El museo ofrece una visión de la Revolución Mexicana, que se centra en el estado de Sonora. El hilo conductor es la figura del general Álvaro Obregón en su vida pública, como militar y político, y su vida privada.
La exhibición se divide en tres grandes áreas: 1. Orígenes de los valles de los ríos Yaqui y Mayo; 2. La Revolución Mexicana; 3. Los sonorenses en armas y en la construcción del México contemporáneo.
En una de las mamparas del museo hay este texto: El sur de Sonora fue habitado, del 180 a.C. al 950 d.C., por un grupo humano cuyo legado es evidente en la tradición agrícola Huatabampo.
También se sabe que la región tuvo un intenso intercambio comercial prehispánico. En el siglo XIV, migrantes de los pueblos cahítas ocuparon las vegas fluviales de la planicie costera del Pacífico, donde aún tienen presencia.
Hernán Cortés navegó frente a su litoral en los días de la conquista. A partir de entonces se manifestó el afán de dominio de los europeos.
Fueron rechazados, pero exploradores como fray Marcos de Niza y Francisco Vázquez Coronado cruzaron este corredor natural en pos de las míticas ciudades de Cibola y Quivira, vislumbradas por Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Al iniciar el siglo XVII, el interés de las autoridades españolas y los proyectos evangelizadores de la Compañía de Jesús, posibilitaron la colonización de Sonora.
A las misiones y presidios siguió la explotación minera y agropecuaria por parte de los colonos, que se enlazaron a través del camino real que iba del presidio de Montesclaros a Álamos, y de ahí, hacia Ures.
El sur de Sonora integraba entonces la provincia de Ostimuri, del reino de la Nueva Vizcaya, con cabecera en Durango. En 1732, se sumaron Rosario, Culiacán, Sinaloa, Ostimuri, Sonora y California, en el gobierno de Sonora y Sinaloa.
En 1825 se formó el estado de Occidente; en 1831, Sonora y Sinaloa se separaron definitivamente.
La resistencia de yaquis y mayos a la ocupación de sus tierras, trajo consigo la inestabilidad política de la región durante el siglo XIX.
No fue sino hasta el periodo postrevolucionario que se inició su transformación, en buena medida impulsada por los cuatro sonorenses que ocuparon la presidencia de la República en las primeras décadas del siglo XX.