Salvador Hernández Vélez
Los resultados recientes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) sitúan a México en una posición alarmante: el tercer lugar entre los países con peor desempeño en lectura, escritura y matemáticas. Este estudio de la OCDE, que mide la capacidad de jóvenes de 15 años para aplicar conocimientos en contextos reales, evidencia fallas estructurales en el sistema educativo nacional, agravadas por el impacto de la pandemia de COVID-19.
Salvador Hernández Vélez sostiene que, para revertir esta tendencia, es indispensable abordar la raíz del problema: la formación docente. Un análisis histórico revela que una gran parte de los profesores, especialmente en niveles superiores, fueron formados para el ejercicio profesional —como la ingeniería— y no para la enseñanza. Aunque un ingeniero domine las matemáticas técnicas, suele carecer de herramientas pedagógicas, didácticas y filosóficas necesarias para transmitir el conocimiento de manera efectiva.
La enseñanza de las matemáticas requiere comprender el proceso histórico y epistemológico de la disciplina. Esto incluye desde el origen de los números y los sistemas de numeración (como el babilónico de base 60 o el maya vigesimal) hasta la evolución de las ramas científicas. La matemática es el primer gran continente científico, sistematizado por Euclides en el siglo III a. C. en su obra «Los Elementos», cuyos conceptos siguen vigentes en las aulas actuales.
Posteriormente, en el siglo XVII, la física se consolidó como ciencia moderna gracias a figuras como Copérnico, Galileo y Newton. Este último desarrolló el cálculo diferencial e integral, herramientas fundamentales para el estudio del movimiento y pilares de la ciencia clásica. La columna concluye que fortalecer la formación de los maestros en estos fundamentos históricos y científicos, junto con el perfeccionamiento del uso de tecnologías digitales, es la única vía para ofrecer una educación de calidad que responda a las demandas de la época actual.


