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Bonilla: esta tierra te exige cuenta

Jaime Martínez Veloz

Hermanas, hermanos:

Desde esta tierra donde el viento viene cargado de polvo, mar seco y cicatrices que no se cierran, enviamos esta palabra que no baja la cabeza. Esta palabra que no pide permiso. Esta palabra que se planta como nopal en la piedra, como dignidad en la frontera, como memoria que no se deja comprar.

Aquí, donde la línea fronteriza es una herida abierta y no un trazo en el mapa, donde los de arriba creen que pueden convertir el Estado en su hacienda y al pueblo en su mercancía, levantamos este comunicado para decir lo que otros callan, para nombrar lo que otros esconden, para exigir lo que otros temen.

Porque la palabra, cuando es verdadera, incendia. Y cuando es digna, no se vende.

I. Bonilla: te hablo desde la tierra que quisiste capturar

Sí, te hablo a ti, Jaime Bonilla Valdez. Te hablo desde la frontera que quisiste convertir en tu feudo. Te hablo desde la tierra donde creíste que podías gobernar cinco años cuando el pueblo solo te dio dos. Te hablo desde la memoria que no olvida tus notarías, tus aduanas paralelas, tus operadores, tus sobornos, tus micrófonos ocultos, tus grabaciones clandestinas, tus contratos leoninos, tus fideicomisos empeñados, tus espectaculares, tus encuestas infladas, tus silencios y tus sombras.

Te hablo desde la tierra que no se arrodilla. Te hablo desde la frontera que no se vende. Te hablo desde la memoria que no se calla.

II. La periodista que te venció y cayó antes del amanecer

Hay un nombre que arde en esta tierra: Lourdes Maldonado López.

La periodista que te enfrentó. La periodista que ganó un juicio laboral después de nueve años. La periodista que embargó PSN. La periodista que, según la resolución judicial, debía tomar posesión de la administración de PSN la mañana siguiente.

La periodista que fue asesinada un día antes.

Un día antes, Jaime. Un día antes.

La frontera entera lo sabe. El país entero lo sabe. El mundo entero lo sabe.

La memoria no olvida. La memoria no perdona. La memoria no se vende.

III. Bonilla: esta palabra viene por ti, pero no como tú crees

No viene con armas. No viene con amenazas. No viene con violencia.

Viene con algo más peligroso para quienes han vivido del silencio: la verdad.

Viene a exigirte que enfrentes a las autoridades. Viene a exigirte que expliques tus contratos, tus fideicomisos, tus notarías, tus aduanas paralelas, tus operadores, tus sobornos, tus micrófonos ocultos, tus grabaciones clandestinas, tus vínculos, tus silencios, tus omisiones.

Viene a exigirte que expliques por qué la periodista que te ganó en tribunales fue asesinada un día antes de tomar posesión de PSN.

Viene a exigirte que expliques por qué tu red se alimentó de miedo, de extorsión, de espectaculares, de encuestas infladas, de contratos leoninos, de participaciones federales empeñadas.

Viene a exigirte que expliques por qué quisiste gobernar cinco años cuando el pueblo solo te dio dos.

Viene a exigirte que expliques por qué tu administración terminó con procesos penales, inhabilitaciones, restituciones millonarias y expedientes abiertos.

Esta palabra viene por ti, Jaime. Pero no para hacerte daño. Viene para que no puedas esconderte.

IV. La frontera no es tuya: es del pueblo que no se rinde

La frontera no es tu hacienda. La frontera no es tu notaría. La frontera no es tu frecuencia de radio. La frontera no es tu fideicomiso. La frontera no es tu aduana. La frontera no es tu botín.

La frontera es del pueblo que trabaja, que resiste, que recuerda. La frontera es de quienes cruzan con el alma en la cajuela y la dignidad en los zapatos. La frontera es de quienes no se venden. La frontera es de quienes no se callan. La frontera es de quienes no olvidan.

V. La memoria es insurgente: no se negocia, no se compra, no se mata

La memoria es la única frontera que no puedes cruzar. La memoria es la única aduana que no puedes sobornar. La memoria es la única notaría que no puedes comprar. La memoria es la única frecuencia que no puedes apagar. La memoria es la única voz que no puedes silenciar.

La memoria de Lourdes. La memoria del pueblo. La memoria de la frontera. La memoria de quienes dijeron "no le entro" cuando tú quisiste entrar por la puerta grande.

La memoria está aquí. La memoria te mira. La memoria te nombra.

VI. Bonilla: esta tierra te exige cuentas

Desde Tijuana, desde Mexicali, desde Tecate, desde Rosarito, desde Ensenada. Desde las colonias donde el agua se paga con miedo. Desde las maquilas donde la luz se cobra con extorsión. Desde las calles donde la violencia creció mientras tú blindabas tu mandato. Desde las estaciones de radio donde tu voz quiso ser única. Desde las notarías donde repartiste favores. Desde las aduanas donde se movieron millones. Desde los retenes donde se extorsionó al pueblo. Desde los fideicomisos donde empeñaste el futuro.

Desde aquí, desde esta tierra, desde esta frontera, desde esta memoria: te exigimos cuentas.

VII. La palabra que arde no se detiene

Esta palabra no es amenaza. Esta palabra no es violencia. Esta palabra no es odio.

Esta palabra es memoria. Esta palabra es dignidad. Esta palabra es frontera. Esta palabra es pueblo. Esta palabra es verdad.

Y la verdad, Jaime, es que la frontera ya habló. Y cuando la frontera habla, no hay espectaculares que la callen. No hay notaría que la compre. No hay aduana que la detenga. No hay micrófono oculto que la silencie.

Bonilla: la palabra ya te alcanzó.

Ahora te toca enfrentar a la justicia.

La frontera no olvida.

La memoria no se rinde.

Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte

Arq. Jaime Cleofas Martínez Veloz

Tijuana Baja California a 2 de agosto del 2026

El expediente psicosocial de Jaime Bonilla

Jaime Cleofas Martínez Veloz

Para entender la trayectoria política de Jaime Bonilla en Baja California no se requiere una simple biografía partidista, sino un desglose de las dinámicas del poder que operan en los márgenes de la frontera. En este territorio, donde la política suele entrelazarse con el pragmatismo mercantil y los intereses binacionales, su paso por la función pública dejó un expediente marcado por la imposición, la confrontación constante y el uso de las instituciones como herramientas de presión.

A través de tres ejes de análisis conductual, es posible examinar objetivamente el patrón que caracterizó su gestión y su actuar público.

- Narcisismo Fronterizo: El Espejo Binacional y la Impunidad
El primer rasgo determinante en la figura de Bonilla es una concepción de impunidad respaldada por su historial binacional. Durante años, habitó una dualidad estratégica: funcionario del Otay Water District en Estados Unidos, registrado en la política de ese país, y simultáneamente empresario de medios y actor político de este lado de la garita.
Desde la perspectiva del análisis político, esta condición suele engendrar una mentalidad de extraterritorialidad. La norma local se percibe como una molestia prescindible. Cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó la llamada "Ley Bonilla" —aquel intento por extender de dos a cinco años un mandato para el cual no fue votado— no solo cayó un proyecto político; quedó al descubierto la creencia personal de que la voluntad individual podía imponerse sobre la Constitución.

- Mitomanía Utilitaria: La Narrativa de la Extorsión y el "Enemigo de Estado"
El discurso de Bonilla se estructuró a partir de una narrativa maniquea: la creación constante de enemigos para justificar la arbitrariedad. El uso de auditorías opacas mediante empresas como Fisamex para la clausura de negocios, hoteles y clínicas bajo el pretexto de cobro de aguas, así como las acusaciones hacia el sector empresarial —a quienes despectivamente tildaba de "chillar como puercos"—, responden a un patrón de pragmatismo coercitivo.
En este perfil, la verdad no es un compromiso factual, sino un instrumento moldeable. La retórica servía para descalificar la crítica y normalizar el despojo. Este mismo mecanismo operó en el terreno deportivo con los Potros de Tijuana y las disputas por el Estadio Gasmart, demostrando que la presión institucional y la falta de transparencia formaban parte de un modus operandi replicado tanto en el ámbito privado como en el gubernamental.

- Pensamiento Autocrático y Feudal: El Contrato Social Roto
La firma del fallido contrato con Next Energy para la planta fotovoltaica en Mexicali —un compromiso financiero multimillonario asumido al margen de las facultades legales y por el cual fue inhabilitado y vinculado a proceso— sintetiza la visión feudal del poder: concebir el erario y los bienes públicos como un patrimonio personal disponible.
Cuando la capacidad de influencia o el monopolio del poder se disuelven, el lenguaje técnico desaparece y aflora la virulencia. Las recientes agresiones verbales y amenazas explícitas dirigidas contra la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda ("dedicarle la vida a partirle la madre") no son arrebatos aislados. Son la consecuencia directa del resentimiento autocrático: la incapacidad de asimilar que la estructura del Estado ya no está a su servicio ni bajo su control.

Conclusión

El legado de Jaime Bonilla en la política fronteriza constituye un caso de estudio sobre las consecuencias del personalismo desmedido en la función pública. Su trayectoria dibuja a un actor que confundió el goce del poder con el monopolio de la ley, y cuya vigencia política terminó sepultada por sus propios excesos, expedientes judiciales y el inevitable filtro de la memoria colectiva.

CARTA ABIERTA A LA PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA: Desde la Frontera Donde la Soberanía Se Desangra

Jaime Martínez Veloz

Tijuana, Baja California

Presidenta:

Le escribo desde la línea donde México respira con dificultad. Desde la frontera donde el viento del Pacífico trae sal, polvo y secretos que nadie quiere escuchar. Desde Tijuana, esa ciudad que me adoptó en 1991 y que me enseñó que aquí la dignidad es más valiosa que el oro y más frágil que la paz.

Le escribo porque en Baja California algo se está pudriendo. Y cuando la podredumbre huele hasta la Ciudad de México, es porque ya no es un asunto local: es un asunto de soberanía.

Aquí, donde el país se sostiene con uñas y dientes, operadores políticos ligados al Partido Republicano de Estados Unidos se mueven como si fueran dueños del territorio. Aquí, donde la Constitución debería ser un muro, la han convertido en alfombra. Aquí, donde la frontera debería ser defensa, la han vuelto negocio.

Y el silencio —ese silencio que usted heredó y que ahora la rodea— está permitiendo que la grieta se abra.

I. El pasado que explica el presente

Usted puede revisar la historia: apoyé el proyecto de Morena hasta 2018, antes de que Jaime Bonilla Valdez se apropiara del movimiento en Baja California. Después del triunfo presidencial, Bonilla recibió un cheque en blanco para decidir el rumbo del Estado. Lo usó para lo que sabe: prepotencia, corrupción, arrogancia.

Intentó ampliar su mandato de dos a cinco años. La Suprema Corte lo frenó. El entonces Presidente guardó silencio. Y ese silencio abrió la puerta a lo que hoy vivimos.

Porque como aprendí en los diálogos con los zapatistas: “El texto sin contexto es pretexto.”

II. La reunión que revela la infiltración

Hace unas semanas, regresé a Tijuana después de una campaña en Coahuila. Un amigo me pidió vernos para hablar de un asunto de tierras en Ensenada. Acepté. Nos reunimos en un restaurante cerca de mi casa.

Al llegar, me encontré con dos sujetos que no deberían estar ahí.

El primero, joven, se presentó como Carlos, “oficial del FBI”. El segundo, su padre, Luis Trujillo, cuyo nombre real es Luis Armando Montes Trujillo.

Mi reacción fue inmediata: ¿Qué hijos de la chingada hago yo sentado frente a estos dos cabrones?

Carlos comenzó a hablar como si fuera virrey fronterizo:

—A partir de una llamada de César Yáñez a Jaime Bonilla —dijo—, por instrucciones de la Presidenta (según César Núñez), Bonilla nos presentó con la Gobernadora para ayudarle con el tema de la visa.

Le pregunté: —¿Y luego?

—La Gobernadora no quiere cooperar.

—¿Cooperar para qué?

—Para delatar a sus cómplices.

Entonces le solté lo obvio: —Si tú eres del FBI, ¿qué chingados tienes que ver con temas migratorios?

Su respuesta fue delirante: —El FBI controla todos los temas México–Estados Unidos. Incluso controlamos todos los sindicatos de La Laguna.

Ahí perdí la paciencia: Por mí, chinguen a su madre los tres. No saben ni madre de lo que están hablando.

Hubo un silencio. Luego, como si nada, me preguntaron a cuál precandidato de Morena apoyaría.

Les dije que a ninguno. No milito en Morena.

Entonces soltaron la bomba: —El mejor candidato para Donald Trump es Jesús Ruiz Uribe. Es el único que aceptó cooperar con el gobierno norteamericano. Ya entregó los organigramas de los vínculos entre los gobiernos de Baja California y grupos del crimen organizado.

No sé si esto sea cierto. Lo que sí sé es que el supuesto agente del FBI se presentó como enviado de Jaime Bonilla ante la Gobernadora, después de una llamada de César Yáñez, supuestamente por instrucciones suyas.

III. El abogado y el camote

Como si no fuera suficiente el descaro, el tal Carlos decidió agregar otro ingrediente a su guiso de arrogancia.

—La Gobernadora habló con un abogado —me dijo—. ¿Tú crees que alguien así debería ser contratado por ella?

La pregunta venía cargada de veneno, como quien lanza un anzuelo para medir la reacción del pez. Me miró esperando que yo mordiera.

Pero aquí, en la frontera, uno aprende a distinguir entre pregunta y provocación.

Le respondí sin rodeos:

—Eso no me lo preguntes a mí. Pregúntatelo tú, que según tú eres autoridad gringa.

El silencio cayó como piedra. El joven tragó camote. Literalmente. Como si la soberbia se le hubiera atorado en la garganta.

IV. La amenaza de “acción militar”

Fue entonces cuando el tal Carlos decidió cruzar una línea que ningún extranjero debería cruzar en territorio mexicano.

En tono amenazante me dijo:

—El Gobierno de Estados Unidos está decidido a hacer una acción militar semejante a la de Venezuela con Maduro. Una extracción del objetivo. Y la única forma de detener eso es que algunos personajes cercanos a la Presidenta convenzan a la Presidenta de actuar contra la Gobernadora de Baja California. Detenerla. Apresarla. Eso podría evitar la acción.

Mi respuesta fue inmediata, frontal, sin maquillaje:

—Venezuela no es México. No tienes ni la pinche idea de lo que estás diciendo.

El tal Luis Trujillo —padre del informante, dedo, soplón, o lo que haya querido aparentar— intervino con una mezcla de ignorancia, desesperación y atrevimiento:

—Lo que urge es que esa entrevista se produzca de inmediato, esta misma semana… ¡porque a Bonilla le urge!

Lo miré. Lo escuché. Y por dentro pensé:

“No cabe duda: este par de pendejos no tiene la más pinche idea de con quién está hablando.”

No levanté la voz. No hice aspavientos. No di discursos. Simplemente me levanté con la dignidad que uno aprende en la frontera y les dije lo que correspondía:

Olimpicamente los mandé a chingar a su madre a los dos.

Y me retiré. Sin protagonismos. Sin escándalos. Sin teatro. Solo con la certeza de que cada coyuntura exige su propia respuesta, y que yo ya había dado la mía.

V. Trump, el depredador de la frontera

Cuando el tal Carlos me dijo: “Donald Trump es la esperanza de México”, mi respuesta fue inmediata: “No mames.”

Porque si algo sé —y lo sé porque lo viví, lo denuncié y lo documenté— es que Trump jamás ha sido esperanza de México.

En 2016 presenté una denuncia ante la PGR por el fraude del Trump Ocean Resort Baja México, un proyecto inmobiliario que prometía un edificio de condominios de lujo en las playas de Tijuana y Rosarito.

Los compradores entregaron más de 100 millones de dólares entre 2006 y 2009. ¿Y qué construyó Trump?

Nada. Ni un piso. Ni un muro. Ni siquiera los cimientos.

En 2017 amplié la denuncia con más testimonios y documentos. Los afectados perdieron ahorros de toda una vida. Trump, en cambio, cobró millones por “prestar su nombre”.

Ese es el hombre al que el tal Carlos llamó “esperanza de México”.

VI. La frontera donde la soberanía se vende

Lo que viví en esa mesa no fue una anécdota. Fue una radiografía de la enfermedad que corroe a Baja California:

  • operadores políticos ligados al Partido Republicano,
  • personajes que se presentan como agentes federales norteamericanos,
  • amenazas de “acciones militares” en territorio mexicano,
  • vínculos con exgobernadores que ya intentaron violentar la Constitución,
  • y un clima de impunidad que permite que cualquiera se sienta dueño de la frontera.

Aquí, donde la soberanía debería ser un muro, la han convertido en alfombra. Aquí, donde la política debería defender a México, algunos la han puesto al servicio de Washington. Aquí, donde la frontera debería ser una línea de defensa, la han vuelto una línea de negocio.

VII. Lo que exijo

Presidenta, por la gravedad de lo narrado, le solicito públicamente:

Que me informe fecha, lugar y hora para presentarme ante la Fiscalía General de la República, a fin de ratificar y ampliar esta información, y que se convoque a los personajes mencionados para que respondan ante la ley.

Lo hago por la soberanía de México. Por la seguridad de nuestras familias. Por la dignidad de Baja California. Y porque en esta frontera aprendí que el silencio también es una forma de traición.

Y cierro como cierran los que no se arrodillan, como cierran los que no se venden, como cierran los que no se callan:

¡Viva Villa, cabrones!

 

"A confesión de parte relevó de pruebas"

Jaime Cleofás Martínez Veloz

I. La frontera no inventa historias: las revela

La frontera tiene su propio modo de contar las cosas.
No las narra: las filtra.
No las ordena: las deja caer como piedras sobre el agua, para que cada quien vea las ondas que se expanden.

Y esta historia —la de los audios de la Gobernadora de Baja California— no nació en Washington, ni en oficinas federales, ni en despachos diplomáticos.

Nació en Tijuana.
Nació en la sombra de un compadrazgo.
Nació en la torpeza de un disfraz.
Nació en la frontera, donde los engaños cruzan más rápido que las personas.
Nació en las oficinas de PSN la estación de Bonilla, esa que no le quiso pagar a Lourdes Maldonado, esa misma en donde se reúne con pseudo dirigente partidarios y precandidat@s confundid@s.

II. El momento político: la grieta que abrió la vulnerabilidad

Era mayo de 2025 cuando a la Gobernadora Marina del Pilar le retiraron la visa.
En la frontera, perder la visa es perder un brazo político.
Es quedar expuesta.
Es abrir una grieta por donde los oportunistas —los de siempre— meten la mano.

En ese clima apareció Jaime Bonilla, exgobernador, operador de vieja escuela, hombre de redes profundas y silencios largos.
Bonilla ofreció "ayuda".

Y como en toda tragedia mexicana, la ayuda venía acompañada de un compadre y un ahijado.

III. Los operadores: el compadre prófugo y el ahijado disfrazado

1. El ahijado: Carlos Gil

Ahijado de Bonilla.
Se presenta como "agente del FBI".
No lo es.
Nunca lo fue.
Pero en la frontera, donde la imaginación es más grande que la ley, basta con decirlo para que algunos tiemblen.

Su papel en la operación fue claro:

• fingir autoridad,
• fabricar amenazas,
• grabar ilegalmente,
• y presionar políticamente.

1. El compadre: Luis Armando Montes Trujillo

Alias Luis A. Trujillo.
Alias "escritor".
Alias "empresario".
Alias "hombre respetable".

Pero detrás del alias hay otra historia:

• la del expresidiario que escapó del penal de Tijuana,
• disfrazado con ropa de un visitante,
• en los años en que la justicia era un animal domesticado.


Montes Trujillo es compadre de Bonilla.
Carlos Gil es ahijado de Bonilla.

Y en México, ya lo sabemos:
los compadrazgos son más fuertes que los partidos, más duraderos que los gobiernos y más peligrosos que las armas.

IV. La operación: teatro binacional, grabaciones locales

La escena es digna de una novela negra fronteriza:

Carlos Gil, con la voz impostada de quien cree que la mentira es uniforme,
advierte sobre una supuesta "intervención militar de Estados Unidos en Baja California".

Habla de expedientes, de agentes, de oficinas federales, de amenazas diplomáticas.
Nada es cierto.
Todo es teatro.

A su lado, Montes Trujillo —el compadre, el fugitivo— asiente, presiona, exige, empuja.
Pide reuniones urgentes, negociaciones inmediatas, decisiones que comprometan al Estado mexicano.

Su desesperación no es política:
es personal.
Es la urgencia de quien sabe que su pasado lo persigue y que su presente depende de la protección de un padrino.

Las grabaciones que después circularon no fueron hechas por ninguna agencia extranjera.
No fueron parte de ninguna operación internacional.
No fueron producto de inteligencia binacional.

Fueron hechas en Tijuana,
por ellos mismos,
para chantajear,
para presionar,
para doblar la voluntad de un gobierno.

V. El padrino político: Bonilla y la sombra que no se retira

El vínculo es directo:

• el compadre prófugo,
• el ahijado disfrazado,
• y el padrino político.

Bonilla no grabó.
Bonilla no editó.
Bonilla no se disfrazó.

Pero Bonilla presentó a estos operadores ante la Gobernadora,
legitimó su presencia,
y abrió la puerta para que la ficción binacional se convirtiera en instrumento de presión.

La operación no nació en Washington.
Nació en el bonillismo fronterizo.

VI. El operador mediático: Simón Levy los exhibe y confiesa públicamente un delito

Aquí entra el personaje que faltaba: Simón Levy.

En una conversación grabada con Carlos Alazraky, Levy dijo —con tono de burla y presunción— que él:

"Usó a un par de gringos de Tijuana para grabar a la Gobernadora."

Esa frase es dinamita política.

Porque Levy:

• confiesa públicamente la realización de un delito,
• admite participación en una operación encubierta,
• reconoce el uso de extranjeros para intervenir en política local,
• sitúa la operación en Tijuana,
• y exhibe la estructura que otros intentaron ocultar.

Lo que el compadre prófugo y el ahijado disfrazado hicieron en la sombra,
Levy lo exhibió en público.

Lo que ellos negaron,
Levy lo presumió.

Lo que ellos intentaron maquillar como "ayuda",
Levy lo reveló como trampa.

Su confesión no solo los delata:
los desnuda.

VII. La frontera como escenario del engaño

La frontera es un animal extraño:
a veces parece Estados Unidos,
a veces parece México,
y a veces parece un territorio sin dueño donde cada quien inventa su propia ley.

En ese territorio ambiguo, Carlos Gil y Montes Trujillo intentaron construir una ficción:

• la de ser operadores del gobierno norteamericano,
• la de tener acceso a expedientes secretos,
• la de poder "ayudar" a la Gobernadora a recuperar su visa,
• la de poder "intervenir" en la política estatal.

Pero la ficción se rompió cuando intentaron arrastrarme a su teatro.
Yo, que conozco la frontera como se conoce una herida, los desenmascaré.

Me retiré.
Denuncié.
Y elevé el caso a la Presidencia de la República.

VIII. La soberanía como víctima

Lo que está en juego no es un pleito local.
No es un conflicto entre facciones.
No es una disputa de poder.

Lo que está en juego es la soberanía nacional.

Porque cuando dos ciudadanos se disfrazan de agentes extranjeros,
cuando fabrican amenazas militares,
cuando intentan acorralar a una gobernadora,
cuando intentan doblar al Estado mexicano con grabaciones falsas o editadas,
no están haciendo política:
están cometiendo una agresión a la soberanía mexicana.

Y cuando un tercero —Simón Levy—
confiesa públicamente haber hecho lo mismo,
la agresión deja de ser clandestina
y se convierte en evidencia pública.

La frontera —esa cicatriz que nunca termina de cerrar— vuelve a sangrar.

IX. El país que escucha

Este artículo no es un ajuste de cuentas.
Es un llamado.

Porque lo que ocurrió en Baja California puede ocurrir en cualquier estado del país.
Porque los operadores clandestinos no conocen fronteras.
Porque las mentiras binacionales se mueven con la velocidad del miedo.
Porque la soberanía no se defiende sola.

Y porque México merece saber la verdad:

Los audios de la Gobernadora no fueron obra de ninguna agencia extranjera.
Fueron obra del ahijado de Jaime Bonilla,
haciéndose pasar como agente del FBI,
acompañado por su padre,
Luis Armando Montes Trujillo,
expresidiario de la cárcel de Tijuana,
compadre del exgobernador,
operador de una red que quiso convertir la frontera en un escenario de chantaje.

Y fueron exhibidos públicamente por Simón Levy,
quien —entre risas y soberbia—
confesó haber hecho lo mismo:
usar "gringos de Tijuana" para grabar ilegalmente a la Gobernadora.

La historia está escrita.
El país debe leerla.

Tim Golden 1994, en mi departamento en Tijuana

Jaime Cleofas Martínez Veloz
En Tijuana las cosas irrumpen, como ráfagas de viento que levantan polvo y dejan expuesto lo que otros prefieren ocultar. La ciudad no avisa: te empuja, te prueba, te desnuda. Así llegó Tim Golden a mi departamento en agosto de 1994, cuando el país caminaba con el alma en vilo y el PRI se desmoronaba en silencio, como un animal viejo que no quiere que lo vean caer.

Ese departamento donde recibí a Tim —el mismo al que sigo llegando cada vez que regreso a Tijuana— no era un escenario preparado. Era, y sigue siendo, la única propiedad que he adquirido en esta ciudad, pagada con un crédito a 15 años que me mordía el sueldo como un perro flaco. Un departamento en la Zona Río, sí, pero no de esos que salen en revistas: uno de batalla, de madrugada, de café recalentado y papeles que nunca terminan de ordenarse. Con los años, ese espacio se volvió algo más: un pequeño territorio neutral, un refugio donde han cabido amigos, adversarios, políticos de todos los partidos y también los sin partido. Ahí se han discutido estrategias, se han roto silencios, se han curado derrotas y se han celebrado victorias que nunca salieron en los periódicos. Ese lugar ha visto más política real que muchos salones alfombrados del centro del país. Y ahí, en ese mismo sillón que todavía aguanta, fue donde Tim Golden se quedó dormido.

Tim llegó con la mirada de quien ha visto demasiadas versiones oficiales y muy pocas verdades. Tocó la puerta con la fatiga de los reporteros que ya no esperan sorpresas. Entró, dejó su libreta en la mesa y se dejó caer en el sillón como si la gravedad de Tijuana fuera distinta, más pesada, más honesta. Yo empecé a hablar como se habla aquí: sin adornos, sin reverencias, sin miedo. Le conté del Distrito Sexto, de las colonias donde la política no se teoriza: se padece. De los comités vecinales que levantamos con las uñas. De la violencia que se respiraba desde el asesinato de Colosio. De las tensiones internas del PRI, que ya no era un partido sino un archipiélago de islas que se miraban con recelo.

Y entonces ocurrió lo que sólo ocurre en la frontera.

Tim se recargó, cerró los ojos... y se quedó dormido.

No fue un pestañeo. Fue un sueño profundo, de esos que sólo llegan cuando uno ha cargado demasiadas mentiras ajenas. Lo dejé dormir. En Tijuana uno respeta el cansancio del otro: aquí todos cargamos algo, todos venimos huyendo de algo, todos buscamos algo que no siempre sabemos nombrar.

Mientras dormía, pensé en el país que teníamos encima. El PRI estaba partido en pedazos, aunque en el centro insistieran en la palabra "unidad". Los tecnócratas recién salidos de universidades extranjeras querían gobernar con gráficas y ecuaciones. Los viejos cuadros de las burocracias corporativas del PRI, acostumbrados a que nadie les moviera el plato, no aceptaban ser desplazados. Y los que veníamos del territorio —los que conocíamos la calle, el lodo, la colonia— sabíamos que la gente ya no obedecía por disciplina: obedecía por necesidad, y la necesidad estaba cambiando de dueño.

Esa fractura se sentía en cada pasillo, en cada reunión, en cada colonia. Los de arriba hablaban de estabilidad; los de abajo hablábamos de sobrevivencia. Y en Tijuana, esa contradicción se volvía más evidente que en cualquier otro lugar del país. Aquí la política no se maquilla: se ve con luz de neón, con olor a drenaje, con la crudeza de una ciudad que no perdona.

Cuando Tim despertó, abrió los ojos como si hubiera regresado de otro mundo. Se disculpó. Yo le ofrecí café. Le propuse caminar. Quería conocer el Distrito Sexto desde el polvo, no desde los informes.

Salimos. Caminamos por calles donde la gente me conocía no por discursos, sino por las obras que habíamos hecho juntos: drenajes, pavimentos, comités, pleitos, acuerdos. Tim observaba todo. Preguntaba poco, pero miraba mucho. Tenía ese estilo de reportero que no necesita interrogar: deja que el territorio hable.

Le conté cómo los mandones y cómplices de un viejo PRI, que por sus yerros, le habían entregado o perdido el Estado frente al PAN, intentaban frenarme, cómo algunos líderes del partido veían mi trabajo comunitario como una amenaza, cómo otros me apoyaban en silencio porque sabían que la ciudad estaba cambiando. Le hablé de los jaloneos internos, de los que querían mantener el viejo orden y de los que entendíamos que la frontera ya no obedecía a nadie.

Regresamos al departamento ya entrada la tarde. Él tenía que escribir. Yo tenía que seguir viviendo en esa frontera que no da tregua. Días después, su artículo apareció en The New York Times. No reproduzco aquí lo que escribió, pero sí recuerdo la sensación: por un instante, la frontera había sido contada sin caricaturas. Con dureza, sí, pero también con respeto.

Hoy, mirando hacia atrás, entiendo que esa entrevista no fue sólo un episodio periodístico. Fue un espejo. Un retrato involuntario de un país que se estaba rompiendo y de una ciudad que, como siempre, iba un paso adelante en la ruptura. Tim vino a buscar una historia. Encontró un país en desvelo. Y, por un momento, se permitió dormir en medio de él.

En Tijuana, hasta el sueño es político.

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