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Rubén Aguilar Valenzuela
En la comparecencia mañanera del siete de junio del presente año, el presidente López Obrador hizo público que en el futuro, ya que termine su mandato, solo intervendrá en la vida política en dos circunstancias.
La primera es si se lo pide la presidenta Claudia Sheinbaum, que asume su cargo el primero de octubre, y la segunda para hacer valer su "derecho a disentir".
Habrá que ver si la presidenta, a su antecesor, le otorga algún cargo en su gobierno como se acostumbró en época de los presidentes de la República emanados del PRI.
Eso implicaría que no se fuera a vivir a La Chingada, su rancho en Chiapas en la cercanía de Palenque, pero por ahora no hay nada que indique que tendrá algún nombramiento.
¿Cómo entender su derecho a disentir? Existen dos posibilidades. La primera es que cada vez que algún crítico o dirigente de la oposición haga declaraciones con las que no esté de acuerdo o no le gusten reaccione.
Podría ser, es una posibilidad en una persona que es absolutamente refractaria a toda crítica, pero ahora no se ve que éste sea el sentido de hacer valer su derecho a disentir.
La segunda manera de entenderlo es que se reserva este derecho para manifestar su opinión cada vez que no esté de acuerdo con lo que dice o hace la presidenta, que por años ha sido su protegida.
Esta, que suena a una advertencia o una franca amenaza para quien asume el poder el primero de octubre, parece ser el sentido de ejercer su derecho a disentir.
El presidente, a dos meses de abandonar su cargo, ha dejado muy claro, incluso a detalles, que quiere que la presidenta haga en los próximos seis años de su gestión.
Ha trazado una ruta, que inicia con la aprobación, todavía en su gestión, de todas sus iniciativas de ley, por el próximo Congreso donde Morena tiene la mayoría. Sigue la discusión en torno a la sobre representación.
En los círculos cercanos de la presidenta electa se sabe que el presidente le ha impuesto nombramientos de secretarios, que ésta ha tendido, sin más, que aceptar.
A lo largo de su vida política, Claudia Sheinbaum ha sido absolutamente fiel a los mandatos de López Obrador y lo fue también como candidata y ahora como presidenta electa.
La espada de Demócles que saca el presidente habrá de estar sobre la cabeza de la nueva presidenta desde el primer minuto que asuma su cargo.
Cada vez que la presidenta diga o realice algo que no guste a López Obrador, este, desde La Chingada, va a reaccionar haciendo uso de su derecho a disentir.
La candidata electa ha dicho que en su gobierno habrá de continuar el proyecto trazado por el presidente y que no dará un paso atrás.
Esto garantiza al presidente saliente que nunca tendrá que hacer uso de su derecho a disentir. En un sexenio pueden pasar muchas cosas. Habrá que ver.
Rubén Aguilar Valenzuela
En el mundo lo común es que, entre un gobernante y otro, aunque sean del mismo partido, se tomen ciertas distancias, para señalar, entre otras cosas, las diferencias y las aportaciones propias y distintas.
La presidenta electa, Claudia Sheinbaum, ya ha hecho público que eso no habrá de ocurrir entre su gobierno y el del presidente López Obrador su líder y mentor.
Dijo que el proyecto que ella va a encabezar seguirá el diseñado por el presidente López Obrador. En su gobierno no habrá vuelta en U o regreso al pasado.
En su declaración dijo que en los seis años de su gobierno no habrá distanciamiento alguno con el actual presidente, porque de hacerlo estaría traicionando al pueblo de México.
Y que "leía en un periódico que "Claudia debe pintar su raya con Andrés Manuel López Obrador", y eso sería pintar raya con el pueblo de México. ¡Nunca! Con el pueblo de México todo, sin el pueblo nada".
Continuar el proyecto que ahora impulsa López Obrador "es lo mejor que le podemos dar al pueblo y a su porvenir", afirma la presidenta electa.
En su versión, el presidente le dijo "basta" al modelo neoliberal que aumentó las desigualdades y la pobreza, e intentó "vender como privilegios derechos" como la salud y la educación.
Ahora, con el "humanismo mexicano", creado por su mentor, se comenzó a escribir una nueva historia de México que ha llevado programas sociales, que atienden a las desigualdades.
Sheinbaum afirma que cuando asuma su cargo "de aquí en adelante vamos a guardar el legado del presidente Andrés Manuel López Obrador".
A los dirigentes y militantes del partido Morena, creado por López Obrador, les dijo que "por supuesto en estos seis próximos años sigamos gobernando juntos, sigamos trabajando juntos por el bienestar del pueblo de México, por la justicia, por la democracia, por la libertad".
La presidenta electa con sus declaraciones, en el marco de la celebración del sexto año del triunfo electoral del presidente López Obrador en 2018, quiso dejar muy claro que su gobierno será más de lo mismo.
Lo que ella en campaña llamó "el segundo piso de la transformación" es continuar, sin ningún tipo de distanciamiento, con el proyecto de su líder.
Sobre aviso no hay engaño, Sheinbaum ha sido muy clara, ella va a "guardar" el legado histórico de López Obrador y seguir la línea trazada por el todavía presidente hasta el 30 de septiembre.
Quien pensaba habría un cambio, hay quien votó por ella pensando se distanciaría del proyecto del presidente, eso no va a suceder.
Ella ha sido muy clara; su gobierno habrá de seguir el camino diseñado por el presidente y por eso mismo hace suyas y apoya todas las iniciativas de ley que impulsa López Obrador.
