
En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva no perdió todavía la presidencia; sin embargo, quedó en segundo lugar en la primera vuelta electoral, celebrada el 4 de octubre de 2026. El mandatario obtuvo el 45.16 % de los votos válidos, frente al 47.03 % alcanzado por Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL). Como ninguno de los aspirantes superó el 50 % de los sufragios válidos, ambos competirán en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre.
El resultado representa un revés para Lula y plantea interrogantes sobre las condiciones económicas, sociales y políticas que favorecieron a su adversario.
¿Qué factores explican el avance del bolsonarismo? ¿Hasta qué punto influyeron el costo de vida, la inseguridad, el desgaste gubernamental y la polarización política? ¿Qué papel desempeñó el entorno internacional?
Para explorar estas preguntas, resulta útil recurrir a la teoría de sistemas políticos de David Easton, que permite analizar cómo las condiciones internas de una sociedad y los acontecimientos internacionales influyen en el funcionamiento del sistema político.
El marco teórico: el entorno político según David Easton
En el modelo de Easton, el sistema político no funciona de manera aislada. Se encuentra rodeado por un ambiente que genera demandas, apoyos y presiones capaces de influir en sus decisiones y en su estabilidad.
Este ambiente puede examinarse mediante dos grandes dimensiones: la intrasocietal, que comprende las condiciones externas al sistema político dentro de la propia sociedad, y la extrasocietal, que incluye los factores que proceden del entorno internacional. (revistanotaalpie)
El análisis de ambas dimensiones permite formular hipótesis sobre las razones del retroceso electoral de Lula, sin perder de vista que las explicaciones propuestas deben contrastarse con datos y evidencia.
Sistema intrasocietal: las presiones internas
1. El costo de la vida cotidiana
Una primera hipótesis apunta a la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción económica de los hogares.
Aunque una economía pueda mostrar cifras relativamente favorables en determinados indicadores, eso no significa necesariamente que la población perciba una mejora en sus condiciones de vida. El precio de los alimentos, el endeudamiento familiar, el costo del crédito y la presión sobre los ingresos disponibles pueden influir directamente en la evaluación de un gobierno.
En este contexto, las apuestas en línea y otras formas de gasto que comprometen los recursos familiares también merecen atención, siempre que existan datos que permitan dimensionar su impacto.
La hipótesis es que una parte del electorado pudo valorar más su situación económica inmediata que los logros generales reivindicados por el gobierno. Si la oposición consiguió vincular ese malestar con propuestas que parecían responder de manera directa a las preocupaciones cotidianas, pudo transformar la insatisfacción económica en votos.
Sin embargo, para sostener esta explicación es necesario comparar los indicadores económicos con encuestas sobre percepción ciudadana y prioridades electorales.
2. El retroceso territorial de Lula
Los resultados muestran una pérdida de apoyo electoral de Lula respecto de la primera vuelta de 2022. Su votación disminuyó en aproximadamente 3.4 millones de sufragios y su porcentaje de votos válidos retrocedió en 25 de las 27 unidades federativas brasileñas.
Este comportamiento sugiere que el resultado no puede explicarse únicamente por lo sucedido en una región o por el desempeño de un candidato en particular. Se trata de un retroceso extendido territorialmente, aunque con diferencias importantes entre las distintas regiones.
El Sudeste merece especial atención por su peso demográfico y electoral. Los resultados en São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais pueden ayudar a comprender la magnitud del avance opositor y las dificultades de Lula para conservar apoyos que resultan decisivos en una elección nacional.
La pregunta central no es solamente dónde perdió votos el presidente, sino por qué. Para responderla, conviene estudiar los cambios en la participación electoral, las transferencias de apoyo entre candidaturas y las diferencias entre grupos sociales.
3. Conservadurismo, identidad e inseguridad
Otra hipótesis se relaciona con la fuerza de los valores conservadores y de las identidades políticas en amplios sectores de la sociedad brasileña.
La inseguridad ciudadana, las posiciones religiosas, las disputas culturales y las concepciones sobre el papel del Estado pueden influir en las preferencias electorales. En determinados sectores, estos asuntos podrían pesar tanto como las condiciones económicas o incluso más que ellas.
También es necesario examinar las expectativas de los grupos que experimentaron movilidad social y que, por distintas razones, pueden modificar su relación con las políticas de asistencia pública, los partidos tradicionales o el gobierno en turno.
No obstante, sería incorrecto concluir que Brasil se ha convertido en una sociedad homogéneamente conservadora.
El electorado es diverso y sus preferencias varían según la región, el ingreso, la religión, la edad y otras características sociales.
El desafío consiste en determinar qué grupos modificaron su comportamiento electoral y qué preocupaciones contribuyeron a ese cambio.
4. Desaprobación gubernamental y desgaste político
El desempeño de un gobierno también depende de la evaluación que la ciudadanía hace de sus resultados, su capacidad para resolver problemas y su integridad.
La desaprobación de Lula, el desgaste acumulado de su administración y las controversias relacionadas con presuntos actos de corrupción pudieron debilitar su candidatura. Las acusaciones que involucran a integrantes de su entorno familiar, si tuvieron una repercusión significativa en la opinión pública, también pudieron reactivar el discurso antipetista.
Estas cuestiones deben tratarse con cuidado: una denuncia no equivale a una responsabilidad acreditada. Para medir su efecto electoral, sería necesario comprobar la cronología de los acontecimientos, su difusión pública y los cambios en la opinión ciudadana.
Por otra parte, el resultado de Flávio Bolsonaro plantea una pregunta relevante sobre la capacidad del bolsonarismo para articular a sectores de la derecha que, aun con diferencias entre sí, encontraron en su candidatura una alternativa común al Partido de los Trabajadores.
Si los resultados legislativos y estatales confirman ese fortalecimiento, el fenómeno podría representar algo más que un avance presidencial: señalaría una reorganización de las fuerzas políticas con consecuencias para la gobernabilidad y la composición del poder en Brasil.
Sistema extrasocietal: el peso del entorno internacional
5. Las denuncias sobre una posible injerencia estadounidense
El entorno internacional también forma parte del análisis. En los días previos a la elección se conocieron informaciones sobre la posible asignación de un millón de dólares por parte del Departamento de Estado estadounidense a un programa denominado Countering Lawfare and Censorship in Brazil, relacionado con críticas al Supremo Tribunal Federal brasileño.
A partir de esas informaciones, la Abogacía General de la Unión solicitó que las autoridades competentes examinaran una posible interferencia extranjera.
La Policía Federal inició una revisión preliminar, pero el 7 de octubre archivó la solicitud por considerar que no existían indicios suficientes para abrir una investigación formal.
Esta secuencia obliga a distinguir tres cuestiones: la existencia de información periodística sobre el programa, la preocupación expresada por las autoridades brasileñas y la acreditación de una intervención efectiva en la elección.
Por ahora, esos elementos no permiten concluir que Estados Unidos haya alterado el resultado electoral ni que los recursos mencionados se hayan utilizado para favorecer directamente a Flávio Bolsonaro.
Aun así, el episodio plantea interrogantes sobre los límites de la cooperación internacional, el financiamiento de iniciativas políticas y el respeto a la soberanía de los Estados.
Para determinar si existió una interferencia electoral sería necesario establecer quién recibió los recursos, cuál fue su destino, qué actividades se financiaron y si hubo una conexión verificable con la campaña.
6. Presiones diplomáticas y comerciales
Las relaciones entre Brasil y Estados Unidos constituyen otro elemento del entorno extrasocietal. Las tensiones diplomáticas, las sanciones y las medidas arancelarias pueden tener consecuencias económicas y políticas dentro de un país.
Sin embargo, es importante separar los efectos comerciales de las intenciones electorales que se atribuyen a esas medidas.
Para sostener que los aranceles estadounidenses favorecieron indirectamente a Bolsonaro, sería necesario demostrar cómo afectaron a la economía brasileña, cómo fueron interpretados por los votantes y de qué manera incidieron en sus preferencias.
La presión internacional puede convertirse en un asunto de política interna: un gobierno puede presentar las medidas externas como una amenaza a la soberanía, mientras que sus adversarios pueden utilizarlas para cuestionar la conducción económica o diplomática de la administración.
El efecto electoral de esas estrategias no está predeterminado. Depende de la interpretación de la ciudadanía, de la credibilidad de los actores políticos y de las condiciones económicas y sociales existentes.
Conclusión: esta es una elección que exige explicaciones, no simplificaciones
El resultado de la primera vuelta brasileña no puede atribuirse a una sola causa. El retroceso de Lula podría estar relacionado con la percepción económica de los hogares, el desgaste gubernamental, la inseguridad, las transformaciones de la cultura política y la capacidad del bolsonarismo para reunir a una parte importante del electorado opositor.
Al mismo tiempo, el contexto internacional merece atención, pero no debe utilizarse como explicación automática de los resultados ni como sustituto de la evidencia.
La teoría de David Easton ofrece una herramienta útil para ordenar estas preguntas y estudiar cómo las presiones internas y externas afectan al sistema político. Su valor no consiste en proporcionar una respuesta inmediata, sino en ayudar a construir hipótesis que puedan comprobarse mediante información electoral, indicadores económicos, encuestas y análisis de las decisiones de los actores políticos.
La segunda vuelta del 25 de octubre será decisiva para determinar quién ocupará la presidencia de Brasil. Pero el resultado de la primera vuelta ya deja una señal política relevante: Lula enfrenta dificultades para conservar su base electoral, mientras el bolsonarismo demuestra que mantiene una capacidad considerable de movilización.
Comprender ese cambio exige ir más allá de las declaraciones de campaña y examinar las condiciones que modificaron las preferencias ciudadanas. En ese ejercicio, el esquema de análisis de Easton puede contribuir a explicar no solo quién gana una elección, sino también qué transformaciones sociales, económicas y políticas hacen posible ese resultado.
José Vega Bautista
@Pepevegasicilia
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