
Rubén Aguilar Valenzuela
La exposición Fábulas para dormir de Josué Mejía se presenta en el Museo Laboratorio Arte Alameda, Alcaldía Cuauhtémoc, Centro Histórico de la Ciudad de México.
Exposición
La exposición está curada por Gemma Argüello, y en un panel de la misma se encuentra el siguiente texto: «Fábulas para dormir se presenta como una instalación de sitio ideada para mostrarse en la Capilla Dolores del Laboratorio Arte Alameda: La pieza recupera los Libros de Lectura para uso de las Escuelas Nocturnas de Trabajadores que circularon durante la segunda mitad de la década de 1930 y principios de los años cuarenta: una serie de manuales pedagógicos diseñados por la Secretaría de Educación Pública durante el período cardenista, la cual destaca por sus grabados comisionados a miembros de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR).
Estos grabados operaron originalmente como potentes dispositivos de alfabetización y herramientas de lucha visual, concebidas para politizar la conciencia obrera desde la trinchera de la gráfica colectiva. A rescatar y reconceptualizar este imaginario posrevolucionario, la instalación transforma el espacio en una zona de reflexión sobre las narrativas hegemónicas y nos invita a interrogar las utopías de liberación, abriendo la posibilidad de repensar futuros alterativos a partir de los vestigios de la educación popular.
La instalación también entra en relación con el mural Los informantes de Sahagún de Federico Cantú, el cual se mantiene deliberadamente en penumbra. A través de esta coexistencia, la pieza confronta dos dispositivos fundamentales de producción ideológica del México posrevolucionario: el muralismo y la gráfica pedagógica impulsada por los proyectos de educación pública popular.
Esta reactivación política y estética adquiere una densidad particular al habitar la capilla de este recinto, una estructura arquitectónica que data del siglo XVIII. Existe una correspondencia latente: antes de que el edificio entrara en funcionamiento como museo, se pensó y proyectó que el espacio albergara una biblioteca.
Aunque ese destino idealizado no se concretó, la instalación activa esa vocación suspendida de resguardo y consulta pública. Así, Fábulas para dormir, evoca las capas históricas del recinto en relación con sus funciones de adoctrinamiento y conocimiento latente, confrontando los discursos de alfabetización, las utopías educativas del siglo XX y las urgencias políticas del presente en una misma superficie».
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| Comentario |
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| La instalación Fábulas para dormir de Josué Mejía establece un diálogo con los Libros de Lectura para uso de las Escuelas Nocturnas de Trabajadores, publicados entre 1938 y 1940 bajo el impulso de la Secretaría de Educación Pública (SEP), durante el periodo cardenista. Estos contenían grabados realizados por integrantes de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), al mismo tiempo, que con el mural Los Informantes de Sahagún, de Federico Cantú, que se encuentra en el propio recinto. La instalación transforma la Capilla de Dolores en un espacio donde conviven pasado y presente en una propuesta que articula el arte contemporáneo, la memoria histórica, el proyecto educativo, el diseño gráfico, la arquitectura y propone una reflexión sobre la construcción del imaginario nacional mexicano. Las imágenes sobre las que trabaja el artista, formaban parte de un proyecto cultural más amplio, relacionado con la educación popular, la formación de ciudadanos y la construcción de una determinada idea de México. Los grabados funcionaban como herramientas pedagógicas y como instrumentos de comunicación visual. |
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| El título Fábulas para dormir tiene una dimensión simbólica; una fábula es una narración breve que transmite una enseñanza, y la expresión «para dormir» introduce, la idea de que aquello que escuchamos o contemplamos puede quedar incorporado a nuestra memoria como un sueño, que se refleja cuando se duerme. Así, la propuesta de Josué Mejía puede entenderse como una reflexión sobre los relatos que una sociedad aprende desde la infancia. Las imágenes de los libros escolares no solamente transmitían información: contribuían a formar una determinada representación de la historia y de la nación, que debía conservarse en la memoria. ——– Se puede ver hasta el 18 de octubre de 2026. |



