Iván Garza García       

Paracetamol de 500 mg con 20 tabletas: 24 pesos; naproxeno sódico de 550 mg con 12 comprimidos: 48 pesos; que te prometan que el sistema de salud de tu país será como el de Dinamarca, en medio del peor desabasto de medicamentos del cual se tenga memoria, no tiene precio.

Tal vez, los bienquerientes del régimen prefieren no recordar una especial cuenta del rosario de promesas presidenciales. Era el primer día del mes de diciembre del 2018; en un Zócalo capitalino al cual no le cabía un alfiler, el recién ungido mandatario aseguró que - a mitad de su sexenio - las y los mexicanos gozaríamos de un sistema de salud de primera “como en Canadá o los países nórdicos”. El compromiso fue retomado en 2020; luego, en 2022, el gobernante en turno afirmó que, debido a la pandemia, los planes tuvieron que detenerse, pero que – ahora si ­– para finales del año 2023, en materia de salud pública estaríamos no igual sino mejor que los daneses. Para ser consistente con su propia narrativa, el pasado mes de mayo, el Presidente garantizó que la promesa de marras sería una realidad para diciembre de este año: “Hemos hecho el compromiso y lo vamos a cumplir. Vamos a tener un sistema de salud pública de primera. Ya lo he dicho en otras ocasiones, lo repito ahora, no como el de Dinamarca, mejor que el de Dinamarca; esto no les gusta a los conservadores, por eso lo subrayo”. Por supuesto, la emoción embarga a no pocos; ello, ante la inminente transformación del sistema de salud, la cual ocurrirá en menos de diez días (emoji de guiño).

Lo que sin duda no se esperaba a estas alturas del partido y menos cuando vamos rumbo la “dinamarquización” del sistema de salud, es que el Gobierno de la República cambiara por cuarta ocasión el modelo para la adquisición de medicamentos y material de curación; sí, leyó usted bien amable y única lectora, por cuarta ocasión.

Me explico.

Durante las tres administraciones federales anteriores, el mecanismo de compras consolidadas a través del IMSS permitió la adquisición de medicinas en mejores condiciones de calidad y precio, produciendo un impacto positivo en las finanzas públicas; de hecho, según un estudio del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, en los últimos cinco años de vigencia, el mencionado modelo posibilitó ahorros por el orden de los 25 mil millones de pesos. Sin embargo, a su llegada, el mandatario nacional acusó corrupción en el sistema y dispuso que la Secretaría de Hacienda estuviera a cargo de las licitaciones correspondientes. Luego, en el 2021, con la intención de transparentar y optimizar los recursos destinados para este rubro, la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) apoyó al gobierno mexicano en la compra de medicinas. El gusto habría de durar poco, pues para 2022 el Instituto de Salud para el Bienestar recibió la estafeta con terribles resultados y como el pasado 29 de mayo se publicó el decreto que oficializa la extinción del mentado INSABI, tuvo que entrar al quite la Secretaría de Salud; dependencia que acaba de convocar a una licitación para complementar la última compra que se efectuó. Los tumbos son más que evidentes. Mientras todo esto ocurre, la escasez de medicamentos en hospitales y centros de salud va en alarmante aumento. De acuerdo con reportes del colectivo Cero Desabasto, tan solo en el año 2022 las instituciones del sector salud dejaron de surtir 15.2 millones de recetas y el 2023 pinta aún peor.

Pero que no cunda el pánico, pues el Presidente anunció que (no me lo va a creer) en diciembre de este año será inaugurada una mega farmacia que contará con “todas las medicinas del mundo”, para lo cual ya se firmó un convenio entre Birmex y Cofepris.

Aquí en confianza, en el supuesto no concedido de que efectivamente en unos cuantos días sea entregada una bodega repleta de medicamentos y materiales de curación, ¿esto solucionará el problema de esa señora de edad avanzada que se ve obligada a pasar horas haciendo fila tratando de obtener sin éxito un medicamento que se encuentra en desabasto desde hace años o únicamente servirá para alimentar el discurso oficial con el propósito de cubrir el desastre en el que se ha convertido el sistema de salud mexicano? Veremos y diremos.

 

Nota. Lo antes expuesto representa

 la opinión personal del autor