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Entre redes


Héctor A. Gil Müller

Varios países del mundo, entre ellos Austria, están discutiendo medidas legislativas para contener el acceso de niños y niñas a las redes sociales. Esta conversación no surge de una preocupación aislada, sino de una inquietud cada vez más visible: la infancia está siendo moldeada por entornos digitales diseñados para capturar atención, generar dependencia y sustituir espacios esenciales de convivencia, juego y exploración.

Hace ya algunos años, el psicólogo social Jonathan Haidt publicó su best seller “Generación Ansiosa”, obra en la que describe la gran reconfiguración de la infancia al pasar de una etapa basada en el juego libre y la interacción cara a cara, a una infancia centrada en las pantallas. De acuerdo con su análisis, este cambio ha coincidido con un aumento importante de la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental en niños y adolescentes desde 2010. Su planteamiento no consiste en rechazar la tecnología, sino en reconocer que ciertas herramientas llegaron demasiado pronto a manos demasiado vulnerables.

Dos son los grandes cambios que Haidt identifica. Primero, los niños tienen cada vez menos libertad para jugar, explorar, equivocarse y asumir riesgos razonables, debido a una sobreprotección en el mundo real que limita el desarrollo de la autonomía, la resiliencia y la confianza personal. Segundo, viven una preocupante falta de protección en el mundo virtual, pues desde edades tempranas tienen acceso a redes sociales y dispositivos diseñados para captar su atención de manera constante. Esta exposición afecta el sueño, la concentración, las relaciones sociales, la autoestima y la capacidad de permanecer en silencio consigo mismos.

La propuesta que plasma el autor en su libro es, hasta cierto punto, evidente y conocida por todos, pero pocas veces seguida con disciplina: retrasar el uso de teléfonos inteligentes y retrasar el acceso a redes sociales. A él se le atribuye la frase: “Las redes sociales son tan adictivas como el juego”. Más allá de la contundencia de la expresión, el mensaje central es claro: no basta con regular contenidos; también es necesario regular tiempos, edades, hábitos y contextos de uso.

La tecnología debe traernos comodidad, eficiencia y nuevas posibilidades para aprender, trabajar y comunicarnos. Sin embargo, en un tiempo destinado al descanso, al placer o al encuentro humano, se ha posicionado como el distractor por excelencia. La red cumple su propósito y atrapa entre sus conexiones: aunque acerca a los lejanos, con frecuencia aleja a los cercanos. En los tiempos actuales, en los que los absolutos parecen obsoletos y los límites se diluyen bajo una falsa noción de libertad, la correcta administración ya no solo de la información, sino de los estímulos que produce esa información en la persona, se vuelve un compromiso urgente.

Ya sea que una persona consuma contenido o lo produzca, las redes sociales rara vez muestran la realidad completa. Muestran, más bien, una selección calculada de aquello que se desea que los demás crean. En ese escenario, la comparación se convierte en una práctica cotidiana y silenciosa. Bien dijo Roosevelt: “La comparación es el ladrón de la alegría”. México no ha elevado la discusión del tema, pero bien debe hacerlo, la generación que estamos formando está configurada desde nuestra ausencia y exige la presencia.

La trampa


Héctor A. Gil Müller

En el artículo anterior abordé la desafortunada premisa que la IA suplirá a los columnistas. No escribí sobre un elemento visible cuando una nueva tecnología aparece; elimina rutina pero también implica la creación de más elementos de trabajo. En la industria textil, la eliminación del telar quitó a los operadores pero permitió que otros trabajos surgieran al derredor. Esa prosperidad social surge cuando la tecnología está dentro de la escuela, es decir, se ha incorporado a nuestras instituciones y su estudio permite su dominio. Cuando la tecnología está afuera de la escuela hay tensión social. Como ejemplo, ocurrió esa tensión social en la revolución industrial; el nedismo y el cartismo fueron movimientos que querían destruir al robot viéndolo como un imitador de la fuerza human. Hoy en día no pasa así, ya no se odia al robot, pero muchos otros elementos tecnológicos aun no se han incorporado; la escuela no sabe que hacer con la IA y solamente la ve como rival a sus rutinas, hay tensión social. La inteligencia artificial no suplirá a los abogados sólo a los que memorizan las leyes, no suplirá a los columnistas sino sólo a los que escriben palabras. La escritura sin sentido, la queja aislada que no corresponde a los valores, nos hace clavar banderas y afirmar que conocemos un iceberg solamente por su superficie, la gran masa está oculta abajo de nuestros comportamientos como las motivaciones, los intereses y valores que no se revelan salvo al ojo aguzado. La Inteligencia Artificial debe tomar, de todas las areas incluyendo el gobierno, las funciones necesariamente aletargantes, aquellas repetitivas que no dan novedad ni humanidad sino solamente dependencia y monotonía.

 

La Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM, reveló, gracias a una escalada inusual en los buenos resultados de los más de 158 mil aspirantes a ingresar, que se pudo haber hecho uso de la IA para obtener beneficios en los exámenes de admisión. El problema se incrementa porque por primera vez el examen de admisión ha sido totalmente en línea, y los resultados muestran una mejora dificil de explicar. Por ejemplo, para Medicina los postulantes que obtenian el puntaje necesario para acceder era de 1.5% de los sustentantes, este año fue 9%, Derecho pasó de 3.7% a 18.9% y en general la tendencia así se observó. Obviamente la primer respuesta fue suponer que usando IA los estudiantes pudieron corromper el espíritu de la prueba. El miedo, zozobra y la duda se pasea entre los aspirantes, las autoridades de la institución y las nuevas generaciones que están fijando los linderos de sus caminos y se enfrentan a las decisiones emocionales de cuando usar o cuando no usar las tecnologías. El enemigo es, quien está afuera de la Escuela, la inteligencia Artificial. ¿será esa la trampa?, conviene estar pendientes si la solución a este mediático caso esta en la evidente mejora de los resultados o la creciente aplicación de corruptelas en el proceso de admisión.

 

Aplicar la razón a la emoción nos permite entender esos vericuetos que hemos justificado por la cultura.  Las instituciones existen porque las emociones no bastan, “Cuando las emociones gobiernan, las instituciones se debilitan; cuando las instituciones se fortalecen, las emociones encuentran un cauce para construir en lugar de destruir.”

 

Vergüenza ajena

Héctor A. Gil Müller

 

En un extraño vuelco, pese a muchos pronósticos, la final de la copa del futbol mundial se jugará en español, España contra Argentina habrán de disputar un anhelado trofeo que corona una justa deportiva que convocó en números record a selecciones nacionales, expectadores e ingresos económicos mostrando que independientemente de como gire el mundo siempre hay por qué gastar. Desde 1930, cuando la final fue entre Uruguay y Argentina, no habían coincidido dos hispanoparlantes en la final.

El español, como lengua materna, es el segundo idioma con más hablantes en el mundo, su individualidad no solo está en la virgulilla sobre la “ñ” que la vuelve una consonante diferente. No solo el español tiene la “ñ” que la luce hasta en su mismo nombre, otras lenguas originarias lo hacen como también el filipino. Pero si tenemos algunas palabras que solamente nosotros nos hemos reservado, y lo digo no solo desde el mexicano, si pudiésemos identificar nuestro español, como son las nostálgicas referencias a cantinflear o catafixia y el ambiguo ahorita, sino términos que en español nos dicen algo que no se encuentra en otros idiomas. Palabras como madrugar que conlleva el sentido de ganar en algo por llegar primero. Contiene esa ambición de ganarlas todas solo por madrugar, el mismo dicho acuñado en la sabiduría popular de “no por mucho madrugar, amanece más temprano” expresa los límites en tan ambicionada acción.  Otra palabra es la “sobremesa” que expresar ese tiempo de convivencia que ya no es ante los alimentos, sino después de ellos. Cuando es bien llevada, se cuenta todo y se exagera, se disfruta tanto la sobremesa como el manjar previo. No hay cambio de sede como en el anis o por el café que se lleva a otros lados, aquí se quedan en la mesa y se ve como los platos se empiezan a limpiar haciendo bultos de los enseres y de las sobras sin decidir si serán para la perra o para la perra hambre del día siguiente.

 

Una palabra en especial que no se encuentra en otras lenguas; “vergüenza ajena”. Dificil imagen, que la vergüenza que es tan propia también sea ajena. Ese alipori es el sentimiento de bochorno o propiamente vergüenza que nos da cuando alguien mas hace el ridículo. Sobran ejemplos para advertir tan bochornoso nivel, desde la grada se ve el festín ridículo del que robó pero poquito hasta el improvisado juanito; estampas ambas del idiario político mexicano.

 

A ese nivel se ha reducido el discurso diplomático entre EUA y México en relación a las drogas y las acciones por impactar en su producción, tráfico y consumo. La lucha contra el narcotráfico está muy lejos de concluir o incluso de dar algún buen campanazo. Estados Unidos reitera la inseparable conexión entre los cárteles del narco y el gobierno de México y ahora México revira a Estados Unidos indignado y señalando que se preocupan más por el exterior que por los problemas relacionados con el flagelo de la drogadicción en su propio país. Ironizó el memeta, nuevo oficio de producir memes y ser como el juglar lo fue pero en el metaverso, dijo ese poeta social; …de no habernos independizado de España, ya estariamos en la final…   

Inteligencia sustituta

Héctor A. Gil Müller 

El afamado pensador contemporáneo, hoy en día esa tal virtud de pensar ha dejado de ser obligación para hacerse profesión y es digna de fama; Yuval Noah Harari ha predicado sobre el impacto y consecuencia del uso de la Inteligencia Artificial. Recientemente declaró que la Inteligencia Artificial sustituirá a los articulistas, entre otras profesiones más. Ahí es donde ya se metieron con mis macetas, en tanto año he tenido el deber de escribir y el privilegio de ser leido, no por muchos, quiza ni aun pocos, pero si dos o tres perdidos lectores en alguno de los 18 medios y casas editoriales, impresas y digitales, nacionales e internacionales, me dan el alto honor de estar entre sus páginas semanalmente. Tras años de estar arrastrando la pluma, aunque sea sin mejora alguna, resulta que esa terquedad natural será sustituida por la inteligencia que para terminar de doler es artificial. Lo que más cala es que la máquina que me suplirá ni siquiera tizna, virtud por demás desarrollada y mejorada con la edad.

 

El valor de la tecnología estuvo relacionado con la comodidad y eficiencia no con la sustitución, pero quizá sea parte del destino irnos dejando de modos que no son los nuestros al menos en el origen. La rutina del pulido jamás fue humana en un principio, no triunfó el que embelleció, sino el que creó.

 

¿Qué nos hace humanos?, bendita pregunta. El idioma ya no lo es, pues la autonomía de la inteligencia artificial ha demostrado que el idioma no es patrimonio exclusivo y necesario del humano, vamos a competir ahora por conquistar o hacer mejor uso del idioma, y como lo tratamos vamos perdiendo. El lenguaje ahora es una entidad autónoma capaz de provocarse y constituirse. Sin embargo, la idea sigue siendo patrimonio humano, la rutina es sustituida, pero no la creatividad del instante. Aunque no parezca, la majadería, la imprudencia, la diplomacia, el buen modo todos ellos han de permanecer en lo que siempre ha sido humano. La rutina tendrá que entregarse con la comparación y la critica ya no son exclusivas.

 

Apenas empiezo a acostumbrarme a la inteligencia artesanal, ya he paces con la inteligencia emocional, sigo sin entender mucho de la inteligencia espacial, pero ahora resulta que se va al carajo por la inteligencia artificial. Apenas le vamos poniendo inteligencia a todo, como lo financiero, lo nutricional, lo temporal, lo laboral y resulta que viene lo artificial y lo suple, ¿será?, Dijo el trovador; que se levanten todas las banderas, cuando el cantor se plante con su grito, que mil guitarras desgranen en su canto una inmortal canción al infinito. Así es el cantor, que aunque lo desarropen de las palabras seguirá importando su grito. Así los columnistas, aunque nos filtren por la IA el grito es el que sigue contando. Así como los hijos hacen los días mas largos y los años mas cortos, la IA hace los años mas largos y los días mas cortos con su comodidad y pericia, pero siempre dejando entrever la experiencia. Bien sigue valiendo el atesorar los recuerdos y las lecciones, que aun en medio  de las sustituciones siguen valiendo. La paz volvió cuando vi en las modernas tiendas de música la venta de discos de vinilo, y entonces dicto esta profecía: algún día en el futuro, en medio de una problemática situación alguien con urgencia gritará que con rapidez traigan a un columnista.

Tormenta Negra

Héctor A. Gil Müller

El servicio Meteorológico Nacional, ha lanzado una alerta en la primera semana de julio sobre un fenómeno que impactará con 72 horas de lluvias masivas en la mayor parte del territorio mexicano. Ya lo han llamado como “Termenta Negra”. Este fenómeno que presentará en algunos lugares tomentas electricas, chubascos, fuertes y leves lluvias es el resultado de ondas tropicales, circulaciones ciclónicas y condiciones atmosféricas. La conclusión del meteoro, mucha agua, en buena parte del territorio, por un largo tiempo. Combinación complicada, sin duda alguna, no para el campo mexicano, sino para la ciudad que a veces se olvida que no es mejor que el campo.  

Aun y cuando las lluvias siempre han sido vistas como bendiciones agrícolas, agua que permite el sustento; la construcción de las ciudades, el poco reparo de los contextos hídricos y también la suposición que el agua proviene solamente del grifo, hace que las lluvias causen una serie de catástrofes en los lugares que han suplido las tierras por el asfalto y los cauces por los cimientos.

 

La alegría de las lluvias se oscurece por el temor a la incertidumbre de sus daños. La fuerza de las aguas, de las que dependemos, parecen reclamar espacios y lugares en los que la ley y el derecho ya no existen. Es dificil cuando lo mismo que nos alienta nos desalienta, lo que nos construye nos tumba, lo que nos abraza nos arroja. Las fuertes corrientes parecen limpiar la ciudad, cuando su cauce asi lo permite. No repara por carros, bardas, y trozos de concreto. Al final, cuando las aguas pasan dejan advertencia que en su camino destapó no solamente fallas, sino también corruptelas, descuidos y menosprecios.  Una sola lluvia puede destruir el mas reacio de los orgullos.

 

Lluvia viene del latin “pluvia” cuya raiz significa fluir. Ella es capaz de refrescar un caluroso día, pero también de arrasar con sus fuertes corrientes. Su intensidad puede ser tan furiosa como la placidez que genera. Muchas culturas han divinizado el fenómeno y lo han sumado a una larga lista mitológica que nos iguala en todo el globo. Estas lluvias, que no se si serían las tardías de mayo o las tempranas de agosto, siguen prometiendo a la humanidad su sustento.

 

De niño, seguramente porque nunca sufrí sus males, la lluvia siempre me hacia sentir que venían cosas buenas, seguramente era una mezcla en la mente infantil del sosiego de estar en casa mientras llovía y la seguridad de salir a jugar cuando terminara. Con el paso de los años ahora pienso en mi jardín y en cada lluvia sé que el jardín se pondrá “bonito” pues no importa cuanto se le riegue con agua que hemos llamado “de la ciudad” como si se pudiese adjudicar solo por acercarla, nunca obtendrá el verdor que la lluvia le puede conceder. Las secadoras ya han suplido los tendederos que resultaba el apuro destructivo para muchos, los climas automáticos han cerrado las ventanas que antes angustiaban de haberlas dejado abiertas. Hoy pocos privilegios, aunque muchas comodidades, y entre ellos mojarse con la lluvia y reir por ello.   

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