Back to Top

contacto@nuestrarevista.com.mx

headerfacebook headertwitter
 

Desde mi escritorio: 8M en México: un espejo incómodo

Héctor Reyes 

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer. En México, sin embargo, la fecha no es solo una jornada de reconocimiento o celebración: es, sobre todo, una jornada de denuncia. 

Este 2026 el país llega al 8M en medio de un contexto complejo, marcado por cifras persistentes de violencia, feminicidios y una profunda exigencia social de justicia y seguridad para las mujeres.

Las estadísticas siguen siendo contundentes. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en México se registran en promedio 1.8 feminicidios al día, lo que refleja que la violencia de género sigue siendo una de las principales crisis sociales del país.  

Hay estados donde el problema se concentra con mayor intensidad. Entidades como Estado de México, Sinaloa, Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz, Jalisco y Morelos aparecen de manera recurrente entre las que registran mayor número de feminicidios.  

En muchos casos, estas cifras no son aisladas: forman parte de un patrón de violencia que incluye desapariciones, violencia familiar, abuso sexual y trata de personas.

A nivel regional y municipal, algunos territorios han sido señalados durante años como zonas de alto riesgo para las mujeres. Ciudades como Ciudad Juárez, en Chihuahua, han sido históricamente símbolo de la violencia feminicida; mientras que municipios como Morelia, Yautepec o Comalcalco han registrado también incidencias preocupantes en distintos periodos.  

Estas realidades reflejan que el problema no es solamente estadístico, sino territorial: hay lugares donde ser mujer implica enfrentar un riesgo mayor.

En este contexto llega el Día Internacional de la Mujer, cuyo lema impulsado por organismos internacionales y organizaciones feministas para este año gira en torno a la igualdad, los derechos y el fin de la violencia contra las mujeres, insistiendo en que la igualdad real todavía está lejos de alcanzarse.

Por ello, como cada año, decenas de marchas y movilizaciones se preparan en todo el país. Las principales concentraciones se prevén en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Oaxaca y otras capitales estatales. Las autoridades han anunciado operativos de seguridad, rutas de movilización y dispositivos de acompañamiento para garantizar tanto el derecho a la protesta como la seguridad de las participantes.

Sin embargo, más allá de la logística y los protocolos, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: las mujeres marchan porque la violencia no se ha detenido.

El 8M en México es, en esencia, un espejo incómodo. Un recordatorio de que el país ha avanzado en leyes, en discursos y en visibilidad, pero que la realidad cotidiana de muchas mujeres sigue marcada por el miedo, la impunidad y la desigualdad.

Y mientras esa realidad no cambie, el 8 de marzo no será una celebración plena.

Será, más bien, un grito colectivo que cada año se escucha más fuerte: vivir sin miedo no debería ser una consigna… debería ser un derecho garantizado.

Buen fin de semana, la frase: Ni en tiempo vuelve, ni la vida se repite. Se feliz.

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: México vive días claves

Héctor Reyes

El país vive horas decisivas. En un mismo fin de semana, la agenda nacional quedó marcada por dos acontecimientos que, aunque distintos en naturaleza, comparten un mismo trasfondo: el pulso por el control del Estado y el rumbo de sus instituciones. 

Por un lado, la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias el “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desató una ola de violencia en distintas regiones del país. Por el otro, la presentación de la reforma electoral abrió un nuevo frente político que promete polarización, debate y redefinición de las reglas del juego democrático.

La detención del capo, considerado uno de los hombres más buscados por las autoridades mexicanas y estadounidenses, no ocurrió en el vacío. Como ha sucedido en episodios anteriores de alto impacto, la reacción criminal fue inmediata: bloqueos carreteros, quema de vehículos, enfrentamientos armados y una estela de muertos que recordó la capacidad de fuego y movilización territorial del crimen organizado. Las escenas vividas el domingo pasado evidenciaron que, aún con golpes quirúrgicos a las cúpulas, la estructura operativa de los grupos delictivos permanece activa y con poder de intimidación.

La narrativa oficial subraya el éxito estratégico de la captura. Sin embargo, la pregunta de fondo es si México está preparado para contener las réplicas. La historia reciente demuestra que la caída de un líder no implica necesariamente el desmantelamiento de la organización. En ocasiones, incluso detona disputas internas, reacomodos violentos y luchas por el control de plazas. La seguridad pública vuelve así al centro de la conversación nacional, no solo como un tema de fuerza, sino de inteligencia, prevención y reconstrucción institucional.

En paralelo, la reforma electoral presentada esta semana amenaza con convertirse en el eje dominante del debate legislativo. Los cambios propuestos -que abarcan desde la integración de órganos electorales hasta ajustes en los mecanismos de representación y financiamiento- no son menores. Se trata de modificaciones estructurales que impactan directamente la arquitectura democrática construida durante décadas.

La discusión no será técnica, sino profundamente política. 

Sus promotores argumentan que la reforma busca eficiencia, austeridad y mayor representatividad. 

Sus detractores advierten riesgos de debilitamiento institucional y concentración de poder. Lo cierto es que, en un contexto de alta tensión por la violencia, la deliberación sobre las reglas electorales exige serenidad, apertura y diálogo plural.

México enfrenta, así, una doble prueba. En el terreno de la seguridad, demostrar que el Estado no solo puede capturar a los grandes objetivos, sino garantizar estabilidad posterior y protección efectiva a la ciudadanía y más con el mundial de fútbol a la vuelta de la esquina. En el ámbito político, probar que las reformas trascendentales pueden discutirse sin que el país se fracture aún más.

La historia juzgará no sólo la captura de un capo, sino la respuesta integral del Estado frente a sus consecuencias. Y también evaluará si, en medio de la turbulencia, se optó por fortalecer o debilitar los contrapesos democráticos. 

Hoy más que nunca, México necesita firmeza con responsabilidad y reforma con consenso.

Buen fin de semana, la frase: “Nunca te alejes de los amigos que no tienen pelos en la lengua, siempre se necesita de alguien que te diga la verdad”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Del protagonismo a la irresponsabilidad

Héctor Reyes

Durante la pandemia, Hugo López-Gatell se convirtió en uno de los rostros más visibles del gobierno federal en su calidad de subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Su figura ocupó conferencias, titulares y debates nacionales. Hoy, ya fuera de ese encargo pero aún como personaje público vinculado al sector salud y a la administración pasada, ya que funge como representante de México ante la OMS, en Ginebra, Suiza, su nombre vuelve a colocarse en el centro de la discusión, no por el protagonismo mediático de entonces, sino por la responsabilidad histórica frente a un nuevo desafío: el resurgimiento del sarampión en México.

El sarampión no es una enfermedad nueva ni desconocida. Es prevenible; existe una vacuna segura y eficaz desde hace décadas, y México había logrado importantes avances en su control. Sin embargo, la disminución sostenida en las coberturas de vacunación durante los últimos años abrió una grieta que hoy muestra consecuencias. El país enfrenta brotes en distintas regiones, encendiendo alertas sanitarias que parecían superadas.

En este contexto, el diputado federal por Guanajuato, Éctor Jaime Ramírez Barba ha señalado la necesidad de revisar posibles responsabilidades administrativas e incluso judiciales por la caída en los niveles de inmunización. Sus declaraciones apuntan directamente a las decisiones tomadas en la pasada administración federal, donde —según ha sostenido— se debilitó la estructura operativa del sistema de vacunación, se modificaron esquemas de adquisición de biológicos y se redujo la eficacia logística que durante años permitió mantener altas coberturas.

El señalamiento no es menor. La administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador apostó por una reconfiguración profunda del sistema de salud, bajo la bandera del combate a la corrupción y la centralización de compras. Sin embargo, en el camino, se registraron desabastos, retrasos y una preocupante caída en las tasas de vacunación infantil, incluyendo la triple viral (sarampión, rubéola y paperas). Lo que en su momento fue advertido por especialistas y organizaciones médicas hoy se traduce en un brote que impacta principalmente a niñas y niños no vacunados.

La discusión va más allá de nombres propios. Se trata de decisiones de política pública. Cuando un gobierno decide recortar, redirigir o no priorizar recursos para programas esenciales como la vacunación, asume un riesgo sanitario. La salud pública no admite improvisaciones ni cálculos políticos. Cada punto porcentual que baja en cobertura representa miles de personas vulnerables.

A un servidor le tocó participar en la organización de un sin número de campañas de vacunación, era, un esfuerzo de miles de personas, logísticamente y también, anímicamente, había los llamados días y semanas nacionales de vacunación, donde se vacunaban a una gran cantidad de menores, eso desapareció.

El sarampión es altamente contagioso. Un solo caso puede detonar cadenas de transmisión en comunidades con baja inmunización. La responsabilidad no recae únicamente en quienes optan por no vacunar —muchas veces influenciados por desinformación—, sino también en quienes tenían la obligación constitucional de garantizar acceso oportuno, suficiente y gratuito a las vacunas.

Hoy, cuando el país observa cómo resurgen enfermedades que se creían controladas, la pregunta es inevitable: ¿fue una falla técnica, una consecuencia presupuestal o una decisión política mal calculada? Lo cierto es que la disminución en la vacunación no fue un fenómeno espontáneo; ocurrió en un contexto de cambios estructurales en el sistema de salud federal bajo la conducción de quienes entonces encabezaban la política sanitaria.

Pasar del protagonismo a la responsabilidad implica asumir las consecuencias de las decisiones tomadas. Y si de ellas se derivaron omisiones, negligencias o afectaciones a la salud colectiva, corresponde a las instancias competentes investigarlo. La salud pública no puede ser rehén de experimentos administrativos ni de prioridades desplazadas.

Porque cuando la vacunación baja, no baja una estadística: sube el riesgo. Y en ese cálculo, quienes pagan el precio son siempre los más vulnerables.

Buen fin de semana, del amor y la amistad. La frase: No esperes nada de nadie. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Luz Elena, hoy

Héctor Reyes

En tiempos donde la política suele medirse por la estrategia, el segundo Informe Legislativo de la presidenta del Congreso del Estado de Coahuila, la diputada Luz Elena Morales Núñez, dejó claro que aún hay espacios donde la institucionalidad y el trabajo constante marcan la diferencia.

Tres ejes definieron su mensaje: trabajo en equipo entre los tres poderes, municipios e instituciones; legislar para las familias; y presencia permanente en territorio para escuchar, acompañar y dar seguimiento. En el contexto actual, hablar de coordinación entre poderes implica reconocer que ningún avance se logra en solitario. La gobernabilidad se construye sumando voluntades, no imponiendo agendas.

El segundo eje —legislar para las familias— conecta con una realidad que muchas veces se pierde en el debate técnico: las leyes no son documentos para el archivo, son herramientas que impactan la vida cotidiana. Cuando se habla de bienestar, seguridad jurídica o programas sociales, el centro debe ser la familia coahuilense.

Y el tercer eje, quizá el más político de todos, es la presencia constante en territorio. Escuchar no es un acto protocolario; es un ejercicio de acercamiento. Acompañar y dar seguimiento implica asumir responsabilidad más allá de la tribuna.

El evento, al que acudieron más de 2 mil personas, fue también un mensaje en sí mismo. La presencia de actores políticos cercanos al gobernador, varios alcaldes del estado y representantes de distintos sectores sociales reflejó capacidad de convocatoria y, sobre todo, liderazgo. No todos los informes legislativos logran reunir a un público tan diverso.

Un servidor hubiera querido asistir, pero como dice el dicho, “no vayas a donde no te invitan”. Aun así, a través de las redes sociales nos dimos cuenta que fue evidente el respaldo ciudadano. Llamó la atención la presencia de distintos grupos, como por ejemplo el de madres de familia del Colegio Ignacio Zaragoza, CIZ, espacio donde la diputada ha sido una activa participante en favor de sus hijas, por que también es mamá. También estuvieron familiares y amigos, lo que imprimió al informe un toque humano distinto al de otros ejercicios (no informes) de rendición de cuentas en la actual legislatura.

Un elemento que no pasó desapercibido fue la sede elegida: las instalaciones de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA). El hecho de realizar el informe en un recinto poco utilizado para este tipo de ejercicios políticos envía una señal clara de innovación y apertura. No fue un espacio tradicional ni el habitual salón legislativo; fue un escenario que simboliza industria y productividad.

Con ello, también se refleja la intención de fortalecer el vínculo con el sector industrial, pieza clave en la dinámica económica de Coahuila. Acercarse a los industriales no es solo un gesto protocolario, es reconocer que la agenda legislativa debe dialogar con quienes generan empleo, inversión y competitividad en el estado.

Otro dato: Luz Elena Morales acudió a todos los informes de las y los diputados, a los de casi todos los alcaldes, lo cual hizo que estuvieran ahí, acompañándola, además de la clase política priísta en pleno.

Así más allá de cifras y balances, lo que se percibió fue un liderazgo en consolidación. Luz Elena Morales, hoy vive un presente político sólido. Del futuro, hablará la historia.

Buen fin de semana, la frase: “Hay cuatro cosas en la vida que nunca debes perder: tu manera de pensar, tu sonrisa, tu alegría y tu forma de ser”. ¡Ánimo!

 

X:_hreyes

 

Desde mi escritorio: Super Bowl: el espectáculo que lleva varios protagonistas

Héctor Reyes 

El Super Bowl 60, que se celebrará este domingo 8 de febrero, se encamina a convertirse en uno de los más incómodos —y reveladores— de la historia reciente de Estados Unidos. No por lo que aún no ocurre en el emparrillado, sino por lo que ya estalló fuera de él. 

La elección de Bad Bunny como protagonista del medio tiempo terminó de romper una ficción que durante años la NFL intentó sostener: que su evento más poderoso puede mantenerse al margen de la política, la migración y la disputa cultural que hoy define al país.

La controversia se volvió inevitable tras el pronunciamiento del artista puertorriqueño en los premios Grammy, donde lanzó un mensaje directo contra el ICE, una de las instituciones más sensibles y polémicas de la política migratoria estadounidense. No fue un gesto simbólico ni un comentario al paso; fue una declaración frontal, emitida desde un escenario global, con plena conciencia del impacto que tendría. Y lo tuvo.

Para millones de espectadores dentro y fuera de Estados Unidos, Bad Bunny no habló solo como músico, sino como voz de una comunidad históricamente señalada, perseguida y utilizada como moneda política. Para otros, en cambio, cruzó una línea “imperdonable”: llevar una postura política a espacios que, dicen, deberían ser exclusivamente de entretenimiento. La reacción no tardó en escalar hasta la Casa Blanca, con el presidente Donald Trump sumándose al cuestionamiento y avivando un debate que hoy divide a la audiencia del Super Bowl antes de que el balón siquiera sea pateado.

Pero hay un elemento que muchos críticos parecen ignorar deliberadamente: el Super Bowl ya no es un evento estadounidense, es un fenómeno global. Se transmite en más de 180 países, convoca a audiencias millonarias en América Latina, Europa y Asia, y se ha convertido en una vitrina donde Estados Unidos exhibe —quiera o no— su identidad y sus contradicciones. Pretender que ese escaparate no refleje la realidad social y política del país es, cuando menos, ingenuo.

En ese contexto, la presencia de Bad Bunny no incomoda por su música, sino por lo que representa: la consolidación del público latino como fuerza cultural, económica y mediática imposible de ignorar. El verdadero conflicto no es el artista, sino el mensaje. Y el mensaje es claro: el Super Bowl ya no pertenece a una sola narrativa, ni a una sola audiencia.

El aspecto deportivo

Mientras el ruido cultural crece, el aspecto deportivo lucha por recuperar protagonismo. Los Patriotas de Nueva Inglaterra llegan como el símbolo del establishment de la NFL: orden, historia, disciplina y una tradición ganadora que no necesita discursos. Frente a ellos, los Seahawks de Seattle representan la intensidad, el desafío y la constante resistencia, un equipo acostumbrado a jugar contra la presión y el entorno.

Paradójicamente, el partido parece reflejar la misma tensión que rodea al evento: tradición contra cambio, control contra expresión, pasado contra presente. 

El Super Bowl 60 no solo definirá a un campeón; dejará en evidencia hasta qué punto Estados Unidos está dispuesto a aceptar que su mayor espectáculo ya no puede ser neutral en un mundo que lo observa, lo juzga y lo interpreta en tiempo real.

Porque cuando un evento es visto por millones en todos los continentes, el silencio deja de ser neutralidad y se convierte en complicidad. Y este Super Bowl, guste o no, ya eligió hablar.

Buen fin de semana, la frase: “Hay tres cosas en la vida que nunca debes perder: tu sonrisa, tu alegría y tu forma de ser”. ¡Ánimo!

 

X_hreyes

 

Página 1 de 39