Francisco Treviño Aguirre

La crisis mundial del agua se encuentra en estos momentos en un punto crítico que inicia una carrera por preservarla urgentemente. Es un tema donde muchos países tratan de encontrar una solución pronta y eficaz, pero, al tratar de llegar a respuestas, se generan conflictos sociales, ya que el hecho de considerar este tema desde un punto de vista legal, el agua significa una disputa entre el derecho y la necesidad en función de su uso responsable. ¿Bajo este contexto, cuál sería el precio para el recurso más valioso, y que al mismo tiempo se pueda garantizar el acceso al mismo como un derecho humano?

Para que la población tenga acceso al vital liquido, una de las formas en las que es posible canalízalo es a través de los ríos que bajan por las montañas y, en caso necesario también, es por medio de los mantos acuíferos que se encuentran debajo de la superficie terrestre. En el año 2006, aproximadamente 63 por ciento del agua que se utilizaba en México se extraía de mantos superficiales (los del exterior) y el resto de los acuíferos (del interior), pero debido a un crecimiento exponencial de la población, ahora esta proporción da un giro, y más del 70 por ciento de los acuíferos son lo que proveen ahora el agua en uso.

Ante este escenario se abre la posibilidad de un colapso en el abastecimiento, ya que el agua que está en los acuíferos se repone a una velocidad menor que la externa, donde esta situación ya se refleja en otras partes del mundo como en India y Sudáfrica. En México se podría agudizar la gravedad de la situación, aun cuando inicialmente había abundancia. El principal conflicto que atraviesa el país es la falta de políticas públicas necesarias para llevar a cabo acciones que mitiguen la inminente escases que se verá a muy corto plazo.

A pesar de que en nuestro país las lluvias se presentan durante la mayor parte del año, no se han desarrollado estrategias para lograr abatir el problema del desabastecimiento. La razón en parte corresponde a que el porcentaje que se consume es casi el mismo que su capacidad de almacenamiento y producción, por lo que no hay un rango que pueda garantizar agua de sobra; además, la situación empeora con la destrucción de bosques y la sobrepoblación que al día consume 300 litros de agua per cápita, donde casi el 40 por ciento del agua, se consume en los sanitarios.

Otro de los factores que agudiza el problema de la distribución de agua es la canalización de la lluvia. La infraestructura carece de un adecuado sistema de almacenamiento y distribución, pues cuando llueve el agua se dirige hacia el sistema de drenaje y no se aprovecha su uso. Hay una problemática más: las tomas clandestinas de agua, de las cuales no existe un registro de qué porcentaje del vital líquido se pierde por actos ilícitos, pues se trata de un esquema idéntico al del robo de gasolina, debido a que hay cientos de kilómetros donde es imposible implementar servicios de vigilancia.

Entre las soluciones se han externado propuestas como la privatización, acto que no sería bien recibido por la sociedad (además de que la Constitución garantiza el derecho humano al agua); el ajuste a las tarifas para regular su consumo y que las concesiones en la industria se apeguen a un uso justo; la implementación tecnológica para ayudar a incrementar la captación de agua y así reducir el consumo desde los acuíferos; y, finalmente, modificar la infraestructura para no combinar el agua pluvial y la del drenaje.

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