Francisco Tobías

En esta ocasión te platico sobre el ingeniero Carlos Efrén Martínez León, nacido el 9 de julio de 1876, aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, hijo de don Carlos Martínez y doña Sara León. Fue el primogénito de 16 hermanos, y cursó su educación inicial en el antiguo Colegio de San Juan para continuar en el glorioso Ateneo Fuente y después realizar sus estudios universitarios en la Universidad de Roland Missouri en los Estados Unidos de Norteamérica, donde se graduó de Ingeniero en Minas el 30 de mayo de 1902 cuando contaba con 25 años de edad.

Ya de regreso en México, trabajó en las minas de Baján de 1902 a 1904 y a la postre en Saltillo, nuestra hermosa ciudad. Impartió clases de Matemáticas en el Ateneo Fuente de 1906 a 1950. En esta institución fue cinco veces director. Además, fundó, junto con otros académicos, la Escuela Regional de Agricultura Antonio Narro allá por el año de 1923, institución que se convertiría en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. De hecho, el auditorio principal de esa institución universitaria lleva su nombre. Preocupado y siempre ocupado en la academia, don Carlos también fue uno de los fundadores de la Escuela de Ciencias Químicas.

Fue el Ingeniero de la Ciudad durante el periodo de 1912 a 1914, y también gerente de la compañía de luz. Durante su dirección se instaló la red de luz eléctrica en esta bella ciudad de Saltillo y colaboró como ingeniero constructor del Ferrocarril Coahuila-Zacatecas.

También trabajó como tesorero del Estado en el periodo de gobierno del doctor Jesús Valdés Sánchez. 

Vivía en la calle de Victoria entre Xicoténcatl y Obregón. Era un caballero de una sola pieza, amoroso con su familia y con nuestra Patria. Un hombre sencillo en el trato, solidario y respetuoso con sus semejantes, valores que heredó a sus descendientes.

Cuando una señorita de apellido González recorría la calle de Victoria para asistir a la escuela, si veía que don Carlos se encontraba en el zaguán de su casa, cruzaba la acera solamente para escuchar la manera tan caballerosa que don Carlos tenía para saludar. Don Carlos nunca supo el nombre aquella señorita.

El 18 de septiembre de 1968, a la edad de 92 años, dejó de existir don Carlos. Indiscutiblemente, una pérdida irreparable para Saltillo, para la academia, en especial para las matemáticas. Un hombre dedicado a la enseñanza y educación de los Saltillenses. En mucho se le debe a él que nuestra ciudad fuera conocida como la “Atenas de México”. Don Carlos, un Saltillense que vale la pena recordar, pero sobre todo que vale la pena presumir.

@franciscotobias