• Flor E. Rentería Medina

Como demócratas, siempre hemos respetado el resultado de todas las elecciones. Ya quedó atrás el momento de buscar culpables. Hoy, las y los priistas reconocemos que el Licenciado Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México, y a él le tocará llevar las riendas del país.

Por más de 18 años, el hoy Presidente Electo se ha dedicado a ser un opositor incansable del gobierno, no del sistema. Ha criticado absolutamente todo, y ha apoyado virtualmente nada. Se ha sumado a cuanta causa ha podido para atacar al Presidente Peña, y ha negado de manera absoluta la utilidad de las reformas estructurales que se impulsaron durante este sexenio.

Hoy, como Presidente Electo, vemos un discurso muy distinto al que ha manejado durante casi dos décadas. Un discurso en el que reconocen que “no todo estaba tan mal”, que las reformas “tienen sus puntos positivos”, que la economía “se ha manejado adecuadamente”. Todos los entrecomillados son citas textuales ya sea del presidente electo o de sus colaboradores cercanos.

Como servidora pública y como mexicana, me da mucho gusto escuchar estas versiones conciliadoras y, de algún modo, reveladoras. Estas declaraciones vienen a legitimar mucho del trabajo que se ha hecho, y a demostrar que, efectivamente, no es lo mismo hacer campaña que hacer buen gobierno.

Habiendo dicho esto, tengo que reconocer también que, como demócrata, no puedo evitar sentir cierto desencanto. Todas las reformas que se juró iban a desaparecer, continuarán. El manejo económico. El manejo de las gasolinas y sus precios. El avión presidencial. El nuevo aeropuerto. Todas las banderas de campaña con las que se convenció a la ciudadanía, no solo se han guardado, sino que pareciera que fueron versiones exageradas que nunca esperaban cumplir. Ganar con engaños, es ganar, pero también es perder la credibilidad, y esa no se recupera fácilmente.

Todas las promesas de campaña se han ido desdibujando, y algunas otras se han reconocido como estrategias meramente electorales. Nuestro Presidente Electo ha replicado a la perfección el “aiga sido como aiga sido”, que en su momento tanto crítico.

Al Presidente Electo, pero sobre todo a quienes confiaron en él, les está tocando a la mala aprender que no es lo mismo ser borracho que cantinero; no es lo mismo ser oposición que gobierno, y no es lo mismo criticar que responder. De lo que sí debemos estar convencidos, es que a todas y a todos nos corresponde trabajar por México, porque deben estar seguros que, como oposición o como gobierno, a nuestro país lo vamos a defender siempre.

El futuro no está escrito, lo escribimos nosotros con nuestros actos. Hoy, desde la más responsable oposición, sabremos respaldar lo correcto y señalar lo necesario. Es lo justo, es lo necesario, y es lo que hoy más que nunca México necesita. La justicia social es lo que siempre me ha motivado en esta lucha, eso no cambia con las trincheras, puesto que nuestra lucha es por nuestros hijos, por nuestros nietos, y por el futuro de nuestra nación.