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Roberto Zúñiga Vega
Yo tenía tres años cuando la selección de Inglaterra entrenó en Saltillo.

O al menos eso me dicen mis recuerdos, que a esa edad son más bien imágenes borrosas mezcladas con historias familiares repetidas tantas veces que uno termina sintiendo que sí las vivió con total claridad.

Lo que sí recuerdo —o quiero creer que recuerdo— es a mi papá llevándonos a mi hermano y a mí al Estadio del Tec Saltillo, ahí por Avenida Universidad, muy cerca de donde vivíamos entonces. Seguramente para él era una salida cualquiera de papá con hijos; para nosotros, una aventura. Lo que nadie imaginaba era que, sobre ese pasto bastante maltratado y muy lejos del glamour futbolístico actual, estaba entrenando nada menos que la selección inglesa rumbo al Mundial de México 86.

Entre ellos, Gary Lineker, que terminaría siendo campeón goleador del torneo. También Peter Shilton, histórico arquero inglés que poco tiempo después viviría una de las tardes más frustrantes de su carrera frente a Diego Armando Maradona.

Porque sí: debe doler recibir probablemente los dos goles más famosos de la historia en un mismo partido.

sombrero_2.jpgTambién estaba Portugal en Saltillo, hospedada en el Hotel La Torre, mientras Inglaterra se quedaba en el Camino Real. Se dice que algunos jugadores aprovecharon para pasearse por la ciudad. Quiero pensar que alguno terminó en el Centro Histórico, preguntándose qué pedir de comer o si un caldo de res en el Mercado Juárez contaba como preparación de alto rendimiento.

Eran otros tiempos.

No recuerdo oleadas de turistas internacionales. Pero claro, en 1986 viajar no era precisamente tan sencillo como hoy. No había redes sociales, no existía eso de compartir en tiempo real dónde desayunaste, qué museo visitaste o qué calle te pareció digna de foto. El Mundial era enorme, sí, pero no tenía la dimensión global, inmediata y omnipresente que tiene ahora.

Y por eso 2026 se siente distinto.

3.1.jpgPorque aunque Saltillo no será sede oficial, sería un error pensar que eso nos deja fuera de la conversación.

Monterrey recibirá cuatro partidos del Mundial: tres de fase de grupos y uno de eliminación directa que, si el futbol decide portarse bien con nosotros, podría regalarnos algo como un Holanda contra Brasil. Nada mal.

Y ahí es donde Saltillo entra con ventaja.

Porque para muchos visitantes internacionales —suecos, japoneses, coreanos, tunecinos o simplemente aficionados que anden siguiendo la ruta mundialista— nuestra ciudad puede ser exactamente ese descubrimiento inesperado que hace memorable un viaje.

A veces olvidamos que lo cotidiano para nosotros puede ser extraordinario para alguien que viene del otro lado del mundo.

Un centro histórico bonito y caminable —algo que, siendo honestos, no abunda en ciudades del norte del país—, museos, gastronomía, vino, paisajes semidesérticos, una ciudad segura, ordenada y amable.

Sí, uno aquí a veces lo da por hecho.

Pero no lo es.

Y además, Saltillo llega a este momento con algo que ayuda mucho: ambiente futbolero.

Lo de Saltillo Soccer no es poca cosa. Un estadio lleno, un campeonato nacional, un ascenso asegurado y una ciudad que volvió a abrazar a su equipo. El futbol local volvió a conectar con la gente, y eso se siente.4.jpg

A eso súmele que la ciudad ya prepara su propia fiesta mundialista con el FutFest.

Y no será poca cosa. El FutFest busca convertir durante varias semanas a Saltillo en un punto de encuentro para quienes viven el futbol como religión… o como buen pretexto para reunirse. Partidos en pantalla grande, conciertos, torneos amateurs, actividades familiares, comida, souvenirs y ese ambiente que solo genera un Mundial, donde de pronto uno termina opinando con absoluta seguridad sobre selecciones que jamás había visto jugar.

Lo interesante no es solo el evento en sí, sino lo que representa: una ciudad que entendió que el Mundial también puede vivirse desde aquí.

No tendremos a las selecciones entrenando en Saltillo esta vez.

Pero sí podríamos recibir algo igual de valioso: a quienes vienen persiguiendo la emoción del Mundial.

Y quién sabe.

Capaz dentro de cuarenta años alguien escriba que de niño su papá lo llevó a vivir el ambiente mundialista en Saltillo… sin saber que estaba construyendo un recuerdo para toda la vida.

 

Instagram: @robertozvegaa