“El mejor método para resolver diferencias es el método democrático, en la democracia es el pueblo el que manda”. López Obrador regresa siempre al ambiente que le es más cómodo, al que más se le da: la campaña política.
Y, con ello, logra activar a sus seguidores para que en los espacios públicos en los que se mueven, tanto mediáticos, redes sociales, etcétera, sigan con ese plan de campaña.
La premisa de su estrategia, según se deduce, es: los pueblos no están gratis ni por que sí con ningún movimiento. No es un capricho colectivo, masivo. No se trata de una reacción de simple simpatía, sino de algo mucho más hondo y significativo: la convicción de que se han alcanzado realidades que hace poco todavía parecían un sueño.
El paraguas de la campaña le permite recordar a sus electores por qué optaron por él. Les recuerda que la gente decía: ‘no sólo no voy a votar por ellos (llámese PRI, PAN, PRD, empresarios, líderes sindicales y jerarcas católicos), sino que además voy a votar por el que más les duele, por el que más afecte sus privilegios’.
Y a la vista de ellos, tan les están afectando las decisiones de López Obrador, que estos grupos privilegiados y sus personeros actúan con una feroz crítica hacia todo lo que haga y diga el presidente. Con lo cual se fortalece la percepción, ante ellos, de que este último está actuando tal y como lo prometió en campaña y respondiendo al sentimiento de los ciudadanos que en su mayoría se decían indignados por los abusos de quienes ostentaban posiciones de poder y la impunidad con la que actuaban.
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Los procesos electorales locales ordinarios que se celebraron el 5 de junio de 2022 en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, dejaron muchas lecciones tanto para los gobiernos federal y estatales, para los partidos políticos y, sobre todo, para la ciudadanía en general.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) dio a conocer, el mes de abril pasado, la percepción de la población sobre la seguridad pública.