Flor Rentería

Queridos amigos, como ustedes saben, la Reforma Educativa del sexenio pasado fue un esfuerzo legal con muchos claroscuros, pero algo que creo todos podemos estar de acuerdo era bastante positivo, es que se promovía la capacitación de las y los docentes para que pudieran seguir avanzando en su formación.

En el marco de la reforma, muchos programas de capacitación y apoyo se fortalecieron, como lo es el Programa de Desarrollo Profesional Docente, a través del cual se buscaba apoyar a las y los docentes a poder acceder a cursos, talleres, posgrados o especialidades sin que esto supusiera un fuerte impacto a su economía personal, generando una motivación adicional a que las maestras y maestros fueran cada vez mejores.

Lamentablemente, y como ha sido la dinámica de este Gobierno Federal, este gobierno hoy plantea en el Anteproyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación una reducción sustancial a este y otros programas, lo cual, si bien representaría una suerte de ahorro, a la larga será en detrimento a la profesionalización de la educación.

Este programa generalmente operaba bajo el esquema de recursos devengados, es decir, el o la docente ingresaba a un curso, y una vez terminándolo y habiendo cubierto el costo de este, en base a su aprovechamiento se podía aprobar hacerle un reintegro de parte o la totalidad de los gastos realizados.

El programa no esta orientado en darle a todos los profesores una cantidad específica de dinero, sino en permitirle a todos aquellos que buscan la superación el acceder a un recurso extraordinario, pero siempre y cuando se demuestre ese ánimo de superación y el esfuerzo tangible en el aprovechamiento.

Por desgracia, este recorte, así como todos los que se han hecho, forma parte de la política financiera del Gobierno Federal, que tiene como eje rector más que no gastar, no invertir. Ya se esta viendo en el sector salud y en muchos servicios básicos, y ahora nuevamente se impactará a la educación, truncando así los sueños de superación de docentes y, en consecuencia, afectando la calidad educativa de nuestras niñas y niños.

Queridos amigos, de mi experiencia como legisladora local y federal, puedo decirles que tanto el anteproyecto de Presupuesto de Egresos y de Ley de Ingresos que plantea el Ejecutivo, presentan más incertidumbres que certezas para nuestro próximo año, y pareciera más una suerte de desplegado político, que un escenario real financiero responsable.

La Ley de Ingresos contempla que el próximo año la economía mexicana se recuperará casi cinco puntos porcentuales, no obstante, la tendencia a la baja que inicio mucho antes de la pandemia, y sin considerar en el Presupuesto de Egresos ningún tipo de apoyo adicional a MIPYMES o grandes empresas.

Aunando en lo anterior, se contempla un precio alto en petróleo y un volumen de venta altísimo, y considerando la volatilidad que ha tenido el precio en los últimos años y que no existe ningún seguro contratado para garantizar su valor, pues nos deja a expensas de que cualquier variación en su precio o su volumen resulte fatal para las proyecciones del Gobierno Federal.

Se puede entender, amigas y amigos, que el Presupuesto de Egresos del año que corre haya sufrido muchas modificaciones, ya que a inicios de este año o a finales del anterior era complicado dimensionar el impacto real que tendría el COVID-19 en nuestra economía, pero para el siguiente año, esto ya se puede medir, y teniendo presente que no existe garantía de que se tenga acceso a una vacuna pronto, elaborar un presupuesto así es en el peor de los casos sumamente irresponsable por lo alejando a la realidad, y en el mejor de los mismos una lástima, por continuar una tendencia en la que se da prioridad a escatimar en rubros donde nunca debiera escatimarse.

Queridos amigos, les invito a estar pendientes de la discusión referente al Presupuesto de Egresos para el próximo año. Esperemos que se corrija el rumbo, pues de lo contrario lo barato nos saldrá muy caro.