Rubén Aguilar Valenzuela







El Taller de Cézanne se encuentra en Aix-en-Provence, Francia.


Historia


Paul Cézanne, a los 62 años, adquirió una antigua propiedad rural en la colina de Lauves en noviembre de 1901. Mandó a tirar el edificio viejo para levantar un estudio sobrio y funcional, que se terminó en 1902. Quería un refugio de luz y sobriedad, donde ideó sus últimas obras maestras. En 1954 se convirtió en lugar de memoria gracias a donantes estadounidenses liderados por James Lord.


Edificio








La arquitectura del taller de Cézanne. El edificio cuenta con un espacio de trabajo situado en la planta superior, amplio y luminoso. Una de sus características más importantes es la gran superficie acristalada que permitía la entrada de una luz abundante y relativamente uniforme. La iluminación era esencial para el pintor, pues buena parte de sus investigaciones se concentraba precisamente en las relaciones entre luz, color, forma y volumen.


También destaca una abertura de 40 centímetros de ancho por 3.0 metros de alto en el muro, que facilitaba el traslado de lienzos de considerable tamaño. Este detalle arquitectónico revela hasta qué punto el edificio fue concebido específicamente para la actividad artística. No se trataba simplemente de adaptar una habitación existente: Cézanne quiso disponer de un verdadero taller, adecuado a las exigencias de su pintura.

 

El interior es austero y el pintor desde la colina dominaba la vista hacia la Montaña Sainte-Victoire, uno de los grandes motivos de su obra.






Uso del taller

 

Entre 1902 y 1906, el Taller de los Lauves se convirtió en el centro de la actividad artística de Cézanne. El pintor acudía prácticamente todos los días y trabajaba con una disciplina extraordinaria. La tranquilidad del lugar le permitía concentrarse en problemas pictóricos que había venido desarrollando durante décadas.

 

Desde aquí podía dirigirse hacia distintos puntos de los alrededores de Aix y continuar trabajando sobre el paisaje. La montaña Sainte-Victoire ocupó un lugar privilegiado en esta última etapa. El artista regresó una y otra vez a ella, observándola desde diferentes perspectivas y buscando descubrir mediante la pintura su estructura esencial.







El taller se convirtió en un espacio de encuentro entre generaciones. Los jóvenes artistas buscaban conocer directamente la experiencia de un pintor que había desarrollado una manera radicalmente nueva de observar la naturaleza.

 

En esta etapa final, Cézanne se encontraba en plena madurez artística. Su pintura se había alejado de las convenciones académicas y también de algunas de las preocupaciones iniciales del impresionismo. Su objetivo ya no era únicamente captar una impresión momentánea de la naturaleza, sino construir una imagen sólida y profunda mediante la relación entre los colores y las formas.







Esta búsqueda explica la importancia de las naturalezas muertas que realizó en su taller. Los objetos cotidianos —frutas, jarras, botellas, telas y utensilios— podían permanecer inmóviles durante largos periodos, permitiéndole estudiarlos repetidamente. En los días de lluvia o cuando no podía salir al exterior, los objetos del propio taller se convertían en modelos.

 

 

El taller hoy




El espacio permite observar objetos relacionados con la vida y el trabajo del artista. Hay muebles, utensilios, objetos utilizados como modelos para sus naturalezas muertas, ropa de trabajo y otros elementos que contribuyen a reconstruir el ambiente cotidiano en el que desarrolló sus últimas investigaciones pictóricas. El sombrero, la paleta y los pinceles siguen tal como los dejó antes de morir en 1906.













Comentario








El pintor Paul Cézanne (1839-1906), trabajó en este taller de 1902, hasta su muerte en 1906. Fue aquí donde llevó hasta sus últimas consecuencias una búsqueda que había comenzado décadas atrás: descubrir mediante la pintura la estructura profunda de la naturaleza y transformar la percepción en una construcción de color y forma.

 

La arquitectura, del taller Cézanne, la concibió de acuerdo a sus necesidades; que la luz que entrara por sus grandes ventanales. Desde aquí, el pintor contribuyó a transformar la manera de representar la realidad y preparó el camino para buena parte de la pintura del siglo XX.

 

Aix-en-Provence no fue para Cézanne únicamente el lugar donde nació y murió, sino que también fue el territorio que alimentó su imaginación durante toda su vida. Provenza fue para él mucho más que un escenario. Sus paisajes, sus montañas, sus árboles, sus casas, sus colores y especialmente la luz mediterránea se convirtieron en elementos fundamentales de su lenguaje artístico. Aix y sus alrededores acompañaron la evolución de su pintura desde sus primeros años hasta sus últimas investigaciones sobre el color, el volumen y la estructura de la naturaleza.