Rubén Aguilar Valenzuela 

En el Museo Sonora de la Revolución (MUSOR) Ciudad Obregón, Sonora, se presenta la exposición "Para que no se olvide".

 

Exposición

 

En una mampara de la exposición se encuentra el siguiente texto de Octavio Avendaño Trujillo, curador y crítico de arte:

 

"En esta exposición proponemos desplazar la mirada colonial para recuperar y revalorar el patrimonio visual de los pueblos prehispánicos presente en los sitios arqueológicos de Caborca y Tehuelibampo, dos de los más de 200 espacios con arte rupestre registrados en Sonora.

 

Se trata de los petrograbados -dibujos tallados en piedra mediante percusión o abrasión-, entendidos como formas de conocimiento, de imaginación, de narración y de vínculo con el entorno natural y espiritual.

 

Evangelina Ley (Navojoa, 1955) propone una reflexión sobre el grabado como una suerte de "metagrabado": más allá de la técnica, una impronta persistente de la memoria. Judith Reina (Caborca, 1956), desde la cerámica, deconstruye estas formas y, con ellas, el tiempo, la dirección y la intención, y Pablo Dicochea (Caborca, 1980), desde la fotografía, encuadra aquello que ha sido afectado por lo invisible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De este modo, los artistas rompen con el reparto habitual de la mirada y devuelven a los petrograbados su capacidad de mirar de vuelta y nos recuerdan que la piedra no es solo materia: es resistencia y lenguaje del tiempo, del ser. Que este legado permanezca desconocido evidencia una violencia estructural que ha invisibilizado de manera sistemática el conocimiento de los pueblos originarios y sus formas simbólicas de habitar el mundo.

 

Así, en un presente saturado de imágenes sin aura, estas figuras milenarias nos obligan a detenernos. Nos miran desde la piedra. Nos interpelan. Nos recuerdan. Este patrimonio no es una reliquia del pasado: es parte de nuestro presente. Es tuyo. Y tú decides si se conserva o desaparece".

 

 

 

 

 

 

Comentario

 

 

 

 

 

 

 

 

Obra de Artemiza

 

 

En la exposición se presentan obras de Evangelina Ley (Navojoa, 1955), Judith Reina (Caborca, 1956), Pablo Dicochea (Caborca, 1980), y Artemiza (Ciudad Obregón).

El tema central de los trabajos que exponen gira en torno a los petrograbados elaborados por los pueblos prehispánicos de manera particular en los sitios arqueológicos de Caborca y Tehuelibampo, dos de los más de 200 espacios de arte rupestre que se registran en Sonora.

Ley, imprime los grabados, Reina con la cerámica, deconstruye sus formas, Dicochea los fotografía, y Maritza, los pinta. Un mismo tema cuatro expresiones plásticas distintas. La investigación y la producción es de Margarita Schwarzbeck.

Él y las artistas devuelven a los petrograbados su capacidad de mirar de vuelta y nos recuerdan que la piedra no es solo materia: es resistencia y lenguaje del tiempo. Su trabajo contribuye a que este legado se conozca y permanezca.

Y también que se haga visible, lo que se ha invisibilizado de manera sistemática, al relegar el arte de los pueblos originarios del norte de México y apreciar sus formas simbólicas de habitar el mundo.

Estas imágenes milenarias nos obligan a detenernos. Nos miran desde la piedra. Nos interpelan. Nos recuerdan. Este patrimonio no es una reliquia del pasado: es parte de nuestro presente.