
Rubén Aguilar Valenzuela
Javier Ortiz Monasterio escribe Jaime Castiello: maestro y guía de la juventud universitaria (Editorial Jus, México, 1956), una obra que se propone rescatar la figura de este jesuita como un humanista y educador cuya visión pedagógica anticipa muchas de las preocupaciones contemporáneas sobre la educación, el liderazgo ético y la formación de ciudadanos conscientes.
Jaime Castiello Fernández del Valle nació en Guadalajara, Jalisco en 1898, en el seno de una familia de clase media acomodada. A los 10 años sus padres lo envían a Inglaterra a estudiar al Colegio de Stonyhurst, dirigido por los jesuitas, regresa a México en 1917.
Ingresa a la Compañía de Jesús en Granada, España, ahí también estudia humanidades y luego, en Sarriá, filosofía. Entre 1925 y 1928, hace su magisterio en el Colegio Centro América en Granada, Nicaragua, dirigido por los jesuitas.
La teología la realiza en Valkemburg, Holanda, y estudia pedagogía en la Universidad de Bonn, Alemania, donde se doctora en 1934. En 1936 regresa a México, para trabajar con estudiantes universitarios y se hace cargo de la dirección de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC). En 1937 muere en un accidente carretero en Zimapán, Hidalgo, a los 39 años.
Ortiz Monasterio sostiene que para Castiello fue decisiva la etapa del magisterio en el Colegio Centro América en Nicaragua. Aquí empieza su trabajo educativo con líderes estudiantiles, para que después influyan de manera positiva en las decisiones políticas, sociales y culturales de sus países.
Castiello cuando regresa a México para iniciar su labor educativa, encuentra un país convulsionado por la Revolución Mexicana y sus secuelas. Las instituciones educativas enfrentaban el desafío de formar ciudadanos en un contexto de profunda incertidumbre social.
En este panorama, Castiello se propuso una tarea ambiciosa: crear espacios educativos donde los jóvenes no solo adquirieran conocimientos, sino que desarrollaran un sentido de responsabilidad social y un compromiso ético con la transformación de sus sociedades.
Ortiz Monasterio, en su aborde a la vida de Castiello, no solo ofrece un relato cronológico de este, sino realiza una reflexión sobre su legado educativo y su impacto en la formación de generaciones de jóvenes.
La pedagogía jesuita—con su énfasis en la excelencia académica, la formación integral del ser humano y la atención personalizada del alumno—se convierte en la base de su propia metodología pedagógica que se caracteriza por el diálogo, la escucha atenta y la capacidad de descubrir en cada alumno sus potencialidades latentes.
Ortiz Monasterio presenta a Castiello no como un educador tradicional, sino como un guía de conciencias. Este no impulsaba una educación vertical, donde el maestro simplemente transmitía información, sino una relación educativa basada en el mutuo respeto y el crecimiento compartido. Esta visión humanística de la educación fue revolucionaria para su época.
La obra documenta cómo Castiello desarrolló una red de influencia que se extendió más allá de los muros escolares. Organiza retiros espirituales, seminarios de pensamiento crítico y espacios de reflexión donde las y los universitarios podían enfrentar las grandes preguntas sobre el sentido de la vida, la responsabilidad social y el compromiso con la justicia.
Su influencia llegó a permear en círculos intelectuales y políticos, haciendo de él una figura incómoda para algunos sectores, pero profundamente admirada por sus discípulos.
La obra de Ortiz Monasterio es poco conocida y permanece como un testimonio de las ideas y el impacto que el jesuita Jaime Castiello causó en los estudiantes y en quienes lo trataron. El autor con esta obra, se inscribe en la línea del jesuita, que se proponía guiar a la juventud hacia un camino de excelencia, consciencia social y compromiso ético.