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Cápsulas Saraperas: Julio Torri

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico sobre Julio Torri, un Saltillense nacido el 27 de junio de 1889, ahí en la que hoy conocemos como calle de Victoria, a unos pasos del edificio donde estuvo el Hotel Arizpe. Sus padres fueron Julio S. Torri y Sofía Maynes. Don Julio Torri se desempeñó como maestro y abogado, pero su reconocimiento nacional e internacional es por sus escritos y poemas.

Realizó sus primeros estudios en el colegio Torreón y después en el glorioso Ateneo Fuente. Cuando contaba con 19 años, se trasladó a la Ciudad de México, donde ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Ahí conoció a grandes pensadores de su talla, como Antonio Caso y Alfonso Reyes, con quienes, y junto con otros más, fundó el Ateneo de la Juventud, asociación dedicada a difundir la cultura, el arte y fomentar el debate público.

Julio Torri no solo creaba literatura, también la enseñaba. Además de ser un vigilante de la letra, entre sus logros se encuentra ser el fundador del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública y después Jefe del Departamento Editorial de esta misma institución. Fue profesor de literatura durante 36 años en la escuela de Filosofía y Letras y en la Escuela Nacional Preparatoria, y por si fuera poco también fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Un hombre descrito como silencioso, cuya obra sigue siendo ejemplo de perfección y elegancia. Lo caracterizaba un sentido del humor fino impreso en sus cuentos y ensayos.

Hoy en día, el Premio Nacional de Cuento Breve, la Librería del Centro Cultural Universitario de la UNAM en la Ciudad de México y el festival más importante de cultura del Estado de Coahuila llevan su nombre.

Julio Torri es un Saltillense ejemplar, un hombre amante de la cultura y las artes, que sigue y seguirá siendo referencia en la literatura mexicana y de la lengua española. Un Saltillense cuya obra hay que leer, y su figura recordar. Sobre todo, es un Saltillense que vale la pena presumir.

Cápsulas Saraperas: Herido de honor

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico que allá por el 10 de enero de 1697 se dio la violencia por estos lares: Miguel de San Miguel fue herido, a la altura de la axila, por Juan Farías con un arma blanca. Testigos cuentan que las peleas entre agresor y agredido habían sido frecuentes en los días anteriores al suceso que ahora te narro. No se supo a ciencia cierta el motivo de las riñas que mantuvieron preocupados a los habitantes de la bella ciudad de Saltillo cuando aún era villa.

A pesar del silencio y de la confusión sobre la razón que ocasionó las peleas que terminaron en esta última, en la cual Miguel resultó herido, las malas lenguas comentan que Juan insultó en reiteradas ocasiones a la esposa del afectado. Las investigaciones llegaron a otro residente de la villa llamado Juan Linares, quien confirmó lo dicho por las lenguas antes referidas, aunque lo cierto es que no tenemos la certeza.

Juan Linares declaró bajo juramento de decir la verdad que días antes vio cómo su tocayo de apellido Farías se acercó al caballo que Miguel montaba, en el cual también viajaba su mujer. Le dijo algo en voz baja y Linares no alcanzó a percatarse cuáles fueron exactamente esas palabras que molestaron tanto a Miguel.

Las especulaciones no se hicieron esperar, que si la mujer de uno, que si la esposa de otro; que uno faltó al respeto a uno o que el otro al uno. Cada quien sacaba sus conclusiones y culpaba a quien mal le caía, o bien justificaba a quien creía que tenía la razón.

La única verdad es que Miguel terminó herido y los motivos nada más él, su esposa y Juan los supieron. Y aunque no se conoció la verdadera razón de las rencillas que terminaron en tal violencia y que puso el alma en un vilo de los habitantes de Saltillo, todo hace suponer que se trató de una cuestión de honor.

Miguel sanó, y el pleito al parecer cesó. Seguiré investigando y si hay algo interesante que contar sobre este episodio lo platicaré en otra Cápsula Sarapera. Por lo pronto, recordemos esta anécdota de aquel pequeño Saltillo que forma parte ya de nuestro pasado.

Cápsulas Saraperas: Panteón como baño

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico que a mediados de 1920, el 4 de agosto para ser precisos, los vecinos del sector oriente de esta bella ciudad se quejaron ante el ayuntamiento de Saltillo por el uso indiscriminado de lo que fue el panteón municipal, clausurado a finales del siglo xix, ya que era utilizado como retrete.

El abandono del camposanto fue total, pues se volvió lugar donde los pillos y ladrones se escondían, además de que la gente que tenía ganas de ir al baño dejaba algún recuerdo cerca de su muertito favorito.

Las quejas aumentaban día a día. Los vecinos estaban sumamente molestos, pues les resultaba bochornoso ir caminando y de repente toparse con alguien en cuclillas con las caras deformadas por el esfuerzo. Adicional a que se había vuelto un problema de salud pública, causaba desagrado en demasía ver profanadas las cruces de las tumbas de quienes ahí descansaban. A eso le sumamos que en cualquier momento podían toparse con el grotesco escenario, ya sea a la hora que iban o venían los niños de la escuela, o cuando se acudía al llamado de misa: la sorpresita era latente.

Amigos y amigas Saltillenses, y los olores… ¿dónde los deja usted? Esas eran las quejas que más abundaban. Ay, qué feo, mejor ya no les cuento.

Así es, amigos y amigas, en Saltillo la última morada de sus habitantes fue convertida en baño público, lo que se convirtió no solo en un problema de moral, sino religioso, de salud pública y de pudor, y también en un problema de olor, un evento que ahora no vale la pena ni siquiera oler.

Cápsulas Saraperas: Peluquería Palacio

En esta ocasión te platico de un lugar que tiene 42 años de dar servicio a los Saltillenses, de una peluquería muy peculiar ubicada en la de Acuña pasando, hacia el sur, la emblemática calle de Victoria.

Don Fidel comenzó este negocio junto a don Jesús de la Cruz en 1972. Sus pinitos, es decir, sus primeros cortes de pelo, costaban 20 pesos, pesos de aquellos. El servicio que se ofrece, como desde el principio, es de primera, y ejemplo de ello es que hoy muchos de sus clientes siguen siendo los mismos de antaño; además, entre ellos ya se encuentran hijos, nietos y hasta bisnietos de esos primeros clientes. Una peluquería donde grandes personajes se han cortado el pelo, como Óscar Flores Tapia, el Zorro Plateado (sin máscara, por supuesto), don Adrián Rodríguez, don Paco de la Peña, entre muchos otros más Saltillenses que hemos pasado por esas tijeras, navajas y peines.

Anécdotas hay muchas, pero la que recuerda con mayor frecuencia don Fidel es cuando en una ocasión estaba rasurando al Capitán Lemuel y en eso llegó un doctor medio tomado, quien empezó a gritar y decir de cosas. El capitán se levantó, para llamarle la atención al galeno, quien guardó silencio y poco a poco se acercó a la puerta del negocio para salir. Imaginemos cómo estuvo el regaño que el doctor malhablado jamás se volvió a parar en la peluquería Palacio.

Hoy lamentablemente don Jesús ya no nos acompaña y su lugar lo ocupa Nora Hilda Viera, quien durante 20 años ha acompañado a don Fidel después de la partida de don Chuy.

Este negocio del que les hablo es un lugar que da atención y servicio a niños menores de 1 año hasta clientes de 98 años, como don Santos, quien después de décadas sigue sacándose punta en la Peluquería Palacio.

Don Fidel recuerda con orgullo que sus primeras tijeras fueron marca barrilito, como las que aún utiliza, y que todavía rasura de acuerdo a los cánones de la vieja usanza.

En la Peluquería Palacio, se revive el pasado. Pese a ocupar ahora un local un poco más al sur del sitio original, pero sobre la misma calle de Acuña, sigue siendo un lugar muy Saltillense que ha visto pasar el tiempo, y que cuando uno a él entra pareciera que la época se detuvo: están ahí los mismos sillones, los mismos espejos.

Seguramente muchos de los Saltillenses recordamos que a un costado de la peluquería original se encontraba hace años el negocio de las tortas Palacio, atendidas por su propietario, el boxeador profesional “Kid Monterrey”, cuya especialidad era la torta de pierna con aguacate.

Un lugar mágico donde cortar el cabello es un arte y la rasurada una artesanía. Don Fidel y doña Nora son maestros de la tijera, la navaja y el peine.

Amigo Saltillense: vaya a la Peluquería Palacio, lugar que vale la pena visitar. Además, una rasurada o un buen corte de cabello a nadie nos cae mal.

Cápsulas Saraperas: San Esteban

Francisco Tobías

En esta ocasión te platico que en nuestra emblemática calle de Victoria, esquina con Padre Flores, se puede ver, incluso destaca por su sencillez y hermosura, el templo de San Esteban, que fue fundado en 1582 por Fray Lorenzo de Gaviria. Para el año de 1586 el templo fue destruido por los huachichiles y borrados, tribus nativas de esta región.

Los trabajos de restauración del templo se realizaron en 1591, cuando en aquellos años ese templo era conocido como la Capilla de los Indios, gracias a que era el lugar a donde los Tlaxcaltecas venidos de San Esteban de Tizatlán trajeron al patrono de su lugar de origen. Fue así como encontró su morada aquí, en lo que hoy es esta bella ciudad de Saltillo.

Al cumplir el templo 150 años, es decir, por 1732, el Padre Guardián y Ministro de Doctrina de San Esteban pretendió derrumbarlo, ya que alegaba, aseguraba y fundamentaba que estaba muy maltratado y casi en ruinas.

Los moradores del pueblo de San Esteban se movilizaron y solicitaron a la autoridad detuviera tal pretensión. El Alcalde Mayor de la Villa de Saltillo, quien era la autoridad superior de las dos vecinas villas, conmovido por la petición, solicitó al Padre Guardián que no lo destruyera, ya que los moradores del pueblo de San Esteban juntarían los medios materiales y humanos para repararla.

La imagen de San Esteban fue cambiada en el año 1900. Nadie sabe a dónde se trasladó la original.

El templo de San Esteban es una edificación sobria y sencilla, construida por franciscanos. Testigo de la historia de nuestra bella ciudad de Saltillo, es una construcción que sigue en pie. Es un templo que ha soportado combates e incendios y ha sido objeto de muchas restauraciones. Un lugar que requiere cuidados, ya que está construida sobre un manto freático y corre el riesgo de hundirse, pero no solo eso. El templo de San Esteban aquí en Saltillo también logró sobrevivir a un Padre Guardián, que no era tan guardián, pues quería derrumbarlo. Indiscutiblemente, un sitio emblemático de nuestra ciudad y por supuesto que vale la pena presumir.

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