Rubén Aguilar Valenzuela
La primera encíclica del papa León XIV trata sobre la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y la realidad de la inteligencia artificial (IA) que ha cambiado al mundo por completo: ya no es el que era antes de su surgimiento y expansión universal.
El documento Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en los tiempos de la inteligencia artificial lo firmó el papa el 15 de mayo, en la conmemoración de los 135 años de la publicación de la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII. Es la primera en proponer de manera ordenada y coherente los principios de la DSI y se dio a conocer el 25 de mayo pasado.
La encíclica tiene una introducción y una conclusión, y se divide en cinco partes: 1) Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio; 2) Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia; 3) Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA; 4) Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad; 5) La cultura del poder y la civilización del amor. En las 110 páginas del texto hay 245 numerales y 224 citas de documentos, la mayoría publicados por otros papas.
La reflexión que hago aquí tiene como base la lectura de la encíclica y dos artículos sobre la misma, uno del jesuita Antonio Spadaro (Messina, Italia, 1966), director de la revista La Civiltà Cattolica, que la Compañía de Jesús publica en Italia, y un artículo que apareció en America. The Jesuit Review, la revista que la Compañía de Jesús publica en Estados Unidos, firmado por el jesuita James Martin (Plymouth Meeting, Estados Unidos, 1960).
El contenido de la encíclica
En la introducción de la encíclica el papa plantea de manera precisa el tema que se aborda y en qué consiste su propuesta. Dice al inicio: "La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad".
Y añade que "si en su momento León XIII hablaba de 'nuevos asuntos' (rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo".
El papa sostiene: "La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es 'un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre'. A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien".
Y asegura: "Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: 'Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma'. Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común".
En este horizonte "nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico (...)" y si antes los gobiernos eran quienes impulsaban los grandes cambios científicos y tecnológicos "hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente 'privado', y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común".
Y por eso es necesario, afirma el papa, "iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Estamos viviendo una rápida fase de transición, un "cambio de época" en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?".
Y advierte: "En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa".
Un comentario
Magnifica humanitas es un documento que plantea una puesta al día de la DSI, ante la nueva realidad del mundo, hoy influenciada de manera decisiva, y en todos los campos, por la IA. El texto nunca desconoce los aportes de la ciencia y la tecnología y no tiene un tono apocalíptico, pero sí advierte los peligros reales ante los nuevos desarrollos y la necesidad de actuar ante éstos. Nadie debe evitar el uso de la tecnología para el bien personal y comunitario, pero tampoco debe dejarse todo en manos de ésta.
La iniciativa y creación personal. Un primer campo de reflexión al que invita el papa, que ha pasado inadvertido, es el uso personal de las nuevas tecnologías, desde la propuesta del humanismo cristiano. No hay duda de que se deben utilizar, pero sin que ésta elimine nuestra capacidad de iniciativa y de búsqueda personal. No podemos caer en la lógica del resultado fácil y renunciar a nuestra capacidad de creación y de inversión, y tampoco al "horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el humano se vuelve sabio".
La IA no tiene la experiencia de la persona que "se deja moldear por la vida y crece con el tiempo a través de elecciones, errores, perdón, fidelidad". La actividad creativa de la persona requiere necesariamente del crecimiento interior, el camino existencial que toda obra humana implica. León XIV llama a mantener viva la facultad de la "inteligencia creativa", que la ve como un don ordenado a la construcción del bien común. La creatividad humana, según la encíclica, es siempre relacional: nace dentro de una trama de vínculos y a esa trama le da sentido. El papa sostiene que "lo humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite". Y sostiene: "Ningún sistema de cálculo genera un corazón que se entregue ni una conciencia que discierna el bien" y que "incluso cuando las máquinas sobresalen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que pide ser mirado".