Héctor A. Gil Müller

Desconozco la motivación y el interés que inspira todas las declaraciones, acciones y objetivos relacionados con el combate del narcotráfico en México por Estados Unidos. No se si es una labor filantrópica o si es un interés egoista para beneficiar los intereses americanos. Lo cierto es que es provechoso para nosotros pues hemos mostrado y demostrado que la lucha contra el crimen organizado no ha tenido el éxito esperado, sino solamente nos ha ido acostumbrando a una realidad y entorno violento. Tras años de enfrentamiento la violencia como reaccion a un ataque parece ser ya un discurso publicitario que una realidad. Lo cotidiano se vende como extraordinario.

Estados Unidos está revelando, con su estrategia, un escenario organizacional contemporaneo. Ya no se trata de apresar o destruir el liderazgo de un cartel depositado en el “capo” mayor. Ya no hay grandes capos como hace años había, la lista de los más buscados ya no integra nombres que erradamente eran afamados en una mezcla de “robin hoods” modernos. Ahora busca redes de complicidad y de relacionamiento entendiendo que en las organizaciones el poder ha tendido a fragmentarse. La propia vida de una organización ya esta dividida en equipos independientes y autónomos que construyen redes para su ejercicio, de ahí la complicidad para bordear los escasos límites que se han pretendido imponer.

El modelo de gobierno jerárquico es suplido ahora por el redárquico, no solo en el crimen organizado sino en las organizaciones contemporaneas, la autonomía de los equipos permite, mediante criterios de gobernanza, tomar decisiones y ser más ágiles en cuanto a su operación. Esos vínculos generan un ambiente que según conveniencia le hemos llamado corrupción, impunidad, complicidad, moda o incluso gestión. El ambiente tiene poder, influencia sobre nosotros. Si bien la vida no es de empaques sino de significados, los sabios viejos decían; “dime con quién andas y te diré como eres” y tenían razón.

El ambiente determina el antecedente de nuestro potencial, nos ayuda en afianzar nuestro propósito y contribuye a la profundidad del mismo. Entonces si en parte somos resultados de nuestro contexto y circunstancias ¿Qué generaremos en un entorno violento?, nos estamos acostumbrando a la decadencia, ya aceptamos realidad y vemos diferencias que ni siquiera la nostalgia nos esfuerza a retomar. La violencia que nos abate ha sido medida a partir de la merma económica que ha causado, pero no advertimos las graves consecuencias sociales que ocasiona, los nuevos modos que se imponen.

La figura del antiguo “capo” o jefe de la mafia que filtraba toda decisión parece estar superada al demostrar que aun sin el “capo” el cartel continua operando. Un nuevo capítulo de señalamientos ahora de servidores públicos vinculados con el crimen organizado pretende asentar nuevos golpes a las organizaciones que hacen del crimen un producto y proceso exitoso. En Estados Unidos el fiscal Todd Blanche ha declarado como parte de su combate contra el flagelo de la droga en su pais, las acusaciones contra políticos mexicanos presuntamente relacionados con los cárteles de la droga.

México, desde 2025 ha enviado 90 criminales relacionados con el narcotráfico a Estados Unidos, todos ellos con evidente liderazgo en diversos grupos criminales que siguen activos y que refuerza la convicción de estar ante un fenómeno de redes y no de jerarquías.