Rubén Aguilar Valenzuela
Con Los Apóstatas (Tusquets 2026), Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025, cierra una trilogía con el tema de su familia, antes publicó Tres lindas cubanas (Tusquets 2006), sobre la historia materna y El metal y la escoria (Tusquets, 2014), acerca de su padre.
Celorio dice que el interés de abordar el tema familiar surgió de reconocer que esas historias podrían ser contadas en clave novelística, y que "no es tan importante que sean mis familiares, sino que realmente pueden tener un grado de representación o de representatividad -mejor dicho- más amplia que la de mi entorno familiar porque con estos familiares he podido armar novelas que tienen que ver con otros fenómenos".
En esta ocasión aborda la historia de sus hermanos mayores, Miguel y Eduardo. El primero fue miembro de la Orden de Predicadores (OP) y el segundo Hermano Marista, y los dos años después dejaran la vida religiosa. Y al tiempo que cuenta su historia de sus hermanos también lo hace de la manera en que construye la novela.
De la historia que cuenta dice que "me sirvió para contar el drama de escribir la novela... porque la novela misma en el proceso de escritura me fue revelando muchas verdades que yo no conocía, que eran secretas... y todo esto fue realmente doloroso".
Los Apóstatas es una novela que se estructura desde la mirada del hermano menor que indaga, a profundidad, sobre la vida de dos de sus hermanos mayores, desde su infancia hasta su vida adulta, con sus luces y sombras, con alegrías y dolores.
Es un ejercicio de memoria de la vida familiar, que también pasa por la vida del autor. Los padres, los hermanos y hermanas, las costumbres y ritos de familia, las dificultades económicas, pero sobre todo dar cuenta de la vida de Miguel y Eduardo, los que se van de casa porque entran a la vida religiosa.
Es una indagación dolorosa sobre los secretos de la familia, que deriva en un retrato. Es su familia, pero es también la historia de otras muchas familias de la clase media mexicana, con muchos hijos. Así, la novela trasciende el ámbito familiar, para hablar de las familias mexicanas, y también de México.
La historia cuenta como Miguel de desarrolla como dominico, y Eduardo como marista, y que es lo que hace cada uno de ellos en la vida religiosa. Antes penetra en la dolorosa historia de abuso sexual que sufre Eduardo de parte del padre de un amigo, que es vecino. En el texto en paralelo escribe: "Maldita sea la hora en que se me ocurrió escribir esta novela".
A la salida de la vida religiosa, uno de dominico, y el otro de marista, enfrentan la vida de manera diferente. Miguel se adentra al mundo de la cultura como profesor y funcionario público y Eduardo como funcionario público en el campo del desarrollo social, que lo lleva a Nicaragua, después del triunfo de la Revolución Sandinista, y decide quedarse a vivir ahí.
Gonzalo, el hermano menor, ve en Miguel como a un padre que lo guía, y a Eduardo como a un amigo igual que él. En la historia que cuenta está también la relación con las mujeres, las parejas, los hijos, la vida social, los amigos, los amores y desamores. Los éxitos y los fracasos.
En la novela, se narra de forma paralela, el contexto en el que ocurren estas vidas, la situación política, económica, social y cultural del país. Los Apóstatas son una novela y no una biografía, pero es evidente que hay una base biográfica. El texto fluye, y la narración tiene fuerza y es interesante y atractiva. Se le con facilidad. Es literatura.
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