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El presidente y los segmentos de la población

Rubén Aguilar Valenzuela
Es común la pregunta sobre cuáles son los segmentos de la población que apoyan al presidente a pesar de la mala gestión de estos dos años con la dramática caída del crecimiento del PIB, el aumento del desempleo, de la pobreza y de un desastroso manejo de la pandemia, que algunos especialistas califican de criminal.

Consulta Mitofsky da seguimiento al comportamiento de 20 distintos segmentos de la población y acaba de dar a conocer los resultados del mes de octubre con el promedio mensual de aprobación y desaprobación que tiene el presidente López Obrador.

Es información relevante para el análisis político y social y también para los diez partidos de cara a los comicios de 2021. Aunque son elecciones locales siempre conviene conocer cuál es la valoración que el electorado tiene del presidente todavía más cuando se sabe que va a buscar meterse a la contienda.

En octubre, el promedio mensual de aprobación, a nivel nacional, fue 57.4 % y 42.3 % el de desaprobación. El presidente tiene un promedio de aceptación de 92.0 % entre quienes votaron por él y 7.0 % de desaprobación. Y entre quienes votaron en su contra 70.3 % de desaprobación y 29.4% de aprobación.

Por segmentos de población la mayor aprobación del presidente se da en el gremio magisterial (76.1 %), empleados informales (70.6 %) y campesinos (68.7 %).

Le siguen los Freelance (63.0 %), empleados (62.5 %), población entre los 18 y 29 años (62.0 %), servidores públicos (62.0 %), estudiantes de preparatoria (60.1 %), hombres (60.1 %), amas de casa (59.2 %) y población entre 30 y 49 años (59.0 %).

Por debajo del promedio nacional de aprobación están los comerciantes (55.3 %), mujeres (55.0 %), jubilados (54.4 %), estudiantes (53.8 %) y población de 50 años y más (50.6 %).

Y con una valoración positiva menor al 50 % están los profesionistas (49.4 %), estudiantes de universidad y más (45.8 %), empresarios (44.0 %) y desempleados (40.9 %).

De este retrato, que puede cambiar a lo largo de los meses, se obtiene que los jubilados, a pesar de la pensión, los desempleados, las mujeres y las personas de más de 50 años no valoran bien al presidente. Tampoco estudiantes universitarios y con posgrado, profesionistas y empresarios.

Los que tienen una buena valoración del presidente son los maestros, los funcionarios públicos, la población entre 18 y 49 años, los campesinos, los hombres, los empleados por su cuenta, los que están en la informalidad y las amas de casa.

Estos números registran cuál es la valoración positiva y negativa, pero no el porqué de la misma. Se requiere también información de carácter cualitativo, de tipo antropológico, para saber cuáles son las razones de la aprobación del presidente incluso en sectores que han sido afectados por las políticas del actual gobierno.

Legalizar todas las drogas

Rubén Aguilar Valenzuela
Estoy convencido, no soy el único, que la única manera de que los gobiernos ganen la batalla a los narcotraficantes requiere la legalización-regulación de todas las drogas.

Algunos países ya han dado paso en la dirección correcta con la legalización-regulación de la mariguana médica y recreativa. Cada vez son más.

En la pasada elección en Estados Unidos los habitantes del estado de Oregón votaron a favor de la despenalización de cantidades pequeñas de cocaína, heroína y metanfetaminas.

Este estado fue el primero que en Estados Unidos despenalizó el consumo de la mariguana en 1973. Hace 47 años. En México seguimos discutiendo sobre el tema.

El 60 por ciento del electorado votó a favor de la medida. Y ahora en la legislación de Oregón la posesión de pequeñas cantidades de drogas duras queda calificada como un delito civil que no amerita cárcel.

Es equivalente, para poner solo un ejemplo, a la violación de una norma de tránsito que se multa con 100 dólares. Esta sanción se puede evitar si se asiste a un programa para recuperarse de la adicción.
 
Los defensores después de conocer el resultado de la votación celebraron esta decisión histórica que "deja de penalizar a persona por el uso de drogas".

Quienes impulsan la nueva medida aseguran que no equivale a la "legalización", pero sí a modificar la política de las autoridades ante el problema de salud pública que son las adicciones.

Es llevar el tema al campo de la salud y no de la justicia como se ha hecho hasta ahora. Una vez más Oregón se pone a la cabeza, con una posición de vanguardia, para tratar el tema del consumo de las drogas. Los adictos no serán tratados como criminales.

Ahora con esta medida el encarcelamiento se va a reducir en 90 por ciento según los promotores de la iniciativa dato que confirman otras fuentes. En otros estados sería algo muy parecidos si se actuara de la misma manera.

En Oregón la iniciativa fue apoyada por el Partido Demócrata y asociaciones médicas. El Partido Republicano se manifestó en contra.

Ese mismo día los electores de ese estado votaron a favor de la "legalización" del uso medicinal y terapéutico de los hongos psicodélicos.

Y en otros estados se aprobó la mariguana para uso medicinal y también recreativo. Ahora en el primer caso ya son 36 los estados y en el segundo 15.

¿Cuándo las autoridades mexicanas caminarán en el sentido que lo hace el mundo? ¿Cuándo dejarán sus prejuicios conservadores y se pondrán al día? Ahora hay iniciativas detenidas en el legislativo.

En México hay por lo menos una docena de organizaciones de la sociedad civil que sí saben del tema y conocen las experiencias internacionales. El gobierno, que sabe poco o nada, se niega a oírlas.

En medio del conflicto entre los padres

Rubén Aguilar Valenzuela    
Las lealtades (Editorial Anagrama, 2019) es una novela de Delphine de Vigan. El personaje central es Theo, un niño de 12 años. Sus padres se han separado y en el acuerdo de divorcio está que viva unos días con su madre y otros con su padre.

Su madre, Cécile, guarda un gran odio a su exmarido que la abandonó, para irse a vivir con otra mujer. El padre, que hace tiempo también se separó de ella, vive una depresión profunda que lo mantiene encerrado en un departamento caótico y desaseado.

Theo vive la tensión permanente de permanecer leal a su madre y a su padre. Entre ellos no hay ningún tipo de relación.

Viene y va de una casa a otra sin que los padres intervengan. Ninguno de ellos sabe lo que él experimenta en el otro espacio.

A esa edad, el niño vive una tensión e insatisfacción permanente que lo lleva al alcohol como una vía, para evadir la realidad en la que vive y que por sí mismo no puede resolver.

Mathis es el único amigo de Theo y con él se inicia en la bebida. Los dos se esconden en una covacha de la escuela, para tomar. Cada día aumentan la dosis de alcohol y cada vez lo hacen con más frecuencia.

La profesora de Theo, Helena, percibe que algo no anda bien y se preocupa por él. Ella de niña vivió una situación muy difícil y se identifica con su alumno. Piensa que es objeto de maltrato, por parte de los padres.

Delphine de Vigan sin contemplación, sin sentimentalismo y sin ningún moralismo enfrenta al lector a una historia que duele.  El relato es preciso, directo y austero.

La autora se introduce e interroga el mundo que nos rodea y penetra en la intimidad, en la vida de sus personajes, la propia de los adultos y la de los adolescentes.

El texto describe las situaciones, de por si duras y desgarradoras, pero no califica ni juzga la actuación de cada uno de los personajes.

Las lealtades
Delphine de Vigan
Editorial Anagrama
Barcelona, 2019
pp. 200


Versión original. Les loyautés, JC Latrès, París, 2018. Traducción del francés al español de Javier Arturo Quintana.
 
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Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, Francia, 1966). Su primer trabajo publicado es Días sin hambre (2001), salió a la venta bajo el seudónimo de Lou Delvig. Su primer éxito fue No y yo (2007) que ganó el premio francés Prix des libraires. La novela fue traducida a veinte idiomas y en 2010 se realizó una adaptación cinematográfica dirigida por Zabou Breitman. A partir de entonces se dedica de tiempo competo a la literatura. De 2011 es su novela Nada se opone a la noche, en la que narra la historia de su propia familia y con ella gana una serie de premios literarios franceses, incluyendo el Prix du Roman Fnac, el Prix Roman France Télévisions y el Prix Renaudot des Lycéens.​

El discurso político que nunca voy a oír

Ilustración: Jonathan Rosas
Rubén Aguilar Valenzuela

Escribo con la certeza de lo que aquí planteo no tiene ninguna posibilidad de que se escuche por los políticos del México de hoy. Menos por los que están en el poder.

A continuación, propongo un modelo de discurso político que pienso es el que necesita una sociedad como la nuestra sobre todo en este momento de su historia.

El nuevo discurso político debe asumir que se tiene como receptores a personas inteligentes capaces de construir su propia visión de lo que sucede en su entorno y en el mundo.

Lo anterior destierra el discurso que trata como niños o tontos a las audiencias y se articula en la lógica de engañar y manipular a quien escucha. 

La persuasión, que persigue todo discurso político, ocurre por la vía de los argumentos, los datos y por decir bien lo que se expone. No a partir de explotar las emociones más primitivas. Se apela a la razón.

El esfuerzo de quien pronuncia el discurso es que la audiencia eleve sus niveles de conocimiento y conciencia. Asume su condición de pedagogo. No de demagogo manipulador.

Y también se propone que quien escucha se haga de nueva información y comprenda la complejidad de la realidad. Que entienda conceptualmente los problemas a los que se hace referencia.

Que la audiencia avance en su pensamiento y en sus posiciones, pero sin recurrir a falsas simplificaciones. La complejidad debe ser explicada de manera didáctica.  


El político debe hacer evidentes sus posiciones conceptuales e ideológicas. Y puede, hay que analizar cada situación, plantear sus críticas a la oposición, pero sin descalificar e insultar.

Se gana el debate con ideas y argumentos y no con insultos, que siempre esconden la capacidad de razonar y la carencia de recurso, para debatir.

En el marco de las ideas anteriores el discurso político que se necesita tendría la siguiente estructura:

1. Referencia a la historia del tema que se trata. Esto, para ubicar lo que ha sucedido antes y así hacer la conexión con el presente. El mundo no inicio ahora y la realidad que se vive siempre tiene antecedentes.

2. Desarrollo del problema al que se hace referencia. Explicar en qué consiste, cuál es su dimensión, qué implicaciones tiene para la sociedad si no se resuelve.

3. Fundamentar lo que se está hablando. Razonar conceptualmente en qué se sustenta la decisión y el camino que se ha tomado. Dar cuenta de la racionalidad política de la acción.

4. De los hechos de los que se habla ofrecer datos duros. Proporcionar información precisa y veraz. Nunca recurrir a la mentira o la manipulación de los datos. Las audiencias merecen la verdad.

5. Compromiso personal. Quien dice el discurso se compromete con lo que expone. Ofrecer su valoración sobre la problemática o las situaciones a las que se enfrenta. Argumenta sus razones para actuar de esa y no otra manera.

6. Propuesta de solución al problema. Una vez que se han desarrollado los puntos anteriores se ofrece la propuesta de solución a la problemática. Es la conclusión de la argumentación constituida con los elementos a los que se ha hecho referencia.

Esta estructura de seis partes debe articularse en una redacción fresca y atractiva. No es un texto académico sino uno que está dirigido a las distintas audiencias según sea el caso. Tiene que emocionar. Su propósito es persuadir en el marco y cumplimiento de una ética pública que informa con transparencia y veracidad.

Sé que esta propuesta será calificada, en el mejor de los casos, de idealista. Soy consciente que ahora los manuales de construcción del discurso dicen otra cosa. Estos parten de una caracterización de las audiencias que pueden tener razón pero que me niego a aceptar.

La propuesta que aquí hago surge en buena medida del análisis de los discursos del primer ministro sueco Olof Palme (Estocolmo, 30 de enero de 1927 – Estocolmo, 28 de febrero de 1986).

Durante 10 años fue primer ministro de Suecia en dos etapas: de 1969 a 1976, y de nuevo de 1982 hasta su asesinato en una calle de Estocolmo. En esos años construyó y dijo discursos propios de un gran estadista.

En los discursos, a más de los elementos a los que hecho referencia, siempre dijo abiertamente cuál era su opción política, para el caso la socialdemocracia, y expuso la concepción y propuestas de su partido, pero sin ideologizar.

La estructura y la forma de la narrativa de los discursos políticos de Palme considero que siguen siendo vigentes en la era de las redes sociales.

Siempre asume que las audiencias son inteligentes y pueden razonar. Nunca está presente el intento de manipulación. Para persuadir ofrece datos e información y siempre apela a la razón. La forma de su discurso es atractiva e inteligente.

Incapaz de superar sus traumas

Rubén Aguilar Valenzuela  
Per el afortunado (Dinamarca, 2018) del director Bill August se basa en la novela homónima del danés Hen­rik Pontoppidan pre­mio Nobel de literatura en 1917.

Es una saga de ocho volúmenes publicada entre 1898 y 1904, que no ha dejado de reeditarse en su tie­rra. Es una de las más importantes novelas de la literatura danesa.

La historia se sitúa en la Dinamarca de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Per (Esben Smed), hijo de un pastor luterano, recibe una beca para estudiar ingeniería.

Es la oportunidad de salir huyendo de la opresión de su padre. Éste no quiere que su hijo deje la casa porque considera que se volverá un pecador y dejará su fe.

Se inscribe en la Universidad Tecnológica de Copenhague. Pronto se revela como un estudiante especialmente dotado. Tiene ideas originales, para producir energía barata a partir del uso de la naturaleza. Y también un proyecto, para drenar los pan­tanos del norte del país.

Per estructura proyectos muy innovadores y en la búsqueda de quién los pueda financiar logra entusiasmar al hijo de una familia judía muy rica.

A través de su nueva amistad ingresa al seno de la familia Salomón. Lo invitan a comer a la casa y a días de campo. Reconocen su genialidad.

Establece una relación con la hija menor, pero luego con la mayor, Jakobe (Katrine Greis-Rosenthal), que le resulta una mujer más interesante. Ella es la heredera principal de la familia.

La aprobación de sus proyectos debe pasar por el visto bueno de un funcionario del gobierno, pero Per se revela. No acepta el principio de autoridad.

A través de la familia Salomón consigue un trabajo en la construcción de una presa. Lo hace bajo la orientación de un famoso ingeniero.

Ahí lo visita su novia. En esa estancia, de solo días, Per reniega de Dios y de la formación religiosa que ha recibido de su padre.

Al término de la construcción regresa a Copenhague con experiencia y reconocimiento a su trabajo. Per y Jakobe se comprometen de manera oficial.

Todo indica que su relación camina bien y que serán una buena pareja, pero un día él decide romper su relación. Su argumento es que vienen de mundos distintos y por eso son muy diferentes.

Ella espera un hijo de él, pero no se lo dice y ante la ruptura del compromiso decide abortar. Jakobe en la relación con Per ha descubierto un nuevo mundo, el de la pobreza y la marginación social.

Ahora que no va a casarse pide a sus padres le adelanten su herencia y con ella construye una obra social, para ayudar a los niños sin hogar. Se dedica de tiempo completo a esa actividad.

La familia Salomón constituye una sociedad, para impulsar los proyectos de Per. Han hecho cálculos financieros y ven que  será un buen negocio.

Lo único que éste debe de hacer es pedir una disculpa pública al funcionario que debe de autorizar la obra, que tiempo antes había insultado.

Él se niega y su reacción es todavía más agresiva. En ese momento la sociedad se disuelve. No puede aceptar sujetarse a la autoridad.

La influencia negativa del padre está presente y Per reacciona haciéndose daño a sí mismo. Se comporta como una persona orgullosa y soberbia.

Lo tiene todo, lo ha conquistado, pero en el momento final no pude asumirlo y se impone el hombre que no termina por encontrarse.

No actúa como dueño de sí, de manera consciente y libre, sino presa de sus traumas no superados y de sus desequilibrios psicológicos no manejados.

La novela de Pontoppidan, también lo hace la película, describe la Dinamarca de la última parte del siglo XIX. La desigualdad social, la riqueza y la pobreza, la diferencia abismal entre el campo y la ciudad.

En 1988, August con Pelle el conquistador ganó el Oscar como mejor película extranjera y también el Festival de Cannes y el Globo de Oro. En 1992 volvió a ganar Cannes con Las mejores intenciones, que recrea aspectos de la vida de Ingmar Bergman.

Per el afortunado
Título original: Lykke-Per
Producción: Dinamarca, 2018

Dirección: Bill August
Guion: Bill August y Anders Frithiof
Fotografía: Dirk Brüel
Música: Lorenz Dangel
Actuación: Esben Smed, Katrine Rosenthal, Benjamin Kitter, Tommy Kenter, Julie Christiansen, Tommy Kenter, Tammi Øst, Rasmus Bjerg ... 

 

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