Enrique Escamilla Cantú
Durante décadas, la brecha económica entre el norte y el sur de México ha sido evidente. Estados como Nuevo León, Coahuila, Chihuahua o Baja California concentran mayores niveles de ingreso, productividad y atracción de inversión, mientras que gran parte del sur enfrenta rezagos persistentes. Esta diferencia no es casual ni reciente. Tampoco puede explicarse únicamente por el clima, la geografía o la cultura. Es el resultado de decisiones históricas, estructuras productivas distintas y trayectorias de inversión acumuladas en el tiempo.
Hablar de esta brecha suele generar lecturas simplistas: que si el norte “trabaja más”, que si el sur “recibe más apoyos”, que si ser frontera con Estados Unidos es el factor determinante, entre otras. En realidad, la situación es más compleja. El desarrollo regional responde a cómo se organizan las economías, qué tipo de inversión se privilegia, cómo se forma el capital humano y qué tan estables son las reglas del juego a lo largo del tiempo.
Historia y orientación económica: la frontera como punto de partida
La historia importa, y mucho. Desde mediados del siglo XX, el norte de México se integró de manera temprana a los flujos comerciales internacionales, particularmente con Estados Unidos. La cercanía geográfica facilitó el intercambio, la instalación de industrias y la adopción de modelos productivos orientados a la exportación.
El punto de partida fue el Programa de Industrialización Fronteriza, creado por el Gobierno de México en 1965. El esquema permitió la instalación de plantas manufactureras orientadas a la exportación mediante la importación temporal de insumos sin arancel. De acuerdo con la serie histórica de la Industria Maquiladora de Exportación publicada por el Banco de México en sus Informes Anuales y Indicadores Económicos de las décadas de 1970 y 1980, el empleo maquilador en la frontera norte pasó de menos de 20 mil trabajadores en 1965 a más de 120 mil en 1980, con una concentración creciente en manufactura para exportación.
Estudios del Colegio de la Frontera Norte, en particular las investigaciones sobre industrialización fronteriza y maquiladoras publicadas desde los años ochenta, documentan que este proceso marcó el inicio del primer ciclo sostenido de industrialización exportadora en estados como Baja California, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, sentando las bases de los encadenamientos productivos que posteriormente se profundizarían con el TLCAN.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, los estados del norte concentran históricamente una mayor proporción del PIB manufacturero del país, especialmente en ramas como equipo de transporte, maquinaria, electrónicos y metalmecánica. Esta especialización temprana permitió que la región desarrollara una base productiva sólida que se fue sofisticando con el paso del tiempo.
Inversión productiva e industria: el verdadero punto de inflexión
Más allá de la geografía, el factor decisivo fue el tipo de inversión que se consolidó. Mientras el norte apostó por inversión privada productiva, infraestructura industrial y encadenamientos empresariales, gran parte del sur mantuvo economías más dependientes de actividades primarias, gasto público y proyectos con bajo efecto multiplicador.
De acuerdo con el informe “Situación Regional Sectorial” de BBVA México (2024), los estados del norte del país concentran una proporción significativamente mayor de la inversión fija bruta privada, particularmente en manufactura, logística y transporte, impulsada por sectores exportadores y cadenas industriales consolidadas. El propio análisis señala que este tipo de inversión tiene efectos multiplicadores más amplios que el empleo inmediato, al elevar la productividad, facilitar la transferencia tecnológica y fortalecer la capacidad de las empresas para integrarse y escalar dentro de cadenas de valor regionales y globales.
El fenómeno reciente del nearshoring ha reforzado esta ventaja, pero no la creó. Lo que hoy vemos es una aceleración de capacidades que ya existían: parques industriales, mano de obra calificada, infraestructura logística y experiencia operativa.
Productividad y capital humano: el activo invisible
La riqueza regional no depende solo de cuánto se produce, sino de cómo se produce. El norte desarrolló, con el tiempo, un ecosistema de capital humano alineado a su estructura industrial: educación técnica, universidades vinculadas a la industria, formación dual y una cultura empresarial enfocada en eficiencia y mejora continua.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México presenta profundas disparidades regionales en productividad laboral, siendo los estados del norte los que más se acercan a los estándares de economías industrializadas. Esto explica por qué, incluso con salarios relativamente más altos, estas regiones siguen siendo competitivas y atractivas para la inversión.
La productividad se forma con el tiempo, a partir de inversión constante, rutinas bien ejecutadas y aprendizaje interno.
Instituciones y entorno de negocios: el caso de Coahuila
Dentro del norte, no todos los estados han avanzado igual. Un ejemplo relevante es Coahuila, que en los últimos años ha logrado consolidarse como uno de los polos industriales más dinámicos del país.
Más allá de su ubicación, Coahuila ha apostado por una estrategia consistente de atracción de inversión industrial, fortalecimiento de parques industriales, vinculación con empresas globales y coordinación con el sector privado. De acuerdo con información del Gobierno del Estado de Coahuila y reportes sectoriales, la entidad se ha posicionado como un hub clave en sectores como automotriz, autopartes, acero, manufactura avanzada y logística.
Esta continuidad en la política económica ha generado confianza. La inversión no llega solo por incentivos fiscales, sino por estabilidad, infraestructura funcional y claridad institucional. Coahuila muestra cómo la acción estatal bien alineada con el sector productivo puede potenciar ventajas regionales, incluso en un entorno nacional complejo.
Formalidad y reglas claras: un diferenciador silencioso
La calidad institucional también marca diferencias. Estados con mayor formalidad relativa, continuidad administrativa y reglas más estables tienden a retener inversión y a generar ciclos de reinversión más largos.
De acuerdo con el informe “Doing Business in Mexico 2022” del Banco Mundial, las regiones con mayor certidumbre jurídica, procesos regulatorios más claros y menor costo para abrir y operar empresas presentan mejores tasas de inversión privada y crecimiento sostenido. El reporte documenta que, cuando las reglas son estables y se aplican de manera consistente, la inversión tiende a permanecer en la región y a reinvertirse en ciclos más largos.
¿Y el sur? Potencial sin estructura suficiente
El sur de México concentra recursos naturales, ubicación estratégica y mano de obra joven. El problema no ha sido la ausencia de activos, sino la dificultad para convertirlos en estructuras productivas sostenidas. La inversión privada ha sido intermitente, la informalidad elevada y los proyectos, en muchos casos, desconectados entre sí.
De acuerdo con el documento “Panorama de las Políticas de Desarrollo Productivo en América Latina y el Caribe 2025: ¿Cómo salir de la trampa de baja capacidad para crecer?”, publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en octubre de 2025, la región enfrenta limitaciones estructurales que no pueden superarse únicamente con proyectos aislados o transferencias puntuales. El informe subraya que superar la trampa de bajo crecimiento exige políticas productivas coherentes que integren inversión, educación, infraestructura, articulación productiva y acceso a mercados, y no respuestas fragmentadas.
Conclusión: no es suerte, es estructura
El norte de México acumuló ventajas a lo largo de décadas mediante inversión productiva, especialización industrial, capital humano y reglas relativamente estables. Esa combinación generó empresas capaces de competir, reinvertir y sostener crecimiento.
Mientras esas condiciones no se reproduzcan de forma consistente en otras regiones del país, la brecha económica seguirá existiendo, independientemente del discurso político, el ciclo económico o el volumen de gasto público.
Enrique Escamilla Cantú
Consultor empresarial certificado, Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas, experto en administración de empresas con más de 20 años de experiencia. Fundador de Grupo Empresarial Fundadorex, ha acompañado a empresarios en procesos de transformación, crecimiento y profesionalización de sus negocios. Autor del libro Los 4 errores de los gerentes que matan tu negocio.
Mentor estratégico de alto impacto, conferencista, y generador de contenido educativo físico y digital. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.; Instagram: @enriqueescamilla.oficial


