Rubén Aguilar Valenzuela Job es el primero de los libros que en las Sagradas Escrituras se conocen como Escritos Sapienciales al que le siguen: Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiásticos, que es el último de los textos del Antiguo Testamento.
En Medio Oriente la literatura sapiencial se remonta al 3,000 a.C. Hay testimonio de escritos de este estilo en la literatura de los imperios de Mesopotamia y Egipto. Su influencia se extiende por toda la región y a partir de ella se elaboran escritos sapienciales en diversas culturas y lugares.
Los sabios fundamentan su enseñanza a partir de su experiencia. Su conocimiento viene de la vida y la reflexión que han hecho sobre la misma. Ofrecen soluciones específicas a problemas concretos. De ahí derivan aprendizajes, que se proponen enseñar.
Junto a los templos y palacios se cultiva la sabiduría, que es un bien muy preciado. Las enseñanzas se reúnen en textos que tienen como sus primeros destinatarios a los hijos de las familias nobles y sacerdotales.
Los jóvenes, que ocuparán cargos religiosos y civiles en el futuro, encuentran en estos libros un conjunto de consejos prácticos, para tener en cuenta a la hora de enfrentarse a la vida y a los problemas inherentes al ejercicio del poder tanto religioso como civil.
En Israel, la literatura sapiencial tiene un largo camino. Antes de la monarquía ya hay una incipiente tradición de sabiduría popular que se expresa en dichos y refranes, que surgen al seno de la familia y las pequeñas comunidades tribales.
Con el establecimiento de la monarquía, sobre todo del rey Salomón, el sabio por excelencia, la sabiduría y los escritos que la recogen se desarrollan en el templo y el palacio. En la época de los profetas hay un rechazo a la sabiduría que surge desde las élites, religiosas y civiles, que se asumen como sabias.
Al regreso del exilio de Babilonia se revalora la tradición de la literatura sapiencial que se propone dar respuesta a las grandes interrogantes de la vida. Su propósito es enseñar el arte de vivir bien frente a los demás y de cara a Dios. Las obras sapienciales del Antiguo Testamento se escriben ya en Israel después que termina el destierro.
El libro de Job es producto de tres autores distintos. Se elabora entre el siglo V y IV a.C. Los estudiosos plantean que el vocabulario, el conocimiento de la tradición profética, la preocupación por el destino particular del ser humano y el universalismo que está presente coinciden con las particularidades de ese tiempo.
La estructura del libro corresponde a la intervención de cada uno de sus autores. El primero elabora un sencillo relato sobre un personaje rico y piadoso que es sometido a prueba. El segundo es el autor de los diálogos en los que Job, inconforme con lo que está viviendo, defiende su inocencia. El tercero es un monólogo puesto en voz de Elihú.
Los críticos coinciden en señalar que es el segundo de los autores quién aporta la mayor creatividad literaria al mismo tiempo que ofrece novedosos abordes teológicos.
Los libros sapienciales del Antiguo Testamento son herederos de la tradición del Medio Oriente, pero incorpora el diálogo de la realidad, experimentada por el sabio, con la fe en el Dios de Israel. Los consejos, elaborados en forma de refrán o dichos breves, fáciles de recordar, parten de la vida vista desde la fe.
El mensaje teológico es que el creyente llegará a la auténtica sabiduría cuando sepa interpretar los secretos de la creación y de la vida que se esconden en las profundidades de Dios. La sabiduría toma forma como un atributo personal de Dios. Él es el sabio por antonomasia. No hay nadie como él.
De manera particular el libro de Job supera la visión teológica tradicional de Israel en la que Dios da riqueza a los justos y causa mal a los perversos. En la realidad eso no ocurre. Hay hombres justos pobres y malvados ricos. En el texto se critica esta posición y se trata de dar respuesta al problema.
Los sufrimientos no son un castigo de Dios sino también tienen como objeto purificar la fe del justo. El sufrimiento incomprensible, por violento que sea, no puede poner en duda la bondad y la justicia de Dios. El justo no puede dudar. Job vive en carne propia el misterio incomprensible de Dios. Se rebela, pero no pierde la fe.
Después de un tiempo, de inexplicable y profundo sufrimiento, afianza su fe y la esperanza en la sabiduría y la justicia de Dios, que tiene caminos inesperados. Dios es misterio insondable. Al fin, por no dudar, recibe como recompensa una mejor situación a la que se encontraba antes de experimentar lo que vivió.
El libro de Job, un gran texto de la literatura del Medio Oriente, ha inspirado la obra de muchos escritores, filósofos y teólogos a lo largo de los siglos. Y también a todas las personas que se acercan a él.
Es el tema siempre presente, incomprensible, doloroso y dramático, del sufrimiento de los inocentes y los justos. Es un tema que no tiene respuesta clara y contundente. En parte solo se atisba en la conciencia de la brutalidad y perversidad presente en la condición humana.
Job
Biblia de América
PPC Editorial
Madrid, 2013


