Rubén Aguilar Valenzuela
Leer Muy diversas versiones (Editorial Grano de Sal, México, 2025) del mexicano Aurelio Asiain, me resultó interesante y también un verdadero placer. En cada una de las poesías incluye, a la par, datos básicos sobre el poeta, su importancia y su obra, y también da cuenta de las fuentes que él y otros han utilizado para realizar la traducción, y las dificultades que implica ese muy particular oficio.
Ese trabajo sitúa en contexto de la poesía que se lee, y dice quien la hace, lo que permite entenderla mejor, y también, entonces, poder disfrutarla más. Esto es un aporte fundamental, que me resultó una nueva forma de aproximación, para alguien como yo, que entiende el enorme valor de la poesía, pero se le dificulta su lectura.
Asiain en Muy diversas versiones ha reunido poesías, la mayor parte traducidas por él, que abarcan un lapso no solo de cientos sino de miles de años, que va del siglo VII al siglo XXI. Desde la antigüedad remota de Grecia, Roma, China y Japón, hasta la Ucrania del día de hoy.
El autor, en la Advertencia, a manera de una Introducción, hace un recorrido histórico sobre la forma que se ha traducido la poesía y dice: "celebro que Borges, rehúya en sus traducciones de la literalidad y traicione el original en nombre de la fidelidad a la literatura (o a su idea de la literatura o a su literatura) y me regocija que sus apropiaciones enfaden a los profesionales".
Y en esa misma línea cita los ejemplos de otros escritores que han traducido textos incluso sin conocer —ya no se diga dominar— la lengua de origen: lo hizo Alfonso Reyes con la Ilíada teniendo poco más que rudimentos de griego, Octavio Paz se atrevió con numerosos versos en japonés, Samuel Beckett con toda la antología de poesía mexicana preparada por el propio Paz y Fernando Pessoa volcó al portugués a Omar Jayam "con fiel infidelidad".
Y menciona también, a otros escritores que ha seguido el mismo camino como Heinrich Heine, Judith Gautier, Ding Duling, Stuart Merrill, Amy Lowell, Lafcadio Hearn, Basil Buting, Bernard Shaw, Adolfo Bioy Casares, Arur Waley, y desde luego a él mismo, aunque solo "he nombrado apenas a unos pocos traductores, todos escritores ilustres, que crearon, al trasladar a su lengua poemas de lenguas que desconocían, obras memorables. Podría recordar muchos más".
Asiain sobre su trabajo de traductor dice: "Traducir es mi manera cotidiana de escribir. Y aun cuando escribo mis propios poemas traduzco, aunque no sepa a que original traiciono. Traduzco todos los días, por placer o por docencia y nunca, desde hace décadas, por encargo. Algunas veces dije que traducía para mantenerme en forma, pero quien asista con regularidad a un gimnasio sabe que aunque utilice ese verbo equívoco para nombrar su afición, no está entrenando para nada, sino satisfaciendo un gusto. Practico una disciplina, cultivo con fervor mi oficio, pero no soy un traductor profesional. Tampoco lo fueron los maestros que venero."
El libro es una selección de poesía en más de doce lenguas, que recoge 50 poemas, de por otros tantos autores, a los que se acompaña una sólida e ilustrada declaración de principios de cómo traducir literatura en particular poesía. Es la manera que Asiain piensa se debe de hacer y que requiere, es condición sin que non, de no ser literal y sí exige una gran dosis de intuición, imaginación y audacia.
Esta selección incluye traducciones de poetas que escribieron en sánscrito, griego, latín, kamasiano, pastún, vietnamita, coreano, chino, japonés y ucraniano.
Y entre ellos está el autor del Rig Veda, Aristófanes, Ovidio, Catulo, Petrarca; poetas chinos, como Bai Yuyi, Li Po, Otsu, y los japoneses: Matsuro Bashô, Teika, Shunzei, Shinkei, Ko, Yosa Buson, Shikô, Kuroyanagi, Mitsui, Ishigaki, Tadashi Amano, Miyoshi Tatsuji, Ikkyu, Tadoami, Sugawara Michizane, Gensei, Ryokan, Ema Sikō (poetisa) y Natsumu Sõseki. Y también quince poetas zen de Vietnam, entre ellos Khuong Viet, Van Hanh y Vien Chieu. La poetisa Ho Xuang Huong.
Hay también poemas de Victor Hugo, Nelson Cogane, Sammy Mysely, Dick Robertson, Sharon Olds, Juan José Tablada, Vicente Huidobro, R. Ammons, Heaney, Anthony Hecht, Ungaretti, Wallace Stevens, Yeats, Robert Frost, y los poetas ucranianos: Grigory Skovoroda, Taras Shevchenco, Mykola Zerov, Mayra Alexandrova Zaturenska (poetisa), Mykola Bazhan, Serhiy Zhadán, Natalka Bilotserkivets (poetisa) y Oksama Zabuzhko.
Y hay traducciones de Aurelio Asiani, las más, y también de Octavio Paz, Mathers, Jorge Luis Borges, Arthur Waley, Kenneth Rexroth, Basil Bunting, Gabriel Zaid, Carmen Bullosa, Andrés Virreynas, Orlando González, Toshahiru Oseko, Juan José Tablada, Seamus Heaney y Robin Robertson.
La lectura del libro me resultó un placer y me abrió a nuevos intereses y aprendizajes. Impresiona el enorme conocimiento que Asiain tiene del oficio de la traducción de la poesía, y de la poesía que se hace en toda la geografía del mundo y de todos los tiempos, y en particular en Asia, con China y Japón, como proa.
Sus notas y comentarios son de una erudición que asombra. Estuve el día que Aurelio Asiain presentó su libro en México, con lectura de alguna de las poesías. Es un gran texto, y una obra indispensable para entender como se traduce la poesía, de alguien que es reconocido como un experto en el tema, y tiene una gran sensibilidad poética.
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