue testigo, de un hecho último en su tipo, aquí se realizó el ultimo fusilamiento militar en México.

El inculpado José Isaías Constante Laureano, fue recluido en la cárcel militar instalada donde hoy se albergan las oficinas de la Secretaria de Finanzas, en el cruce de las calles de Castelar y General Cepeda, esperando sentencia.

El juicio militar de José Isaías se realizo en lo que hoy es el Museo de las Aves, ahí se le encontró culpable por el asesinato de Cristóbal Granados Jasso y del subteniente de infantería Juan Pablo MaDobecker, también fue condenado por insubordinación, se sabe, que los asesinó con su carabina al estar bajo los efectos del alcohol, en la ciudad de San Luis Potosí.

Eran 4 horas con 30 minutos del 9 de agosto de 1961, cuando se escucho la voz de coronel Aburto Valencia ordenar con firmeza PREPAREN, APUNTEN, FUEGO, en ese momento el accionar de los gatillos iniciaron el recorrido de la pólvora, 8 fusiles, 8 balas impulsadas por los fogonazos,  terminaron con la vida de José Isaías, testigo de ello fue director de la penitenciaría militar, Gregorio Ruiz Martínez, con 28 años contaba el sentenciado.

Dicen que su último deseo, fue morir sin que los ojos le fueran vendados, él quería morir mirando el alba, mirando la salida del sol murió.

El tiro de gracia otro militar lo ejecutó, un personaje conocido en la Normal Superior, quien durante años fue el instructor de escoltas de la benemérita.

Saltillo fue testigo de dicho suceso, cuentan que los saltillenses estuvieron a la expectativa, de esta práctica permitida por las leyes militares que no era común en el país y menos en el pequeño Saltillo del 1961.

Una anécdota que quedó para la historia de nuestra hermosa ciudad de Saltillo.

Aviso de ocasión

Informo que ya he solicitado al gobernador del Estado haga dispensa mi edad para casarme con la niña  María Martina Copado, ya  sus padres no quieren.  Vecinos: ya dejen de hablar de mí.  Juan Bautista Ortega.

Anuncio publicado en esta hermosa ciudad de Saltillo, cuando se llamaba Ciudad Leona Vicario, el 22 de julio de 1829. 

Gracias por acompañarme soy Francisco Tobias y Yo Soy de Saltillo

Hipódromo en Saltillo

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico sobre la intención del doctor Ignacio Alcocer de construir en Saltillo, en nuestra bella ciudad, un hipódromo. Así es, amigas y amigos, un lugar donde se realizarían carreras de caballos con todo y apuestas.

Quiero comentarles que el doctor Alcocer dedicó parte de su vida al estudio de la lengua náhuatl y de las culturas precolombinas. Fue precisamente él quien localizó la ubicación exacta del Palacio de Axayácatl y de la mismísima casa del emperador azteca Cuauhtémoc. Fue además catedrático del glorioso Ateneo Fuente.

Corría el mes de febrero del año 1909 cuando el empresario Saltillense dio a conocer que el recinto ecuestre no solo contaría con pista para carreras de caballos. El diseño incluía toda una ciudad deportiva. Imaginemos en el mismo lugar un velódromo: así es, una pista para carreras de bicicletas, campos para jugar béisbol, tenis, fútbol, tiro al blanco. Incluso en el proyecto se consideraba hasta una pista para carreras con obstáculos.

En un solo lugar, en un solo inmueble convergerían además de las apuestas por los caballos, la práctica de muchos deportes. El doctor Alcocer, empresario y médico graduado de La Sorborna de París, solo pedía que se le regalara el terreno donde podría ser construido.

Al parecer, el alcalde Francisco N. Acuña no cedió el terreno, y aunque la investigación no lo dice textualmente, puedo deducir la negación del alcalde, aun teniendo el compromiso de que el proyecto iba ser financiado en su totalidad por el doctor Alcocer.

Sigo buscando la verdadera razón de la negativa. Pudo haber sido porque no querían un centro de apuestas en Saltillo; porque no se pudo regalar el terreno o hasta porque el alcalde no quiso nada más porque no.

Así es, amigo o amiga Saltillense, en nuestra ciudad existió la intención de construir un hipódromo con ciudad deportiva, o ciudad deportiva con hipódromo, como usted guste verlo o escucharlo. Lo que sí estamos seguros es que nunca se construyó.

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