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CAPITALES: La visión de futuro para el hidrógeno verde

Francisco Treviño Aguirre

Para alcanzar la meta de cero emisiones netas para 2050, necesitamos crear un sistema de energía sin carbono factible y asequible a nivel mundial.  En este sentido, el hidrógeno verde juega un papel fundamental. Actualmente, la demanda de hidrógeno verde es baja, sin embargo, está aumentando muy rápidamente. Eso es gracias a los compromisos de reducción de emisiones de carbono realizados y fortalecidos en la cumbre climática internacional COP26 en noviembre de 2021, y la importancia de mejorar la seguridad energética y la asequibilidad al reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

El hidrógeno verde se produce al dividir el agua en sus moléculas componentes (dos de hidrógeno en un oxígeno) a través de la electrólisis utilizando energía renovable. Es una contrapartida esencial para la generación de energía renovable, proporcionando un medio de almacenamiento de energía para superar la intermitencia y equilibrar la oferta con la demanda. Como portador de energía, también es sumamente versátil, lo que permite su uso en diferentes sectores, incluidos la industria y el transporte, y en aplicaciones domésticas.

Actualmente se desarrollan un número creciente de ambiciosos proyectos relacionados con el hidrógeno verde, mismos que darán forma al mercado al desarrollar y probar tecnologías, así como resolver desafíos de diseño, entrega y operación para enfocarse en casos de uso práctico y de esta manera, aumentar la escala del mercado. Derivado de lo anterior, se espera que todo esto impulsará a reducir el costo del hidrógeno verde hasta un punto en el que, para 2050 o antes, sea competitivo con las fuentes de energía convencionales.

De esta manera, los principales objetivos son aumentar la eficiencia de producción y reducir el costo de la electrólisis; crear la infraestructura necesaria para el almacenamiento, transmisión y distribución de hidrógeno; desarrollar aplicaciones industriales y domésticas para el uso de hidrógeno puro; y construcción de infraestructura de abastecimiento de combustible para el transporte propulsado por hidrógeno. En este sentido, se llevan a cabo acciones muy específicas en diferentes países del mundo, con la finalidad de crear las condiciones adecuadas para la evolución hacia el hidrogeno.

Por ejemplo, Reino Unido lleva a cabo un plan que inicio en 2020 y que apunta a para contar con 5 GW de capacidad de producción de hidrógeno con bajas emisiones de carbono para 2030. Eso es suficiente para producir aproximadamente 30 millones de toneladas de acero o generar energía eléctrica para 1 millón 5 mil casas. Adicionalmente, Se están desarrollando cinco clústers, enfocados en la producción y el uso de hidrógeno para minimizar los costos de almacenamiento y transmisión.

Por otro lado, NortH2 es uno de varios proyectos europeos que trabajan para desarrollar tecnologías de hidrógeno verde y construir una escala de mercado, que es esencial para reducir los costos. entregará producción, almacenamiento y transmisión a gran escala de hidrógeno verde a sectores industriales que actualmente dependen del gas natural y son difíciles de electrificar. Creará el grupo más grande del mundo de parques eólicos marinos, transmitiendo energía en tierra para producir hidrógeno verde por electrólisis y luego transportando el hidrógeno a través de infraestructura de gas convertida a centros industriales en Alemania, Bélgica y los Países Bajos.

La forma de cada proyecto será diferente, lo que permitirá explorar diferentes aspectos técnicos, comerciales y regulatorios. Si bien los plazos para el desarrollo de estos proyectos no aliviarán la crisis energética actual; el desarrollo, la implementación y el perfeccionamiento de soluciones de energía verde en aplicaciones industriales, de transporte y domésticas contribuirán a la resiliencia energética futura y a la protección contra las crisis de precios.

Twitter: @pacotrevinoa

 

CAPITALES: ¿Pura vida? La transición energética en Costa Rica

Francisco Treviño Aguirre

Costa Rica goza de una fama internacional generalizada por ser uno de los países más verdes del mundo. El país centroamericano ha sido elogiado repetidamente por sus destacados esfuerzos en la lucha contra el cambio climático, por sus esfuerzos de reforestación y por generar casi toda su electricidad a partir de fuentes de energía renovable. Aunque el gobierno ha adoptado un ambicioso plan económico para que descarbonizar al país para mediados de siglo, las políticas verdes a veces no son tan optimistas como parecen.

En el país, esta transición se impulsa por tres grandes determinantes: el cambio climático que obliga a buscar formas de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el entorno disruptivo en el cual interactúa el sector energético debido a la aparición de nuevas tecnologías y hábitos de consumo; así como la necesidad de solventar problemas estructurales en el funcionamiento del Subsector Energía, que a lo largo de los años han limitado su eficiencia.

Es cierto que las cifras de generación de energía son impresionantes; Costa Rica es uno de los pocos países del mundo que genera más del 98 por ciento de su electricidad a partir de fuentes renovables. En 2018, su energía fue generada de la siguiente manera: 72% hidroeléctrica, 16% energía eólica, 9% geotérmica, 0.8 % de biomasa y una pequeña porción de solo 0.1 % de energía solar.

Pero como con todas las transiciones de energía, tenemos que observar el panorama general. Como la electricidad de Costa Rica ha sido generada predominantemente por energía hidroeléctrica, el país ha tenido que hacer un esfuerzo relativamente pequeño para garantizar que este sector sea renovable. Sin embargo, la generación de electricidad representa solo una fracción del consumo total de energía del país. De hecho, la mayor parte de la energía de la nación depende de los combustibles fósiles. La energía es la mayor fuente de emisiones de carbono en Costa Rica, responsable de alrededor del 65 por ciento, por lo que tiene sentido descarbonizar el sector energético. La mayor parte aquí es el sector del transporte, responsable de alrededor del 42 por ciento de todas las emisiones de carbono relacionadas con la energía. Por lo tanto, es vital que Costa Rica aborde este sector en particular si se toma en serio la lucha contra el cambio climático y convertirse en carbono neutral para 2050.

Las políticas públicas costarricenses han observado esta situación, y en el corazón de las políticas ambientales del expresidente Alvarado Quesada se encuentra una impresionante estrategia de descarbonización para el sector del transporte del país que parece más un modelo para un país desarrollado que para un país en desarrollo. El plan, anunciado implica varios objetivos muy ambiciosos para las áreas metropolitanas, como la capital, San José. Al pedir que todos los autobuses y taxis sean neutros en carbono para 2050, apunta a que un sistema de transporte público en funcionamiento se convierta en la principal fuente de movilidad, reemplazando en gran medida a los automóviles privados.

Actualmente, Costa Rica lidera dos iniciativas globales altamente ambiciosas: la iniciativa 30×30 –la cual propone proteger un 30% de los ecosistemas del planeta para el 2030- y la alianza “Beyond Oil & Gas”, la cual puso sobre la mesa la propuesta de erradicar por completo todos los combustibles fósiles, incluidos el petróleo, carbón y gas natural por primera vez en las negociaciones climáticas de la COP26 el pasado noviembre.

Para el recién electo presidente Rodrigo Chávez, esto representa un gran desafío, ya que, en este sentido, los planes de Chaves para su gobierno incluidos los relativos al medio ambiente, se consideran ambiguos, y ya ha hecho comentarios a favor de la extracción de combustibles fósiles. Durante su campaña, Chaves ha manifestado su apertura a la explotación de gas natural en Costa Rica, una medida que el sector empresarial del país ha propuesto en el pasado para disminuir los altos precios de la electricidad. Sin embargo, el país no ha incursionado en la industria de extracción de gas y tampoco se ha confirmado si efectivamente cuentan con yacimientos de ese combustible fósil.

Twitter: @pacotrevinoa

 

CAPITALES: México con gran potencial para combustibles cero-emisiones en el transporte marítimo

Francisco Treviño Aguirre

De acuerdo con un estudio donde participan varios expertos en el sector energético y el Foro Económico Mundial, nuestro país cuenta con el potencial de desempeñar un papel clave en la transformación del transporte marítimo global a través de combustibles verdes derivados del hidrógeno y electricidad limpia. La proximidad de México con importantes socios comerciales en la costa de América del Norte y de los océanos Pacífico y Atlántico facilita el acceso a los mercados de prácticamente todo el mundo. Esto podría posicionarnos como un proveedor líder de embarcaciones que visitan los puertos y un importante exportador de combustibles limpios.

Este estudio menciona que el acceso de México a rutas marítimas concurridas y el abundante potencial de energía renovable nos colocan en una buena posición para impulsar el mercado de combustibles sin carbono. México tiene un rico potencial de energía renovable: se han establecido metas para una disminución del 22 por ciento en las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y del 50 por ciento para 2050. La descarbonización del sector naviero local a través de la exploración de combustibles verdes como el hidrógeno es una forma de alcanzar este objetivo.

Los beneficios de adoptar combustibles sin carbono van más allá de facilitar la descarbonización del transporte marítimo. Con la exploración de la producción de combustibles con bajas emisiones de carbono, se podría ver un aumento en la creación de empleos verdes y, posteriormente, la necesidad de volver a capacitar a la fuerza laboral. Además, la transición podría respaldar la descarbonización en otros sectores difíciles de reducir y colocar a México en la posición de ser un importante exportador de productos básicos verdes, respaldando la demanda mundial de productos bajos en carbono.

México puede beneficiarse de varias maneras de llevar un sector de combustibles para el transporte marítimo libre de carbono. Además de garantizar que el país alcance sus objetivos más amplios de descarbonización, las energías renovables desplegadas localmente también pueden crear seguridad energética y ayudar a catalizar la economía baja en carbono al apoyar la descarbonización de otros sectores, creando una amplia gama de empleos.

Hoy por hoy, atraer la inversión extranjera y nacional requeriría una demanda regular del sector naviero mundial y un panorama político que facilite esta industria. A medida que los actores dentro de la cadena de valor del transporte marítimo y el gobierno mexicano hagan sinergia donde se demuestre que la descarbonización del transporte marítimo es factible, el potencial para suministrar combustibles de cero emisiones podría dar paso a un crecimiento real y una gran oportunidad de negocio.

El excepcional potencial de energía renovable de México, la proximidad geográfica a las rutas marítimas clave y los sólidos acuerdos comerciales podrían catalizar la descarbonización del transporte marítimo a través de la ampliación del abastecimiento de combustible sin carbono y la expansión de las exportaciones de combustibles de hidrógeno. Esto tendría un impacto a largo plazo en la economía local a medida que se crean empleos verdes y se fortalecen las cadenas de suministro locales.

El cambio hacia el transporte marítimo sin emisiones  debe acelerarse en la próxima década, y apoyado en una regulación efectiva también creará oportunidades para que los países catalicen y se beneficien de esta transición necesaria. Si se toman decisiones en tiempo, México puede convertirse en un actor central en el suministro de la demanda mundial de combustible verde y un pionero en la producción de combustible para el transporte marítimo sin carbono.

Twitter: @pacotrevinoa

 

CAPITALES: El reto de los mexicanos: aprender inglés

Francisco Treviño Aguirre

Nuestro país es un de los principales destinos para turistas de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, países donde el idioma oficial es el inglés, pero tristemente solamente un porcentaje muy bajo de la población en México habla este idioma. Algunos analistas mencionan que solo el 10 por ciento de los mexicanos pueden tener una conversación básica, mientras que quienes pueden mantener una conversación fluida, es menos del 1 por ciento (se habla de 500 mil mexicanos en una población donde somos 120 millones de habitantes).

En este sentido, sobresalen los destinos turísticos como aquellos lugares donde la población tiene mayor dominio de este idioma, seguido de las ciudades con mayor desarrollo industrial como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. Según el Índice del Dominio del inglés de Education First del 2021, ocupamos el lugar 92 de 112 naciones clasificadas, colocándonos en la última posición de los países Latinoamericanos.

Considerando que México es un destino turístico por excelencia y un país muy atractivo para la llegada de inversiones internacionales, donde la gran mayoría provienen de Estados Unidos, la barrera del idioma es en ocasiones un impedimento para que quienes aspiran a colocarse en alguna posición importante en dichas empresas lo puedan hacer. Aquí la pregunta es, ¿Por qué en las instituciones de educación básica no se fomenta el aprendizaje del inglés como una parte fundamental de las materias básicas?

No estamos hablando solamente de la educación pública, también las instituciones privadas necesitan fortalecer el inglés no solo como una materia más, sino como parte de un plan de estudios que permitan a los estudiantes contar con un nivel aceptable para que durante su vida estudiantil se siga fortaleciendo. Existen muchas aristas que van desde la desmotivación por parte del estudiante, hasta el poco interés de algunos maestros para que los alumnos aprendan. No estamos generalizando, ya que hay estudiantes que realmente se esfuerzan por aprender y maestros con gran vocación de servicio, que, pese a muchas limitaciones en sus centros de trabajo, logran formar excelentes estudiantes.

Hace algunos años, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) llevó a cabo una propuesta de agenda nacional llamada ingles es posible, donde participaron organismos e instituciones nacionales e internacionales donde se menciona que el dominio del inglés puede llegar a favorecer la calidad de vida de la población y mejorar la competitividad de las empresas mexicanas, al incrementar la participación tanto de la sociedad como del sector productivo en un entorno global. Para alcanzar estos objetivos es importante crear un trinomio entre la iniciativa privada, el sector educativo y el gobierno, donde se impulsen desde la educación básica e intermedia el aprendizaje de inglés y se tomen las mejores prácticas llevadas a cabo en otros países que han logrado sobresalir en este tema.

Si en nuestro país se logró salir adelante en la pandemia con clases en línea pese a las grandes limitaciones que existen en materia de tecnología, es posible llevar a cabo un proyecto de nación para impulsar que más mexicanos puedan dominar el inglés. No es cuestión de ser fifís o no, el idioma inglés es una herramienta básica para competir en un mundo cada vez mas globalizado, y quien tenga esta llave, será capaz de abrir más puertas.

Twitter: @pacotrevinoa

 

CAPITALES: ¿Tendrá Estados Unidos la hegemonía del gas natural?

Francisco Treviño Aguirre

La invasión a Ucrania y la ruptura de los antiguos lazos energéticos de Europa con Rusia están transformando el mercado mundial del gas natural. Por ahora, la capacidad de Europa para asegurar suministros alternativos depende de la voluntad de Estados Unidos de asumir un nuevo papel global que puede ser reacio a desempeñar.

Pero reducir las importaciones de gas natural ruso llevará más tiempo. La Unión Europea creó recientemente una nueva agencia para comprar gas en nombre de los 27 estados miembros. Su primera compra conjunta, de unos 15,000 millones de metros cúbicos este año, procederá de Estados Unidos en forma de gas natural licuado (GNL), y esto es solo un comienzo.

Europa no puede alejarse rápidamente del gas ruso, particularmente en el sector industrial. La guerra del presidente ruso, Vladimir Putin, contra Ucrania impulsará la intensificación de los esfuerzos para desarrollar más parques eólicos e instalaciones solares en toda la Unión Europea, pero la energía renovable requiere mejoras específicas en la infraestructura, cuyo financiamiento e implementación llevará tiempo. Hasta que la tecnología de las baterías permita almacenar energía en grandes volúmenes, Europa necesitará plantas que funcionen con gas para el suministro de energía de respaldo en los días sin viento ni sol.

Si bien no hay escasez de gas bajo tierra, desarrollar estos recursos y llevarlos al mercado puede llevar de 3 a 5 años, o más si es necesario crear instalaciones complejas de GNL. La guerra de Putin estimulará el desarrollo de nuevos yacimientos de gas, especialmente en Oriente Medio y el Mediterráneo oriental. Pero por el momento, solo hay una fuente fácilmente disponible de suministros adicionales sustanciales: Estados Unidos. En este sentido, la promoción del gas para la exportación representa un renacimiento no deseado de la economía basada en hidrocarburos. El gas exportado desde EUA en forma de GNL generará emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), lo que se suma a un total global que ya ha vuelto a los niveles previos a la pandemia y sigue aumentando.

Por otra parte, también existe el riesgo de que el aumento de las exportaciones implique aumentar el suministro de gas y probablemente también de petróleo fuera de EUA, justo cuando los precios al consumidor de todas las formas de energía están aumentando rápidamente en nuestro país vecino. Estados Unidos ha llegado a disfrutar de la autosuficiencia en petróleo y gas que ha proporcionado el gas shale, y no está claro si convertirse en el principal exportador de gas del mundo tiene un gran atractivo.

Una creciente escasez de gas natural en Europa, donde ya se habla de racionamiento, podría socavar el apoyo público a las sanciones contra Rusia. La tentación de que Alemania y otros países presionen al gobierno ucraniano para que acepte un acuerdo de paz insatisfactorio con Rusia solo aumentará si aumenta el impacto de la escasez de gas en la economía europea. La guerra de Putin contra Ucrania ha vuelto a colocar la seguridad energética en la cima de la agenda política a ambos lados del Atlántico. Las opciones que ahora enfrentan los líderes estadounidenses y europeos pueden ser incómodas, pero también son urgentes e inevitables.

Twitter: @pacotrevinoa

 

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