Testimonios sandinistas II

En 1978, Eugenia y Pedro Meyer invitaron a mis papás y a mí a una cena en su casa. Recuerdo bien que ese día, sentados en la sala, Pedro nos mostró el trabajo que había realizado en Nicaragua como corresponsal de guerra.

Nos enseñó fotografías, de los guerrilleros del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) en los campamentos de la montaña, los estragos de la guerra, las poblaciones devastadas, la resistencia popular y las barricadas. También las imágenes de su reunión con el dictador Anastasio Somoza.

Y nos puso algunas grabaciones de las entrevistas que había hecho a los combatientes y dirigentes revolucionarios. Hoy día, han pasado 48 años de aquella cena, recuerdo la entrevista con el sacerdote español Gaspar García Laviana, comandante Martín, que cayó en diciembre de 1978, en una emboscada de la Guardia Nacional, poco después de su reunión con Pedro.

Esa época de la historia de Nicaragua, Pedro Meyer la documenta, con extraordinarias y dramáticas fotografías, en Testimonios Sandinistas I (Colección Miramar, 2026), que termina con la caída de Anastasio Somoza, heredero de la dictadura familiar de los Somoza, que estuvo en el poder de 1937 a 1979, 42 años.

La historia continúa y los días que siguieron al triunfo de la Revolución sandinista, el 19 de julio de 1979, Pedro Meyer los documenta en Testimonios sandinistas II (Colección Miramar, 2026).

En el cartel de la presentación del libro se dice: «Pedro Meyer documento los momentos decisivos que siguieron al triunfo de la insurrección sandinista: la firma de los primeros decretos, los rostros de los dirigentes sandinistas, las huellas del régimen derrocado y la realidad de sus prisioneros. Entre el fragor de las armas, el fervor de las multitudes y la vida cotidiana, sus imágenes capturan cómo la euforia coexistía día a día con el duelo, la tensión y la incertidumbre del futuro». 

En diciembre de 1979, cinco meses después del triunfo de la Revolución, estuve, con un grupo de amigos, quince días en Nicaragua, nos alojamos en casa de un amigo, dirigente sandinista que había conocido cuando vivió en México, antes de regresar a su país, para incorporarse a la guerra. En ese tiempo ocupaba un alto cargo en el gobierno. En 1981 y 1982 viví en Nicaragua, ya como integrante de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) Farabundo Martí de El Salvador.

Los días de ese viaje, a los lugares a donde íbamos y a las personas con la que nos encontrábamos, de distintos niveles sociales, el ambiente que todo lo invadía era de triunfo, de alegría, de confianza, pero sobre todo de esperanza. Estaba presente, con mucha fuerza, la convicción de que sí era posible construir una sociedad más justa y digna para todos. Eso estaba a la mano.

En «Después de la victoria», un texto de Pedro Meyer en este libro dice: «Con los años comprendí que los fotógrafos solemos documentar el momento en que un poder cae. Mucho menos frecuente es presenciar el instante en que otro comienza a construirse.

Ese fue el verdadero privilegio de este trabajo. No fotografiar el triunfo de una causa, sino asistir al nacimiento de una nueva realidad cuyos resultados nadie podía prever.

Casi medio siglo después, estas imágenes ya no pertenecen únicamente a Nicaragua. Pertenecen a todos aquellos lugares donde la historia cambió mientras hombres y mujeres comunes intentaban seguir viviendo su vida cotidiana. No pretenden demostrar quién tenía razón, tampoco juzgar lo que ocurrió después.

Su aspiración es más sencilla y, quizá por ello, más perdurable: conservar la textura humana de un momento que todavía no se había convertido en relato.

Al mirar hoy este trabajo descubro también el origen de una forma de fotografiar que me ha acompañado desde entonces. Escuchar antes de concluir. Acercarme a las personas antes que a las ideologías. Desconfiar de las versiones definitivas. Entender que la historia nunca ocurre únicamente en los palacios de gobierno ni en los campos de batalla, sino también en las conversaciones, en los silencios, en los gestos y en los rostros de quienes rara vez aparecen en los libros.

Tal vez por eso, al cerrar este segundo volumen, no siento que termina una historia. Siento que aquí comienza una manera de mirar el mundo, manera que seguiría acompañándome durante las décadas siguientes».

Néstor García Canclini, en la Revista Casa de las Américas, de noviembre de 1979, publica un texto sobre las fotografías que Pedro Meyer tomó en Nicaragua, que en este libro se reproduce y aquí transcribo algunas de sus ideas: «El fotógrafo recorta el espacio y el tiempo que contextúan los hechos para ofrecer una visión sintética: cada imagen condensa estáticamente el sentido de un proceso».

«Pedro Meyer ha intentado, con una de sus imágenes, trascender los límites del oficio. Es la que fotografía a los fotógrafos desde las espaldas de Daniel Ortega y otros combatientes. En este caso, la cámara no se dedica principalmente a los revolucionarios, sino a los efectos que la revolución suscita en quienes la observan».

«Una fotografía aislada carece de poder narrativo, pero el ordenamiento elaborado de una serie de tomas puede mostrar la complejidad dinámica de una revolución incipiente. Junto a restos del monumento a Luis Somoza desparramados en el suelo, otra foto de una mujer que se cubre el rostro con ambas manos entre los minuciosos escombros de su casa (…)».

«Por estas razones, la fotografía no puede decir ciertas cosas de una revolución, pero puede dejar que la revolución las diga. Su parcial pobreza frente a otras artes (la ductilidad del cine y la literatura para transmitir el movimiento histórico) tiene un reverso. Hay algo que otros artistas pueden aprender de los fotógrafos: cómo hablar menos sobre el pueblo y dejar que el pueblo se exprese por ellos».

Testimonio sandinista II, reúne una serie de imágenes registradas por Pedro Meyer en la Nicaragua que sigue al triunfo de la Revolución. En ellas el dramatismo del blanco y el negro, el momento preciso, la claridad y el encuadre de las escenas, la nitidez de la impresión, y el alto contraste, la belleza de la edición como objeto de arte. 

En estas imágenes están los momentos de la vida que se suceden uno a otro: las huellas de la guerra; los dirigentes revolucionarios; los combatientes que celebran su triunfo; los prisioneros somocistas; las manifestaciones masivas; los nuevos símbolos del poder. Y también la calle; el mercado; las escenas de la vida cotidiana; el rostro de las mujeres y los hombres del pueblo; las familias felices a las afueras de sus casas.

Al final del libro Pedro Meyer se hace una pregunta: ¿Qué ocurre con el significado de estas fotografías cuando la Revolución que documentan termina reproduciendo aquello que prometió combatir? Y él mismo responde:  

«Desde 2007, el gobierno de Daniel Ortega ha desmantelado progresivamente las libertades y los contrapesos democráticos de Nicaragua. Diez hechos y procesos, documentados por organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos, permiten seguir ese recorrido hasta 2026:

1. La concentración progresiva del poder desde el regreso de Daniel Ortega a la presidencia en 2007, mediante el debilitamiento de los contrapesos institucionales.

2. La represión de las protestas de 2018, con más de 300 muertos, miles de heridos y cientos de detenidos.

3. La persecución sistemática de opositores y defensores de derechos humanos.

4. El desmantelamiento de la prensa independiente y el exilio forzado de periodistas.

5. Las elecciones de 2021 sin competencia real, tras la detención de siete aspirantes presidenciales y la cancelación del registro de partidos opositores.

6. La cancelación masiva de organizaciones civiles y religiosas, con la consiguiente destrucción de redes de ayuda y participación ciudadana.

7. La persecución de la Iglesia y el cierre de universidades, acompañados de detenciones, expulsiones y confiscaciones.

8. La expulsión de 222 presos políticos en 2023 y la privación arbitraria de la nacionalidad y la confiscación de bienes a cientos de personas.

9. La reforma constitucional de 2025, que formalizó la copresidencia de Daniel Ortega y Rosario Murillo y profundizó la concentración del poder.

10. La presentación, en julio de 2026, de una iniciativa de reforma constitucional dirigida a perpetuar el poder y restringir la competencia política, después del anuncio de Ortega de que no volvería a haber elecciones.

Estas fotografías conservan la esperanza de un pueblo. Hoy también interpelan a quienes lo traicionaron».


Testimonios sandinistas II

Pedro Meyer

Colección Miramar

México 2026

pp. 166