A unos meses de haber culminado mis estudios en la Universidad Agraria, en una visita a Saltillo, Carlos Ayala Espinosa, padrino de la generación de recién egresados de la carrera de Economía Agrícola, de la cual yo formaba parte, en tono cordial, me preguntó qué tal me iba. Aproveché y al vuelo le contesté que mal, porque no encontraba chamba. Se mostró preocupado y, solidario, me dijo, casi me ordenó, búscame en la ciudad de México a la brevedad; se van abrir expectativas que en mi oficina te platicaré.
Carlos Ayala, Tesorero del Gobierno de Coahuila en 1975, el más joven de esa época, fue también Coordinador de la Comisión Permanente de Tesoreros. Lo que le permitió relacionarse con el entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público, Mario Ramón Beteta, quien, al término de su encargo en Coahuila, lo invitó a colaborar con él. En esta ocasión lo acompañaba como Coordinador de Programas Especiales del Banco Mexicano SOMEX, una institución de crédito estatal encomendada a Beteta por el Presidente de la República.
Después de convencer a mi papá de que no iba a la ciudad de México a echar desmadre y de prometerle que no iba a buscar a ningún familiar ni conocido que me distrajera de mi afán, viajé toda una noche en “Autobuses Anáhuac”, para amanecer en la ciudad que tantas ilusiones sigue generando.

El economista David Yaffe ha señalado que la crisis es un estancamiento en el proceso de acumulación capitalista, que se ve manifestada con una tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Y señala que el sistema capitalista utiliza diversas formas y métodos con el fin de reestructurar los mecanismos que permitan un aumento en la tasa de ganancia, acatando las siguientes formas indirectas: El crédito, como forma de expresión de la producción y realización de las mercancías; la competencia, como forma de ampliación de nuevos mercados y como forma de incrementar la producción y, por último, la intervención del Estado en la economía con el fin de garantizar la acumulación privada y tratar de romper las barreras que se oponen a la auto expansión del capital. (
El hartazgo de la mayoría hacia las élites, política, empresarial, sindical y religiosa hoy sigue siendo una de las fuentes de legitimidad del gobierno de López Obrador.